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Extremoduro y Sociedad: la música aportando palabras al sentido de nuestra existencia (V).

por Ana M. González Ramos


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Capítulo 6. LAS CONVERSIONES DE CAÍN: el individuo en busca de sus individualidades.


En mi opinión los versos que mejor describen la filosofía de vida de la banda se halla en el comienzo de La hoguera, allí se dice:

"siempre perdidos, buscamos y al fin voy por caminos que están por abrir, cada mañana comienzo a vivir. Ponte a mi lado, no llores por mí, yo piso fuerte y en parte es por ti, cada mañana comienzo a vivir".

La hoguera, símbolo de la dura vida, del camino desviado, del fuego que quema, incluso de la politoxicomanía que destruye pero que hace revivir con cada dosis, es la forma de vida elegida por los protagonistas de esas canciones. Como contraposición, la nevera donde el resto de los jóvenes se meterán para mantenerse, estarán conservados sí, no les pasará nada grave, sin riesgos de ninguna clase, pero están "enterrados en vida" y al fin para qué, si "la muerte ronda fuera" y el final es igual para todos, los que se arriesgan y los que no lo hacen por precavidos.

Pero aunque en esta canción todo parece claro, la situación no se presenta tan evidente en otras ocasiones. Bien sea por el caos reinante o por las propias dudas, las ambigüedades son la característica más común en el conjunto de su obra. Una de las manifestaciones de esos múltiples sentidos de las cosas es el reflejo producido en las diferentes personalidades que lucen los intérpretes a lo largo de sus historias. A veces ronda la paranoia y a veces es simplemente una declaración a favor de los marginados, por ejemplo en Islero, shirlero o ladrón se pronuncia como reivindicación:

"yo soy negro, yo gitano, yo no soy de este país, yo nací en una patera ... soy camello, yo he abortado, yo estoy loco por salir".

En su afán por adherirse a cualquier causa, se transforma uno hasta en lo que es imposible ser uno mismo, se transforma en una mujer que aborta o en un inmigrante de otra raza, inclusive, en animales o objetos inanimados.

Evidentemente, uno de los personajes con los que mayor grado de identificación existe es con el consumidor de drogas, por ejemplo en la comentada canción, Perro callejero o también cuando declara

"tengo más vidas que un gato, me muero siempre y me mato un poco, cada vez que muere, cualquiera de mis hermanos"

convirtiéndose en esos hermanos y también, un poco más adelante, en

"la yerba, ratones, las tías, los gitanos, los peces, los pájaros, los invertebrados, las moscas, los niños, los perros, los gatos, la gente, el ganado, los piojos que mato, los bichos salvajes, los domesticados".

Como siempre termina con un colofón que desdramatiza todo esa explosión de comunidad con la humanidad "y qué pena si mueres, de los pobres gusanos". Pero no demos lugar a equívocos, la comunión con todos esos seres animados o inanimados, no nos separa de nuestra tesis del individualismo puesto que nuestro intérprete se encarna en todos esos personajes, se vuelve ellos en ese momento; en muy raras ocasiones, se preocupa por el otro extraño o externo a su persona, primero, antes de salir en su defensa, necesita tenerlos como hermanos, tal y cual ocurre en esta canción.

Para determinar la importancia que el yo tiene para la banda, quizá habría que empezar diciendo que hay al menos un centenar de frases cuyo sujeto es "yo" o se utiliza la forma verbal en primera persona del singular. Toda esa profusión de yo-es puede estar motivada por la necesidad imprescindible de describirse y autodefinirse, lo cual implica varias ideas esenciales, en el discurso de la banda:

  • La importancia de la búsqueda de uno mismo.

  • El egocentrismo del interlocutor principal.

  • La finalidad de identificación con el otro semejante, lectura de la cual es consciente toda la audiencia e influye positivamente en su interrelación.

  • La fragilidad de los límites entre el mundo de la cordura y algunas formas de locura, que bien puede interpretarse como salida a la confusión reinante de esta sociedad o también como consecuencia de los delirios que conllevan ciertos comportamientos, me refiero al desorden vital. (En mi opinión, la primera de las interpretaciones es la más rica y necesaria para la comprensión global de este trabajo).

En cuanto al argumento de la locura, hay que incidir en los procesos de producción de las transformaciones en el otro. Como normal general, el narrador de las historias fluye entre una reflexión interior y una interpelación a su oyente, real o imaginario. La utilización de la primera persona del singular, permite la conversión en el otro o, simultáneamente, la transformación del otro en uno mismo, de modo que uno puede deshacerse de esa imagen de sí mismo con facilidad, cada vez que se quiera, cuando uno se deje de gustar, lo que implica un cierto grado de paranoia, al menos intelectual.

La imagen que sobre el yo se hace, está representado por un espíritu lleno de maldad. Los iconos sobre los que se forja la personalidad del protagonista, si podemos hablar de un solo protagonista o de una continuidad del personaje a través de las composiciones y los sucesivos discos, se construye entorno a un yo maldito. Podemos utilizar como ejemplo, el resultado del personaje resultante de la composición autobiográfica, Autorretrato. La estructura de esta canción muestra en primer lugar una descripción de la persona, en segundo lugar, una declaración de los principios morales del sujeto o, mejor dicho, se hace una declaración de la falta de ellos y, en la tercera parte, como colofón, una descripción de su libertad interior. Aunque "igual remonto el vuelo, igual me invento, que hace tiempo, que no encuentro una razón" refleja un espíritu de búsqueda del yo, a pesar de que se considere en ocasiones "desigual y un poco confundido", la impresión general que tiene de su persona, sobre el resto de la humanidad, es la de su propia singularidad. Esta altivez conlleva un necesario alejamiento de la vida en sociedad "os veo andar, nada que ver conmigo" y como respuesta a sus condiciones objetivas "la vida no me sonríe, me cago en la humanidad" la única alternativa es ir contra ella, para ello es preciso cierta maldad.

Entonces; la maldad, los comportamientos contestatarios son sobre todo, una respuesta de supervivencia. Ya se dijo que, como cura a los males de amores, el personaje se hacía duro y frío:

"de acero soy de la cabeza a los pies y el cielo es sólo un trozo de mi piel",

la elección de su propia forma de vida le obliga a estar siempre en la hoguera "y no me escondo casi nunca detrás de un cristal" pero no se puede evitar la sensación de estar preso del sistema, hasta el amor te hace encadenar con gruesas cadenas que te impiden volar, en realidad el desamor que sigue a toda relación puede ser percibida hasta como una liberación:

"...ya no sales en mis sueños. Como un reloj te tengo en la cabeza a todas horas, compréndelo que tengo miedo a estar contigo a solas. Te alejaste demasiado, nos dejamos de mirar, y a la vez reír y a la vez llorar, y cada uno por su lado nos echamos a volar, y a la vez reír y a la vez llorar".

La falta de libertad se ve como una privación absoluta de la persona, en Pedrá se exclama:

"a mi no me ata corto nadie, porque me apago".

Existen momentos de exaltación pero sobre todo abundan los contrarios y las contradicciones,

"casi todas las mañanas me levanto percudío, soy terco como una mula y duro, no siento dolor, no necesito armadura: tengo costra alrededor".

La violencia con que se imbuye en algunas canciones el personaje principal, no es más que otra de sus ilusiones para combatir la fragilidad de su persona en las redes de este mundo caótico del q ue se siente separado y aislado. Así, a pesar de que las flores suele ejemplificar todo que admira, lo natural, lo salvaje, la belleza, las mujeres de las que se rodea, las drogas de las que se alimenta, en alguna ocasión hasta eso se puede destruir, hay ocasiones en todo vale, en Te juzgarán solo por tus errores (Yo no) no es él el que las violenta, "tú arranca. Yo oigo gritar a las flores, allá tú con tu conciencia" pero lo consiente "yo soy cada día más malo, estoy perdiendo la paciencia".

Es cierto que no hay locura pero sí prácticas de desdoblamiento de la personalidad, tomemos otra canción como ejemplo, en La canción de los oficios, se aprovecha las distintas circunstancias vitales que proporcionan los empleos para dibujar cada estilo de vida perfilados en las estructuras sociales de nuestro mundo. El resultado es la descripción de los siguientes sujetos:

  • El camello, "que pasa costo toche y bueno" perseguido por los maderos y sin dinero.

  • El ministro que: "me administro a tu costa", en su casa sí hay dinero.

  • El minero que gana poco: "me la juego, día a día muero, me apalean si me quejo".

  • El banquero que también tiene dinero, "cuanto más tengo más quiero, mato y robo cuando puedo, nunca lloro".

Esta definición de los tipos sociales, nos sirve para demostrar la obsesión por el yo. Incluso con aquellos con los que no se pueden identificar por propia ideología y a los que se critica, se convierten en esta canción en parte de uno mismo. Todos formamos parte de la sociedad, por tanto es lícito apropiarse de esas otras personalidades a las que todos estamos dejando, al menos por consentimiento implícito, un lugar dentro de la sociedad. De esta manera, en mi opinión, la banda nos pone sobre aviso de la responsabilidad que todos tenemos en la estructura social en que vivimos, a la par que consigue denunciar situaciones injustas.

En fin, para los autores existen dos únicas alternativas de vida, la de "hombre normal"

"¡cuánto gano! Y sin contar pagas extras, ¡cuántas horas! Y sin vivir"

porque la del otro, el capitalista,

"No me importa todo el día trabajando de cabrón, me importa que salga el sol, no cobran es lo mejor"

no es posible reivindicarla para sí,

"¿Dónde está vuestra moral que nunca entiendo, por más vueltas que me doy?",

así que, la otra, la única posible consiste en

"romper barreras quiera cada día, ya sé que no soy un superman. No necesito alas para volar, prefiero LSD, no necesito verte pa saber que no te olvidaré. Aguanto porque ya tengo con qué fundir la nieve al paso de mis pies".

Incluso a pesar de que ello conlleve ciertos problemas con los que hay que convivir cada día

"viviendo bajo el agua como un pez, no entiendo por qué me muero de sed".

Y, aunque las drogas son su salida, la forma metafórica con la que se la menciona (no precisamente en este caso, donde se hace explícita) juega un papel a su favor puesto que la audiencia puede darle la interpretación que desee a ese alimento del espíritu. En mi opinión, hasta para aquellos que no estén en contacto con el mundo de las drogas y por tanto no las tomen, la referencia a ellas es un elemento más del discurso rompedor del grupo, es parte de su seña de identidad y se acepta con todas sus consecuencias. Porque al fin y al cabo, el resultado para esa persona que les escucha, con o sin mención a las drogas, responde al proceso de identificación de la audiencia con los intérpretes.

No quisiera acabar este apartado sin hacer al menos un breve homenaje a algunos de los diversos sujetos y seres que forman parte de la fauna psicodélica en la que se encarna el narrador en las diferentes composiciones. Además de los que ya mencionados hasta aquí, también tenemos a Caín, al coyote, al chuloputa, al enemigo de la humanidad, a las moscas que andan por el techo, que es él mismo cuando está ido, a un delfín, al propio cantante personificado en él mismo, el Robe (pedo), el que está en la luna otra de sus metáforas sobre la adicción, las ranas aposadas en los nenúfares, el prohibido, al que le salen cuernos, suda estiércol y le crece el rabo, el payaso amilanado por su compañera que además es un cretino y está descolorío, el que hace cajas de cartón o vive en un castillo de arena, el que lucha con dragones, naturalmente un animal, el esposado o el que, en un arrebato de poesía, se convierte en trozos de lluvia y de sol o un pez riendo fuera del agua, entre otros.




Texto, Copyright © 2003 Ana M. González Ramos.
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Última actualización: lunes, 1 de septiembre de 2003

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