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Ray Loriga: la tinta y el talento
por Guillermo Ortiz
Ray Loriga ( Madrid, 1967) ha conseguido algo muy complicado: ser
reconocido y admirado en dos mundos que parecen llevarse mal como son la literatura y el cine.
Pocas veces un escritor reputado ha conseguido trasladar su talento a la pantalla y ser aplaudido
por ello. Loriga lo está consiguiendo poco a poco, y, si bien la mayoría de sus admiradores le
conocen por su obra literaria, en la actualidad ha saltado a los medios de comunicación por su
polémico guión El séptimo día basado en el sangriento enfrentamiento de dos clanes familiares en la
localidad extremeña de Puerto Hurraco a principios de los 90. La película, dirigida por Carlos Saura y con Victoria Abril como actriz principal, ha sido duramente criticada por los habitantes del citado pueblo e incluso por el presidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
Este es su tercer gran proyecto cinematográfico, tras colaborar en el guión de
Carne Trémula de Pedro Almodóvar y dirigir La pistola de mi hermano en 1997 (
a su vez basada en su propia novela Caídos del Cielo). Pero en Babab queremos centrarnos
en la figura de Ray Loriga como escritor, aprovechando la inminente salida de su última novela
ambientada en Nueva York, ciudad en la que vive desde hace años con su pareja, la cantante
Christina Rosenvinge. El principal malentendido que surge en España cuando se habla de Ray
Loriga es la asociación inevitable con otros autores de su generación, principalmente José
Ángel Mañas. En cierto modo los dos comparten una cierta visión desencantada del mundo: son
escritores madrileños de los 90, y eso no es decir poco. Los 80 fueron una época de explosión
creativa en toda España y particularmente en su capital. Un paraíso de innovación, drogas,
experiencias nuevas... del que sólo quedan las ruinas en la década posterior. En ese contexto,
Loriga escribe su primera novela, Lo peor de todo (1992). Por entonces, el autor contaba con 25 años y se puede considerar como una obra particularmente autobiográfica.
Ahora bien, el estilo de Loriga y el de Mañas (recordemos que Historias del Kronen
se edita en 1994) es muy distinto. Si bien Mañas opta por un estilo duro, de lenguaje popular
y con personajes muy difuminados en un entorno social determinado, Loriga busca el lirismo en
sus páginas, nos trae mundos sacados de las canciones de rock de los 70 y personajes cargados
de ternura, buscando siempre una ayuda (esa chica rubia y escandinava que aparece en casi
todos sus libros), una escapatoria. Los personajes de Loriga creen que el mundo puede
ser mejor, y están dispuestos a esperar a que llegue. No piden grandes cosas:
Bebíamos
cerveza y le pedíamos a Dios una chica bonita,1
dice el protagonista de Héroes (1993). No son revolucionarios, pero se encuentran envueltos
en un mundo hostil en el que no saben cómo integrarse. No sucede lo mismo con Mañas: sus
personajes viven en un continuo nihilismo y les da igual todo. Sólo intentan aprovechar
sus oportunidades. Si el mundo de Loriga es de soñadores el de Mañas es de francotiradores.
Las chicas no se piden a Dios, se buscan... y se encuentran.
Aclarado este punto diferenciatorio, es momento de decir que Ray Loriga ha sido probablemente
el mejor escritor español de los 90. Puede que sus historias no sean demasiado cautivadoras
(abusa de una estética malditista, de la autobiografía, apenas se distancia de la realidad ni del género), pero su manejo del lenguaje, del símil, de la imagen brillante no tiene igual. Pocos escritores pueden encontrar la genialidad de manera tan habitual, prueba de ello es el gran número de imitadores pedantes que surgieron a mediados de los 90. De hecho hubo un momento en el que los críticos parecía que esperaban la salida de cualquier libro para mandarle un recado a Loriga. En cualquier caso, la obra del escritor madrileño está muy por encima de la de cualquiera de sus fracasados seguidores. Pero es tan fácil creer que uno es un genio...
El primer libro de Ray Loriga, como ha quedado dicho, es Lo peor de todo (1992).
Se trata de una novela corta en la que ya se ven algunas de las constantes de su escritor:
un narrador en primera persona que no se despega en ningún momento de las sensaciones del
personaje principal, imágenes impactantes, personajes de ensueño, un mundo hostil que oprime
al protagonista y una manera de contar las cosas oblicua, a pinceladas (recordemos que una de
las grandes influencias de Loriga es el escritor estadounidense Raymond Carver). La primera
rase del libro ya es significativa:
Lo peor de todo no son las horas perdidas, ni el tiempo por detrás y por delante, lo peor son
esos crucifijos hechos con pinzas para la ropa.2
En una sola frase tenemos ya la mezcla entre el lirismo y la anécdota que se repetirá en el
resto de la novela. Elder Bastidas, un chico problemático y solitario, nos lleva por su mundo
de libros, recuerdos de infancia y un sinfín de anécdotas sin aparente sentido pero que nos
dan una idea de la personalidad del personaje. Está solo. Le da igual. Sabe que llegarán
tiempos mejores. Y, como no, esos tiempos mejores empiezan cuando conoce a la chica rubia.
Por este mismo camino va a seguir su siguiente obra, Héroes (1994). Es un libro más duro, lírico
y sobre todo con una estética puramente norteamericana, desangelada, maldita. Alcohol, drogas y
rock and roll. Algo de sexo, pero el justo, quizás una exagerada obsesión con los "ojos del culo".
Un chico cansado de que las noches se sucedan sin sentido decide encerrarse con sus recuerdos y
sus canciones en una habitación. Jura que no saldrá. Construida con la forma de un libro de
relatos muy cortos, la novela nos lleva de David Bowie a Mick Jagger o a Bob Dylan. Los 60 y
los 70 están de vuelta en el corazón de ese chico solitario que sólo quiere una chica bonita y una
jarra de cerveza. Pero no es un salvaje. Uno no puede evitar sentir simpatía por ese personaje
que, como todo adolescente, mezcla los momentos de pesimismo:
La estrella nunca te joderá, a no
ser que de verdad quieras que te jodan bien jodido, pero ellos te joderán a traición y, como
siempre, te joderán mal, porque no saben joder mejor y cuando despiertes jodido/jodida y solo,
mirarás al cielo y te preguntarás:¿dónde coño está la estrella? 3
con los de esperanza:
Vamos a asistir a algunos cambios. Puedes estar conmigo y deberías estar conmigo porque desde
la carretera no vas a ver nada.4
Este Peter Pan moderno que no soporta el mundo de los adultos y que venera a su hermano como
Holden Caulfield lo hacía con su hermana nos lleva directamente al protagonista de la tercera
novela de Loriga: Caídos del cielo (1995).
Probablemente sea la novela más famosa del autor. Ganó varios premios y tuvo una intensa
promoción por parte de Plaza y Janés, su editorial. Unido al hecho de que el propio Loriga
la llevó a la pantalla en La pistola de mi hermano, nos encontramos con la obra más
vendida de este escritor. Sin embargo no es, ni con mucho, la mejor. Digamos que, de cierta
manera, viene a culminar el proceso iniciado en las dos anteriores novelas: un chico solitario
y su hermano pequeño, una chica, un mundo hostil que les persigue y quiere arruinar su amor,
canciones de rock sonando en un coche que avanza por una carretera desierta. La estética
norteamericana de "road movie" sigue presente al igual que el peterpanismo propio de esta
generación a ambos lados del océano. Con todo, es una novela que no alcanza los niveles de
genialidad lírica de Héroes y que, si bien tiene una historia por primera vez bien
estructurada, no resulta demasiado sorprendente. Se ajusta demasiado a lo que todos hemos
visto ya mil veces en el cine sobre coches y parejas que huyen.
Tras el moderado éxito de su incursión por el cine (La pistola de mi hermano fue
exhibida en numerosos festivales de Europa y Estados Unidos y consiguió ocupar las primeras
plazas de la taquilla española), y la publicación de una serie de relatos y artículos
publicados en La Luna y La balsa del náufrago llamada Días extraños
(1995), Ray Loriga publicó la que posiblemente sea su mejor novela: Tokio ya no nos quiere
(1999). Mezcla de ciencia-ficción, libro de viajes y con las constantes de toda la producción
de Loriga, en este libro nos encontramos con un personaje familiar: el solitario narrador en
primera persona sin amigos y que recuerda a la chica rubia que le espera en algún lugar del
viaje. Es un comerciante de drogas de diseño y que abusa de ellas. Un interesante juego
de recuerdos y memorias que aparecen y desaparecen según el consumo de estupefacientes.
Como ejemplo la fantástica frase:
La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier otra cosa.5
Un hombre que olvida y recuerda con la misma facilidad, un mundo de aviones que sobrevuelan
la tierra como los coches circulan bajo el cielo. De sexo fácil en países perdidos. Un recorrido
por Arizona, Bangkok, Ho Chi Minh, Berlín, Madrid... hospitales, hoteles, aeropuertos. Escrita
con un ritmo frenético que no permite despegar la mirada de la tinta y a la vez con ese gusto
por la anécdota propia del autor, la novela llega a puntos hasta entonces desconocidos en su
obra. A partir de aquí podíamos esperar todo de un autor que parecía encontrarse consigo mismo.
Sin embargo, llegó la madurez, que siempre hay que temer en todo artista. Loriga se estableció
en Nueva York, buscó su lugar en el cine y se propuso una obra sobre una especie de pícaro con
un cambio total de estilo y de situación. El resultado fue la poco lograda Trífero (2000), relato de las andanzas de una especie de buscavidas que sólo comparte con los otros personajes de su obra la soledad, y que la historia comienza junto a su mujer escandinava para llevarle a Nueva York. El uso de la tercera persona hace que el narrador se despegue mucho más de los personajes y eso, en nuestra opinión, es un error, porque es en esa cercanía, en esa complicidad, en lo que se basan las mejores páginas escritas por Ray Loriga. La obra, en general, pasó sin pena ni gloria, apenas tuvo promoción y esperemos que sea parte de una búsqueda personal por parte de este escritor y que esa búsqueda tenga fecundos resultados. A diferencia de otros autores, talento y prosa tiene de sobra para deleitarnos durante años.
__________________
Notas:
1. Heroes. Ray Loriga. Editorial Plaza y Janés, 1993, p. 29
2. Lo peor de todo. Ray Loriga. Editorial Debate, 1995, p. 7.
3. Héroes, op. cit., p. 93
4. Héroes, op. cit. p. 18.
5. Tokio ya no nos quiere. Ray Loriga. Editorial Plaza y Janés, 1999, p.146.
6. Alfonso y Estrella: Ópera escrita por Schubert en 1821-1822, con un libreto basado en un episodio de la Reconquista en Asturias, en tiempos del rey Mauregato.
7. Inconclusa: Sinfonía n°8 en Si menor. La sinfonía Inconclusa o Inacabada de Schubert consiste de sólo dos movimientos. El tercero y el cuarto no fueron escritos o están extraviados. Fue dedicada a Musikverein de Graz quien había hecho de Schubert un miembro honorario. Hay muchas interrogantes de por qué esta sinfonía no fue terminada.
8. Virginia Verdi falleció súbitamente al año siguiente de su nacimiento, en agosto de 1838. Su hermano Icilio Romano corrió la misma suerte en octubre de 1839. Contando ambos tan sólo quince y diecisiete meses respectivamente, se presume que ambas muertes fueron producidas por encefalitis.
9. Ob. cit. (pág. 102)
10. La espineta, instrumento utilizado desde el S.XVI hasta mediados del S.XVIII, es un clavecín pequeño, de carácter doméstico, normalmente con una cuerda por nota. Sus cuerdas son más cortas, y frecuentemente se orientan diagonalmente al teclado para ocupar menos espacio.
11. Ob. cit. (pag. 104)
12. Ob. cit. (pág. 94)
13. Ob. cit. (pág. 78)
Texto, Copyright © 2003 Guillermo Ortiz.
Todos los derechos reservados.
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