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El regreso de Kraftwerk, padres de la criatura electrónica

por Diego Gez


Tras 17 años de espera, el regreso de Kraftwerk, los padres de la criatura electrónica, aporta certezas y algunas dudas.
En una primera instancia el análisis del primer álbum de Kraftwerk, luego de 17 años, amerita algo más que la simple idea de si lo escuchado se encuentra a la altura de la leyenda que reza que son al tecno lo que The Beatles fueron al pop. Padres indiscutidos de una movida que se hace imposible no escuchar en muchos grupos cultores de IDM o Minimal Tech (solo por nombrar 2 géneros profundamente influenciados), una escucha superficial condenaría a la banda a la indiferencia.

Pero muchas cosas han pasado en el mundo de la música desde la salida de Electric Cafe (último material editado en 1986 sin contar remixes y singles) y en el seno de la banda misma, tales como la partida de Karl Bartos (pieza fundamental del andamiaje mecánico de la banda y quien, a propósito, editó recientemente el muy recomendable Communication, de una naturaleza ósea que no esconde su pasado ligado al sonido de Düsseldorf, a la tradición K) y la llegada de nuevos laderos como Henning Schmitz y Fritz Hilpert como nuevos miembros de la banda.

Tour De France Soundtracks, el demorado y más que esperado disco de Kraftwerk, induce a un mantra en 12 tracks que tiene como eje temático el centésimo aniversario del Tour de France, en el que la adrenalina, el titanio y la aerodinamia -la relación hombre maquina en una oda a la bicicleta- cumplen un factor fundamental en el concepto de un álbum que remite directamente al original Tour de France inoxidable single de la banda circa 1983.

En rigor de verdad, y después de varias escuchas, Tour... no sorprende ni aporta el desconcierto gratificante de anteriores discos en los que Kraftwerk nos marcaba el futuro metamorfoseando con máquinas de ritmo y teclados un porvenir sonoro.

Se trata de un álbum correcto por donde se lo mire, donde todo se encuentra calculado (voces, programaciones, teclados de formación académica, etc.) en tiempo y forma, pero (aquí es donde lo alarmante toma presencia) es de temer que solo alcance para sostener la leyenda que con el paso del tiempo parece haberse estancado peligrosamente en los laureles ganados, sin espacio o motivación para revalidarlos.

Ideal para quienes descubrieron el mito Kraftwerk recientemente, no tanto para antiguos seguidores -verdaderos profetas de la paciencia-, deja flotando en el aire una interesante diatriba que excede al resultado final: ¿se le puede pedir, a quienes ya hicieron todo, algo todavía más sorprendente?




Texto, Copyright © 2003 Digo Gez.
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Última actualización: sábado, 1 de noviembre de 2003

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