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Andamios a priori. Final de obra

por Raúl Devia


Bueno, bueno... Llegamos a septiembre un año más con la extraña sensación de que el tiempo transcurre mucho más deprisa durante el verano. Las vacaciones, para quien las disfrutara, resultan sorprendentemente cortas y yo les juro que matemáticamente no hay razón que respalde tal argumento. Las mías se han reducido a tres días de viaje por Lisboa. Para ser justos, la palabra reducido no debería ir cerca de la palabra Lisboa nunca. Volví de allí con la sensación de haber conocido de soslayo la ciudad. De haber vivido solo de pasada todo lo que puede ofrecerme. Como cuando en el metro te sientas en frente de una chica guapísima que se baja, inexorablemente, a la parada siguiente dejándote con la sensación de que querías ver más. Desde aquí mi gratitud a quienes me empujaron a conocer la ciudad de Lisboa. Descubrir sus calles, descubrir, mientras la tarde cae y el olor a pescado asado se cuela por los rincones, es algo que se queda grabado.

Pero volvamos a la frustración de los que retornan. Les propongo un juego. Es divertido ver la cara de los ex veraneantes. Es divertido ver como aquello en lo que han depositado toda su esperanza de una vida mejor desaparece ante sus ojos. Prueben a imitarlos delante del espejo y después lleven esa cara durante todo el año. La verdad es que alguien me robó la idea desde hace tiempo y por Madrid circulan a diario hordas de ex veraneantes sindicados. Un peligro. En fin...

El caso es que, para iniciar un ciclo debe concluir otro. Mi aportación a BABAB se prolonga en el tiempo desde hace dos años y en cada artículo escrito, en cada argumento expuesto, se encuentra plasmado un intento, tal vez fallido, tal vez acertado, de trasladarles mi amor por las matemáticas.

A medida que uno se aproxima a una disciplina del saber y se siente atraído por ella, las ganas de saber y, consecuentemente, la certeza de que nada se sabe, chocan violentamente bajo nuestros pies. Ante tal, aparente, contradicción, se corre el riesgo de quedarse quieto, de no investigar y amedrentarse ante lo insignificante de tu aportación a tan basto campo. Pues bien, yo ante eso decidí tirar para delante, decidí no sonrojarme al definirme como matemático, decidí contar lo poco que sé para público conocimiento. La mayoría de las críticas que he recibido han sido positivas. No me puedo quejar, pero uno acaba esta serie, porque esto es una despedida, (si no lo habían notado es que escribo realmente mal) con la sensación de no haber sido del todo claro, de no haber sacado todo lo que deseaba decir.


Durante todo este tiempo he hablado de cientos de cosas: las matemáticas y la pintura, las matemáticas y la filosofía, las propias matemáticas en si... en fin, de lo que en cada momento consideré interesante. Pero la tesis básica,( ya sabéis lo presuntuoso que es usar la palabra tesis para algo así), no es otra que esta: las matemáticas no son lo que la gente entiende como ciencia. La idea que la gente tiene sobre ellas viene provocada por la acumulación de diferentes errores pedagógicos y sociológicos que han degenerado en un arquetipo absurdo y alejado de la realidad.

Es como si alguien, por ejemplo, equiparara las obras expuestas en el museo del prado con el gotelé casero que adorna nuestras paredes. Al fin y al cabo ambos se hacen con pinceles, ambos usan pinturas y en ambos la elección de los colores resulta primordial... ¡Totalmente absurdo!

Las matemáticas son, básicamente, creación. Creación abstracta, creación útil, pero creación. Las tablas de multiplicar repetidas hasta la saciedad, las formulas para obtener volúmenes aprendidas de memoria solo revelan que ningún ministros de educación de este país ha visto El club de los poetas muertos.

Otra frase importante para entender el problema de las matemáticas en la opinión pública es "Nadie que no ame lo que explica debería dar clase de ello". Durante mucho tiempo hemos sufrido patrullas de profesores que mandan leer obras importantísimas de nuestra literatura como la DGT manda leer y memorizar su, por otra parte entretenidísimo, código de circulación. No hay condena suficientemente dura para aquel que mate la capacidad creadora de otra persona y este sistema, todos en definitiva, lo estamos haciendo día tras día con nuestros semejantes. Piensen en ello la próxima vez que repriman sus ganar de escribir.

Así, lo realmente importante de todo esto es que las matemáticas surgen como creación artística de la conciencia (autoconciencia) del mundo. Surgen de nuestro interior y nosotros nos limitamos a sacarlas. Es el tan cacareado platonismo y su mundo de las ideas. Si para la creación matemática solo necesito de un yo, si para la lógica del mundo, solo yo tengo todo lo que necesito para conocerlo, las matemáticas se acaban convirtiendo en el código en el que está escrito toda lo que es , fue y será.

De aquí, obviamente, podemos obtener conclusiones teológicas, filosóficas, éticas que darían para mucho, pero que dejo colgadas para discusiones futuras. Solo un ejemplo de todo esto: Si entendemos Dios como conocimiento absoluto, las matemáticas son el lenguaje de Dios. Se escala a través de la oscura red con nuestro pensamiento matemático como arma más importante. No se puede escuchar igual a Bach o leer igual a Borges si antes tu cabeza ha visto cosas que otras no han visto.


Y es que la música tampoco es igual desde un punto de vista matemático. El barroco, con sus contrapuntos, con sus líneas melódicas que juegan a replicarse, con sus armonías (relación matemática y bella) es una gozada que disfruta la misma parte del cerebro que se deleita con una demostración matemática bien entendida o con una estructura algebraica sorprendente. Esa parte del cerebro, minúscula en algunos casos, inexistente en la mayoría, es la que nos hace más libre y la que contiene toda la luz. En fin que si quieren darle una oportunidad a su lado más místico, las matemáticas son un campo de pruebas dispuesto y, perdón por la expresión, virgen.


Aquí concluye, por tanto, la serie de artículos que, durante estos dos largos años, he compartido con vosotros bajo el epígrafe de "Andamios a priori". El título se debe a una definición de matemáticas que en su momento di y que resume bastante bien lo que opino sobre ellas. Las matemáticas son estructuras mentales que sujetan el resto de nuestro conocimiento y que nadie ha implantado allí. Estaban ahí desde le momento de nuestro nacimiento.

Espero que, al menos se hayan divertido leyendo como yo escribiendo. Es una frase tópica, la verdad, pero resume bastante bien lo que pretendía. El resto, como decía el clásico, es todo silencio...




Texto, Copyright © 2003 Raúl Devia
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Última actualización: lunes, 1 de septiembre de 2003

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