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José María Fenollera: un artista perturbador e iconoclasta (entre el Romanticismo y la Modernidad)

por Jorge Fernández-Cid *


José María Fenollera Ibáñez (Valencia 1851- Santiago de Compostela 1918), artista finisecular vinculado al movimiento cultural y político de la intelectualidad gallega de la época, aunque también considerado maestro de la Escuela pictórica valenciana de finales del siglo XIX. Inquieto e innovador, desinhibido, consolida la cultura autóctona de lo que será el pensamiento artístico de la primera mitad del siglo XX.


Niño Desnudo
Retrato de niño desnudo
Óleo sobre lienzo, 60 x 51, s/f.
Propiedad particular. Madrid

Estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos (Valencia) y en 1872 se traslada a Roma pensionado por la Diputación de Valencia, donde vive durante cinco años. Tan prestigiosa beca sólo fue asignada a Fenollera, junto a otros cinco pintores de la talla de Sorolla, Garnedo, Ferrandiz, Domingo y Pinazo. Son pocos los datos de los que se disponen durante su estancia en Roma, pero está documentado que el pintor tuvo el plazo de un mes por parte de la Diputación para enviar un estudio completo colorista, tamaño natural, para poder seguir gozando de su pensión. Este tiempo exacto es el que tardó Fenollera en remitir la primera obra del pensionado y que ilustra nuestra portada, Odalisca preparándose para entrar en el baño, lo que ocasionó unas complejas relaciones entre la Administración y el artista, por lo poco acertado del tema para la época, aunque actualmente forma parte de la colección de arte de la Diputación de Valencia. A esta obra le siguen Pescador napolitano tocando una bandolina, San Francisco de Paula y Recuerdo del rey don Jaime.

Pasa unos años en París, donde aprende la novedosa técnica del fotograbado de la que será introductor en España al abrir su propio taller en Madrid. No existen muchos datos biográficos ni obra conocida de esta época, pero permanecen referencias de colaboración como pintor de cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, con diferentes encargos de reproducciones de tapices pertenecientes al Palacio Real. Colabora con Emilio Sala en la decoración del desaparecido y mítico Café Fornos de Madrid, lugar de reunión de numerosos artistas. La única obra que se conserva de su estancia en la capital es un retrato de Doña Lorenza, compañera de don Benito Pérez Galdós, quien se supone fuera modelo para los pintores de este período.

Alrededor de 1887, sin que se sepa la causa que le llevó allí, se instala en Santiago de Compostela de dónde nunca más salió.

Como catedrático de la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad, contacta con la incipiente intelectualidad gallega y con la oligarquía de tendencias regionalistas con las que Fenollera llega a identificarse, aunque se ignora su tendencia ideológica. Se convierte en un solicitado retratista de la sociedad compostelana de fin de siglo y recibe encargos oficiales tan importantes como los frescos del techo del paraninfo de la Universidad de Santiago de Compostela, obviamente conservados en la actualidad.



Boceto del Paraninfo de la Universidad de Santiago.
La Poesía
Óleo sobre lienzo, 99 ctms., s/f.
Propiedad particular. A Coruña

Retrata, entre otros a Alfredo Brañas, Eugenio Montero Ríos, Cardenal Payá, Juan Barcia Caballero, Arquitecto Pereiro Caeiro, Consuelo Velón González-Pardo (esposa del pintor), un cuadro desaparecido de Rosalía de Castro, aunque se conserva el bosquejo, un excelente autorretrato y una serie de retratos de todos los presidentes de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Compostela. El resto de la numerosa obra de Fenollera, además de ser propiedad de la Diputación Valenciana, lo es del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Santiago, Real Sociedad Económica de Amigos del País, de colecciones privadas y de la colección particular de la familia del autor, a la que le agradecemos su autorización para reproducir parte de su obra.


Breve análisis de su obra: Odalisca preparándose para entrar en el baño

El convulso periodo de finales del siglo XIX se caracteriza esencialmente por la quiebra del romanticismo, dando paso al modernismo. En literatura, por ejemplo, se comienza a entender la obra como objeto estético, armónico, donde esta debe funcionar armónicamente, aunque lo caótico, lo indefinido, lo sugerente y ambiguo fueran auténticas metas ideales para muchos escritores de la época. En el ámbito pictórico se produce cierto paralelismo, ya que no sólo se rompe con la tendencia artística anterior, -el romanticismo-, sino que lo hace con la relativa unidad de estilo de épocas anteriores.

El arte de fin de siglo decimonónico se caracteriza además por ser un complejo de tendencias aparentemente inconexas, que acuñan términos como realismo, idealismo, naturalismo, costumbrismo y finalmente, impresionismo. Todos estos estilos que entran en contacto no dejan de ser sino la búsqueda de una nueva realidad pictórica que se plasma en diferentes técnicas artísticas. Es en definitiva, un movimiento de extraordinaria amplitud y complejidad.

Sin duda, estas tendencias surgen de la influencia que tuvo la aparición de la fotografía y de los descubrimientos científicos acerca de la luz y el color y que desembocan, finalmente, en el modernismo como punto de convergencia de los conceptos artísticos inmediatamente anteriores y posteriormente, en todas las directrices artísticas que regirán el siglo XX. Bajo esta perspectiva, podemos considerar que Fenollera estaba totalmente identificado con el sentimiento y nuevo pensamiento surgido de su tiempo. En consecuencia, éste ofrece pinceladas de todas las escuelas contemporáneas, lo que provoca que uno de sus rasgos definitorios sea la capacidad de síntesis o de adaptación. Se puede encontrar en su obra cierto (o mucho) realismo, costumbrismo, naturalismo e incluso trazos de pre-impresionismo, aunque sin abandonar una concepción académica evidente. Parece como si en cada cuadro que deseáramos delimitar dentro de un propósito pictórico concreto, la obra misma nos lo impidiera, ya que registra y mixtura rasgos de los estilos que conviven y se desenvuelven entre si.

El cuadro que conforma la portada del número XXII de Babab, Odalisca preparándose para entrar en el baño, es la pieza que, como ya hemos mencionado, envía desde Roma para cumplir con las bases de la pensión de la que gozaba. En el oportuno informe de la Academia de San Carlos, tras elogiar su indudable calidad artística, es rechazado porque

... el asunto elegido por el joven pensionado es más aceptable para figurar en el estudio de un artista, en el gabinete privado de un coleccionista, o en la escuela de Bellas Artes, más bien que en el local de tan digna Corporación.1

En ella se puede observar con claridad que, el entonces joven pintor, responde plenamente a los postulados de moda entre los círculos académicos de la época, tanto en su temática como en su ejecución, y que aunque con una composición escénica clásica, muestra una cierta libertad en el manejo del pincel, desdibujando los motivos, la temática y por otra parte, observamos un tratamiento de la luz que deja entrever la tendencia que daría lugar a la famosa escuela luminista valenciana (Sorolla, Pinazo, Garnelo ...)

Después viaja a París y Madrid y parece que se produjo una evolución estilística en el artista, originado por el conocimiento de la fotografía y por el entorno madrileño, abriendo en él una nueva concepción de la luz y el color, pasando a considerar estos, no sólo como elementos de relleno del dibujo para "completar" la obra, sino como dispositivos esenciales de la composición que le proporcionan una mayor naturalidad, aunque sin renunciar al dibujo como elemento compositivo, lo que da una gran dosis de realismo a su obra en conjunto.

La temática costumbrista aparece claramente en las obras de escenas de tipos populares como Estudio de cabeza de campesina, Mujer con traje de gallega, la Hilandera o de escenas de tareas campesinas como La malla y La murreas. Estas dos ultimas, junto con el Retrato de Consuelo Fenollera Velón y Robles de Barrio están compuestas bajo una clara influencia del incipiente movimiento pre-impresionista.


Robles de Barrio
Robles de Barrio
Óleo sobre lienzo, 34 x 20, 1912
Propiedad particular. Madrid

Podemos concluir que Fenollera fue un artista que jugueteó con los gustos pictóricos de su época, que fue un pintor perturbador e iconoclasta, aunque nunca renunciara al academicismo que le permitió mostrar una indudable destreza y maestría en todas y cada una de las técnicas artísticas del momento.

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Algunas referencias bibliográficas y enlaces:

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Notas:

*. Es biznieto del pintor
1. López Vázquez, José Manuel B. José María Fenollera (1851-1918), Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1996, pp.32



Texto, Copyright © 2003 Jorge Fernández-Cid.
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Última actualización: sábado, 1 de noviembre de 2003

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