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Cuentos inocentes

por Jaime López


Con estos relatos, Babab quiere anticipar el genio creativo de un artista polifacético que hace que la sencillez y la imaginación se confundan en ambientes aparentemente cotidianos.

Hasta la fecha, Jaime López es conocido por un espectáculo teatral, Humor Auviodisual* basado en brillantes monólogos de los que es autor, la participación de una pantalla parlanchina -aparece López interpretando diferentes personajes- y una marioneta "gemela" construida también por él mismo.

En los relatos de López, se transparentan los futuros personajes con los que López suplantará a los personajes que López representa. Mientras tanto, Babab los irá reuniendo en su periodo reflexivo, antes de que la intimidad del cuento se difumine y cada López de cuento se haga parlanchín.

Mientras tanto, los dos primeros López:

 
Y POR LA NOCHE

El pequeño Tomás duerme desde hace un año debajo de su cama. Por eso mismo es feliz. Duerme debajo de su cama por culpa de los monstruos. Como todo el mundo sabe, debajo de la cama de todos los niños, viven unos feroces monstruos. Por el día no pasa nada, de hecho no se sabe siquiera si están ahí, pero eso es lo de menos, no pasa nada. Uno puede incluso meterse debajo de la cama a jugar, los monstruos por el día es como si no existieran. Pero por la noche la cosa cambia. En el momento en que la luz se apaga y mamá o papá nos cierran la puerta, estamos a merced de esas bestias. Pero el pequeño Tomás duerme debajo de su cama, y por la noche.

Si comparamos la descripción que cada niño nos da sobre los monstruos de su cama, veríamos que hay tanta variedad como niños. Un grupo de monstruos distintos por cada niño distinto. Pero el pequeño Tomás duerme debajo de la cama, y por la noche.

Todos los niños saben que lo único que nos puede defender de los monstruos son las sábanas. Si la frente, o los ojos, incluso la nariz, quedan al aire, no importa, siempre que el resto del cuerpo esté cubierto por la sábana. Las sábanas están hechas de un material que ningún monstruo es capaz de atravesar, ni siquiera se atreven a rozarlas. Puede que sea el olor, la forma del cuerpo que hay debajo, lo que sea, pero no falla, la sábana es segura. El pequeño Tomás no necesita la sábana y eso que duerme debajo de la cama, y por la noche.

Qué niño no sabe que aunque la cama esté pegada a la pared, los monstruos aprovechan cualquier rendija para subir. Si te tapas bien, puedes dormir a gusto. Y si tienes ganas de hacer pis, mejor esperar a que sea de día, uno no puede arriesgarse. Pero el pequeño Tomás va y viene cuando le apetece, y después, se pone a dormir debajo de la cama, y por la noche.

El pequeño Tomás se apuntó a un curso de electrónica por correo, y para su cumpleaños se pidió muchos cables, un mecano, pilas y plastilina. Una noche, cuando se acostó, olvidó taparse con la sábana. Sus padres le despidieron, apagaron la luz y cerraron la puerta. Justo en el momento en que el pestillo hacía clic, los monstruos salieron de su guarida y se abalanzaron sobre él. Lo que le hicieron es mejor no contarlo. De repente, la puerta se abrió, un niño entró como un rayo y se metió debajo de la cama. Era el pequeño Tomás, que había engañado a los monstruos haciéndoles atacar a un pequeño Tomás de plastilina teledirigido. Desde entonces duerme debajo de su cama, y los monstruos tienen que taparse con la sábana si quieren dormir a gusto, y por la noche.

[Relato finalista en el VII Premio de relatos breves Ciudad de Peñíscola"2001.]

 
UNA VIDA DA PARA MUCHO

Una vida da para mucho. Me refiero a que da para hacer todo lo que uno quiera. Bueno, para todo, para todo, supongo que no, porque, por muchos años que se vivan (dentro de lo que puede vivir un ser humano), no se puede ser campeón olímpico de atletismo, virtuoso del piano, Premio Nobel de química y además, llegar a Papa. O puede que eso sí, pero si empezamos a añadir cosas como récord Guiness con el castillo de palillos más grande de la historia, el primer hombre o mujer que da la vuelta al mundo en patines de ruedas y todas las cosas que faltan hasta llegar a todo, ahí sí que ya no da tiempo. También hay cosas que por sí mismas no daría tiempo a hacer, por ejemplo: recorrer a pie todas las carreteras asfaltadas del planeta, ya que seguramente, aunque no murieras antes, al terminar de recorrer las carreteras que había cuando empezaste, habrían construido otras nuevas. Por desgracia, te podrías pasar la vida de un inmortal (es decir, la eternidad) andando y nunca terminarías. Porque mira que hacen carreteras. Yo no creo que hagan falta todas, con arreglar de vez en cuando las que ya hay, estaría bien.

A mí, aunque me mandan muchos deberes, me da tiempo a todo. Ya sé que aún soy pequeño, pero creo que organizándose bien da tiempo a todo. Yo voy a clase todos los días laborables, además; los lunes, miércoles y viernes, voy a inglés una hora; y después, aunque sólo los lunes y miércoles, voy a clase de guitarra; los martes voy a catequesis y los jueves, a judo. Aún así, todos los días, me sobra un poco de tiempo para ver la tele o para jugar. Y los fines de semana, los tengo enteros. Así que, fíjate.

Cuando sea mayor tendré más tiempo porque, aunque trabaje, no tendré deberes, y además tampoco tendré que ir a inglés ni a guitarra porque ya habré aprendido.

Ser mayor tiene que ser tener tiempo para todo, o por lo menos eso parece decir mi madre. Hay una niña de mi clase que es muy guapa y muy divertida y yo quiero estar con ella todo el rato, pero mi madre dice que ahora aproveche a jugar con mis amigos y con mis cosas, que cuando sea mayor, ya tendré tiempo para estar con chicas. Dice que en la vida da tiempo a todo. Da tiempo a amar y a olvidar, aunque olvidar debe de necesitar más tiempo que una vida porque siempre dice que al final nunca se olvida del todo. Yo supongo que porque uno se muere antes. Claro que, ¿cómo lo sabe mi madre si aún no se ha muerto? A lo mejor, lo que ella cree que no le dará tiempo a olvidar, lo olvida, por ejemplo, mañana, ¿por qué no? El caso más claro de esto es el de mi abuela, que es tan mayor que ya le ha dado tiempo a olvidarse de todo. A veces ni se acuerda de mí, no se acuerda de quién soy, imagino yo que porque como nací hace once años y además era un bebé, ya no se acuerda. Lo malo es que algunos días ni si quiera se acuerda de quién es ella. Yo supongo que lo lógico es que eso no se olvide, por mucho tiempo que pase uno siendo uno mismo.

Ahora que pienso sobre el tiempo en la vida, creo que te dará tiempo a hacer lo que quieres o no, dependiendo de lo que te haya tocado hacer. Me explico. Don Gregorio, mi profesor de lengua, a veces vuelve a casa con nosotros, porque es casi mi vecino, y mi madre viene a recogerme al cole en coche. Pues bien, un día en el que, como digo, volvíamos los tres a nuestro barrio, porque el cole no está en nuestro barrio, Don Gregorio, que iba sentado delante porque queda muy feo que yo vaya delante y Don Gregorio, con lo grande que es, atrás, le dijo a mi madre que le quedaba poco para jubilarse y que cuando eso ocurriera, no sabía qué iba a hacer con todo el tiempo que iba a tener. Sin embargo, mi padre, que es pintor (no de rodillo, sino pintor, pintor, es famoso), me dijo un día, que lo que más miedo le daba era que no le diese tiempo a terminar todo lo que quería pintar antes de morir. Y claro, por eso digo yo, que a cada uno le debe de tocar ser una cosa en la vida y no se debe de poder elegir, por mucho que en el cole nos pregunten que qué queremos ser de mayores.

Si se pudiera elegir, Don Gregorio hubiese elegido ser pintor, como mi padre, porque un pintor no se jubila y no tiene problemas con el tiempo que le sobra cuando esto pasa, porque no pasa. Y mi padre, hubiese elegido ser profesor de lengua, como Don Gregorio, porque no tienes nada que terminar antes de morirte. Claro que, siempre puede que te mueras en mitad de un curso, o incluso de una clase, y no hayas tenido tiempo de terminarlo. Aunque, por lo que yo tengo entendido, es más normal y más lógico, que un profesor se muera después de jubilarse o, en todo caso, en las vacaciones de verano, cuando ya se ha terminado el curso.

Pensando en Don Gregorio, tampoco entiendo por qué, a veces, cuando tardamos mucho en concentrarnos al empezar la clase después del recreo, nos dice que nos callemos ya y que no le hagamos perder el tiempo; ¡si cuando se jubile no va a saber que hacer con todo el que tiene! Yo supongo que un pintor, como mi padre, no puede perder el tiempo porque no se puede morir sin haber pintado todo lo que tiene que pintar. Luego sí, cuando haya terminado de pintar, sí que podrá perder el tiempo. Pero un profesor ¿por qué no puede perder el tiempo? ¿Y por qué dice mi madre que no pierda el tiempo viendo la tele, si todavía no sé lo que voy a ser de mayor? Además, si tan importante es el tiempo, ¿por qué voy a un colegio que está en la otra punta de la ciudad? ¿Por qué no voy al que está justo al lado de casa, y así no pierdo tanto tiempo en ir y venir? Porque siempre hay mucho atasco y se pierde mucho tiempo. Ella misma lo dice, "hay que ver cómo nos hacen perder el tiempo". Y ¿quiénes son ellos? Pero claro, cuando se lo digo, me responde que qué preguntas más raras hago.

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Notas:
*. El espectáculo de LOPEZ se representa habitualmente cada jueves a las 22.30 en la Sala Madragoa (c/Pez, 2) y los sábados a las 21.00 en el café María Pandora (Pza. de Gabriel Miró, 1 -Las Vistillas-)



Texto, Copyright © 2003 Jaime López


 


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Última actualización: marzo 2003

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