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Rafael Alberti (1902 - 1999): crear febrilmente

por Sara Rivera


Con motivo del centenario del nacimiento de Rafael Alberti, se celebra entre los días 16 de septiembre al 24 de noviembre del 2003 una exposición antológica sobre el autor en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Con el nombre Entre el clavel y la espada: Rafael Alberti en su siglo, la muestra traza un recorrido por la vida del poeta, mostrando en paralelo su producción plástica y poética, y creando en torno a su vida como hilo conductor una perspectiva del contexto histórico y el entorno cultural de los movimientos más destacados del siglo XX en los que Alberti estuvo en una u otra medida integrado. La enorme riqueza del siglo en este sentido, la febril actividad creadora de Alberti, y su participación activa en los grandes acontecimientos históricos hacen que todos los factores se entremezclen con toda naturalidad en la exposición, que ha conseguido transmitir esa visión poética, sentida y luchada por Alberti, y llevada con toda coherencia a su vida y a su obra.

La muestra comienza con una impecable referencia a "el mar - la mar - el mar" albertiano: sus múltiples facetas e identidades se despliegan, tan lejanas y tan cercanas, sobre un inmenso mar de azul intenso.
A partir de aquí, la exposición se estructura en varios bloques ordenados cronológicamente: su infancia y adolescencia en Puerto de Santa María (Cádiz) y el traslado a Madrid; los años 20 de experimentación en el ámbito de las vanguardias; los años 30 del poeta en la calle durante los agitados años previos a la guerra y el estallido de la Guerra Civil en sí; la II Guerra Mundial y el comienzo del largo periodo del exilio, en sus distintas estancias en Argentina, Uruguay y finalmente en Roma, Italia. Las últimas salas se dedican a narrar el regreso definitivo de Alberti a España en el año 1977, y un último apartado dedicado a su relación con algunos de los principales artistas del siglo: Antoni Tàpies, Millares, Saura, Picasso, Miró y Motherwell entre otros.
Los contenidos de la exposición quedan reflejados a partir de la producción artística en diversas técnicas de Alberti (pintura, grabados, carteles, gouaches...) así como obras de los artistas contemporáneos. Por otro lado se muestran primeras ediciones de su obra poética y teatral, incluso su correspondencia con otros artistas. Todo ello queda ilustrado con multitud de fotografías de la época, y los comentarios del mismo Alberti en su resumen autobiográfico. La culminación de todo este conglomerado de manifestaciones artísticas viene dado por las liricografías y poemas ilustrados, donde la fusión entre Arte y Poesía es ya definitiva.

Nos incumbe aquí en especial la creación plástica de Alberti, que no deja de surgir de la evocación de la poesía. Alberti relata su llegada a Madrid en 1917, inmerso en su primera vocación, la pintura. Previamente en Cádiz ya habría pintado según él "barcos, playas, salinas, árboles y castillos de la bahía de Cádiz". También, según sus palabras en el resumen autobiográfico, al llegar a Madrid: "Dibujar y pintar. Febrilmente".

En Madrid comienza dibujando Academias, paisajes nocturnos, y estudiando a los maestros del Museo del Prado, en concreto Goya, Velázquez, Zurbarán y El Greco, a los que añoraría contemplar más tarde desde el exilio. Pronto entraría en contacto con los pintores de vanguardia, de manera que recibiría como influencia fundamental la del pintor Manuel Vázquez Díaz. La expresión de esta influencia se produce en dos obras del año 1920: Mujer durmiendo y Evocación. Ambas obras muestran la herencia del lenguaje cubista desarrollado por Picasso y Braque en las dos primeras décadas del siglo XX, si bien aquí se aplica en una escena de figuración y un sentimiento de ensoñación ajenos a la ausencia de tema cubista.
Tras estas primeras pinturas figurativas, este periodo pictórico que abarca del año 1917 al 1923 evolucionará a un arte abstracto vinculado a las experiencias de los artistas coetáneos.

Jaime Brihuega, en el capítulo que dedica en el catálogo de la exposición a comentar la pintura de Alberti, señala, entre otras que marcarán esa producción abstracta, la influencia de Robert y Sonia Delaunay con sus planos de color en formas geométricas, así como las obras vibracionistas de Barradas. Fundamental importancia tiene también como influencia el ambiente artístico madrileño de esta década de los 20, donde confluyeron artistas que formarían posteriormente la Escuela española de París, cuya formación parte de Madrid como asimilación de las premisas formales del cubismo aplicadas a las inquietudes propias de cada autor: el casticismo popular para Manuel Ángeles Ortiz, la pintura de lo cotidiano con especial interés por las asociaciones cromáticas de Francisco Bores, que acabarían derivando en el desarrollo de la "pintura fruta" de calidades sensoriales, y las imágenes neocubistas de Pancho Cossío, que pronto añadirá las referencias oníricas.

Del mismo modo determinaron este ambiente artístico madrileño los artistas de la Escuela de Vallecas, principalmente Benjamín Palencia y Alberto, que influirían a Alberti a partir de sus exploraciones abstractas en busca de ciertas coordenadas claves del arte español, en una especie de simbolismo aferrado a lo real como se desprende de obras como la escultura de Alberto El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de 1937, también presente en sala.

En este contexto, Alberti realizaría después de aquellos primeros cuadros figurativos obras abstractas como Friso de las danzarinas (1920) y Friso rítmico de un solo verso, de 1921. Como siempre, indisoluble la presencia del mestizaje de artes, poesía - pintura - música se entremezclan en estas obras, al aludir al movimiento y ritmo del verso y la música a través de las líneas plásticas.
Estas experiencias culminarían con la Exposición de la obra abstracta de Alberti en el Ateneo de Madrid, en el año 1923. A partir de 1921 Alberti siente despertar su inquietud por la poesía ("me seguían saliendo los poemas como brotados de una fuente misteriosa que no pudiera contener") y paulatinamente fue cambiando una vocación por otra, si bien continuaría dibujando durante su producción escrita. El hecho es que a partir de 1923 deja de pintar, dejando como último dibujo Este dibujito estival para dedicarse a la poesía.

Marinero en Tierra, del año 1924 constituirá el punto de inflexión que determina el cambio de registro, pero sobre todo, el cambio de tono y la expresión de las nuevas tendencias asumidas. En esta obra predomina la recuperación de las tradiciones populares y la música de los Cancioneros de los siglos XV y XVI. En esa línea profundizan sus siguientes obras, dirigiéndose cada vez más al mundo de lo onírico: búsqueda de su interioridad, la nostalgia y el sentido de pérdida, vertidos en un lenguaje que permanece como derivación del experimentalismo de las vanguardias cubistas y abstractas, pero como expresión de lo real, traducidas a lo figurativo, dentro de lo popular. En este sentido, hay que tener en cuenta que Alberti ya estaba en contacto a través de la Residencia de Estudiantes con Dalí, Buñuel, García Lorca y va conociendo a los demás poetas que formarían con él la llamada Generación del 27 a partir del homenaje a Góngora: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso...

Este tipo de estética quedaría plasmada en los diversos dibujos que realizara para ilustrar sus poemas, quedando patente la no separación entre ambas artes. Los dibujos de los poemas ilustrados son de gran lirismo, en sí poetizados, formando un todo estético coherente que llevaría a su máxima expresión con las liricografías del exilio.

La mirada a lo popular en conjunción con la vanguardia sería desarrollada por Alberti en paralelo con Lorca, tal y como se muestra en la exposición con las imágenes de La Virgen de la Cinta y La Virgen de los siete dolores, respectivamente; una extraña religiosidad, sufrida aunque en cierto tono ingenua, una nueva visión de lo tradicional. La otra figura fundamental para Alberti en este periodo del binomio popularismo-vanguardia será Maruja Mallo, que al mismo tiempo abrirá un poco más el espacio hacia las nuevas preocupaciones surrealistas.

En efecto, el Surrealismo será la nota principal en la producción albertiana en esta segunda mitad de la década de los 20, como se refleja en Cal y Canto (1927) y Sobre los Ángeles (1928). Existe en estas obras un tono diferente, imbuido de un aire surrealizante, se produce la irrupción del subconsciente, alejándose ya de lo popular para adentrarse en una poesía más estilizada y oscura. Explica José Corredor-Matheos en el catálogo como este tipo de poesía más conceptual y hermética constituye el modelo expresivo de la Generación del 27, para expresar aquellos temas del subconsciente precognizados por el Surrealismo. Así, siguiendo al mismo autor, los ángeles de Alberti serían las fuerzas del espíritu del poeta, descubriendo en la condición humana sus contradicciones en Sobre los Ángeles, sus lados oscuros y luminosos. Alberti profundiza en sí mismo.... como diría Saramago,

"sabríamos mucho más de las complejidades de la vida si nos aplicásemos a estudiar con ahínco sus contradicciones en vez de perder tanto tiempo con las identidades y las coherencias, que esas tienen la obligación de explicarse por sí mismas"..........

Siguiendo el argumento de Corredor-Matheos, los años 1929-30 continúan en la línea del Surrealismo en un tono sombrío, llegando incluso a matices expresionistas, como consecuencia del cada vez más tenso clima social y político, y su desengaño amoroso en la relación con Maruja Mallo. Se preguntaba Alberti:

"¿Quién me separó de la luz, de mis barcos, esteras y salinas, para arrojarme a aquel pozo de tinieblas?".....

De hecho al poco tiempo, en 1931 se produce la proclamación de la República y la creciente agitación social hasta la Guerra Civil. Alberti finaliza la vanguardia de los años 20 para desarrollar en los 30 una poesía comprometida en el plano social y político. La Guerra Civil fue tiempo artísticamente de carteles y consignas, revistas revolucionarias.... en especial la obra gráfica de Joseph Renau, Alberto o Miguel Prieto tienen cabida en este bloque de la exposición. Alberti tuvo un papel muy activo en el ámbito cultural, como director del Museo Romántico, y su papel fundamental en la Alianza de Intelectuales Antifascistas y el salvamento de las pinturas del Museo del Prado, salvando las obras del bombardeo de Madrid y trasladándolas posteriormente a zona republicana para ponerlas a salvo.

Tras el periodo de guerra, Alberti con su mujer María Teresa León marchan a Orán y después a París, donde trabajarán en la radio y entablarán una fuerte relación con Picasso y con Neruda. Al estallar la II Guerra Mundial, dará comienzo el exilio en Argentina, a partir de 1940. Allá transcurrirán 25 años, donde surgirán ricas relaciones amistosas y artísticas con autores hispanoamericanos y otros españoles exiliados.

En lo que nos interesa, se produce en esta década de los 40 el regreso de Alberti a la expresión plástica. Entre 1945 y 1948 publica A la pintura. Poema del color y la línea donde se mezclan láminas de los pintores a los que dedica los poemas, según él a partir de la añoranza del Museo del Prado a la que nos referíamos anteriormente. En colaboración con Luis Seoane realiza El ceñidor de Venus desceñido, de 1947, y también "Buenos Aires en tinta china". En esta obra Alberti muestra una plástica de gran expresividad, trazo impulsivo y desgarrado en los motivos vegetales realizados en la segunda mitad de la década ´40 que, según Brihuega, respondería a la influencia del Expresionismo abstracto que se estaba desarrollando en Europa y Estados Unidos, junto con su propio sentimiento en el exilio.

De enorme belleza son las Liricografías realizadas en los primeros años 50. En ellas, se funden los versos de su poesía con dibujos que se deshacen en líneas que son en sí de gran lirismo, imágenes de poético cromatismo, escenas de elevada ingravidez donde se refleja la añoranza y melancolía de Alberti, enriquecidas por el rico colorido de las tierras americanas. Entre los más bellos ejemplos mostrados en la exposición podríamos citar Retorno frente a los litorales españoles (1952), Pavana (1951), o La niña sabe (1951).

En una recuperación de las raíces españolas y los temas clásicos, buscándose a sí mismo en intimidad con su nueva visión americana, aparecen dos obras de profundo grado poético y metafórico, como son Bailarina de Gades y Fundación de Gádir, ambas obras de 1953, con fusión de lo americano y la tradición mediterránea de su primigenia bahía de Cádiz.

La recuperación de la luz y el ambiente mediterráneo se hará definitivo con el traslado a Roma, a partir de 1963. En Roma Alberti aborda la técnica del grabado en sus X Sonetos Romanos, donde cada soneto se funde visualmente con el grabado correspondiente que encierra su contenido poético.

En 1967 Rafael Alberti crea un homenaje a Miró, El Libro de Miró, rememorando la estética del pintor catalán fusionando una vez más la palabra con lo visual. Asimismo retoma el homenaje a Picasso, en Los ocho ojos de Picasso, y la fusión definitiva de palabra e imagen en la obra de 1972 El lirismo del alfabeto. De nuevo gran expresividad de las líneas desmaterializadas del alfabeto enfatizada por el uso del color.

La última sala del recorrido vital de Alberti entre el clavel y la espada se concentra en mostrar la relación del poeta-pintor con los artistas contemporáneos, pasando por el expresionismo abstracto de Saura, la obra matérica de Tàpies, las interrelaciones con Picasso y Miró y sus encuentros estéticos, y finalmente la interpretación de Motherwell de los versos albertianos dedicados a la pintura.

El complejo periplo de Alberti se cierra con el regreso a España: "Salí con el puño cerrado, porque era tiempo de guerra y vuelvo con la mano abierta para la fraternidad", en el año 1977. Había recorrido para entonces una vida extraordinaria, un siglo convulso, mil y una estéticas asimiladas desde su propia visión poética, una profunda exploración del yo más íntimo, incluso del subconsciente, y del yo colectivo a través de su permanente compromiso político. Y nos lo dejó todo expresado mediante la imagen y la palabra, ambos fundidos, liricografiados, plasmados febrilmente, entre el clavel y la espada.

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BIBLIOGRAFÍA:

  • Catálogo de la Exposición: Entre el clavel y la espada. Rafael Alberti y su siglo. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. (16 septiembre a 24 noviembre de 2003). Capítulos:
    • José Corredor-Matheos: "Años 20: Del pintor Rafael Alberti al poeta de "Sobre los Ángeles".
    • Jaime Brihuega: "Rafael Alberti entre el color y la palabra. Eclosión y metamorfosis de un artista en los orígenes de la vanguardia madrileña".
  • España ante la historia y ante sí misma (1898 - 1936). Julián Marías.
  • Enciclopedia del Arte español del s.XX. Francisco Calvo Serraller. Madrid, 1991.
  • Cita de José Saramago tomada de La caverna (2000).



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Última actualización: sábado, 1 de noviembre de 2003

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