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¿A qué la sorpresa?

por César R. Castillo


"Se puede considerar como un principio de la Historia
que no se oprime a ningún pueblo
que no quiera dejarse oprimir."


(HERDER: Ideas para la Filosofía de la Historia de la Humanidad, pte. II, libro IX, cap. IV -ci. Por G. C. LICHTENBERG

En un tiempo que para siempre quedará cristalizado en nuestras memorias como un cóctel de confusión, vago pánico, indignación y hasta (muy postmoderna, por difusa) melancolía -fruto de un sentimiento impotente que a muchos nos invita en principio, una vez más, al escapismo y la indolencia-, si las conciencias izquierdistas (¿¡por qué no asumir tal denominación!?) hemos recibido alguna esperanzadora noticia dentro del chaparrón mediático desatado por la agresión militar anglonorteamericana al Estado soberano de Irak, esta ha sido la movilización política callejera que vivimos, sin precedentes en la fase de la Historia de nuestro país que se abrió con la disolución del régimen franquista.

Pero (siempre hay "peros", como descubrió el sabio...), tal masiva, y gozosa por saludabilísima reacción espontánea de los pueblos que componen el maltrecho Estado español invitan a unas reflexiones que el autor de estas líneas no desea que sean entendidas como "relativizadoras", y que tampoco, rogamos, deben identificarse sin más ni más con la retórica del "ya-os-lo-decía-yo", "ya-os-lo-avisamos", etc.

Y he aquí que a la bambalina grasienta de la paradoja asoma su hociquito ardillesco -de rata-canguro, de rata-camello, de mutación aberrada y aberrante como todo lo que rodea a esta nauseabunda atmósfera mundial- otra "graciosa" constatación -al menos, para todos los que, con firmeza, nos oponemos a la injustificada barbarie que la Administración Bush y su pseudocorsaria retahíla de secuaces andan perpetrando aún, mientras se redactan estas líneas, en el arrasado Oriente Próximo-: Una constatación radicada en la muy heteróclita amalgama , en lo sociológico, de las masas manifestantes en España con el fin de encararse en contra de estos consumados acontecimientos: Hemos visto en las calles colapsadas con semiinédita espectacularidad a ciudadanos -con qué placer añadido se mecanoscribe este sustantivo en nuestra coyuntura nacional: ¡Atrás, digresión, las concurrentes tricolores, republicanas de una República que en las almas españolas de bien jamás cayó, ya han reivindicado esta tu causa por las avenidas de Celtiberia...!-... Sí, a citoyennes - no es una tribu india de epopeya de John Ford (aunque, en espíritu... -¿?-)- de ambos sexos, de cabalmente toda edad, y de amplia, diversa condición -y NO es tópico: ¿¿Cuándo fue menos mendaz, como para ser tal-: Indignados, en puridad avergonzados de vergüenza ajena (y aquí, como veremos, anida la iniquidad, aquí sobrenombre del pueril yerro) sobresaltados del oxidado olor de la sangre ardiente no en las pituitarias (la matanza es lejana), no, más cerca, en la anonadada c*o*n*c*i*e*n*c*i*a -lo sabemos, lo compartimos, con un mohoso y ténebre vigor que se remonta -y se frustra, ya en ADULTO parangón ( Así que esto, precisamente Èsto, era aquél repulsivo -en verdad...- malestar -Don Segismundo sí que "TENÏA las palabras..."- en la Cultura)??)

(Nos acaba de aflorar (sic) ya la mención, por más que conjurada - y es que "la cabra tira al monte", ¡cómo no!- de la República hecha bandera entre los "intolerantes y manipulados (carcajada) manifestantes" -Gobierno dixit-: El asunto merece un epígrafe propio, pero permitámonos una lujosa quimera, hecha consigna, que renace, ¡asombro!, en medio, para el autor, de una recién estrenada madurez: La consigna es, amigos, - los chavales han redescubierto una convicción SIN FISURAS...- :"¡Viva la República Española!". Por supuesto. No la Primera, ni la Segunda, por nuestras cuentas, será la TERCERA!!! -¿Te asombra, lector, el desgarro? ¿Por qué? SINCERIDAD ES, con frecuencia, AUTOLISIS)

Sí, añorado -¡casi olvidado, que escribir cabe que los mas jóvenes ni siquiera lo habían presenciado!- milagro: Codo con codo, citoyan à citoyan, el heterogéneo pueblo español seechabaalacalle -ya no hay perdón que vaga, lo sabemos lector, pero, ¿cómo reprimir tamaña SEMIÓTICA nostalgia, hecha satisfacción? ¡Y, por lo que se va en Retórica, vaya juego ÉPICO da el asunto!!; las calles tomaba -¡¡de verdad!!-, dando al traste a los patéticos conatos autojustificativos recurrentes a esa absurda "sombra" instigadora y conspirativa que recaería, según la insultante -los hijos políticos de Fraga Iribarne, y herederos IDEOLÓGICOS de, tal vez, la más mendaz, meapilas, ágrafa y delirante Derecha "tradicional" de Occidente se están permitiendo insinuar nuestra ¡INMADUREZ democrática, lector...! Qué vergonzante ha sido esta bellaca del aznarista Gabinete, con su engominada gangosería ceceante tan característica del combo populi"J"ta, en este caso populáh, también, en cuestión, el Sr. Arenas, al frente, teniendo la desfachatez de tratar de negar el carácter asombrosamente espontáneo y sincero del fenómeno social. Craso error sobre crasos errores: La inédita, nos atrevemos a decir -durante los años "calientes" de la así llamada "Transición" sólo los españoles verdaderamente "politizados" (en el mejor sentido: El autor no cree en uno malo, por otra parte) vencían un miedo fundamentado a la hora de hacer uso del correspondiente derecho recién otorgado por la borbónico-oligarquista Costitución -o Carta Otorgada- de 1978 ( por fin el historiador, y -lo que es más importante- el maestro de Instituto de a pie comienzan a torear al cornúpeta sin mordazas: La "Santa" Transición Española fue -es- , en realidad, un más bien vergonzante apaño, un pacto de oligarquías donde el oportunismo y la indecencia política marcaron el paso, empezando por la ya citada en este artículo, espinosa y fundamental, por más que se le haya intentado, claro, "quitar hierro", cuestión de la "forma de Estado"). Pero es que, además - y aquí el autor es consciente de estar adentrándose en unos fangos tan resbaladizos que no sólo celebra, por una vez, su cripticismo, sino que espera ser, oficialmente, ininteligido-, la demagogia aznarista se manifiesta abstrusa en especial en tanto que estas abrumadoras -sin precedentes y sin parangón-, dejan en evidencia, con su fuerza contundente, otras recientes - con el PP en la Moncloa, naturellement -, y en el contexto -sobre todo- de su fascistoide -y tan frustrada/nte- ofensiva electoral sobre Euzkadi (mayo de 2001) ocasiones de manifestaciones presuntamente masivas, de muy diferente calado político y que, casos de santurrones y sonrojantes "paripés", tenían la diferencia de salida de ser manifestaciones "pro-sistema", lo que es tanto como decir: "juegos florales". Dicho de otro modo, o cogiendo el tallo espinoso -espinas, insistimos que no faltan- de modo más obvio, si cabe. Si alguien -CON ESCASO GUSTO, esta es la verdad- hubiese tenido la idea de -y ya estamos generalizando polémicas de muy diversa estirpe, al torpuno y lamentable estilo de las derechas ibéricas... -promover como leit-motiv de las demostraciones públicas en protesta por la catástrofe ecológica del "Prestige" unas palmas de las manos tintadas de negro (evocando el fuel-oil, claro), y, sobre todo, la consigna de las manos pintadas de rojo como imprecación contra el servil y fascistoide apoyo aznarista a la (asépticamente bautizada) "crisis" iraquí; en tal caso, querido lector, no sólo hubiese quedado patéticamente puesto en evidencia el "caballo de batalla" semiótico de los colectivos "¡Basta Ya!" y tantos otros (Foro de Ermua, en general), desde un punto de vista estrictamente... "cuantitativo": Sino que, lo que es infinitamente "peor", habría quedado de manifiesto, de manera lamentable, la naturaleza "prefabricada", "oficialista", progubernamental, y, en definitiva, más semejante a una procesión de la Semana Santa católica, que a una manifestación, strictu senso. Esta última, no lo olvidemos, va ontológicamente dirigida al Poder político, democrático o no, que controla una región, y no -aberrantemente, de lo cual cada uno sacará sus propias conclusiones- a una organización delictiva, como la terrorista ETA.

En conclusión, afirmaremos que no sólo toda una generación está despertando a la Política como una realidad activamente compartida, sino que además se está recuperando la "lógica", por así decirlo, del espíritu de la contestación (sic) per se: ¿A quien se contesta? ¿De quién se trata de llamar la atención al sentirnos, como ciudadanos, desamparados, "irrepresentados" con la única salvedad del periódico derecho al voto - en el caso, claro está, de estructuras más o menos democráticas, como las instituciones putativas españolas? La respuesta es obvia, pero uno tiene la impresión de que todo un país ya no tan virgen democráticamente, como España, acaba de descubrirlo... hacia el 15 de febrero pasado... (¡!)

No obstante , y como a nuestro juicio es de facto connatural a la fenomenología político-social de las multitudinarias manifestaciones callejeras, la (primera) juventud, los estudiantes en concreto, han vuelto a erigirse en protagonistas de las espectaculares. Tal franja social -la de quienes el próximo 25 de mayo tendrán su primera opción de ejercer el derecho al voto- queda, automáticamente, exenta de las no reprobaciones, sino análisis a los que procedemos de inmediato: En el caso de estos ciudadanos es más comprensible la candorosa -pero errática- percepción del presidente Aznar (y corte/cohorte, si bien estamos ante un caso de personalismo presidencial, carne de diván psicoanalítico por sus elementos coadyuvados de mesianismo, megalomanía, pseudoautismo y súbita "frutescencia" de complejos de superioridad/inferioridad cuasipatológicos) como una especie de hongo sobrevenido, nadie sabe de dónde ni cómo, tras un fugaz chubasco estival.

No: Nuestra argumentación se dirige a nosotros, los mayores de ese sector social, los que no podíamos (¿o, a la vista de los hechos, tal vez sí?) o no debiésemos haber olvidado los talantes, el qualia específico de las derechas tradicionales españoles; ni deberíamos dejar en el baúl de la memoria ciertos acontecimientos más bien recientes, a cuya luz es absurdo rasgarse las vestiduras, el ceño fruncido de hipócrita extrañeza, ante las actitudes de cada fuerza política nacional al respecto de -admitamos, por una vez, el eufemismo washingtoniano- esta abrumadora "crisis" planetaria.

¡Echemos un vistazo a los últimos diez años de Historia política en España! A sus jalones de relevancia obvia, sin andarnos más por las ramas: En el primer movimiento de una nauseabunda sinfonía, el lector recordará como, en marzo de 1996, exasperados por verse incapaces de sacar, literalmente, a Felipe González y al Partido Socialista Obrero Español, los poderes fácticos -judicatura, banca y medios de comunicación, en especial- se conjuraron para orquestar la más insufrible campaña de desgaste que haya conocido el vigente período postfranquista, extracción de cadáveres de los armarios incluida. Nada nos inventamos: Uno de los conjurados, Luis María Anson, destapaba dos años después toda la conspiración en una conocida revista política.

Con aquella apurada "amarga victoria"/"dulce derrota" se abría una primera legislatura bajo el Gobierno "Popular" -el entrecomillado resulta hoy más pertinente que nunca-, en la que la necesidad de los votos nacionalistas en el Parlamento contribuyó no poco a "suavizar las aristas" más reaccionarias de los sucesivos gabinetes aznarescos. La mayoría absoluta obtenida en abril de 2000 por el partido fundado por uno de los más nefastos (para la libertad y la democracia) ministros franquistas, Manuel Fraga (recuérdese su devastadora Ley de Prensa de 1966) propició que, a decir de muchos, la "máscara centrista" -de "decretazo" a catastrófica campaña en Euzkadi en mayo de 2001; de huelga general a marea negra en las costas gallegas- se cayese de las faces "peperas" para siempre. Ahora bien, quien firma estas líneas no puede, por más que lo ha intentado, "tragarse" que tal travestismo por parte de esa encubierta coalición de TODAS las derechas españolas (y las hay terroríficas, como estamos "descubriendo") engañase ni por un momento a nadie. A nadie adulto y mínimamente informado. Sólo el aventurerismo y la ambición sin límites de ciertos personajes públicos, el resentimiento de amplios sectores de una antigua progresía cuyas expectativas de prebendas varias habían quedado frustradas durante los gobiernos socialistas, y la delirantemente cínica estrategia del "sorpasso" -vulgo, "pinza"- de una Izquierda Unida colaboracionista con todo lo anterior explicó la derrota socialista inicial e iniciática, todo un resultado, en efecto, de castigo para González y los suyos, más que una entusiasta y decidida confianza en los conservadores. Otrosí, en el caso de la mayoría absoluta para el P.P. de 2000 también son de carácter negativo las justificaciones que el analista certero encuentra: El P.S.O.E. no sólo había mostrado una preocupante falta de capacidad de reacción, sino que su líder carismático había sucumbido al fin a un programa de "acoso y derribo", prolongada por los medios afines al Gobierno "popular", ¡incluso tras la dimisión de F. González como secretario general de su histórico partido!

En resumen, las dos últimas convocatorias democráticas, en las que intereses personales, revanchas oligárquicas o, en el mejor de los casos, la universal pataleta por la caída de un régimen -el soviético-, desautorizado desde hacía un tiempo por su aberración en totalitarismo criminaloide han propiciado, por más -bastante más de una decada-, la ineptitud -más aún, y en términos psicoanalíticos (cual no es para menos), la autocastración de la izquierda española. De aquellos polvos vinieron estos lodos; o, lo que es lo mismo, el servil y patético "monstruito" Aznar NO surgió -que lo sepan de una vez los más jóvenes- "de la nada"; o, lo que es lo mismo también, en las elecciones inminentes se verá quiénes de verdad están preocupados por sacar a este tardofranquista lo antes posible de la Moncloa, y quiénes simplemente usaban las convocatorias pacifistas o antibélicas como simple excusa para el "gili-ludismo" y el pueril desbarro.

Visionariamente, para los sin duda atroces -aunque no más que otros bien recientes, y, sin ser pesimistas, no lo que nos aguardará...- tiempos que, rechinando los dientes quien más y quien menos, atravesamos, el glorioso matemático y aforista George Christoph Lichtenberg incluía entre sus célebres Sudelbücher el neologismo polemocracia. Y, en torno a él escribía: "Cuando una guerra ha durado 20 años" -y recordemos que Sadam Husein, tras llegar misérrimamente al poder, con la franca ayuda de la C.I.A y el Pentágono (como es bien sabido), se enfrasca en la terrible guerra fratricida contra Irán... en 1982- "bien puede durar 100, pues la guerra se convierte en un ``status´´. (...) Los hombres que han conocido la paz se extinguen."

Tómese lo anterior como una más o menos oportuna digresión, dadas las circunstancias que conmocionan al mundo desde hace meses, aunque la catástasis proceda del día 20 de marzo en adelante. En realidad, nuestra línea argumentativa no es, hoy, la demencial inmoralidad de una guerra, la desatada por la mayor potencia mundial contra la tercermundista, a todos los efectos, Irak. En ello, estamos "todos" aparentemente de acuerdo. ¡Incluso pretenden estarlo, en un ejercicio de dadaísmo que hubiese hecho las delicias de Tristan Tzara y compañía, los principales promotores de las operaciones militares!

 

Texto, Copyright © 2003 César R. Castillo. Todos los derechos reservados.

 


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Última actualización: jueves, 1 de mayo de 2003

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