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El ladrón de Bagdad (II)

por Teófilo Menta


Está ampliamente cualificado y lo demuestra en cada uno de los atracos. Planifica a lo profesional y lo ejecuta antes de llegar, sin mirar apenas y ganando a coces. Así ha sido también en Irak, donde sus pasos medidos han hecho que tuviera la pieza vendida desde mucho antes, huyendo así de especuladores y trapicheros ocasionales. La competencia obliga a poner cara de mueca con retorno de ironía, pero Bush, que no es tan fino sólo ríe porque la pesca ya estaba frita en su sartén antes de que los demás compraran la caña.

Por ello, los complementos circunstanciales le traen al fresco: la ONU no es más que un fantasma circunstancial de modo que en alguna ocasión adornaron de estatutos como si fuera de verdad. Como la OTAN, otro espejismo circunstancial (de lugar) aunque de peores trazas por los juguetes que gastan sus monigotes indefinidos. De momento, hacen guardia de mentira vestidos con uniformes de payaso a la espera de que el mismo de siempre diga cuando se acaba la parafernalia y comienza de veras la oración.

Bush es el que manda, un tipo con nombre de eructo y cara de gargajo. Un tipo que se pone trajes y corbata como si fuera humano. Un tipejo que obliga a morir a los hijos de sus parientes y a las familias de sus extraños mientras envejece con el perdón de dios y el botín robado. Bush es el que manda y esto que hace ante los ojos del mundo es lo único que se le ha ocurrido para convencerse de que es él quien manda disponiendo el mundo sobre un tapiz de orden y armonía. La memoria no es su fuerte. Ni el oído. Ni la imaginación. La decisión de derrochar en tiroteos y vanagloria de poderío le ha llevado a la mentira que ningún organismo le reclamará. Justificará el gasto con ingresos extraordinarios, explicará el uso de sus armas de destrucción masiva en la noble tarea de comprobar si otros las tenían. Gracias a su iniciativa estará occidente libre de la tortura de las dudas. Y de paso, sólo de paso, aliviará al infiel de la tentación de tenerlas con un suave golpe de mano con el que les ha despojado del pecado de sobrevivir.

Como lo hizo en tantas otras ocasiones, porque su tozudez sí es grande, ha dejado ahora a Irak en paz con su miseria, limpiando de petróleo, culturas y dignidades lo que quedaba de la gran Mesopotamia.

Mientras llega la invasión siguiente jugarán -ya están jugando- a "títeres y cabezudos", mangoneando sobre los escombros se rifan las contratas y amenazan con apuntar con su dedo de metralla al primero que rechiste.

La patética compañía de los buitrillos de poca monta les aliviará del complejo de soledad que sufren las apisonadoras. Aznar babea por las sobras de las sobras -las primeras raspas son de los ingleses, claro- como otros dirigentes pelagatos sin conciencia. El reparto y sus alrededores produce arcadas y después asombro -el poco que todavía nos queda- al ver como dicen y hacen por nosotros lo que ni decimos ni hacemos.

Nos quieren volver locos, no hay duda.

Ni queríamos la guerra ni queremos a los ladrones. Pero hay funcionarios por el mundo con vocación de complementos menos aun que circunstanciales. Lameculos, titirivainas o correveidiles que se apuntan a cualquier trampa y quieren matar después de asesinar, hurtar después de haber robado y además se afanan por quitar hasta el polvo de la miseria que han dejado sus jefes en Irak. De las encías chorrea el fantasma sucio de medio dólar por haber acertado en su apuesta charcutera. En sus colmillos mendiga el ansia por adueñarse de las vendas de los moribundos o algún mosaico con bigote que se le parezca y lucirlo al fin a lo alto de un pedestal. Y nosotros, la inmensidad pacífica que no pinta nada grita en el cine mudo de esta historia que tampoco quiere nada. Que no nos hagan partícipes del espanto, de la masacre, del hambre. No queremos que nos bajen dos euros la gasolina porque ahora es de estraperlo, ni queremos trabajo a costa de la vida del anterior trabajador. Ni dirigir provincias ni manipular gentes. Que los dirigentes se dirijan, luchen o roben entre ellos. Que carguen Bush, Blair, Aznar y los de su calaña con los saldos y también con la conciencia mala de los que no merecen que el nudo de su corbata tenga tope ni del mundo una mirada de respeto.

 

Texto, Copyright © 2003 Teófilo Menta. Todos los derechos reservados.

 


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Última actualización: jueves, 1 de mayo de 2003

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