Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]



Ignacio Solares, un devoto de la espiritualidad

por Mario Saavedra



Devoto de la espiritualidad: No hay tal lugar, de Ignacio Solares

Todas las posibles utopías representan la más terca pero también lúcida ensoñación de quienes sugieren mundos alternativos y mucho mejores al que vivimos, paraísos imaginarios en los cuales son factibles tan sólo la felicidad y el amor, la generosidad y la armonía, la bondad y la esperanza, la equidad y la justicia, la paz y el orden, en contracorriente a una realidad exterior plagada de toda clase de miserias y sinsabores provocados paradójicamente por la propia imperfección del ser humano. Lo cierto es que la misma existencia se tornaría insoportable si no nos aferráramos, en mayor o menor medida, a estas esperanzadoras ilusiones, actos de fe que, indistintamente de su color o de su forma, simbolizan el más cierto de los avances en la historia de la humanidad, ya sea en el terreno de la religión, del arte o de la ciencia. ¡Quien deje de soñar, estará perdido!

La más reciente novela del escritor mexicano Ignacio Solares, No hay tal lugar (Alfaguara), apuesta por ese mismo enloquecido y vivificante afán utópico de San Agustín o Tomás Moro, de Cervantes o Víctor Hugo, cuando en estos tiempos de casi irreversible decadencia en muchos aspectos pareciera no quedar otra alternativa más que cerrar los ojos y esperar lo peor. Pero el pensamiento humanista se ha caracterizado precisamente por su generosidad propositiva, por su frenética tenacidad, por su ilusión por generar otras posibles formas de convivencia humana que nos reivindiquen como condición capaz no sólo de destruir sino también de crear.

Incisivo polígrafo que cree y se la juega todavía por la espiritualidad como signo distintivo de nuestra condición, en un tiempo en el que ni las llamadas "bellas artes" han podido negarse del todo al coqueteo de un deshumanizado materialismo que ha invadido prácticamente todas las instituciones, Ignacio Solares se erige como un escritor casi del Renacimiento. Su talante profundamente espiritual pareciera inoperante en una época en la cual los intereses del mercantilismo sólo dan cabida a lo corpóreo y tangible, sin opción alguna de trascendencia del ser, pues el Hombre es mero instrumento dentro de una apabullante industrialización donde la máquina ha desplazado definitivamente al individuo.

No hay tal lugar nos introduce de lleno en la filosofía y el mundo tarahumaras (comunidad indígena asentada desde hace siglos en la Sierra Tarahumara de México), en un estado sanamente "primitivo" y natural en el que lo fundamental sigue siendo la esencia del ser, su vínculo estrecho y casi simbiótico con la naturaleza que lo rodea. Brillante novela en la que el sabio escritor chihuahuense lleva hasta sus últimas consecuencias sus amplios conocimientos en torno a los llamados fenómenos paranormales, a su personal filosofía con respecto al sentido de la vida y de la muerte, tiende fuertes amarras a favor de una cultura indígena que, como tantas otras, ha sido víctima de la segregación y el descrédito producto de la ignorancia, cuando lo cierto es que la templada y profunda sabiduría rarámuri más bien evidencia la torpe miopía de un maniqueo sistema occidental dominante. Vuelve el narrador aquí a hacer hincapié en la ceguera implícita en tantos esquemas filosóficos que desconocen o no dan el justo valor a lo "espiritual", conforme insistimos tercamente en desconocer cuanto tiene una naturaleza intangible y por lo mismo suponemos que no interviene en el curso de los hechos y de la existencia.

Bellamente escrita, No hay tal lugar representa el quimérico pero cierto itinerario de un joven sacerdote jesuita que se interna en un intrincado caserío rarámuri de la Sierra Tarahurama: San Sóstenes, y en ese mágico "ascenso" consigue desentrañar todas aquellas dudas e incertidumbres en torno a su propia existencia. Auténtica lección de vida, Lucas Caraveo entra en contacto con un mundo que creía inexistente, ilusorio, pero que al fin de cuentas le desentraña el verdadero sentido del Ser, de su ser, al grado de que cuando retorna al mundo terreno de abajo, a esa represora caverna de las sombras engañosas, parafraseando a Platón, cae en cuenta del absurdo que había venido siendo su existencia. Convencido de que sus iguales permanecen en tamaña "mentira", no le queda más remedio que responder a su superior que "las tantas habladurías sobre el padre Ketelsen son del todo infundadas y no existe tal lugar…"

Sacudido en lo más hondo de su ser, Lucas Caraveo logra ver la luz en medio de la oscuridad, y en ese periplo extraordinario, ajeno a la regencia carcelaria de la razón, experimenta además la sabiduría del bien morir, que a los ojos de quienes habitan ese insospechado caserío del valle de San Sóstenes no está contaminado por sentimiento trágico alguno. Escuela donde se han logrado superar todos los dolores y miedos que emanan del sentimiento ante vida y ante la muerte, el joven jesuita alcanza a reconocer que para ellos la segunda viene a ser tan sólo una consecuencia ascendente de la primera, puente a través del cual pasamos a un estado superior de existencia, y al que únicamente lograremos acceder si nuestro paso transitorio y efímero por este mundo estuvo regido por la bondad y el amor, por el respeto y la generosidad. En consecuencia, el verdadero poder no sobreviene de cuanto podamos poseer materialmente, sino más bien de nuestra capacidad para desprendernos de todo aquello que nos ancla miserablemente a la vida terrenal, nuestro cuerpo incluido.

Obra de un escritor en plena madurez estilística e intelectual, una novela como No hay tal lugar pudo ser escrita sólo por quien ha conseguido transitar con fortuna su personal proceso de decantación artística y sobre todo espiritual. Textos previos como Delirium tremens y Cartas a una joven psicóloga explican puntualmente este transcurso de reconocimiento propio, en terrenos tan peligrosos e inasibles como apasionantes, superados por nuestro reconocido polígrafo con las savias vital e intelectual de quien figura hoy como uno de los escritores mexicanos más singulares. Si sus novelas de corte histórico han conseguido dar en el blanco con respecto a varios de los tópicos de la convulsa identidad mexicana, con claves signos desmitificadores, sobre todo en torno al periodo de la Revolución Mexicana, en un texto mucho más entrañablemente personal como No hay tal lugar se nos descubre un Ignacio Solares cuya factura poética trasciende a la del narrador-historiador.

Obra de la que podríamos esperar una futura versión dramática, como en otros casos de su nutrida y polifacética bibliografía, en esta tan comentada como aplaudida nueva novela de Nacho Solares se entrecruzan con éxito recursos de los más diversos géneros literarios e historiográficos. Y la novedad emblemática, como ya dije antes, ese mucho más intenso perfil lírico, que aquí embona perfectamente con los sabidos recursos del escritor para abordar situaciones y ambientes metafísicos, paranormales, entendidos estos últimos en su acepción más exacta, es decir, al margen de la frecuencia racional y cotidiana. Y esa misma sustancia poética proviene de la sinceridad con la que está escrita la novela, cuya magia se desprende precisamente de esa citada efervescencia poética que envuelve el estado de misteriosa alucinación que le abre un mundo del todo desconocido al personaje y a quienes con él asistimos a tan significativa revelación de vida.

En un tiempo de desmemoria utópica y de una abismal crisis de valores como la que hoy vivimos, en medio de un dramático parte aguas histórico en que tendríamos que reencontrar toda clase de "imaginarios perdidos", para así darle sentido a una existencia humana desgastada, una novela como No hay tal lugar se hace más apremiante y necesaria que nunca.




Texto, Copyright © 2004 Mario Saavedra.
Todos los derechos reservados.


 


Babab.com
Para contactar con nosotros entra aquí
Última actualización: jueves, 1 de enero de 2004

Copyright © 2000-04 Babab
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.