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Veinte años de ejército zapatista, diez años de levantamiento

por Santiago Fernández Patón


El 17 de noviembre de 1983 un pequeño grupo de iluminados -tres indígenas y tres mestizos- levantaba el primer campamento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Lo hacía en la Selva Lacandona, en el estado mexicano de Chiapas. Quisieron bautizar el campamento con un nombre que reflejase la experiencia que estaban atravesando en esos sus primeros días: La Pesadilla. Ha llovido mucho desde entonces, tanto que hasta el Subcomandante Marcos ha debido aprender a encender su pipa con la cazuela volcada hacia abajo, para que no se le empape el tabaco. En realidad, ha debido aprender muchas más cosas. Nadie lo imaginaba.


LA PRIMERA DERROTA DEL ZAPATISMO

La intención inicial de ese primer grupo no era otra que la de establecer una guerrilla de corte clásico, como las que ya se habían extinguido en Centroamérica. Algo así como una nueva táctica de focos, en la línea clásica del guevarismo, que era lo que propugnaba el Movimiento de Liberación Nacional, al que estaban ligados. Buscaban, por tanto, una revolución que les otorgara el poder para instaurar así la dictadura del proletariado y ese largo etcétera que arranca en Marx y hoy encarna Fidel Castro. De cómo aquella pretensión original se convirtió en algo prácticamente opuesto es de lo que hablaremos.

La selva destruye. La Selva Lacandona más. Se trata de un rincón impenetrable del sureste mexicano en cuyas profundidades ni siquiera los indígenas han tratado de establecerse. Así que imaginemos a un grupúsculo de intelectuales universitarios que decide hacer de esa selva su hábitat, el único donde queda asegurada la clandestinidad. Es un grupo liderado por Marcos, entonces aún no degradado a sub-comandante, un joven prometedor que ha recorrido los países con más tradición guerrillera, que se ha atiborrado de lecturas y se conoce sobradamente el Diario de Bolivia del Che. Un mestizo que ahora debe beber incluso sus propios orines cuando la sed aprieta tras larguísimas caminatas cargando mochilones... Ya lo hemos dicho: La Pesadilla nombraron su primer campamento. Y en La Pesadilla había que alimentarse

Fue esa necesidad ineludible la que motiva los primeros acercamientos a las comunidades indígenas. Había que pedirles tortillas de maíz, frijoles, lo que fuera. Sin duda, aquellas pequeñas aldeas de indígenas chiquitos, pertenecientes a las diferentes etnias mayas (tojolabales, zoques, choles, tzotziles, tzeltales...), no dudarán en alimentar a esos aguerridos blancos que, al fin y al cabo, iban a hacer una revolución para el bien de pobres como ellos. Pero no. Para entrar a esos "muy primeros mexicanos", los primeros pobladores de eso que hoy conocemos como México, había que explicarles antes qué es lo que pretendían. Afortunadamente ahí estaba ese preclaro orador que es Marcos. Y ni corto ni perezoso, después de refriegas con los indígenas, de adentrarse por las noches en sus cultivos, de ganarse a base de tesón su respeto, les habla.

Les cuenta eso de la lucha de clases, lo de la dictadura del proletariado, la revolución de los bolcheviques... Por toda respuesta obtiene un "Tu palabra es dura". Para empezar porque sólo hablaba en español - "castilla", como dicen ellos-, una lengua ajena a su cultura y que la mayoría de los indígenas varones de Chiapas domina a duras penas y que las mujeres ni podían entender. Así es que el revolucionario se encorajina, convencido de que él, como vanguardia intelectual, no debe perder el tiempo en explicar lo obvio, es decir, cómo se crea un movimiento de resistencia. ¿Resistencia? Y ahí comienzan a darle. Los indígenas mayas llevan quinientos años de resistencia, quinientos años de Pesadillas. Como recogerían más adelante en la Primera Declaración de la Selva Lacandona, se iniciaron contra la esclavitud del Imperio español, más tarde en la Guerra de la Independencia, luego frente al expansionismo norteamericano, después para promulgar la Constitución y expulsar al Imperio francés, y finalmente para alzarse con Zapata y Villa contra la dictadura pofirista...Y aún no han acabado con ellos. Por lo tanto, quizás podían decir algo de cómo se debe organizar una resistencia. Y surge el Viejo Antonio.

El Viejo Antonio, una de las figuras literarias que Marcos ha extraído de un personaje real, es el puente que une al Subcomandante con el pensamiento indígena. "Tú estás aquí y ahora", y esto es lo que hay. El Viejo Antonio traduce el pensamiento de los indígenas. Y Marcos aprende y a su vez traduce su propio pensamiento. Aparece entonces ese Votán-Zapata que simboliza la fructífera unión. En los Relatos del Viejo Antonio Marcos refleja sus conversaciones, en las que el viejo indio se sirve de parábolas extraídas de la cosmovisión indígena que él absorberá para convertir en literatura, en puente de unión entre ambos mundos. Y ya, con cuarenta miembros permanentes en el EZLN, se dan las primeras reuniones verdaderamente serias entre los guerrilleros y las comunidades para definir la doble faceta político-militar del EZLN.

Por esos años, finales de los ochenta, el movimiento indígena comenzaba a madurar gracias a experiencias conjuntas en las que el papel de la Teología de la liberación no es despreciable. Así las Coordinadoras Independientes de las Uniones Locales y Regionales, que ponían su acento en reivindicaciones agrarias comunalistas por encima de criterios de etnicidad, lo que se ha mantenido hasta ahora como nexo de unión entre todos los indígenas. En una de esas reuniones Marcos expone lo que pretendía fuera una de las máximas principales para la lucha, algo así como "Para nosotros todo, para ellos nada". Cuando su máxima era traducida a las lenguas mayas lo que él escuchaba era "Para todos todo, para nosotros nada". Marcos, enfurecido, intenta explicar que estaba siendo mal traducido, pero nadie le prestaba mucha atención. Decide entonces marcharse de esa reunión, pero en el último momento su escarabajo Durito, compañero inseparable, le aconsejó quedarse para aprender algo de una vez por todas. Y lo que aprendió fue que no le traducían mal, que "Para todos todo" y mientras ese objetivo no se alcance, entonces "para nosotros nada". Y por si le quedaba alguna duda, Marcos fue despojado de su liderazgo político. A partir de ese momento las decisiones políticas radicaban en las asambleas de las comunidades que se reconocieran como zapatistas -las bases de apoyo-. Esas asambleas, que siempre toman por unanimidad las decisiones, nombran un vocero para las asambleas de los grupos étnicos y de ahí otro para las asambleas regionales, de las que se extrae un representante para conformar el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General, compuesto así por un miembro de cada una de las siete etnias del EZLN. La misión del CCRI es ejecutar las decisiones de las asambleas. Es decir, el Comité queda bajo las órdenes de las comunidades, algo inaudito y contrario a cualquier principio comunista que todavía pudiera quedar en el núcleo original del EZLN. Para resumir esa nueva política les bastan dos palabras: "Mandar obedeciendo", otra de las consignas más celebradas del zapatismo.

En cuanto a su estructura militar cabe decir que hallamos en un primer nivel lo que ellos denominan "bases de apoyo", esto es, los civiles de las comunidades que apoyan al EZLN; en un segundo nivel se encuentran las milicias, compuestas por civiles que se entrenan varias veces al año en los campamentos del EZLN y son movilizados cuando así lo requiere la situación; finalmente Marcos, como subcomandante y jefe máximo militar e integrante así mismo de la Comandancia General. Y Marcos, rendido a esos nuevos modos de hacer, descubre que el zapatismo, o el neozapatismo, es pues un puente, un espejo -figuras ambas de la reciprocidad- y que acaban de modelar una llave "para una puerta que aún no hemos construido". Y entonces, palmariamente, reconoce que sus planteamientos clasistas han sido superados. Y lo acepta. Es así que se produce la primera y feliz derrota del zapatismo.


LA SEGUNDA DERROTA

El año del V Centenario del Descubrimiento de América varios miles de indígenas organizados realizan una marcha hasta la ciudad de México. Ese mismo año, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari había modificado el artículo 27 de la Constitución de México. En él se recogía el sistema de explotación ejidal de la tierra. Es decir, el artículo 27 sancionaba que el usufructo de la tierra era comunal, si bien la propiedad última residía en el Estado.

Se trata de uno de los artículos clave para entender la revolución de 1910, ya que se recogen, si bien muy retocadas, las aspiraciones que Emiliano Zapata había redactado en el Plan de Ayala. Cuando Salinas de Gortari anula este artículo y declara la posibilidad de privatizar los ejidos, la población indígena lo entiende como el carpetazo definitivo a un contrato social que, aunque tenuemente, reconocía sus usos y costumbres.

El EZLN realiza entonces, comunidad por comunidad, una larga pesquisa sobre la conveniencia de un alzamiento armado. Finalmente, con las respuestas en la mano, el Comité Clandestino Revolucionario Indígena encomienda a Marcos la preparación de la guerra. Se redactan, también desde las comunidades, las 11 Leyes Revolucionarias, entre las que se encuentra la hoy célebre Ley Revolucionaria de las Mujeres, que tanto ha dado que hablar. Por primera vez en la historia de los pueblos indígenas de Mesoamérica, las mujeres son equiparada en un texto legislativo y a todos los efectos con los hombres, en contra de su propio derecho consuetudinario. Cierto que el camino es largo y penoso, y que si bien en el seno del EZLN se aplica a rajatabla esta ley, en las comunidades aún pesa la tradición. La prueba de fuego la constituirán los acuerdos de paz que algún día se produzcan, pues el ejemplo del resto de guerrillas centroamericanas o de países como Argelia enseña que, después de la revolución, las mujeres son olvidadas, por ejemplo, en los artículos referentes a la herencia de la tierra. EL EZLN, no obstante, da ejemplo, y cuando el primero de enero de 1994 se produce el alzamiento éste será dirigido mayoritariamente por mujeres.

El primero de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá, Estados Unidos y México, con el que Salinas de Gortari daba el aldabonazo final a la política neoliberal iniciada en los años ochenta por su predecesor Miguel de la Madrid. Quedaba así México dentro de esos amplios límites de lo que Estado Unidos considera su área de acción natural y su territorio para la "Seguridad nacional". EL TLC se quería vender como la entrada oficial de México en el primer mundo y ese ansia había llevado a Gortari incluso a ocultar que, en mayo de 1993, el ejército federal había descubierto fortuitamente un campamento del EZLN precisamente en Chiapas, un Estado rico e ideal para futuras inversiones. Para los zapatistas Gortari no pasaba de un "vendepatria" al que de pronto le salió una verruga muy fea justo el último año de su mandato. Tan fea que desde el gobierno se aseguró que ese levantamiento estaba dirigido por extranjeros y no por indígenas -y mucho menos por mujeres indígenas-, a los que consideraba incapaces de una declaración de guerra.

EL EZLN tomó cinco cabeceras municipales de Chiapas. En su Primera Declaración de la Selva Lacandona en ningún momento se define como un grupo indígena. Aceptan que se trata de un Ejército -y no una guerrilla, por lo que respeta a pies juntillas la Convención e Ginebra- compuesto mayoritariamente por indígenas "producto de quinientos años de lucha". Veladamente ya están reclamando "Un mundo donde quepan muchos mundos", y reivindican por tanto su condición de mexicanos antes que de indígenas:

"Somos mexicanos -aseguran seis meses después en la Segunda Declaración de la Selva Lacandona- y no depondremos ni nuestras demandas ni nuestras armas si no son resueltas la Democracia, la Libertad y la Justicia para todos".

La guerra del EZLN contra el gobierno mexicano duró doce días. Hasta la fecha este ejército no ha disparado ni un tiro más y proclama a diestro y siniestro que su fin último es desaparecer. En esos doce días su acción más sonada fue el secuestro de Absalón Castellanos Domínguez, el exgobernador más sanguinario de Chiapas -se le señala como responsable de 150 asesinatos- y durante cuyo mandato se quemaron vivos y arrojaron desde helicópteros a líderes campesinos. Los zapatistas lo juzgaron públicamente y fue condenado a

"vivir hasta el último de sus días con la pena y la vergüenza de haber recibido el perdón y la bondad de aquellos a quienes tanto tiempo humilló, secuestró, despojó, robó y asesinó".

Desde entonces, la palabra ha sido el arma más eficaz de los zapatistas:

"No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder",

clama la Cuarta Declaración.

La población de México se echó a la calle para pedir el cese del fuego al ejército de Salinas de Gortari. Al grito de "Marcos somos todos" los mexicanos revelaron que habían comprendido el mensaje del pasamontañas: Marcos no es nadie, es un símbolo y por su voz habla un pueblo dolorido:

"Para que nos vieran nos tapamos el rostro, para que nos nombraran, nos negamos el nombre; apostamos el presente para tener futuro; y para vivir... morimos"

diría más tarde el Subcomandante. Pero no sólo eso, sino que ese "Marcos somos todos" la sociedad civil lo explica:

"Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, anarquista en España (...), ama de casa un sábado por la noche...".

Salinas recoge el guante y ordena el cese unilateral del fuego a su ejército. Los zapatistas, por su parte, hacen su propia lectura de las movilizaciones populares: si la sociedad civil exige el alto el fuego, para el

"EZLN no hay más plazos que el que las movilizaciones civiles y pacíficas determinen. A ellas nos subordinamos, incluso hasta desaparecemos como alternativa".

EL EZLN proclama a los cuatro vientos que no pretende la toma del poder y de paso descoloca a toda la izquierda tradicional, que hasta la fecha aún no ha sabido incluir este discurso novedoso en sus programas oficiales. Al comunismo le ha dado la vuelta y, por otro lado, sus apelaciones a la patria y la bandera lo diferencian del anarquismo.

El EZLN, para encontrarse entonces con esa población civil, construye en Guadalupe Tepeyac, en plena selva, el que sería el primer Aguascalientes, llamado así en recuerdo de la ciudad donde los líderes revolucionarios de principios de siglo tuvieron su más importante reunión. Porque "Preguntando caminamos" -otra de sus bases conceptuales junto a Mandar obedeciendo y Un mundo donde quepan muchos mundos- el EZLN celebra la I Convención Nacional Democrática, a la que asistieron más de seis mil personas ajenas "al quehacer de la clase política" pero comprometidas en la lucha por Democracia, Libertad y Justicia: la sociedad civil. La respuesta gubernamental fue destruir por completo este Aguascalientes. Era demasiado tarde. La lección zapatista ya estaba dada.

Los zapatistas no proponen un sistema político y doctrinal. De hecho, según el comandante Tacho, el zapatismo es un movimiento que se construye caminando, y además al paso del más lento. Así, un zapatista no podría entender que un italiano, pongamos por caso, le preguntara qué cosa es el zapatismo. Y es que el zapatismo plantea unas bases conceptuales (Mandar obedeciendo, por ejemplo) que cada cual en su realidad propia buscará el modo de concretar. En algunos lugares lo llamarán desobediencia civil, en otros serán asociaciones vecinales. Pero en las montañas del sureste mexicano nadie encontrará su respuesta. Así que los miembros de esa "Señora Sociedad Civil" que acuden a los campamentos de paz instalados en las comunidades, lo hacen

"buscando un espejo, una forma de ver reflejada su lucha, la lucha propia de cada uno en cada país y de afirmación",

según relata Marcos en la entrevista Marta/Marcos: el tejido del pasamontañas.

A este acto afortunado de detener un alzamiento largamente preparada tras una década de clandestinidad para reconocer así a la sociedad civil como el interlocutor primordial es a lo que Marcos llamó la segunda derrota del neozapatismo.


TERROR Y TRAICIONES

Destruir el Aguascalientes fue sólo un paso más en la escalada de terror que ya había comenzado con los primeros combate de enero de 1994, especialmente en Ocosingo, donde algunos zapatistas capturados fueron maniatados y asesinados por el expeditivo método de tiro en la nuca: si el EZLN no práctica la extorsión ni el secuestro y se atiene a la Convención de Ginebra, el Ejército Federal no se anda son sutilezas y tampoco ha tenido reparos en convocar a la prensa para que presenciara los entrenamientos de sus cuerpos especiales, adiestrados por oficiales formados en los Estados Unidos.

Las imágenes sobre el drama de los desplazados, que comienzan en 1995 con el gobierno de Zedillo, resultan escalofriantes. Comunidades enteras de indígenas eran derruidas por los militares y sus habitantes condenados a vagar por la selva. Ancianos y niños morían por los caminos y las mujeres embarazadas daban a luz en las veredas. Estos expulsados a vagar por terrenos inhóspitos se cuentan en el año 1997, y sólo en lo que se refiere a la zona de Los Altos, en número de 6.000.

Era la doble cara del gobierno: mientras frente a la opinión pública aceptaba como mediador al obispo Samuel Ruiz -hoy destituido por la Iglesia- y se sentaba con los zapatistas para negociar lo que luego serían los Acuerdos de San Andrés Sackamch'en de los Pobres, lejos de las pantallas organizaba grupos paramilitares. Los Acuerdos fueron firmados por ambas partes a finales de 1996, en un acto de buena fe del EZLN, puesto que no recogían todas sus demandas pero sí reconocían la autonomía de los pueblos indígenas. La Comisión de Concordia y Pacificación los tomó para redactar lo que se conoció como la Ley COCOPA, que el presidente de la nación, Ernesto Zedillo Ponce, debía presentar en la Cámara.

Zedillo había accedido a la campaña presidencial tras el sospechoso asesinato de Colosio, el candidato oficial de su partido, que había mostrado un talante dialogante con los alzados. Tras uno de los mayores fraudes electorales en la historia de México -lo que no es decir poco- y tras posar en televisión alzando el brazo con el saludo romano, Zedillo había llegado al poder. Cuando la Ley COCOPA le es entregada por el comisionado de su gobierno en San Andrés, Zedillo la retiene y elimina aquellos puntos donde se reconocía el derecho histórico de los indios como pueblo y, por consiguiente, su autonomía. Esta nueva Ley Zedillo, no obstante, fue rechazada en 1997 en ajustada votación por el Congreso de la Unión, lo que no aceptó de buena gana. De tal modo que durante su sexenio -hasta diciembre de 2000- la presencia de soldados en Chiapas aumentó hasta el número de 70.000, cifra que se mantiene hasta la fecha. La actividad paramilitar aumentó de forma espectacular y la impunidad quedó garantizada. Aún así, en septiembre de 1997 los insurgentes rompen silenciosamente el cerco militar y, tras recorrer el país en una marcha pacífica, llegan a la capital en número de 1.111, entre otros motivos para asistir al acto fundacional del FZLN.

El Frente Zapatista de Liberación Nacional surge tanto de las conversaciones en la selva con la sociedad civil durante el I Encuentro Intergaláctico por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, así como por la consulta realizada mediante urnas por todo el país para estimar la conveniencia o no de que el EZLN se convirtiera en una fuerza política tradicional -lo que fue desestimado- o en una organización de nuevo cuño. El Frente Zapatista de Liberación Nacional, con el periodista Javier Elorriaga como figura más relevante -él mismo preso durante varios meses tras una parodia de juicio-, se convierte en algo así como el vocero civil y urbano de los zapatistas, pero nunca en un partido político y sin aspiraciones al poder.

El gobierno no aceptará ninguna de estas osadías. La matanza de Acteal, ocurrida a finales de ese mismo año de 1997, es el símbolo de la represión. Sesenta paramilitares del grupo Las Abejas masacraron a 45 indígenas -la mayoría niños y mujeres- mientras rezaban en la iglesia de su comunidad. La policía militar, a 300 metros de distancia, evitaba presencias molestas. La Cruz Roja pudo adentrarse y recoger en imágenes las consecuencias de la matanza. La opinión pública internacional clamó e intelectuales de renombre, como José Saramago, viajaron a la zona para "dar voz a los sin voz". Los responsables del crimen, algunos de ellos incluso reconocidos por los supervivientes durante el sepelio de las víctimas, permanecen hasta la fecha en libertad.

Ante esta situación, el EZLN promueve en 1999 una nueva consulta con la sociedad civil. Lo hace junto con el Congreso Nacional Indígena (CNI), que de este modo e igual que en las pláticas de San Andrés reconoce inequívocamente al EZLN como vocero de los indígenas más allá de Chiapas. Tres millones de mexicanos acudieron a las urnas de los zapatistas para exigir que la ley COCOPA fuera reconocida en la Carta Magna. Surge así el proyecto de la Marcha por la Dignidad Indígena, que se verificará en el año 2000.

Desde San Cristóbal de Las Casas la marcha indígena recorrió varios Estados de la Unión, revelando una vez más su carácter nacional. Después de dos semanas de ruta sus 24 representantes alcanzan la ciudad de México, donde la Plaza del Zócalo acogió la concentración más multitudinaria en la historia del país. Tras arduos debates, el Congreso aceptó que una delegación interviniera en la tribuna. La Comandante Esther, que junto a tres miembros más del EZLN y otros tantos del CNI conformaba dicha delegación, inició los discursos. "Así que aquí estoy yo -dijo-, una mujer indígena. Nadie tendrá que sentirse agredido, humillado o rebajado porque yo ocupe hoy esta tribuna y hable...". Pero se equivocaba: los diputados del partido que hoy gobierna México, el PAN, y que a la sazón dominaba en el Congreso, se ausentaron de la Cámara. No asistieron así el discurso de una indígena precisamente en el momento en el que en esa Cámara se debía dirimir -y así se hizo- otro proyecto para una Ley Indígena, olvidada ya no sólo la Ley Zedillo, sino también la ley COCOPA pese al clamor popular.

La comitiva zapatista regresó a la selva con motivos fundados de esperanza. La sociedad civil se había movilizado masivamente para exigir el reconocimiento de los derechos indígenas. Pero no sólo eso, sino que el Partido Revolucionario Democrático (PRD) había intervenido en la cámara a favor de los zapatistas.

El PRD es una escisión del PRI surgida en los años ochenta y que cuenta con la alcaldía de México DF encarnada en el hijo del histórico Lázaro Cárdenas. Este partido se había manifestado desde los inicios del levantamiento como receptor de las demandas zapatistas, por lo que EZLN lo venía asumiendo como un posible intermediario en el ámbito político. De esta forma, meses después de la Marcha -en diciembre de 2000- y a la vez que el PAN de Vicente Fox se hacía con la presidencia estatal tras 70 años de poder del PRI, en Chiapas era una coalición liderada por el perredista Pablo Salazar la que lograba la gobernatura... Por eso la traición del PRD escoció aún más. Y es que los senadores del PRD, una vez hecho el partido con el poder en Chiapas gracias a su falso compromiso con los zapatistas, votaron en el Senado por la aprobación de la nueva Ley Indígena, antes mencionada. Esta nueva Ley Bartlett-Cevallos-Ortega se encuentra mucho más cerca de la Ley Zedillo que de la COCOPA. Así es que la estupefacción en las filas zapatistas fue colosal, y nunca más han reconocido al PRD como posible intermediario, al que acusan de traición. En Chiapas, desde entonces, reconocidos sicarios de los grupos paramilitares se afilian sin rubor al PRD que, de este modo, se hace cómplice de la nueva política de Fox.

Vicente Fox, por su parte, había prometido durante la campaña electoral que acabaría con el conflicto en Chiapas tras "quince minutos de diálogo con Marcos", lo que reiteró en su primer discurso como presidente: "Nunca más un México sin ustedes", fueron sus palabras. Desde entonces hasta la fecha la guerra de baja intensidad continúa: el número de militares que hostigan a las comunidades no ha descendido, cinco presos zapatistas continúan en prisión y los acuerdos de San Andrés han sido relegados a los archivos. Vicente Fox, expresidente de la Coca-Cola mexicana, sigue el patrón instaurado por De la Madrid y se ha formado en los Estados Unidos. El objetivo principal de su sexenio no es otro que la consecución del Plan Puebla-Panamá, esto es, la creación de un corredor multimodal -carreteras, canales, represas, oleoductos, etc.- destinado a subvenir las necesidades energéticas de los Estados Unidos y crear reservas para la prospección biológica. En su afán, se ha topado con el escollo que supone Chiapas. En concreto la reserva natural de Montes Azules, elegida para proyectos de bio-prospección o bio-piratería que hacen inviables cualquier asomo de autonomía indígena. Tengamos en cuenta que el 75% de nuestros fármacos proviene de plantas medicinales producidas por pueblos autóctonos cuyos modos de vida no han mejorado pese los cerca de 45.000 millones de dólares de beneficios anuales que generan. En Montes Azules las comunidades zapatistas se han opuesto a la expropiación de la tierra. Los enfrentamientos ya han comenzado, los paramilitares ya han asesinado a varios campesinos en presencias de sus familias y los zapatistas recuerdan aquellas consignas que las mujeres indígenas corearon en la conmemoración del ocho de marzo de 1996 en San Cristóbal de las Casas: "Las armas guardadas, nunca olvidadas". Como reconocía Marcos cuando si iniciaron los diálogos de San Andrés Sackamch'en de los Pobres, el EZLN aspira a no hacer uso de sus armas, pero sabe que si las entrega los indígenas están perdidos. Las armas como garantes de paz, como una espada de Damocles en forma de guerra abierta. Sea como fuere, el último episodio políticamente más relevante en Chiapas, ahora que el 60% de los mexicanos ha dejado de votar, se vivió en agosto de 2003: la desaparición de los Aguascalientes y la creación de Los Caracoles. Son éstos los nuevos espacios de encuentro con la sociedad civil, pero además en ellos se han instalado las Juntas de Buen Gobierno. Su funcionamiento, que incluye la administración de justicia, queda en manos de las comunidades y no de los miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Por consiguiente supone la concreción formal de lo que ya se venía haciendo desde 1994 y que el gobierno reconocía en los Acuerdos de San Andrés: la autonomía en treinta municipios. Sólo que ahora es autonomía sin permiso.


LO QUE HA CAMBIADO

La situación material de los indígenas, en estos diez años de alzamiento, no ha variado. La mortalidad infantil en Chiapas durante los años ochenta colocaba al Estado por detrás de Mozambique y Angola. En Chiapas, la desnutrición era la quinta causa de mortalidad en los menores de un año y la tercera en los niños de 1 a 4 años, pero en algunas comunidades alcanzaba el segundo y primer puesto respectivamente. La desnutrición rondaba el 70% en los niños de 12 años. En la despensa alimentaria y energética de México, alrededor de la mitad de las poblaciones indígenas carecía y carece de agua corriente o de asfaltado, mientras que se construyen infraestructuras destinadas a transportar sus productos hacia el resto de México. De los menores de 15 años, el 30% es analfabeto y el 60% no concluyó la Educación Primaria. En realidad, ni siquiera está claro el número total de indígenas chiapanecos -que oscilaría entre 950.000 y 1.200.000- puesto que muchos mueren antes siquiera de que las autoridades registren su nacimiento. Y además mueren de enfermedades curables, lo que no es de extrañar, pues las estadísticas hablan de un médico cada 300.000 habitantes, si bien encontramos un soldado por cada 8.

Hasta hace diez subsistían los latifundios con encastillados, esto es, campesinos que habitaban en las tierras del finquero y que en lugar de salario cobraban vales para canjear en tiendas de la propia hacienda. Mientras que el precio del café subía en el mercado internacional un 100% a los indígenas se les pagaba lo mismo por kilo, y aquellos que abandonaban los latifundios, toda vez que el sistema ejidal sancionado por la Constitución era ya ficticio, se veían a obligados a cultivar su maíz en las escarpadas laderas de las montañas. Aún hoy, cuando en San Cristóbal de Las Casas un indígena se cruza en la acera con un "coleto" -chiapaneco que se autodefine como descendiente de los colonos españoles- le cede el paso. Las mujeres caminan detrás de los hombres, no aprenden el español, sufren malos tratos, las violaciones por parte de médicos de la ciudad y militares han sido sobradamente documentadas. En lo referente a los presos indígenas se llega hasta puntos tragicómicos: la historia real de un indio encarcelado por matar a su padre, que es precisamente quien más le visita en el Penal de Cerro Hueco, ilustra esa realidad.

Frente a esa situación, los zapatistas se alzaron por "Tierra, Techo, Trabajo, Pan, Salud, Educación, Independencia, Democracia, Libertad, Justicia y Pan". Hasta la fecha no tienen nada de ello. Pero ningún zapatista se baja de la acera cuando pasa delante de un coleto.

Ellos lo llaman dignidad.

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Bibliografía:

  • Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA)/Entre Pueblos (2001): Chiapas, la flor de la palabra.
  • Le Bot, Y. (1997): Subcomandante Insurgente Marcos: el sueño zapatista. Barcelona: Plaza y Janés.
  • Marta/Marcos: el tejido del pasamontañas. Barcelona: Virus; Collectiu de Solidaritat amb la Rebellió Zapatista; Etcétera.
  • Montemayor, C. (1998): Chiapas, la rebelión indígena (1996). Madrid: Espasa Calpe.
  • Rivasés Moñux, M. (2003): ¡Nunca más un México sin nosotros!: Indígenas, zapatistas y mexicanos. Inédito.
  • Rovira, G. (1996): Mujeres de maíz. La voz de las indígenas de Chiapas y la rebelión zapatista. Barcelona: Virus.
  • Subcomandante Insurgente Marcos (1999): Relatos del Viejo Antonio. Málaga: Guarache.
  • Subcomandante Insurgente Marcos: Cuentos para una soledad desvelada (2000). Madrid: Virus; Ekososl y Collectiu de Solidaritat amb la Rebellió Zapatista.
  • Vázquez Montalbán, M. (2000): Marcos, el señor de los espejos. Madrid: El País Aguilar.
Documentales:
  • Caminantes (2001) de Fernando León de Aranoa.
  • Zapatistas, editado en 2003 por el diario mexicano La Jornada y la Productora 6 de julio.
Páginas web:



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Última actualización: sábado, 1 de noviembre de 2003

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