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Una adolescencia para recordar.
Entrevista y reseña del libro
En días idénticos a nubes,
de Ana Pérez Cañamares.

por Antonio Paniagua


Ana Pérez Cañamares recupera el "tiempo mítico" de la adolescencia con el libro de cuentos En días idénticos a nubes. La escritora evoca esa parte de la vida en que los "sentimientos van por delante de las palabras" . A continuación reseñamos la presentación del libro, que tuvo lugar el pasado día 27 de junio, y reproducimos una entrevista con la escritora.

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Adolescentes atribulados por la culpa y ardientes de deseo pueblan el libro de relatos En días idénticos a nubes, obra de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968). Sentimientos desbocados, sutiles y vertiginosos, recorren las páginas de esta compilación de cuentos en los que la autora ha diseccionado las emociones de un "tiempo mítico que he querido recuperar, porque cuando lo viví, apenas tenía palabras para explicármelo". Para la también escritora María Tena, que ofició de maestra de ceremonias en la presentación del volumen, este libro es una "bomba de relojería".

A pesar del calor sofocante, Ana Pérez Cañamares abarrotó de público la sala Madragoa en la puesta de largo de su primer libro, en el que retrata las zozobras de chicos y chicas "hormonalmente revueltos".

Publicado por Mileto Ediciones, En días idénticos a nubes es el producto de varios años de trabajo durante los cuales la autora fue alumbrando, sin haberlo planificado, un libro sobre esa etapa de la vida dominada por la inocencia y la intensidad.

"Al intentar armar un libro con mis cuentos, me di cuenta de que tenía algunos eróticos, otros infantiles... Pero para mi sorpresa abundaban los cuentos sobre adolescentes. No fue nada premeditado, aunque decidí seguir por esa línea. Aparte de que me gustaba, me ponía a escribir y al rato las páginas se llenaban de chavales granujientos".

Viejos y nuevos amigos de la cuentista se dieron citan el 27 de junio en la madrileña calle del Pez para acompañar a la talentosa escritora, como la definió María Tena. Allí estaban su editor, José María Gutiérrez; el director de Literaturas.com, José Ignacio Fernández, y de Babab, Luis Miguel Madrid, revistas en las que Pérez Cañamares colabora de forma habitual. Y en un lugar de honor su hija, Gara, quien le ha ayudado a reescribir "el mundo a golpe de asombros y preguntas", como reza la dedicatoria del libro.

Si Gómez de la Serna decía que la adolescencia es "cosa bárbara" y Luis Cernuda confesaba que en aquel tiempo "era la ignorancia mi sombra", ella cree que esa etapa vital es doblemente incierta. "En la adolescencia los sentimientos van por delante de las palabras. La muerte se presenta cuando todavía no te ha dado tiempo a reflexionar sobre ella; se siente deseo sin pensar que es deseo. Ocurren cosas tan extrañas como desear a tu hermano, sin que te pase por la imaginación que eso es malo o que te estás metiendo en un lío".

Obra colmada de sensualidad y hondo aliento poético, el libro de cuentos En días idénticos a nubes toma prestado el título de un poema de Cernuda.

"Adolescente fui en días idénticos a nubes cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy".

A decir de María Tena, avezada lectora, estos cuentos "sacan de la vida real e imaginada su último jugo". "Sus relatos me producen algo que sólo consiguen los grandes escritores: una envidia espantosa, un disfrute absoluto y tremendas ganas de escribir mejor".

De esa impronta lírica, combinada con evocadoras descripciones, surgen logradas imágenes en las que se palpa hasta la tersura de las prendas almidonadas:

"En medio de aquella situación extraña, la cotidianeidad se las había arreglado para cubrir todo con su pátina de olor a comida y rumores de plancha sobre ropa limpia. Sobre las lunas de los armarios se reflejaba su trasiego, y a un lado y otro del espejo, se las veía como dulces fantasmas hacendosas".

Argumenta Pérez Cañamares que el escritor y el adolescente comparten la misma dolencia de perseguir la vida. Como la madre que envía a su hija por primera vez a la guardería, temerosa porque la criatura a partir de ahora será sometida a la mirada de otro, así se siente la autora de En días idénticos a nubes. "En esto de entregar los cuentos a un juicio externo, a la mirada de los lectores, hay alegría, pero también una sensación de despedida, de pasar a otra etapa".

La turbulencia de los primeros amores, el despertar del apetito sexual, el candor de la ignorancia. Todas estas experiencias se confabulan para hacer de los cuentos un prodigio de sutileza.

"Entre promesas de amor y venganza y las matemáticas para septiembre, pasaban los días tan lentos, como si se derritieran delante de mi ojos. La casa tenía un aire a convento, las persianas bajadas, el luto de la abuela, las visitas de las viejas del pueblo... A veces levantaba la vista de mis apuntes y miraba a la abuela, volcada sobre su costura, moviendo sus manos como un instrumento de precisión, y la vida entera se borraba mientras la veía coser, marcando su ritmo por el entrechocar de las alianzas".

Para María Tena, Pérez Cañamares maneja los mecanismos del relato con maestría. "Como dijo Faulkner, después de la poesía, el cuento es la forma literaria más exigente, ya que un cuento en el que sobre o falte algo se malogra". Poco antes de que la actriz Mercedes Castro leyera los relatos más breves de En días idénticos a nubes?, Tena formuló una profecía: "Estamos ante una escritora que va dar mucho que hablar".


Babab: ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro de cuentos que tuviera como protagonistas a niños y adolescentes?

Ana Pérez Cañamares: Antes que como idea o como proyecto, surgieron los propios cuentos. Aunque me he manejado en otros géneros, hasta ahora he sido sobre todo cuentista. Un día me di cuenta de que tenía una gran cantidad de material, cuentos bastante variados en temática y estilo, pero que sobre todo había un grupo muy amplio centrado en la época de la adolescencia. Y como me gustan los libros de relatos que exploran un mismo tema, ya que la transición de uno a otro cuento no es tan brusca como en un libro en el que los temas son muy distintos, me propuse seguir escribiendo por el camino que ya antes, inconscientemente, me había marcado, hasta completar algo que pudiera ser un volumen de relatos.

Babab: Ha elegido un verso de Cernuda para dar título al libro. ¿Qué le sugiere el poema del que está extraído?

A.P.C.: Una de las cosas que hice cuando di por cerrado el libro, fue buscar textos ajenos que lo abrieran. Aunque no soy una gran lectora de poesía, Cernuda me gusta desde hace mucho tiempo, y recordé haber leído alguna vez un poema suyo sobre la adolescencia. Lo busqué, y cuando lo encontré, me dije ¡pero si esto es lo que yo he pretendido contar en mis cuentos! En especial me gusta el primer verso: "Adolescente fui en días idénticos a nubes", de donde saqué el título del libro. Pero el resto del poema continúa igual de sugerente y nostálgico, para mí recoge perfectamente el espíritu apasionado y contradictorio de esa época. De hecho había otros versos candidatos a titular el libro. Me parece un texto espléndido para abrirlo, y para mí es un honor que esté ahí, igual que el miniensayo de Gómez de la Serna que le sigue y que hace un tratamiento del tema más surrealista y humorístico, pero también muy agudo y cierto.

Babab: ¿Qué tiene la adolescencia para que todo se viva con enorme intensidad, y a la vez, de forma tan atormentada?

A.P.C.: Supongo que si lo supiera a ciencia cierta no hubiera escrito estos cuentos, que en parte son mi propia búsqueda de la respuesta a esa pregunta. La adolescencia, más que la infancia, es para mí el auténtico tiempo mítico en la vida de una persona. La infancia es más inconsciente, hay muchos recuerdos que se pierden, a uno lo llevan y lo traen pero realmente toma muy pocas decisiones. Sin embargo, en la adolescencia ya se es más responsable de la propia vida. Ya uno elige sus amistades, sus rebeldías, sus amores. Seguimos sin poder decidir ciertas cosas, como con quién vivimos o a qué instituto ir, o la hora de llegada a casa. Sin embargo, tenemos ya a nuestra disponibilidad un campo enorme de sentimientos, que son nuestro gran tesoro. Y en ellos ponemos nuestra fe, sin saber todavía que los sentimientos son relativos, que vienen y van, y caben matizaciones que aún no podemos manejar. Y de ahí la intensidad, creo yo, de pensar que lo que sentimos es algo total, único, inamovible. En la adolescencia hay algo de vivir el ahora que luego perdemos y pretendemos encontrar por otros caminos. Pero es un ahora un tanto tiránico, porque va acompañado de ignorancia, de afán de autoafirmación, de un deseo constante de ser algo o alguien. Y además está que no somos conscientes de que nuestras experiencias van a marcar probablemente el resto de nuestras vidas, así que todo lo hacemos con una espontaneidad que con distancia parece, cuando menos, arriesgada.

Babab: En casi todo los relatos hay una omnipresencia de la sensualidad, cuando no del deseo sexual. ¿Cómo se planteó el tratamiento del erotismo?

A.P.C.: Creo que realmente no me lo planteé. En ningún momento he intentado hacer algo así como un muestrario de experiencias o emociones de la adolescencia. Así que lo más seguro es que se echen en falta ciertos aspectos que se consideran típicos o tópicos al hablar de ella, mientras que otros aparecen repetidos en varios cuentos. El deseo está porque en mi vida ha estado muy presente, con sus grandes misterios, su tiranía, sus ambivalencias. Y por supuesto lo estuvo en la adolescencia, época como todos sabemos de revoluciones hormonales.

Babab: Salvo en dos o tres relatos, los cuentos se caracterizan por la sobriedad. Sorprende esa contención cuando usted, en otras ocasiones, cultiva con esmero la metáfora y la imagen.

A.P.C.: Con el tiempo he aprendido o más bien estoy aprendiendo a contenerme. Creo que es mucha más efectiva una buena imagen en, pongamos, dos páginas, que abrumar al lector con el uso continuo de este recurso. Para mí una buena imagen es un tesoro al que hay que dejar brillar por contraste con el resto de la narración. Y tienen que venir a cuento, porque si no se ve al escritor engolosinándose con el lenguaje, y soy de la opinión de que es el escritor el que tiene que estar al servicio del idioma, no al revés. Con esto no quiero decir que no me guste el lirismo o lo poético en una narración, de hecho me gustan mucho y suelo tender hacia ellos, pero cada vez creo más en una justa medida, porque si no uno a veces se vicia y deja a los personajes allí lejos, haciéndole señas para que regrese con ellos y siga contando su historia. Para mí, cada vez más, escribir es tachar. Soy fiel defensora de la reescritura y el tachón.

Babab: ¿Esa economía del lenguaje tiene algo que ver con su gusto por el haiku y el microrrelato?

A.P.C.: En los últimos años he disfrutado mucho de la lectura de esos géneros, que creo que tienen mucho que enseñar a los que se propongan escribir. Son el mejor ejemplo de lo que decía antes: el escritor se aguanta las ganas de lucirse, pone por delante la imagen, el momento que pretende recoger en el caso del haiku, y la historia (la mini-historia) en el caso del microrrelato. Una de las cosas que más me apasiona de este género es cómo el escritor se muestra generoso, y deja que la historia termine (si es que termina) de germinar en el lector. La precisión que requieren enseña mucho a la hora de escribir, pone al escritor en un lugar más modesto; y sin embargo, no hay que dejarse engañar, se requiere mucho oficio para ser preciso.

Babab: En dos cuentos se aborda el incesto. ¿Había un propósito deliberado de transgresión?

A.P.C.: Como dije antes, no hubo propósito deliberado en ninguno de los cuentos. Las historias me vienen de distintas maneras, a través de una imagen, de un diálogo, de un final o de un protagonista. Pero siempre con elementos muy concretos dentro de la propia narración. A priori no me propongo nunca algo más abstracto, como pueda ser el tema, sino que lo voy descubriendo a medida que escribo, y su hallazgo suele ser uno de los momentos claves de la escritura, cuando dices "ah, mira, de esto es de lo que quería hablar". Pero digo hasta ahí me llevan elementos concretos, que casi como me vienen van a aparecer en la versión final, aunque luega tenga que construir mucho a su alrededor.

Babab: ¿Este libro es tributario del minimalismo de los prosistas estadounidenses?

A.P.C.: Supongo que sí. Desde luego Carver es uno de mis escritores favoritos. Como sé en qué orden han sido escritos estos cuentos, más o menos, sí veo que la tendencia es más hacia ese estilo. No me gustan los finales cerrados. Por el contrario, me gustan esos cuentos que parecen cortes aleatorios en la realidad. Como lectora, me gusta ser tratada como una persona inteligente, y odio que me sobreexpliquen, que me den conclusiones. No darle todo digerido al lector me parece una muestra de respeto y de confianza en él, y un reconocimiento de modestia por parte del escritor. Coloca a ambos en planos semejantes. Aunque esto no quiere decir que a veces no me guste sentirme pequeñita y leerme un novelón del XIX, de esos que parecen escritos por Dios...

Babab: ¿Reconoce algún parentesco de su libro con El guardián en el centeno?

A.P.C.: Francamente, lo leí hace mucho tiempo, pero me gustaría pensar que sí, porque lo recuerdo como una obra maestra. Hay una pequeña novela de Carson McCullers, La boda de Frankie, que creo que tiene un tratamiento parecido del adolescente como personaje. Pero no sé, siento cierto pudor de emparentarme con tales obras. Preferiría colocarme en el lugar de aprendiz o deudora, y reconocer que, más allá de lo literario, lo que sí me acerca a ellos es la visión de la adolescencia como un tiempo que vale la pena recordar, con el reconocimiento a la pasión, la vitalidad, la valentía y la sinceridad de entonces. Y por supuesto también a sus miserias y dolores, que nos hicieron crecer como personas.


 

 


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Última actualización: martes, 1 de julio de 2003

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