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El fado lisboeta, sus orígenes y sus pasiones...
por Raul E. Romero
para Catherine Rovira y Rene Garay
Sentiam
A nostalgia do fado
Na minha voz
Pouco amorosa mas quente;
-Numa lágrima,
Dizia,
O meu passado e o meu presente.
António Botto
Lisboa tiene su propio sound track -y esto ha sido
aprovechado de manera admirable por Alan Tanner,
Manuel de Oliveira y Win Wenders- y éste es el Fado,
que flota en la soledad y el ambiente melancólico de
esta cabeza de nación que se mira atrás como el
imperio que fue y que dejó de ser. Esa esencia que los
portugueses llaman saudade y que es su símbolo de
identidad.
Este concepto quasi metafísico, está ligado
paradójicamente a la idea de la gran lusitania, es
parte de una sensibilidad sociológica, antropológica y
sin lugar a dudas etnográfica que unifica y designa la
realidad y la historia de ese país. El Fado (del latín
Fatum) como expresión definitivamente portuguesa ya se
encuentra en la lírica galaico-portuguesa del siglo
XIII portugués y en la poesía del renacimiento. Voy a
tomar por ejemplo, la más grande creación de la lengua
portuguesa, Os Lusiadas, y cómo el concepto es expresado
en ella.
El concepto es expresado con insistencia en Os
Lusiadas, de Camoes, quien en el "Canto I" lo relaciona
estrechamente con la condición lusitana,
específicamente en la estrofa 24 donde Júpiter
comienza su discurso dirigido a "los moradores de
Luzente" asignando al pueblo descendiente del luso una
singularidad de pueblo elegido, al referirese a ellos
como una nación destinada a la gloria, basada en su
eterno recordar de la patria, en contraposición con
los pueblos que se olvidan de ella. Es curiosa la
relación entre fuerza, virilidad y destino en este
Canto, ya que el concepto en su calidad masculina,
masculinizada y masculinista servirá de modelo
retórico a la lírica posterior y por consiguiente a
toda la literatura que alimentará al Fado, género
tipicamente dominado por el sexo masculino y con un
alejamiento notable del discurso femenino y de otras
minorias genéricas. El término aparece a todo lo
largo de la obra relacionándose con lo inevitable, lo
profético y la idea ya antes mencionada del sino de una
nación destinada a la gloria de sus hombres. Como
veremos, este sentimiento mesiánico se encuentra
también en las tempranas cantigas galaico-portuguesas
que lo destacan como sujeto de un drama sicológico de
singularidad étnica. En este sentido las Cantigas
muestran un deseo distante; una épica de los "dramas
estáticos" de Fernando Pessoa.
Primeramente, si quisiera colocar al fado como parte
del folklore urbano y compararlo con otros igualmente
establecidos como son el Tango de Buenos Aires y el
rebetika de Atenas no tendría ningún problema ya que
todos ellos emergen o se tipifican a mediados del
siglo XIX en barrios pobres o periféricos de grandes
ciudades de industria naciente, con un componente
demográfico en la marginalidad, entregados a una vida
bohemia y asiduos visitantes de las tabernas y los
prostíbulos.
Cada uno de estos estilos tradicionales elaboraron
formas culturales muy específicas, a través de las
cuales se podría decir y simultáneamente interpretar
el espacio social en el que se encontraban. La
recurrencia temática refuerza esta semejanza: El amor
desmedido y reflejado en sus más diversas facetas. Y
sobre todo la virilidad absoluta, la representación y
alabanza a las formas más violentas de la masculinidad
y por consiguiente el maltrato espiritual a la mujer,
colocándola en un carácter de objeto decorativo y con
un papel irrelevante en el desarrollo de la realidad
circundante; el constante recuerdo de la muerte; la
ambigua relación entre riqueza y pobreza; la
descripción de lugares cotidianos y la crónica de los
acontecimientos más importantes que ocurrían en sus
vidas.
Otro paralelismo es el paso de una existencia oscura
y marginal a una realidad de lujo, su descubrimiento
y apropiación por la clase social más elevada en su
incesante búsqueda de lo exótico y del gozo decadente
del dolor que caracteriza al máximo romanticismo. El
fado se convirtió en motivo de interés y diversión de
la aristocracia lisboeta. Esta folklorización o
exotización de un género intrínsecamente popular, lo
convertirá en objeto de exploración turística,
explotación comercial y atributo obligatorio de la
ciudad donde nació. No podemos escuchar a Susana
Rinaldi - gran cantante de Tango - sin pensar en Buenos
Aires y es imposible escuchar a Argentina Santos,
Amalia Rodrigues o a Cristina Branco sin que nos venga
a la memoria la ciudad de Lisboa.
Si con el tango y el rebetika se tiene una idea
bastante definida de dónde vienen, con el Fado no
ocurre lo mismo, ya que existen numerosas hipótesis
que cubren al género de un halo de misterio. La
primera hipótesis que mencionaré es en mi opinión una
de las más convincentes entre los estudiosos del
género. Se dice que el Fado es la versión lisboeta y
de Coimbra del lundum caboverdiano que fue traído por
los marineros. Sobre este origen marítimo, podemos
retomar las palabras de Pinto de Carvalho (Tinop)
quien coincide con Oliveira Martins y L.A. Palmeirim
al decir:
"Para nós, o fado tem uma origem marítima,
origem que se vislumbra no seu ritmo onduloso como os
movimentos cadenciados da vaga, balanceante como o
jogar de bombordo a estibordo nos navios sobre a
toalha líquida florida de fosforecências fugitivas ou
como o vaivém das ondas batendo no costado, ofeguento
como o arfar do Grande Azul desfazendo a sua túnica
franjada de rendas espumosas, triste como as
lamentacões fluctívogas do Atlântico que se convulsa
glauco com babas de prata, saudoso como a indefinível
nostalgia da pátria ausente" (42).
Por una parte este
origen marítimo se puede vincular a la supuesta
"brasilidad" del fado. El musicólogo brasileño Mario
de Andrade en su obra Pequena História da Música (Sao
Paulo, 1942) se ha encargado de popularizar esta
teoría. Por su parte Manuel de Sousa Pinto asegura que
el fado no es más que una mezcla del lundum y danzas
afro-brasileñas. Esta aseveración sobre el origen
marinero de la canción emblemática lisboeta es
consecuente con la idea de poesía y mar que existe
dentro de la historia literaria lusitana, ya que
debemos tener en cuenta que los grandes bardos de la
época áurea de la literatura lusoparlante fueron a su
vez grandes navegantes: Camões y Bocage, para citar
algunos de los más relevantes.
Otra teoría sostenida por muchos y catalogada por
Joana Coelho en Prova de aptidao profissional es que
el fado viene de las melodías que trajeron los
estudiantes brasileños, quienes al convivir con los
estudiantes portugueses en Lisboa, hicieron que estos
llevaran sus canciones a Coimbra. Esta teoría quizás
es más aplicable al origen "estudiantil" del fado de
Coimbra, pero en mi opinión no tiene mucho que ver con
el fado bohemio lisboeta.
Una de las más reconocidas es que es fruto de la
influencia de las melodias árabes o moras, teoría que
no es seguida por Tinop y otros estudiosos del género,
quien escribió lo siguiente en su História do Fado:
"A
nosso ver, o fado nao promana das lenga-lengas
arábicas, e isto pelos motivos que passamos a expor:
primeiro, porque, nesse caso, o fado, pela sua
diuturna existência, ter-se-ia espalhado por todo o
país, ao passo que só modernissimamente chegou ao
Porto e se canta nas duas Beiras; segundo, porque
devia existir no Algarve -que foi o Ultimo reduto dos
árabes em Portugal-, o que nao acontece; terceiro,
porque o fado devia existir igualmente no Sul da
Espanha -vistoque aí persistiram os árabes até fins do
século XV-, o que também nao acontece; quarto, porque
se deviam encontar citacões a respeito do fado nos
documentos impressos ou manuscritos até ao comeco do
século XIX, e nao consta que alguém as topasse até
hoje." (40-1)
Para algunos puede parecer arrogante mi
discrepancia con Pinto de Carvalho, ya que considero
que el fado lisboeta tiene una tremenda influencia de
la música persa y árabe. La similitud musical y
estilística de la inflexión vocal tiene mucho en común
con el qawwal pakistaní y los cantos maghrevíes, que
sugieren una definida forma de interpretar la canción y
que requieren del cantor un entrenamiento muy
específico, lo que hace para un artista que no sea de
esa tradición muy díficil interpretarlo debidamente,
mas esta exclusividad nacional o de tradición étnica
me hacen pensar en otro aspecto interesante desde el
punto de vista comparativo que es el uso de la lírica
como un elemento importante de expresión. La mayoría
de la música clásica árabe y persa al igual que el
fado se nutre de la poesía más significativa de esas
tradiciones culturales. Existen otros códigos
culturales que interrelacionan ambas tradiciones, el
ya mencionado código paralinguístico, que se explica
en una determinada entonación vocal; códigos
cinéticos, que se refieren a una determinada
gestualidad; códigos proxémicos, relativos a la
recepción, percepción y utilización del espacio, y en
menor grado, códigos icónicos, arquitectónicos y
temporales. Otra idea que puede ayudar a reivindicar
la hipótesis arábiga del origen del fado se
interrelaciona con otra de las teorías de su
surgimiento, y es el de la influencia notable de la
Lírica galaico-portuguesa del siglo XIII debido a que
muchos aseguran que existe una mancomunidad evidente
entre las cantigas y las muwassahas escritas en
dialecto mozárabico, lo que contribuiría a afianzar
ambas teorías: el arabismo y al mismo tiempo el origen
auténticamente portugués de la máxima expresión del
lusitanismo musical. Mascarenhas Barreto concuerda
conmigo en Fado-História de Portugal al afirmar que
"De origem provencal, o Fado sofreu a influência
melodico-poética árabe e, ao longo dos séculos, ganhou
características mais definidas, tornando-se numa
maneira de cantar que exprime, genericamente, um
estado psíquico de nostalgia." (38)
Es indudable la
influencia de estas obras del medioevo portugués tanto
en el Fado lisboeta como en el de Coimbra, Mascarenhas
Barreto nos afirma que la
"'cantiga de amigo' cantada
de mulher para homem, e cantiga de amor", cantada de
homem para mulher; e ainda outra forma de poesía, de
expressao satírica: 'Cantiga de Escárnio ou Mal
Dizer'.(...) Oito séculos passados, o Fado actual
conserva ainda antigas características. O fado dos
Estudantes de Coimbra, como expressao do sentimento
masculino, manteve o mesmo espírito das cantigas de
Amor. No fado de Lisboa, parece predominar a forma das
Cantigas de amigo, expressao feminina, em que a mulher
manifesta o seu sentir."(43)
La aseveración de Barreto
es correcta, pero considero que las Cantigas de amigo
fueron textos escritos por hombres expresados en voz
femenina, sin duda alguna para reflejar un
sentimiento masculino, y aquí es donde radica su
misoginia, la cual el fado ha compartido desde sus
inicios. Los más grandes interpretes del fado han sido
mujeres, pero casi siempre han cantado poesía de
hombres. Esta es quizás la semejanza mayor entre las
cantigas y el fado lisboeta. Las cantigas de amigo
comparten a su vez otros aspectos en común con el fado
y uno de ellos es la teatralidad y la urgencia de una
representación histriónica. Otro es la presencia de la
coita d'amor, concepto de amor cultivado como fuente
primigenia del sufrimiento y que es esencial en las
cantigas y un elemento fundamental en el fado
lisboeta. La coita d'amor es según Jensen el
"lover's laments over an unrequited love that form the
essence of most cantigas(...) The mere sight of the
lady is sufficient to make emotions of coita swell up
in the poet, his eyes becoming the instruments of his
destruction (...) This insistence on suffering is
often attributed to a particular penchant in the
portuguese mental character for feelings of sadness
and resignation, a national brand of unhappiness known
as saudade." (xxx-xxxi)
lo que Jensen expresa y yo
confirmo es la definitiva influencia de las cantigas
en la formación de la poesía tradicional y erudita que
empapará al fado hasta nuestros días. No podemos negar
a su vez la esencia del fado como factor emblemático
de la cultura lusófona contemporánea y heredero de la
tradición lírica de esa nación, el cual posee esa
voluntad de partida y encuentro que comienza en la
lírica medieval, cuyo nomadismo vívido y prosódico
es mezcla de conocimiento científico y de
embelesamiento con la naturaleza -o el espacio
determinado a urgencia del espíritu- y que reafirma
ese privilegio que sólo encontramos en la poesía
escrita en portugués.
La originalidad de la poesía portuguesa y por ende
toda la poesía fadista se sitúa al nivel de la
confluencia de sus más significativas fuentes líricas:
la tradición juglaresca y la renancentista, ambas con
una sensibilidad e intuición poéticas de extrema
agudeza. La poesía portuguesa contemporánea, apurada
y enriquecida en su convivir con corrientes
parnasianas, simbolistas, impresionistas, casi
adivinadas por medio de la musicalidad, por las
virtudes hipnóticas, verlanianas del sonido, es una
poesía lenta, meticulosa, laboriosamente construída,
de una existencia de permanente perfeccionamiento, que
no se encierra en sí misma, que parece prolongarse más
allá de nuestro propio entendimiento. Cuando hablo de
poesía y fado hablo de artes que reclaman los más
delicados matices, los talentos más sutiles y audaces
de la invención. La poesía del fado, posee una riqueza
exuberante, que documenta no sólo la psicología de
ciertos estratos de la sociedad a lo largo de un siglo
y medio, sino que expresa sus sentimientos y sus
deseos. Es poesía en la que se expresa toda una forma
de vida, toda una filosofía de amor y desamor.
Eduardo Sucena, en Lisboa, o fado e os fadistas
realiza una extensa y excelente catalogación de los
más importantes exponentes de la poesía fadista
lisboeta y destaca el carácter definitoriamente
literario del género cuando se refiere a fadistas que
dejan de improvisar para dedicarse a escribir textos
cuyo valor literario se puede apreciar aún en nuestros
días. Es sobre todo una poesía de raigambre popular
que se alimenta de datos etnológicos y descubre
categorías metafóricas que aún poetas mayores
desearían escribir. Como vemos, a diferencia de otros
géneros musicales de carácter urbano la literatura ha
estado íntimamente unida con el estilo. El fado desde
muy temprano se ha dedicado a difundir, exponer y
enaltecer la lírica de su lengua. António Osorio, nos
dice algo al respecto en A Mitologia fadista
"As
relacoes entre as letras e o fado tornam-se estreitas.
A literatura influencia o fado, o fado introduz-se na
literatura"(54).
Amália Rodrigues, la gran y
controvertida fadista, es quizás la figura más
importante en el desarrollo del fado como estilo
propulsor de la poesía portuguesa. En 1945 incluyó en
uno de sus discos el poema de Guerra Junqueiro As
penas y a partir de ese momento no dejó de cantar la
poesía erudita con preferencia en Pedro Homem de Mello
de quien cantó: Povo que lavas no rio, Fria claridade,
Cuide que tinha morrido y O rapaz da camisola verde
entre muchos otras. Otros poetas que contribuyeron a
la intelectualización del fado fueron Vasco de Lima
Couto, quien escribió Andorinha, Meu nome Sabe-me a
Areia y Disse-te Adeus, e morri también popularizados
en la voz de Amália. Existe una relación muy íntima
entre fado y poetas mayores que ha incluído a voces
como alexandre O'Neill, Luis de Macedo o Alvaro Duarte
Simoes y que hace sempiterna esta unión. Incluso
muchos fados han recogido textos de las Cantigas de
amigo, como es el caso de Sedi-m' eu na ermida de san
Simion, del juglar Mendinho, inmortalizado en la voz
mágica de Amália, y de la gran voz de la lírica
portuguesa: Luis Vaz de Camoes ("Com que voz?", "Dura
memoria", "Erros meus", "Lianor", "Perdigao", entre
otros).
Sin lugar a dudas, han sido los poetas quienes más
han sentido la urgencia poética del fado, entre ellos
José Regio -quien se inspiró en la canción de Lisboa
al escribir los poemas de su libro Fado en 1941, la
máxima voz de la poesía contemporánea portuguesa y
universal Fernando Pessoa, Mário de Sá-Carneiro, que
en sus Poemas Juvenis (1903-1908) se nutre de la
poesía popular directa y abierta, Florbela Espanca y
sobre todo ese olvidado gran poeta que fue António
Botto, quien en sus libros Cancoes (1921) y
Baionetas da morte (1936) adaptó no sólo los temas
del fado sino que atrapó el movimiento interior de la
cantiga lisboeta, haciendo su poesía más rica en
metáforas, emociones y amplitud humana.
El espíritu del fado también se halla en la
intensidad de las vidas exuberantemente patéticas y
maravillosas de sus poetas. Sá-Carneiro, Pessoa,
Florbela y Botto son poetas que sólo podrían existir
en una ciudad que canta fado, poetas de una
sensibilidad frágil, única y mágica. Tanto su poesía
como sus vidas han sido de una influencia vital en el
espíritu intelectual del género. La poesía para ellos
constituyó un vehículo de transmutación, aquello que
hace de la materia energía pronta a crecer, a
liberarse, a expandirse.
Hemos mencionado a Florbela Espanca en este panorama
permeado de masculinidad y es exótica su mención
dentro del contexto musical y poético lusitano, la
presencia masculina ha dominado las letras y el fado
literario desde siempre, no por falta de talento y
creatividad femenina, sino por la misoginia que ha
caracterizado a la literatura y por consiguiente a la
canción tradicional lisboeta, consecuentemente
heredera de las cantigas de amigo medievales. Con la
rara excepción de Natalia dos Anjos, Maria
Alexandrina, María José Runa y otras pocas, la
participación de la mujer en el fado ha sido relegada
a su calidad de intérprete de canciones y poemas
escritos por hombres. La lírica incomparable de
Florbela, Natalia Correia, Fernanda Botelho e Irene
Lisboa ha estado ausente de la canción lisboeta.
Si Amália Rodrigues fue la precursora de la cruzada
poética de los años cuarenta con su cantar de Camoes
y Junqueiro, Mísia es hoy la que iza la bandera del
nuevo fado. Con su disco Garras dos sentidos, la
fadista intelectual como muchos le llaman ha
recopilado una serie de poemas escritos por mujeres y
por poetas como Botto y Sá-carneiro hasta ahora
excluídos del fado -aparentemente- por su orientación
sexual. Mísia ha sabido, junto a Dulce Pontes, Camane,
Paulo Braganca, Cristina Branco, Mariza, Madredeus y
Bévinda, atrapar el sentido universal de la poesía
portuguesa e incorporarlo a la más auténtica expresión
del sentir y pensar de esa nación única en su lirismo
y en su música. Ella incorpora en este festival de
prosistas que escriben poemas y poetas que sueñan
versos a José Saramago, quien además de encantar,
adquiere y otorga la fascinadora, matizada,
delicadísima espiritualidad lusitana que exalta el
carácter fatalista y que agita su espíritu y canta el
genio de su magia. Mísia ha resumido en su disco y su
directo, que ha encandilado a los públicos de
Barcelona, Madrid, New York, Paris, Sao
Paulo, Helsinki, Seúl y Tokio, todo el espíritu y el
hondo goce de sentir, el reflejar esa palpitación
exquisita, esa ansia viva, angustiosa, de dolor y de
belleza. La vida, el fado, la poesía, como el ensueño
del amor siempre trágico, desgarrador y hechizado.
Ya lo hemos dicho muchas veces, El Fado tiene esa
hipnótica fuerza entre los públicos no portugueses que
muchos no logran entender, principalmente los
lisboetas. El fado tiene ese misterioso encanto que
deja en el espíritu una huella inolvidable. La
conmoción que año tras año causa la ensemble de fado
new age Madredeus en sus visitas a México, Estados
Unidos y Canada.
Hemos hablado del fado y de su poesía, de sus
influencias y su pasado, pero ¿adónde va esta tradición?
¿Qué futuro le espera en el contexto de la literatura
y la creación musical actual? Quizás el mismo misterio
que lo ha cubierto durante más de un siglo, siga
siendo su sino.
Hay un tesoro de los pueblos, verdadera catedral
invisible y presente en todas las formas de la vida:
Mitos y leyendas, poesía popular, música, estilo de
ser, condiciones sociales, bailes, canciones, actitud
ante el destino humano, el misterio y la muerte,
tesoro forjado por todos, hasta promover un mundo
riquísimo y anónimo. En este mundo se origina lo más
culto. Y lo más culto vuelve a ese mundo: el genio
innegable de un pueblo, de una tradición. El fado como
género literario es esa tradición misma que no es
culta y no es popular, va mucho más allá de esas
categorías, es parte única de esa catedral oculta que
hace la historia y la cultura de una nación.
El fado se teje con la misma materia de los días,
los segundos y los siglos de Portugal. Su secreta
sustancia forma lodos con el trajín de nuestros
zapatos. La mano está en el árbol derribado que
aprieta trozos de roca. Cuántas mañanas me he sentido
muy lejos de tierra firme y he gozado, con nostalgia
de náufrago, los remotos litorales que están al
alcance de mi mano. Y es que el fado nos aventaja
dolorosamente, ínfinitamente. Se experimenta, aun sin
conocerlo, su turbadora presencia en el espacio. Se le
adivina por el fervor que enciende. Por la imantación
que en le aire engendra la imagen que evoca.
Después de leer este ensayo, algunos dirán que mi
punto de vista es el de un poeta y no el de un
crítico. No requiere explicaciones ni defensa
comentario semejante. Los críticos son para criticar:
ése es su oficio. Y de sobra sabemos adónde les
conduce tal presunción. Además, la crítica de los
poetas no me defrauda; es una pasión compleja y no una
compensación de la incapacidad de crear.
No se adónde irán la poesía y el fado. Apenas
lleno de inseguridades que se afirman ante mí,
comprendo, a mi modo, hacia dónde aspira.
El fado como la poesía toda no se puede explicar.
Pero, de todas estas dudas nace una certeza que me
basta: El fado, como la poesía misma, es la única prueba
real de nuestra existencia.
Texto, Copyright © 2003 Raúl Romero
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