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Epistemología del amor: una bella e inútil debilidad

por Gabi Romano*


Lo que se hace por amor acontece siempre
más allá del bien y del mal.


Nietzsche

Abordar desde una perspectiva epistémica la noción de amor implica, casi de inmediato, un sumirse en conceptografías reticulares tan ajenas a los principios precisos como a los filum terminale. ¿Naufragio en el logos? ¿O acaso hundimiento? Navegar entre la diversidad de voces que invoca lo amoroso, trae consigo inevitables trasversalidades, asociaciones recíprocas, ecuaciones de sentido y lugares comunes que no se hacen esperar. Si los "Estudios del Amor" se presentan como un campo cuyo sistema teórico abierto se halla constituido por una interconexión pluridireccional de distintos conjuntos semióticos, el análisis de sus específicas producciones categoriales representa un tipo de recorte disciplinar igualmente multi-referencial. De este modo, la elucidación crítica de las operaciones designativas que reglan de manera específica la lógica epistémica amorosa requiere de una inquieta actitud de desagregación conceptual capaz de develar los variados rostros terminológicos alusivos a las ideas sobre el amor.

Puesto que la cartografía amorosa se despliega a su vez como una malla nocional tan permeable como ajena a los efectos de clôture, la inestabilidad de sus significados vocabulares coexisten un tanto caóticamente (1). Arcanas asignaciones de sentido cristalizadas secularmente y nuevas prácticas alternas que pujan por ser coronadas con el siempre tardío arte de la nominación comparten el confuso magma conjuntista de lo decodificado como propio del campo amoroso. Partiendo entonces de la imposible unidad de significado atribuible al término amor, una epistemología sobre el mismo es apenas definible como el esfuerzo reflexoanalítico que intenta capturar por el camino metodológico de la arqueologización deconstructiva, la desordenada multiplicidad de voces remitentes a las ideas-clave del discurso amoroso. Desde esta lectura es posible considerar al amor como una auténtica categoría en despliegue cuyas imagos espacio-temporales se manifiestan a través de núcleos más o menos fijos de condensaciones significacionales. Estas últimas operan simultáneamente como conjuntos superpuestos constituidos a su vez por anillados concéntricos de signos cuyo funcionamiento amalgamado reasegura (desde innúmeros focos enunciativos) un grupo de sentidos compartidos distinguibles bajo el signo de una singular sémantique. La coexistencia simbológica de categorías y conceptos referidos al amor, bajo la cual se configuran estos conjuntos sígnicos, habrán de distinguirse entre sí justamente en virtud de un principio de diferenciación que uniformiza a cada conjunto en su especificidad, abroquelándose asimismo dentro de cada uno de ellos un determinado (y no otro) sentido atribuible a "lo amoroso". Esta cohesión interna a que se hallan sujetos los núcleos significacionales y sus respectivos conceptos cumple una indudable función legitimadora a partir de la cual los variados significados del amor quedan relanzados a las calmas y cerradas aguas de la legalidad discursiva. Por definición siempre más propensa a las operaciones de rasgo unario que a la abierta heterogeneidad combinatoria de libertades experienciales que provee la diversidad, la fuerza de la razón legitimadora forzará las prácticas y decires al restingido universo asmático de lo permitido.

Dentro del territorio de análisis que constituye la episteme del amor, la multivocidad y sus evocaciones arborescentes representan la clave de acceso al estado de movimiento continuo en que se halla esa categoría en perpetuo estado procesual de plegamiento/apertura/replegamiento que es el amor. Y será dentro de los laberintos de ideas - o más precisamente, entre las grietas de sus pasillos- donde se gestarán estados de semiosis tendientes a desordenar los núcleos de sentido fijo, provocando -tal vez, sólo tal vez- neomodalidades de decir y reconceptualizar la experiencia amorosa bajo parámetros más afines a una lógica descentrada y disruptiva. Es en esta misma dirección que merecen ser consideradas las categorías opositivas, negativas, desiguales, contradictorias, antinómicas y desemejantes, puesto que todas ellas configuran el fondo lóbrego que acompaña, como negro telón y soporte invisible, la inmaculada positividad designativa del orden amoroso. Orden amoroso, que en modo alguno equivale a jerarquización estamental. Pero también desorden amoroso, territorio ciego de inmejorable adecuación para los incómodos fines subversores de lo impensable. Y en este punto es imprescindible aclarar que stricto sensu asistimos a la inexistencia de cualquier tipo de jerarquía definicional entre las categorías del amor (lo cual lleva a que todas y cada una de las mismas opere mediante el reenvío constante de una a otra) pudiéndose no obstante entrever entre ellas mismas ciertos ordenamientos transitorios. De estos impermanentes ordenamientos surgirán a su vez tablas nocionales parcialmente organizadas y funcionales a los fines de las estrategias biopolíticas y microfísicas del poder que se encuentren en vigencia (2). Así, las producciones discursivas sobre el amor, a través de sus redes epistémicas, atraviesan y son atravesadas por relaciones de dominio y espirales de saber/poder. De allí la relevancia que cobra el análisis contextual del socius en el cual tales producciones y tramas categoriales amorosas han tenido tierra fértil para su emergencia. Sobre esto último es relevante puntualizar que la intervención de los diversos marcos espacio-temporales, así como también los correspondientes paréntesis interepocales que bisagran un período de otro, abre toda una página historiográfica a partir de la cual precisar contextos divergentes (y convergentes en otros casos) para el nacimiento y circulación de las diversidades conceptuales que signan al discurso amoroso.

Pensar a la epistemología del amor como un verdadero ensamblaje sígnico, como combinatoria cuya unidad paradojal no se rige por las leyes de la reductio ad unum implica considerarla como campo temporariamente adscripto al pensamiento de la debilidad. Terreno apropiado para ontologías débiles, menos firmes, más elásticas. De límites difusos pero con procedimientos de conexión que permiten delimitar provisionalmente el perímetro de frontera difusa en que se sitúa su objeto. Con una alta porosidad a los macroescenarios discursivos en los que enraíza su emergencia, pero con un conjunto vocabular bien definido como propio. La epistemología del amor será así, hija de sentidos en tránsito siempre tutelados por la sombra de las hegemonías vigentes. Tan dicotómica y rizomática como críptica y explícita, atraviesan su cartografía las sinrazones de la razón y las razones de la irracionalidad. De allí que la descomposición terminológica del vocabulario amoroso no ha de permitir un exhaustivo discernimiento definicional ni delimitaciones de significados finales. La implosión de significados lineales y ficticiamente jerárquicos para lo que entendemos como "amor", la caducidad de ciertas representaciones asociables a la idea del amor, junto con la consecuente carencia de un principio de orden preciso, riguroso y estable, devienen de esta manera en un intento de la reflexión más cercano a la caótica que a la voluntad totalizante/limitativa de los sistemas cerrados de comprensión haciendo abrevar a la epistemología del amor en los revueltos vientos del pensamiento débil (3). El efecto de diseño que la debilidad otorgará a la episteme amorosa, l a troquela como una estructura descentrada carente de punto de apoyo axial y cuyas puertas de acceso han de ser tan variadas como fluida la capacidad de pensar acerca de ellas (doble condición bajo la cual la transdisciplinariedad se transforma en un factum cognoscitivo).

El amor "su-cede" (4) y con él sus representaciones. De allí que sea necesario situarse en ciertas zonas lógicas bireferenciales donde la umbría y la luminiscencia esculpen la lodosa refulgencia de lo incorpóreo, de lo subjetivo y de la materia discursiva que amalgamadamente compone lo que se entiende comúnmente como amor. Preciso será someter a un adecuado sfondare (verbo de cuya tríada significacional se encadenan asociativamente "desfundamentación", "confusión" y "hundimiento") ciertos constitutivos intrínsecos que, como si se tratara de verdaderas epífitas conceptuales, han desarrollado su existencia amarrados a los sentidos seculares asignados a las ideas amorosas. Puesto que el amor es de naturaleza procesual, el reconocimiento de lo anterior empuja metodológicamente a ubicar grupos singulares de reglas a los que obedecen y han obedecido sus distintos regímenes veritativos. ¿Constituye la epistemología del amor un horizonte abierto para detenerse a analizar los distintos constructos dialógicos instituidos desde las producciones imaginario sociales que nos "hablan de amor"? Cualquier tentativa de respuesta al respecto deberá tolerar de manera inexorable el impasse de una argumentación sólida. Entre tanto, los instrumentos resquebrajadores de la ontología débil permiten lanzar la interrogación simultánea no sólo hacia el objeto de conocimiento sino también hacia el supuesto sujeto cognoscente, redimensionando de esta manera el lugar reflexivo que ocupa la producción socio-histórica de subjetividades (5). Y es que el juego del amor completa su tablero de formas y figuras con los devotos participantes que arriesgan en la partida: varones y mujeres atravesados por singularísimas cosmovisiones imaginario-sociales, quienes desde y a través de sus prácticas y desgarraduras, desde sus experiencias y memorias, desde sus cautiverios y remansos, "encarnan" esta episteme del amor. Portadores protagónicos de palabras, verdades, prácticas y mitos, los sujetos sociales devienen en su existir resbalando, caminando, cayendo, abismándose o deslizándose por entre los trayectos sinuosos de las pasiones y la pietas del amor.

Nombrar lo que nos desvanece, lo que ennoblece, lo que quema, lo que mata, lo que nos revive o lo que nos resplandece mientras intentamos mantenernos a flote en la experiencia amorosa es tratar de tornar audible/legible la rizomática simbología del amor. Tamaña reticularidad hace impracticable pensar en un concepto o definición clave sobre el amor, renunciando a cualquier ilusoria intención de dar con el grund del amor al tiempo que abre la posibilidad de construcción de una narrativa amorosa armada a través de una metodología más bien cercana al lento arte del ensamblaje de relatos. En razón de ello damos la bienvenida al silencio de lo perdido, al polvoriento fragmento enterrado, a la ruptura que señala la hiancia, al huidizo olvido, a la sigilosa partícula escondida. Desde esta perspectiva, la nimiedad del detalle, un adjetivo marginal, una mancha semántica inadvertida, una acepción última y perimida sobre el amor poseen la potencia contenida de cobrar relieve transformándose en pieza clave infinitamente valiosa en el tránsito hacia lo revelador. Así, el ensanchamiento y extensibilidad de lo que entendemos por amor entra en el campo del conocimiento de la mano de significados limítrofes y conceptos confinantes que habitan los bordes marginales de la episteme amorosa.

Los signos del amor. Signos-síntoma y signos-letra. El amor hace de la sangre tinta. ¿Cómo enfrentar el inabordable testimonio del latido con las ajadas plumas de la aspereza vocabular? ¿Es posible ecuacionar palabra y pulso? La escritura del amor es la fallida y necesaria ceremonia con la cual se intenta ubicar en la incierta espacialidad de la narración descriptiva e inacabada, esa vivencia de descentramiento por excelencia a cuyo insondable arbitrio nos sometemos durante la travesía amorosa. Las claves interpretativas por las que transitará esta aventura cognitiva no son más que meros vestigios rescatados de varios recorridos zozobrantes cuyo único puerto en común ha sido la carencia de punto de llegada. Siempre distinto, siempre singular y sin embargo cohesionante y reconocible, los recorridos desbrujulados de los que dan cuenta las marcas de amor nos unen y nos disuelven en esa totalidad inabarcable que es la vida misma. Espectáculo de producción de conocimiento no apto para sensibles a las pulverizaciones lingüísticas en las cuales no son infrecuentes los estallidos de las metáforas que han dulcificado y dulcifican la existencia. Como consecuencia, cualquier vana lógica de superficie, cualquier anclaje en lo ficticio, cualquier sobrio disfraz formal, cualquier infantil trivialización acerca del amor no será más que una provisionalidad inicial cuya función es tornarse precondición y/o percepto inaugural desde el cual desmenuzar la espesa bruma de sentidos de la cual se nutren las aladas raíces evanescentes de Eros. Pero como de bellos e inútiles intentos se nutren los fracasos más sublimes, las arts amatorias tendrán en su frágil pero posible epistemología, un ajado mapa de perdiciones, obsolescencias, venenos, mentiras, impiedades y texturas especulares donde mirarse.

Abre tus brazos, Amor
y recibe
la miseria
desesperada
de apenas conocer
tu clásica impureza...

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Bibliografía

  • Baudrillard, Jean. Oublier Foucault, París: Editions Galilée, 1977.

  • Bombassaro, L.C. As Fronteiras da Epistemología, Como se Produz o Conhecimento, San Pablo: Vozes, Petrópolis, 1992.

  • Calleja Arrabal, Santiago. Microfísica del poder en Foucault, en Revista EOM Nro. 14, Setiembre de 2002.

  • Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. Vol. I. Marxismo y teoría revolucionaria, Barcelona: Tusquets Editores, 1983.

  • Castoriadis, Cornelius. Los Dominios del Hombre: Encrucijadas del laberinto II, Ed. Gedisa Argentina, 1986.

  • Foucault, Michel. L'Ordre du discours, Editorial Marginales, 1970.

  • Foucault, Michel. Surveiller et punir, París: Gallimard ed., 1975.

  • Foucault, Michel. Microfísica del poder, Madrid: Ed. La Piqueta, 1993.

  • Vattimo, Gianni - Rovatti, Pierre Aldo (eds.). El Pensamiento Débil, Colección Teorema, Madrid: Cátedra, 1990.

  • Witto, Sergio. Microfísica del poder de Michel Foucault, Madrid: Ediciones La Piqueta, 1993.
Notas:

*. Gabi Romano nació en Buenos Aires, Argentina en 1966. Ha sido docente universitaria e investigadora en la Universidad de Buenos Aires. Como escritora, poeta y ensayista ha participado en compilaciones y en diversas producciones escriturales, en algunas de las cuales ha obtenido distinciones y premios. Desarrolló actividades en investigación literaria en el Fondo Nacional de las Artes. Actualmente dirige el proyecto de capacitación académica "Relaciones de género y tango" en el espacio cultural TangoMujer. Ha fundado el Foro de Pensamiento "errans sophia" tratando de desarrollar desde ese espacio investigaciones innovadoras sobre temáticas referidas a la Nada y el Vacío; los Estudios del Amor y la Epistemología. Desde 2001 dicta seminarios semestrales sobre "Filosofía del Vacío" y "Epistemología del Amor".

1. Sigo en este punto algunas de las consideraciones y criterios acerca del funcionamiento de las significaciones imaginario sociales elaboradas por Cornelius Castoriadis en La institución imaginaria de la sociedad Vol. II, El imaginario social y la sociedad, Barcelona: Tusquets Editores, 1989.

2. Remito al lector a las formulaciones efectuadas por Michel Foucault en Microfísica del poder, Madrid: Ed. La Piqueta, 1993.

3. Ver Vattimo, Gianni y Rovatti, Pier Aldo. El Pensamiento Débil, Madrid: Colección Teorema, Cátedra ed., 1990, pp. 18-42.

4. Aunque aplicado a su análisis sobre las vinculaciones entre ser y trascendencia en la ontología de la debilidad, coincido aquí con el uso que Vattimo le atribuye al vocablo italiano por ser éste el más cercano al original latino ad-cadere, en el sentido de "caer-juntamente con", tomándome la licencia de transferirlo a la intelección de la experiencia amorosa. Ver Gianni Vattimo "Dialéctica, diferencia y pensamiento débil" en El pensamiento débil, Gianni Vattimo, Pier Aldo Rovatti eds., Madrid: Cátedra, Colección Teorema, 1990.

5. Pier Aldo Rovatti, "Transformaciones a lo largo de la experiencia", en El pensamiento débil, Gianni Vattimo, Pier Aldo Rovatti eds., op. cit., p. 62.




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Última actualización: lunes, 1 de septiembre de 2003

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