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José Ángel Mañas: un juguete roto.

por Guillermo Ortiz


Hasta hace relativamente poco no tuve la oportunidad de leer el último libro de José Ángel Mañas, Mundo Burbuja, publicado en 2001. Las sensaciones fueron extrañas. Como lector adolescente y entusiasta de sus primeras novelas no pude evitar sentir cierta desazón. En el plano literario, por su empeño en repetir determinadas fórmulas (el argot, las chicas, las drogas...) como si siguieran resultando efectistas, como si nadie hubiera leído nunca un libro suyo antes. Desazón personal, porque todo lector tiende a identificarse con los autores que le transmiten algo, y lo que transmite Mañas en ese libro es la sensación de un hombre atrapado en un laberinto.

Dejemos a un lado el hecho de que la base de la historia sea la ya habitual: un chico joven, guapo y rico viaja por Europa acostándose con toda clase de mujeres, probando toda clase de drogas y fraguando amistades con otros pirados como él. Aunque ya esté muy visto, y no sólo en la literatura, eso no es lo peor. Lo peor son los pasajes en los que intenta hacer literatura "seria", el reproche de la crítica española de la última década. En esos momentos, el narrador desaparece y queda sólo el autor, tras cada palabra del protagonista se oye la voz del propio Mañas diciendo "no soy el que creéis, podría ser otro". La cita sin sentido de autores del siglo XIX, las discusiones ampulosas sobre literatura... estos datos no aportan nada sobre el personaje como se supone que se espera en una narración. Primero, porque está escrito de manera muy confusa, segundo, porque parece inevitable pensar que a quien está describiendo en realidad es al autor: Mañas intenta convencer al lector de que, aunque hable de sexo y alcohol, en realidad él sabe quiénes son Proust, Céline, Stendhal, Flaubert... y podría estar a su altura.

No es habitual ni positivo que un autor se justifique dentro de un libro. No ya lo escrito en él, que podría ser un recurso ingenioso, sino toda su trayectoria y el estilo que le ha caracterizado. El empeño por demostrar que sabe escribir como se espera de un escritor clásico hace que su lector no pueda sino pensar: "este chico está perdido". Y es que José Ángel Mañas, literariamente al menos, está perdido y, en esta novela, personaje, narrador y autor están tan estrechamente unidos que la ficción se pierde. Siempre que el protagonista escribe algo (cosas sin demasiado sentido, en general) sabemos que, en realidad, es Mañas el que lo ha pensado, y cuando el personaje pregunta a los demás qué les ha parecido sabemos que es Mañas el que se responde.


¿Qué tiene que justificar? Esa pregunta ya se ha contestado: su carrera, su recorrido como escritor. Bien, repasemos esa carrera con la brevedad que nos impone este medio:

José Ángel Mañas (Madrid, 1971) irrumpió en el mundo de la edición con un libro que, inevitablemente, y a su manera, pasará a los anales de la literatura española contemporánea: el libro en cuestión, Historias del Kronen (1994), fue finalista del Premio Nadal, se convirtió en un fenómeno social y fue fruto de una fallida versión cinematográfica por parte del prestigioso director Montxo Armendáriz. Como libro de éxito, tuvo toda clase de críticas, la mayoría adversas. Se criticaba a Mañas un "exceso de frescura", esto es, trivializar la literatura hasta convertirla en nada. De hecho, el libro, en ocasiones, es de una pobreza estilística tal que parece el comentario de un partido de fútbol. El vocabulario se reduce a una serie de expresiones juveniles y a la trascripción de términos anglosajones, como, por ejemplo, Jotabé o Beitman, referido al protagonista de American Psycho.

Algunos especialistas, sin embargo, festejaron su aparición, como el escritor y periodista Manuel Vázquez Montalbán, que en su clásico Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos (1996) elogiaba sin reparos la obra aludiendo precisamente a su capacidad de descripción de un fenómeno social y a su frescura.

"- Ya te dije que a mí la novela me parece, desde varios puntos de vista, ¿eh?, pero sobre todo para entender a esa generación, equivalente de El Jarama" (1)

Creo conveniente adoptar una posición intermedia en esta cuestión: el libro está mal escrito, pero da la sensación de ser un "feísmo" buscado, una pobreza que refleja la pobreza moral y cultural de los protagonistas, su falta de interés, su desencanto ante la sociedad y la vida que les ha tocado.. Describe un mundo: la famosa "generación X" que inventaron los americanos, jóvenes de buena familia sin nada por lo que luchar y con el único objetivo de consumirse en el ocio. Era un tema poco tratado en España hasta el momento, aunque lo exagera, desde luego. Es un libro triste, nihilista hasta el extremo ( eso no lo apreció jamás Armendáriz: las drogas no provocan el nihilismo, son sólo una manifestación de éste), la versión española del "grunge" americano, los ojos tristes y vacíos de Kurt Cobain. Pero no es un mal libro, sobre todo para un autor de 23 años.

23 años son muy pocos en la sociedad en la que vivimos. No sólo para ser un gran escritor, sino también para soportar la presión de entrevistas, halagos, críticas, dinero a espuertas, editores y representantes dispuestos a todo... En parte un escritor es como un deportista de élite, para cuando llega al triunfo ya lleva un montón de años destacando, con mucha gente diciéndole a cada rato lo bueno que es. Mañas, poco a poco, y sobre todo después de repetir la fórmula en Mensaka (1995) con similar éxito de ventas, se fue convirtiendo en un muñeco de feria al que le llovían todas las críticas. Como los personajes de sus novelas, adoptó un tono distante, altivo, prepotente. Él estaba por encima del bien y del mal, y eran los críticos los que no sabían dónde encajarle. Mientras tuviera éxito, la razón estaba de su lado.

Lo cierto es que, efectivamente, muchos de los críticos no sabían dónde encajarle: al coincidir en el tiempo la mayoría le emparejó con Ray Loriga. Loriga no sólo es mucho mejor escritor, sino que ni sus temáticas ni su estilo tienen demasiado en común con Mañas. Quizá coinciden en un estilo algo "americanizado", con el rock y el cine como motivos de fondo, pero si el referente de Loriga es Raymond Carver, el de Mañas- y en Historias del Kronen aparece varias veces- es el escritor americano Bret Easton Ellis, y no precisamente su obra más conocida, American Psycho, sino una anterior, escrita con tan sólo 20 años y titulada Menos que cero. El gran malentendido de la crítica de los 90 ha sido pensar que Loriga, Mañas, Lucía Etxeberría y Benjamín Prado- autores españoles que destacan en los 90- eran lo mismo. Evidentemente comparten un estilo cinematográfico, han leído muchas novelas estadounidenses y pocas españolas, pero aparte de su fascinación por Kurt Cobain poco tienen en común.

Como decíamos, el Kronen es un calco de Menos que cero. Un mal calco, porque Ellis posee un enorme talento como escritor. Su influencia es total en el Kronen, empieza a desaparecer en Mensaka y queda aparcada por el desarrollo de un estilo propio en Ciudad Rayada (1997). En mi opinión, ésta no sólo es el mejor libro de Mañas sino en la que más se acerca a una novela en el sentido clásico: tenemos personajes de verdad, con sentimientos, no simples marionetas que recorren como locos la ciudad. Su estilo destructivo retrata, ahora sí, determinada juventud de discotecas, pastillas de diseño, traficantes de barrio... con una escalofriante verosimilitud. Prefiero no pensar que personajes como el Kaiser de la novela abunden entre los jóvenes, pero eso no es lo importante, lo importante es que el libro es verosímil, que lo que aparece retratado no son un montón de calles que se entrecruzan sino un chico de 18 años rodeado de ansiedades.

En esta trilogía urbana está recogido todo lo mejor de Mañas. El nihilismo y el desencanto de los 90 frente a la euforia que había supuesto el Madrid de los 80. El reflejo de una juventud acorralada. Con mayor o menor acierto, lo que Mañas tenía que contárnoslo nos lo contó en esos tres libros. Lo demás queda bastante por debajo, por ejemplo, Soy un escritor frustrado (1996) parte de una idea relativamente interesante, pero muy mal llevada. El libro se presentó como un cambio en el estilo del autor y fue bastante celebrada por la crítica como una novela de verdad. Lo cierto es que deja bastante que desear y ni siquiera supone ningún cambio de estilo, pues la obra estaba escrita desde antes del Kronen, en la época universitaria de Mañas y sólo fue editada después ante el tremendo éxito que estaba viviendo su obra.

En cualquier caso, Mañas se presenta a finales de los 90 sin haber cumplido todavía los 30 años, pero con cuatro libros de éxito y un enfrentamiento abierto con la crítica. En ese momento ya vive en Toulouse alejado de la presión mediática española e intenta hacer algo realmente nuevo: Sonko 95 (1999), mezcla de novela policiaca con las clásicas historias de jóvenes, bares, grupos de música, chicas, etc. La novela cansa por dos motivos: la parte más tópica del autor ya resulta muy aburrida y poco original. Parece increíble que Mañas no maneje con más facilidad otros recursos atribuibles a los jóvenes aparte de la promiscuidad y la drogadicción. Que nadie aprecie aquí un comentario moralista. La promiscuidad y la drogadicción son parte de la vida de algunos jóvenes. Sólo que a la quinta novela uno puede esperar que le cuenten algo más. La parte policíaca es muy pobre, hecha con ganas, con entusiasmo, pero con mucha torpeza literaria. El caso es que Mañas está ante su primer fracaso comercial desde que empezó en esto. Los críticos ya ni se preocupan en apalearle, la editorial sigue pidiendo más y más, y da la sensación de que él está bien donde está: en Francia, con su novia y alejado de todo.


Así que llegamos al final a donde empezamos: Mundo Burbuja (2001). Es la obra de un hombre hastiado, roto. De un escritor que no quiere escribir y que no tiene nada que contar. El comienzo del libro no es ninguna ironía:

"Acabo de recibir un cuestionario. Me preguntan que por qué escribo. He estado a punto de contestar que porque me aburro. Me aburro, luego escribo. Mentira, claro. La verdad es que me he gastado el anticipo de mi última novela y toca seguir produciendo" (2)

Desconozco lo que hace José Ángel Mañas con los anticipos de sus novelas pero lo que me queda claro leyendo el libro es que se aburre mucho. Es un libro escrito con desgana y que deja la sensación de "ya leído". Además, es la obra de alguien que se siente culpable, ya quedó dicho. Las citas pedantes son innecesarias y le dejan en evidencia. Sin éxito comercial las críticas empiezan a doler. Además, ya Mañas ha cumplido los 30. Sabe que no debería estar escribiendo "cualquier cosa" y aunque adopte parte de su cinismo en algunos párrafos, en general, lo que transluce es un sentimiento de apatía mezclado con frustración e impotencia.

Ahora mismo, José Ángel Mañas está metido en un laberinto de difícil salida. Primero tiene que ver si realmente le interesa seguir escribiendo. Lo último que se sabe de él es que está publicando en francés sus obras españolas, la última de ellas Ciudad rayada (Ville disjonktée). Veamos si de esa manera su ego se rearma y es capaz de encontrar nuevos caminos. De momento, la sensación que da es que ni él mismo se lo cree. Y de seguir siendo escritor, está claro que no puede seguir en la espiral chicas-coches-drogas. Porque ya no tiene sentido. Esperemos que el escritor que una vez convulsionó el mercado en los 90 sea capaz por lo menos de hacerse un sitio en la actualidad. Parece imprescindible que reflexione, trabaje duro y se lo tome en serio. En una frase: que deje de creerse un "enfant terrible" y se dé cuenta de que ahora mismo no es más que un juguete roto. Sólo así podrá volver a escribir con gusto.

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Notas:

1. VAZQUEZ MONTALBAN, M. Un polaco en la Corte del Rey Juan Carlos. Ed. Alfaguara, 1996, pág. 345
2. MAÑAS, JOSE ÁNGEL. Mundo burbuja. Ed. Espasa, 2001, pág. 9



Texto, Copyright © 2003 Guillermo Ortíz.
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Última actualización: lunes, 1 de septiembre de 2003

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