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"Los Cubos De La Memoria": Arte, territorio y artista

por Luis Martínez Lorenzo


IBARROLA EN LLANES

En la primavera del año 2000 Agustín Ibarrola llegó a Llanes. Cuando miró hacia el puerto desde el paseo de San Antón contempló la escollera formada por bloques de hormigón que le evocaron sus experimentos previos con la figura del cubo, incluidos en aquella exposición antológica en torno a su obra en Madrid, organizada en 1987 por el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de la capital española. Entre las composiciones formadas por cubos de materiales diversos en la exposición, el artista montó tres cubos de hormigón traídos de la escollera del puerto de Bilbao, convertidos por Ibarrola en una escultura al aire libre situada frente al Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Madrid.

Pasado el tiempo, Ignacio Quintana Pedrós había logrado finalmente su propósito de que Ibarrola, el amigo y el artista, encontrara en Llanes un nuevo reto creativo con los cubos. Bilbao, Madrid, Llanes... Y el alcalde del concejo llanisco, Antonio Trevín Lombán, asumió el compromiso de hacerlo posible.


"LOS CUBOS DE LA MEMORIA"

Un año después de experimentos y trabajos, Ibarrola inició en el verano de 2001 la transformación artística del puerto de Llanes, pintando la escollera que protege la cara sur del dique: la masa gris, inerte e indiferenciada de bloques de hormigón que protege el dique, recibió un aliento de vida y se convirtió en una composición plástica, con volumen, geometría, color y mensaje. Desde entonces aquellos bloques cúbicos tienen alma, Agustín Ibarrola los convirtió en Los Cubos de la Memoria. La segunda intervención artística la inicia este verano de 2003 en la cara norte de la escollera.

Por su ubicación en un entorno singular, escenario del trabajo cotidiano de los marineros llaniscos, esta obra artística, creada sobre un soporte utilizado aquí por vez primera en el mundo con estos fines, acerca el arte a un espacio público. Ibarrola ha convertido con arte, con el Arte, un elemento funcional y necesario en un hito bello y significativo del paisaje urbano y marinero de la Villa de Llanes.

En Los Cubos de la Memoria conviven dos vertientes artísticas, una figurativa y expresionista, fundamentada en la representación de elementos tomados de la realidad física, y otra conceptual y analítica, que nace de una experimentación artística pura. Conjuntamente entablan un diálogo del que emergen tres memorias: la memoria del arte, la memoria del territorio y la memoria del artista.

La memoria del arte vincula representaciones abstractas como el punto, utilizado con finalidad simbólica desde la prehistoria, con la experimentación artística de vanguardia, que se nutre del desarrollo de la teoría del arte a través del tiempo. La memoria del territorio queda plasmada en los motivos figurativos, que remiten a señas de identidad y rasgos destacados del patrimonio cultural de Llanes. Finalmente, la memoria del artista se proyecta principalmente en la parte conceptual, no figurativa, en la que Ibarrola sigue interesado por la interacción sobre el espacio plástico de elementos de la creación artística como la línea, el color, la forma o el plano.


LOS TEMAS FIGURATIVOS: LA MEMORIA DEL TERRITORIO

Los temas figurativos de Los Cubos de la Memoria ocupan buena parte del sector sur, más próximo a la Villa asturiana. Y es aquí donde reconocemos representaciones de objetos y manifestaciones artísticas de varias épocas, elementos del patrimonio cultural del concejo de Llanes. Agustín Ibarrola rinde entonces tributo al paisaje y a las huellas físicas que las personas han dejado sobre el territorio llanisco a través del tiempo, al tomarlos como fuente de inspiración. De este modo el artista eleva estos elementos a la categoría de símbolos y de señas de identidad.

Representaciones prehistóricas

Comenzamos la lectura por los cubos del extremo sur, donde destaca en rojo sobre blanco el ídolo de "Peña Tú" y las representaciones que le acompañan (puntos y antropomorfos), sobre varios cubos. "Peña Tú" es una manifestación artística de la Edad del Bronce realizada al aire libre sobre una enorme roca en zona más occidental de la Sierra Plana de la Borbolla, en las proximidades de la localidad llanisca de Puertas de Vidiago. Si seguimos la trayectoria de los puntos de "Peña Tú", observamos que se desplazan de un cubo a otro hacia el este, hacia el mar. En este tránsito, a medida que se aproximan al mar, las puntuaciones rojas iniciales aumentan de tamaño, varían de color, y acaban transformándose en círculos y líneas curvas. Ibarrola introduce así una maniobra experimental que conduce desde la figuración a la parte conceptual de la obra.

A los pies del ídolo de "Peña Tú", uno de los monumentos funerarios más carismáticos de Asturias, podemos ver en varios cubos representaciones de símbolos más antiguos del arte prehistórico, esta vez del arte paleolítico, ocultos en el interior de cavernas (de ahí la posición de estos temas en la escollera, recogidos en un recodo). Estos temas están tomados de varias cuevas del concejo de Llanes, e incluyen tanto figuras de animales como símbolos abstractos (líneas, parrillas).

Tiempos medievales

De la prehistoria pasamos a los tiempos medievales, representando para ello motivos del arte románico local, de transición al gótico. El salto desde la prehistoria es sin embargo suave, pues encontramos representaciones de animales tomadas de esculturas de templos medievales muy cerca de los animales paleolíticos. Por encima de estas representaciones, y sobre fondo marrón claro, Ibarrola recreó en color blanco los símbolos más tardíos grabados en una pared rocosa de un lugar próximo a la localidad de Socueva, creados, al parecer, para conjurar las influencias maléficas de unas brujas del entorno.

Arquitectónicamente el legado medieval se simboliza en la ventana de medio punto. Presidiendo e hilvanando estos temas en los cubos, la concha de los peregrinos alude al Camino de Santiago, uno de cuyos ramales, la "ruta de la costa" desde Irún a Compostela, discurre por el Concejo de Llanes . La costa llanisca fue camino físico y vía de transmisión de ideas, personas y elementos de los estilos internacionales del arte de la época.

El mar, la mar

Luego viene el mar, la mar: de la que viven las gaviotas; más abajo, sumergidos cuando la marea está alta, peces y ojos que nos miran desde el fondo, y las líneas onduladas de algunos cubos próximos al agua que sugieren o perpetúan físicamente el movimiento del mar y de las olas con su constante vaivén. La relación humana con la mar se expresa mediante la representación de los remos, los arpones y las cuchillas que se utilizaban para pescar y descuartizar ballenas, actividad destacada entre los marineros de antaño.

Los emigrantes

La maleta bajo la lluvia nos recuerda a los emigrantes la tristeza de la partida, la separación del entorno familiar y querido. Pero la palmera y los nuevos elementos artísticos, representados con la ventana modernista y las decoraciones curvilíneas, nos hablan del enriquecimiento de los indianos y las nuevas formas mentales y artísticas.

Los productos de la tierra y el folklore

Finalmente podemos recorrer simbólicamente el territorio a través de los productos de la tierra y de las actividades humanas de las que depende la fisonomía actual del paisaje: naranjas y limones, manzanas y uvas (extraídas estas últimas del románico local), los mayos que se utilizan para mayar la manzana y hacer sidra, y el juego formal que se establece entre el cencerro y la bellota. Y además están las flores, el castillo de flores ("mal moro no me lo robes") del que hablan los cantares locales, y que nos introduce en el folklore, muy especialmente cuando las flores se transforman (negro sobre blanco en vez de color) en las puntillas de los trajes de aldeana, tan lucidos, que las mujeres visten en las fiestas locales.


LOS TEMAS NO FIGURATIVOS: LA EXPERIMENTACIÓN ARTÍSTICA

La parte más destacable, y sin duda la más original, creativa y sugerente de Los Cubos de la Memoria es la que recoge aquellos temas que podríamos llamar abstractos o conceptuales, pues en ellos se rechaza la representación de la realidad física de las cosas, a favor de ideas, nociones y propuestas expresivas no figurativas.

Para interpretar y disfrutar de estos temas consideraremos, por una parte, el cubo como soporte artístico, que le da a esta obra un carácter pictórico y escultórico al mismo tiempo, y por otra parte tendremos en cuenta la interacción sobre los cubos de ciertos elementos de la creación artística como el color y la línea.

El color se utiliza aquí como referencia primaria, para diferenciar espacios y cubos entre sí. El recurso a uno u otro color no tiene importancia, pero sí el hecho de que dos espacios del mismo color en dos cubos adyacentes indican una continuidad, es decir, la prolongación de un espacio-color, más allá de la masa de un cubo concreto. Por otra parte, gracias al color los cubos pierden peso, parecen juguetes que pudiéramos coger, en vez de pesados bloques de hormigón. El color hace que la masa se aligere, es la levadura de esta obra.

Las líneas, por su parte, no son sólo límites entre colores, sino que además tienen significado en sí mismas, ya sean rectilíneas o curvilíneas. Con frecuencia las líneas saltan de un cubo a otro, contribuyendo a destruir la realidad física del cubo. Por esta razón, ninguna de ellas recorre las aristas de un cubo para converger en un vértice. Ibarrola no pretende reproducir la realidad física del cubo, sino deshacerla.

Las líneas tienen inflexiones y pliegues en los que se apoya el carácter dinámico de la composición. Los planos o espacios de color no deben ser concebidos como elementos estáticos, sino como superficies que se mueven, se superponen y se desplazan unas sobre otras. Estos desplazamientos siguen la dirección de las inflexiones, ya sean ángulos (en el caso de líneas rectas), o convexidades (en el caso de líneas curvas).

Mediante este juego las líneas y colores pasan de un cubo a otro rompiendo su volumetría. Debemos recordar en este sentido que el soporte de la obra no son cubos aislados sobre los que se haya intervenido independientemente, sino un conjunto interrelacionado, compuesto por cubos dispuestos de diversas maneras que pierden su esencia ortogonal, es decir, su perpendicularidad, la renuncia a todo ángulo que no sea recto, a favor del aumento de las líneas diagonales. Mediante este juego las líneas y colores pasan de un cubo a otro rompiendo su volumetría. Debemos recordar en este sentido que el soporte de la obra no son cubos aislados sobre los que se haya intervenido independientemente, sino un conjunto interrelacionado, compuesto por cubos dispuestos de diversas maneras que pierden su esencia ortogonal, es decir, su perpendicularidad, la renuncia a todo ángulo que no sea recto, a favor del aumento de las líneas diagonales.

De modo que Los Cubos de la Memoria constituyen un gran trampantojo, pues nos ocultan la volumetría real mediante un juego de líneas y colores que se desplazan caprichosamente entre los cubos formando espacios y planos ajenos y desdeñosos de la cuadratura del cubo.

 

 


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Última actualización: martes, 1 de julio de 2003

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