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Günter Grass, a paso de cangrejo. Entre los decenios de la historia
por Armando G. Tejeda
Ligeramente encorvado, con gafas de infatigable polígrafo, con la
llama encendida de su inseparable pipa, Günter Grass desplegó en su reciente visita a España
los recovecos de su literatura, sutura dolorida de la historia más amarga de su país,
Alemania. El Nobel de Literatura presentó además la edición en español de sus libros
más recientes, A paso de Cangrejo y Cinco decenios, ambos publicados en Alfaguara,
que confirman la lucidez y la crítica de un escritor que se sumerge, cual estoico irredento, en las "páginas más oscuras" de la humanidad.
Grass se inició en el ejercicio de la escritura -que hasta la fecha practica a la vieja usanza, con una hoja de papel y una pluma- a raíz de que la ciudad en la que nació en 1927, Danzig, desapareció del mapa como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Si la literatura le ha permitido suplir lo "arrebatado" con palabras y fantasía, ya sea a través de la novela, el teatro, la poesía o el ensayo, otras actividades le han servido para plasmar lo que no se puede purgar con palabras: la escultura, el grabado y el dibujo, artes en las que se instruyó desde muy joven.
A su paso por Madrid, en una multitudinaria rueda de prensa en el Círculo de Bellas Artes, a la que también acudió Babab.com, Grass explicó sus puntos de vista sobre la literatura, sus libros, la historia y hasta de temas más actuales, como la inminente guerra contra Irak.
Antes de nada, el Nobel alemán arremetió contra las directrices de la industria editorial vigente, que convierte al escritor y al traductor en actores secundarios dentro del magma incesante del mercado: "El concepto de literatura mundial lo acuñó Goethe cuando aún no se producían libros de forma masiva, casi excesiva. Pero Goethe sabía perfectamente que sin las traducciones y sin buenos traductores y bien pagados no era posible una literatura universal. Yo siempre digo a los jóvenes autores que se impongan ante sus editores y que consigan una buenas traducciones, pues una editorial, por muy fantástica que sea, no es más que un edificio vacío si no cuenta con unos buenos autores detrás. En el fondo nos olvidamos de que el editor es el empleado, y el escritor el verdadero empleador. Creo que los editores tienden a sobrevalorar su papel, a pensar que es demasiado importante, pero lo verdaderamente importante son los libros".
La novela más reciente de Grass, A paso de cangrejo, cuenta desde tres perspectivas
distintas y en tres tiempos históricos diferentes lo que ocurrió el 30 de enero de 1945, cuando
un submarino soviético abatió al buque alemán Wilhem Gustloff que, abarrotado de refugiados, se
disponía a poner a salvo a miles de alemanes de la Prusia Oriental ya invadida por el ejército
ruso. La tragedia de este barco ostenta el triste récord de ser el mayor desastre naval del siglo
XX: con sus más de 9 mil víctimas (entre ellas, 4 mil niños), sextuplica las cifras de fallecidos
del famoso Titanic.
Sobre este hecho histórico, Grass explicó: "Claro que sí existe el peligro de que se relativicen las masacres, de hecho existe el peligro de empezar a comparar cifras y ver quiénes cometieron más crímenes, si los fascistas o los comunistas. Pero en mis libros siempre queda bien claro el orden de las cosas, es decir, quién empezó con las expulsiones y fueron los alemanes los que expulsaron a los polacos de sus granjas y las repoblaron, en cierta manera, con las personas que venían del Báltico. Y luego la historia invirtió su orden y fueron los doce millones de refugiados alemanes los que tuvieron que huir desde el Este. Claro que hubo crímenes a ambos lados, pero lo importante es tener en cuenta el orden histórico en el que sucedieron. De hecho, recientemente en Alemania se ha publicado un libro sobre los bombardeos en el que también se dice que fueron los alemanes los que iniciaron la guerra, de hecho el primer bombardeo aéreo se llevó a cabo en Gernika. Y esos horribles métodos, sin tener en cuenta en absoluto a la población civil, empezaron ahí pero luego tuvieron una larga continuación, basta pensar en el bombardeo de Varsovia, de Rotterdam, una tras otra fueron arrasadas, además cada vez con más violencia y a pesar de que al final estos bombardeos no tenían ningún sentido militar. Pero lo que es más importante es que no nos hundamos en el silencio, es muy importante tener en cuenta el orden en el que se sucedieron estos acontecimientos y también depurar responsabilidades".
El también autor de la llamada Trilogía de Danzig -El tambor de hojalata, El gato y el
ratón y Años de perro- añadió que "en la literatura de la posguerra alemana se habló
mucho de la responsabilidad alemana, pero también tenemos derecho a hablar de nuestros
muertos, de nuestras víctimas, de hecho mi libro inicia con la inscripción in memoriam y
va dirigido precisamente a las personas que perdieron la vida en los caminos, en las ciudades
y en el mar Báltico huyendo desesperadamente de las fuerzas rusas".
Miguel Sáenz, traductor de Grass y una de las personas que mejor conocer la obra del escritor,
escribió sobre esta novela que Grass "ha vuelto al ejercicio que se impuso hace tiempo de iluminar
las páginas más sombrías de la historia alemana reciente. Él mismo, natural de Danzig, quedó
marcado por la pérdida de su patria y ha reconocido que fue el desarraigo el detonante de su
carrera literaria. Su inconfundible estilo, entre desenfadado, cómplice y descarnado, ajusta
las cuentas a la crueldad, consciente de que fue el pueblo alemán quien provocó el sufrimiento,
hasta sentirlo al final en carne propia". Y añade: "El retrato del mundo de los neonazis, lleno
de matices, refleja otra de las preocupaciones más firmes del escritor alemán. Contra el
revanchismo que alimenta a la ultraderecha, Grass opone la total sinceridad a la hora de
valuar el recuerdo del dolor alemán. Cada novela suya, como un zigzagueo, avanza en esa
dirección. Y A paso de cangrejo resulta ser un hito elocuente, perfectamente tramado y mantenido, de esa empresa particular suya de recordar a todos los muertos".
El artista alemán, considerado la Casandra de su país, se niega a ser considerado la
"conciencia moral" de Alemania, al sostener que "esta formulación de escritor como conciencia moral no me acaba de convencer, la rechazo, ya que no creo que la responsabilidad de las personas o de un pueblo o de un gobierno se pueda delegar en un escritor. Lo único que hago es cumplir el deber que tengo como ciudadano y escritor. Por la experiencia que tengo e incluso cuando trato temas estrictamente personales, siempre están imbricados por algo político y basándome en eso actúo, pero tampoco creo que eso sea una razón para el orgullo".
En cuanto su probada inclinación por nutrir sus novelas de la historia reciente,
Grass explicó: "Ese es el papel del escritor precisamente: escribir contra ese tiempo
que pasa, porque el proceso de reprimir u olvidar los recuerdos es un proceso que se
acelera y ante esta avalancha de informaciones que existe actualmente -más con Internet-
tendemos a percibir únicamente lo que ocurre en la actualidad. Pero el problema es que ni
siquiera somos capaces de evaluar eso porque nos faltan los conocimientos del pasado. Desde
ese punto de vista soy un poco anticuado, pues creo que sólo con los conocimientos del pasado
podemos enfrentarnos bien al futuro y eso me parece una condición sine qua non para la
literatura. De hecho, el impulso de escribir surge, al menos para mí, de la perdida. El caso
de la pérdida de mi ciudad natal, Danzig, que fue destruida, para poderlo asimilar creo que
hace falta escribir en un proceso que yo llamo proceso obsesivo.
Además siempre he pensado que mi tarea como escritor era contar las historias no sólo de las personas que están en el poder sino a los que les ha sucedido la historia como algo inevitable, es decir, las víctimas, los que se quedaron en el camino, que no dejan documentos y no tienen un historiador que cuente su historia. Y ahí es donde en mi opinión entra el papel del autor, de hecho en mi libro confluyen tres biografías: la del funcionario nazi alemán, la del estudiante de medicina y judío y la del comandante del submarino; y estas tres personas quedan fijadas en la historia en forma de un buque. Eso es lo que permite el acceso a la literatura o al tema literario.
Otro ejemplo: he aprendido mucho de la Guerra Civil española leyendo a historiadores, de los
que he obtenido mucha información, pero hace poco leí El lápiz del carpintero de Manuel Rivas y
a través de esa novela obtuve mucha información complementaria que es como un contrapeso a lo
que me cuenta el historiador.
De hecho, el proceso de la escritura te da la posibilidad de ralentizar el proceso del paso del
tiempo y eso se puede hacer mediante diferentes instrumentos, de lo que se trata es de dar marcha
atrás con la escritura y recrear la quietud del tiempo. Para mí la concepción del tiempo es un
corsé, dividirlo en pasado, presente y futuro como si estuviera separado no es real, porque en
nosotros al fin y al cabo se mezcla; cuando uno está viviendo algo en la actualidad, el pasado
se está imponiendo o el recuerdo del pasado o el miedo al futuro. Es algo que yo ubico como una
cuarta dimensión, que de hecho he acuñado en un termino alemán que es una mezcla de esas tres
palabras, sería algo así como pasprefut -es decir, pasado, presente y futuro juntos
en una sola palabra-. Y esto hace posible que el pasado lo podamos vivir como el presente".
CINCO DECENIOS
Grass también se refirió a su otro libro, Cinco decenios, que escrito a modo de diario
representa la continuación de la Trilogía de Danzig, en la que intercala lo mismo poemas
que frases arrancadas por un hecho puntual de su biografía.
Un ejemplo de ello es Narciso, un poema escrito a su juventud:
Narciso
¿Adónde llevar de paseo
al perro faldero
sin correa?
Araña la puerta,
se mea en el parqué
hasta que me reflejo.
Qué guapo soy.
Eso me dice mi perro, que me es fiel.
Los dos somos bobos…pero inmortales.
El paso de cangrejo de la historia, que en su caso lo hace por decenios, también sirvió al escultor y pintor de la pipa y el mostacho a reflexionar sobre el momento actual de su literatura: "El año pasado cumplí 75 años y veo que la gente de mi misma edad ahora están jubilados, en cambio en mi profesión no existe la jubilación sino que se sigue y se sigue. Lo que tengo que evitar a toda costa es caer en la repetición, entonces muchas veces para evitar este peligro opto por la arcilla, las litografías y después de escribir una obra larga lo que hago es plantearme donde estoy después de ese proceso de creación, que también me hace cambiar, posiblemente inicie un nuevo libro".
Miguel Sáenz ha señalado sobre los diarios de Grass que "más que la biografía, Cinco decenios descubre el trabajo de un artesano apasionado por diversos ámbitos artísticos. Vemos a Grass trabajando en sus talleres, admiramos la rara perfección de sus dibujos, en los que se aúna lo grotesco con la lucidez intelectual, nos asomamos a las páginas de sus diarios, en los que letras y dibujos forman un único espacio interpretativo. El Nobel alemán utiliza la pluma, la tiza, la acuarela, prueba con los grabados en cobre, ensaya con maloliente tinta de calamar, escribe sobre láminas de arcilla. Explota las posibilidades del reino animal: gallinas, caracoles, cangrejos y ratas, rodaballos y sapos. Dibuja espantapájaros y monjas con cofia, árboles primero sanos y luego agonizantes. Trata de pintar "lo que deja mudo y desafía toda descripción" pero "quiere, sin embargo, ser dibujado".
SUMA SU VOZ AL "NO A LA GUERRA"
Grass también sumó su voz al clamor antibelicista de medio mundo, que ven en la inminente guerra contra Irak una afrenta a la de por si frágil estabilidad mundial. "La situación actual, lo que sucede ahora mismo, sólo se puede entender si se entiende el pasado reciente. Hasta hace poco reinaba la esperanza de que con la ONU o con políticos como Willy Brandt u Olof Palme, que con tanta habilidad conseguían evitar conflictos por la vía diplomática -esa vía tan lenta y difícil-, había cierta esperanza de que ya estaba solucionado. Pero ahora se plantea la cuestión de si queremos regresar a esa barbarie de la guerra preventiva y la respuesta debe ser que no. En mi opinión hace falta una mezcla entre esos movimientos antiglobalización, como ATTAC, y el movimiento pacifista. De hecho, eso me ha hecho recordar que, antes de caer el Muro de Berlín, en la República Democrática de Alemania se celebraban todos los lunes en Leipzig unas manifestaciones silenciosas en favor de la reunificación y luego cuando se logró estas protestas pararon. Pero ahora esas manifestaciones de lunes se están celebrando de nuevo en recuerdo de aquel 1989 y también porque ahora hay un nuevo objetivo: retomar esa tradición en la que exija a los políticos que actúen de otra manera.
Ahora por fin existe la oportunidad de tener un interlocutor único, en este caso Estados Unidos, al que Europa le está diciendo que no, pues creo que la obligación de un buen amigo es decirle a ese buen amigo que no está actuando correctamente. En mi opinión, Estados Unidos está actuando con cierto complejo de superioridad.
Ahora mismo Alemania y Francia están de acuerdo en evitar esta guerra preventiva e insisten en que hay que agotar las posibilidades que dan las Naciones Unidas a través de sus inspecciones en Irak. Creo que estaría muy bien que no solamente fueran Francia y Alemania, sino que hubiera otros países que les acompañaran. Pero esta acción conjunta, incluidos los llamados países del Tercer Mundo, también debe asumirse en otros ámbitos, por ejemplo, recientemente hemos visto como Estados Unidos ha bloqueado tratados internacionales referentes al medio ambiente y ahí también hay que actuar protestando y si es posible con una Europa unida para que tenga más efecto".
Grass, dado que estaba en España, también tuvo algunas palabras para el presidente del gobierno español, José María Aznar, a quien tildó de "sordomudo" por no hacer caso al clamor pacifista de su pueblo.
"Yo no me quiero inmiscuir en política española, pero sólo diré que su presidente no está actuando de manera democrática si desprecia la opinión de la mayoría. Es cierto que eso también es un problema europeo, no sólo español. Pero Aznar además se encuentra en muy mala compañía, como Silvio Berlusconi, si quiere conseguir ese consenso. España es una democracia joven aún, como lo era Alemania después de la guerra, y está en pleno proceso de aprendizaje, pero si ahora su presidente desprecia la opinión del pueblo y se erige en vasallo de los Estados Unidos estamos siendo testigos de una recaída a tiempos predemocráticos. Por lo que tengo la impresión de que el presidente del gobierno español es un poco sordomudo, porque no toma nota de las opiniones que está expresando el pueblo. De hecho, hace unos días se recordaba el intento de golpe de Estado que hubo en España el 23 de febrero de 1983, en el que el Rey de España intervino y salvo la situación de un modo muy democrático. Sería muy útil, quizás, que en la próxima manifestación el Rey marchara con los manifestantes, protestara con ellos y quizá de esa manera el gobierno español tomaría nota".
Texto, Copyright © 2003 Armando G. Tejeda
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