
|
Conversación con el paisaje: Palabras sobre la publicación de
Caín y el laberinto, de Rafael Fauquié
por Luis Miguel Madrid
"El papel del intelectual es dialogar con el entorno", dice Rafael
Fauquié en la presentación de su último libro, Caín y el
laberinto y ese diálogo con sus
alrededores venezolanos es mostrado como un juego de reflexiones sobre
la visión de los venezolanos de sí mismos, a través de sus escritos, y de otra más genérica y coloquial,
a través de su historia. Caín y el laberinto contiene por tanto, dos paisajes que Fauquié interpreta por
separado. El primero es el literario, un espacio analizado por el contenido de las novelas más
significativas de los autores de la modernidad venezolana. El segundo trata de comprender el
origen de la elección de aquellas rutas que llevaron a la idiosincrasia venezolana a través del
tiempo, su papel actual y sus consecuencias.
Este doble recorrido sociológico es trazado desde criterios objetivos, coloquiales y estructurados
con la sencillez del oficio y la pasión que genera el tema en su autor. Así, en la primera parte, se
hace un impecable recorrido por la imagen escrita en las páginas de los intelectuales, la visión de
los diferentes tipos de la geografía venezolana desde el prisma culto. Se muestra la indefinición,
se habla de servilismo, de ira y de derrota, de decadencia o de pesimismo. De temas, disfraces o
vestimentas que se acoplarían con precisión de sastre a ciertos sentimientos europeos, especialmente
mediterráneos, en esta época en que el tirano aprieta más la cuerda.
El repaso por las tres cuartas partes de la narrativa venezolana es definitivo y esclarecedor:
La confusión parece ser el "leiv motiv" de este país que gracias al petróleo ha mantenido la paridad
de su moneda con el dólar hasta hace cuatro días y que se paraliza sin remedio en la época de elección
de Misses. Aunque esos son asuntos que se tratan en la segunda parte, donde el recorredo histórico
reclorre más ámplios paisajes. Ahora será Cain el protagonista "por referencias" y Fauquié tratará
de clarificar esa peculiar hormona que hace que las ciudades cambien de nombre o de lugar al menor
contratiempo o desavenencia, encontrando las explicaciones a través de características que han
dominado el devenir venezolano: la contradicción, el contraste y la paradoja.
El espíritu crítico impera como dogma, Venezuela es una realidad que duele y los absurdos nacionales
sólo pueden ser superados cuando se asumen. Por ello, predomina la autocrítica o la pregunta sin
respuesta ante el ridículo de ciertas situaciones. Pero en Fauquié puede más el optimismo y busca
los lugares donde laberinto se lea con otras acepciones y sea también principio o lugar de
aprendizaje.
Caín supera el estereotipo fraticida para identificar sus tendencias con el prototipo venezolano
en cuanto a la aventura o a la insatisfacción y reclamando para el futuro algo más de Abel en la
próxima confifuración del carácter de sus gentes.
Caín y el laberinto se muestra como el fruto de una vasta experiencia docente, que obliga
a su autor a repetir que el conocimiento endereza cualquier cable y quizás también como resultado
lógico de las dos decenas de años que Fauquié lleva deshilachando arquetipos, vicios, paradojas o
necedades en los dos espacios imantados desde siempre a los temas de sus libros: el espacio literario
y el social. Así se muestra en su trayectoria literaria, iniciada precisamente con el expresivo
título de Espacio disperso[2] , llegando, a través de diversas vueltas de tuerca, hasta
Arrogante último esplendor[3] , Puentes y voces[4] o El azar de las lecturas[5] . En todos ellos,
y por supuesto en el libro que tratamos, aparece un autor con el talante de una moderna ilustración.
Impera en Fauquié la tolerancia y el comedimiento, el ejemplo conciso, las referencias adecuadas. Su
prosa literaria es rápida y sin engolamientos, la estructura es clara y el didactismo tan suave que
el texto se puede beber. O leer, como se prefiera.
__________________
RAFAEL FAUQUIE:
Nació en Caracas, en 1954. Licenciado en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello
(1977). Postgrado en Sociología de la Literatura en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias
Sociales de Paris (1979). Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela
(1984).
Entre 1979 y 1985, Director de los seminarios de literatura venezolana en la Universidad
Católica Andrés Bello. Desde 1980, profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la
Universidad Simón Bolívar, institución de la que es Profesor Titular y en donde ejerció entre
1989 y 1993 el cargo de Director de Extensión Universitaria.
Ha publicado los siguientes libros: Espacio disperso, Caracas, Academia Nacional de la Historia,
col. El Libro Menor, 1983; Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo,
Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. Estudios, Monografías, Ensayos, 1985;
De la sombra el verso (poesía), Caracas, Epsilon Libros, 1985; El silencio, el ruido,
la memoria, Caracas, ed. Alfadil, col. Trópicos, 1991 (Premio CONAC de Ensayo,
"Mariano Picón Salas", 1992); La voz en el espejo, Caracas, ed. Alfadil, col.
Trópicos, 1993; La mirada, la palabra, Caracas, Academia Nacional de la Historia,
col. El libro Menor, 1994; Espiral de tiempo, Caracas, Fundarte-Equinoccio, 1996;
Arrogante último esplendor, Caracas, Equinoccio, 1998, Puentes y voces, Caracas,
ed. Sentido, 1999; El azar de las lecturas, Caracas, ed. Galac, 2001.
__________________
Notas:
1. Caracas, Ed. Comala.com, 2003.
2. Caracas, Ed. Academia Nacional de la Historia, 1983
3. Caracas, Ed. Equinoccio, 1998 (Esta obra será reeditada por la Biblioteca de Babab.com en el presente mes de enero)
4. Caracas, Ed. Sentido, 1999
5. Caracas, Ed. Galac, 2001 (Esta obra se está reeditando por capítulos en Babab.com.)
Texto, Copyright © 2004 Luis Miguel Madrid.
Todos los derechos reservados.
|
Opina sobre este artículo
|
|
|
|