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Extremoduro y Sociedad: la música aportando palabras al sentido de nuestra existencia (II).

por Ana M. González Ramos


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Capítulo 3: CANCIONES DE AMOR que suministran dosis de heroína


El amor siempre ha sido uno de los asuntos más tratados por poetas y trovadores, incluso si su intención era hablar de política como es el caso de los trovadores o incluso cuando la intención es mostrarse "duros" como en los grupos heavy-metal. También Extremoduro hace alarde de un romanticismo que, en mi opinión, no es tal. Pero empecemos por la idea más simple que suele ser por regla general, la que puede exponerse a través de la magnitud de cantidad, para luego poder ir desbrozando el terreno hasta acceder al sentido más complejo.

La palabra amor es raramente utilizada por el grupo a pesar de su intención de reflejar historias amorosas. Como veremos, ello es debido al sentido que se le da a este concepto en términos generales. Sólo se la menciona en quince ocasiones y están relacionadas con las siguientes ideas.

1. Un amor que se ha ido, que es imaginado y hiere de algún modo. Es decir el amor tiene un paralelo en la idea de desesperanza (7 veces). El amor se espera, se recuerda, se despierta en forma de india tras tomar un ácido, es una flor desgarrada e incluso, en Todos me dicen del disco Agila, el autor dice: "pergeño una historia de amor... es angustia existencial". Destaca la canción Amor castuo donde se mezcla esta desesperanza con la evocación de una figura que permite la masturbación. Sobre la masturbación como centro de la actividad individual hablaremos más adelante.

2. Se trata de una necesidad sexual (3 veces). Las drogas y el amor son una necesidad vital para los artistas, se huele el amor resudado, se invoca en fantasías sexuales, como ya se dijo en el caso de la canción Amor castuo, o se relata en clave humor: debido a las vueltas que se dan en el amor, se mueve el Amonal provocando una explosión, sexual claro pero también del coche bomba.

3. Finalmente, y aunque parezca extraño, se utiliza repetidamente, en dos de sus canciones donde se habla del amor en un sentido humanista. La primera de ellas es Ama, ama, ama y ensancha el alma que fue incluida, a su vez, en dos discos diferentes Deltoyá y en Iros a tomar por el culo. La segunda, se incluye en ¿Dónde están mis amigos?, aquí se afirma que su bandera es de todos los colores y de amor.
También en este apartado tendría que incluirse la mención al amor que se hace en la canción Villancico del Rey de Extremadura donde se menciona hasta tres ocasiones la palabra amor en clave de sorna, pero se le menciona únicamente porque se versiona el famoso Noche de Paz.

Puede argumentarse que no sólo se evoca al amor cuando se le nombra. Como es cierto, propongo la siguiente comparación, la oposición del número de veces que se alude al corazón y a la cabeza, ejemplificando con cada uno de estos dos conceptos el mundo de los sentidos y el de los sentimientos frente al de la razón; de esta manera, estaríamos dando lugar a la comprensión de una metonimia donde el ser humano fuera sustituido por su corazón o por su mente, dilucidando a través de este método, también, cuál es la imagen que el grupo tiene del hombre. Este es el resultado:


Las menciones que se hace de la "cabeza" suelen ser de tipo instrumental, puesto que: la cabeza duele, uno se puede poner cabeza abajo o puede a uno faltarle... Sin embargo, el corazón suele utilizarse como sustituto de la persona, del ser humano que protagoniza cada historia. Así, por ejemplo, es de su corazón y no de su cabeza o de su mente, del lugar de donde proceden los animales que se imagina o de donde surgen distintos elementos que son sus propias, y distintas, personalidades (en Cabezaabajo o en Agila).

De aquí procede el siguiente análisis sobre quién es el personaje que se perfila tras las letras de las canciones de Extremoduro, el corazón sería:

- Mitad de coca y de caballo.
- Acorazado como un callo.
- Perdido un mes de mayo en un bar donde se moja, con luces rojas.
- Perdido.
- Como una lata de cerveza.
- Corazón helado.
- Embalsamado como un cebo.

Y también se puede que decir que de él, el corazón, se puede hacer usos diferentes, todos ellos marcados por la relación dialéctica que , en todo momento, el sujeto mantiene interiormente consigo mismo:

- Royendo.
- Comiendo.
- Chup, chup, es decir ser chupado.

Lo cual nos ofrece una imagen bastante vampiresca del personaje, del todo concordante con el estilo de vida preconizado por los modelos de sus canciones, puesto que la noche es su momento de expansión y vida, con este carácter a su servicio, uno se puede permitir vivir del resto de la sociedad mientras se pueda, al mismo tiempo que, se facilita la asociación con la idea de marginalidad, necesaria para completar la imagen del personaje que se configura como protagonista de sus historias. También es f ácil evocar con ésta, la idea del yonki como el vampiro de la vida contemporánea (The Addiction, 1995, Abel Ferrara). Otra lectura de esta imagen, nos viene de la mano de la historia contada en Romperás, donde el amor imposible, incomprensible: "tu cabeza, que tristeza, cómo quieres que sepa cuando te hace falta más" es una luz que destruye "me abrirás con tu luz, duermo todas las noches dentro de un baúl" porque su vida es sobre todo nocturna, porque se vive de espaldas a la vida del trabajo y de las responsabilidades, casi siempre ligados a la vida diurna, y porque con ello, se habla de la muerte, metáfora de la vida que transcurre en el constante alucinamiento de las drogas y, finalmente, porque los ataúdes suelen ser nichos para una sola persona, con lo cual se refuerza la idea de soledad y aislamiento. Entonces, el único final posible, es el abandono "y te irás y esta vez romperé mis poemas, quizás pensaré".

El amor no es desde luego, esa idea elevada que prevalece en otros contextos como filosofía suprema de la Humanidad. Otros elementos lo superan con facilidad, por ejemplo, en El duende del parque se promulga "a codo con la sinrazón voy navegando, que a codazos con mi corazón voy dando tumbos, que encuentro un poco de calor, hoy no me derrumbo, que una chica me sonríe demasiado para mí. No arranco flores para ti ¿qué culpa tiene este jardín? Si a ti te va coleccionar bellezas de origen natural". Las flores del campo además, tienen una simbología especial, son la representación de la libertad y a veces, uno mismo se personaliza en ellas mismas. "Necesitan estar a su aire", se explica más abajo, "sembradas en el campo como a ellas les gusta estar".

A pesar de lo dicho hasta ahora, cada vez que aparece un interlocutor convertido en persona, éste es una mujer. A veces, más que con ella, se dialoga interiormente y en silencio con ellas, poniendo en claro sus sentimientos, mostrando las dificultades de entendimiento que se derivan de cualquier relación amorosa. Es el discurso del ebrio, que se dice a sí mismo, sin pronunciar verbalmente una sola palabra; sólo existen pensamientos tristes, desamores o reproches a esa mujer que, o bien es una posible pareja o, simplemente, la amante de una noche. El personaje recreado por Extremoduro necesita de la mujer pero no por sus cualidades de compañera o amiga sino por las exigencias físicas y puramente biológicas; ni siquiera se las necesita para seguir los sinsabores del día a día "...y yo me quedo en casa, no necesito tenerte cerca cuando vomito".

En esta última canción, parece que el problema se sitúa en la confianza del que sabe que nadie podría aguantarlo con ese mono. Quizá surja como reacción a la necesidad de hacerse fuerte uno mismo, de la necesidad de tenerse únicamente uno a sí mismo y de imponerse una coraza de defensa, pues siempre se considera uno el único perdedor, ese sentimiento derivado del inmenso egocentrismo, tan habitual para los individuos que nos sentimos centros de todo el Universo. Y, ésta es, precisamente, la circunstancia que posibilita el acercamiento hacia el protagonista, que genera la debilidad que sentimos por el protagonista. Incluso se hace especial para nosotras las mujeres que a menudo nos imponemos la obligación de cuidar a los débiles, esa falsa fortaleza nos permite sentirnos muy próximas al personaje, ya sea para protegerlo o para reconocernos en él, pues ¿quién está tan sobrado de sí mismo que se considera infalible siempre, y no se reconoce en el innato perdedor de todas las causas?. Todos apetecemos de acercarnos a esa persona para quererlo o por que le comprendemos hasta el final, y ahí es donde, justamente, surge la identificación. Es la viva imagen del duro Humphrey Bogart hecha carne y redivida.


Si volvemos a la canción Romperás podemos completar el sentido de esas historias de amor pertrechadas en sus canciones, éstas siempre están abocadas a la desilusión y al desamor: "tu mirada, qué chorrada, cómo quieres que cuente estrellas, si hace tiempo me lo invento. Soy el amo del firmamento metido en mi disfraz de hombre normal". De alguna manera, parece querer decirnos que toda historia de amor nos hace ponernos un disfraz, contrario a nuestra naturaleza salvaje, el amor será pues una de esas excusas empleadas por el hombre para volver inevitablemente a jugar el juego de la sociedad y por tanto, a integrar esos roles que se le habían asignados por derecho y por gracia de la socialización y normativización odiada. Por eso mismo, ese papel nos hará, finalmente, sentir desgraciados y decepcionados de nosotros mismos. Entonces, aún necesitando a veces de las mujeres, es mejor no hacer uso de ellas porque nos llevan a situaciones que contrarían la naturaleza de hombre o, de otra parte, a un sentimiento de dolor tan agudo, causado por el abandono, que si uno no se cubre las espaldas y defiende de las expectativas de la mujer, cuya naturaleza parece estar más en consonancia con las funciones sociales, puede caer.

Para que no se me acuse de juzgar a la ligera estos hechos, expondré más ejemplos que confirman esta secuencia de acontecimientos. En Adiós abanico, que llegó el aire se muestra con especial clarividencia la autopercepción del hombre que, tras la desilusión de su pareja, reconstruye su personalidad de esta manera: "despistado, descosido, estoy cansado, no he dormido y cada día me gusta un poco más. A tu lado he aprendido -¿y qué ha pasado? - que me he perdido y cada día me gusta un poco más". Y el protagonista se refugia en su escondite preferido, las drogas, que a veces se convierte en mujer y viceversa. Si no me creen, vuelvan a leer este pasaje pensando en la heroína y en vez de en una fémina y verán que la lectura es comprensible totalmente.

La tensión entre la vida en libertad, que impone la necesidad de no tener obligaciones con una mujer, y la necesidad biológica de mantener relaciones sexuales con ellas, queda patente en Desidia donde se dice: "desde que tú no me quieres todo se me viene abajo, quiero comer donde me entre el hambre quiero dormir donde me entre sueño, huyes de mí como un enjambre, y harto estoy de follarte en sueños". Y aquí como cada vez que se menciona a la mujer de una forma positiva, se la identifica con un hada, pero sólo para añadir que ella forma parte de otra pareja y que su amor es fruto de una infidelidad, al fin, nuestro protagonista le pide "deja ya de joderme con tus historias, solo quiero sulfatarte a todas horas, quiero comer donde me entre hambre, quiero dormir donde me entre sueño".

Como decía antes, no queda muy claro porqué la relación con las mujeres es tan difícil, puede ser por los obstáculos de la comunicación, por los conflictos surgidos de los intereses contrapuestos entre ellos y ellas o por su propia personalidad. También al inicio de Romperás se habla de todo ello con una nota de esperanza pero, como siempre, tintada de una profunda tristeza. Según ella: "romperás con tu voz, mil silencios que habitan mi corazón" que le permitirán "olvidar de un tirón todo el tiempo que paso esperando tu amor, cambiaré de color, voy a pintar de verde la luna y el sol, y al final ¿quién soy yo?". De nuevo la reflexión en torno a la pérdida del sentido y la propia personalidad, ahora acompañado por un manifiesto de buenas intenciones: "a ver si me lo aprendo y me sale mejor", ¿la relación? ¿Su yo sin contradicciones, del que hablaremos después? Ciertamente, la etapa de enamoramiento suele ser una fase de luz y de apertura pero sin remedio, al finalizar ésta, se vuelve uno a su rincón y a ponerse la coraza de frialdad, uno vuelve a convivir con la única compañera posible, la soledad (Amor castuo) que a veces se convierte en una ruina o en la luna.


Y, como si fuera un remedio contra la desesperación, se acude a la objetivización de la mujer y a dotarla de los peores atributos: "cada vez que la miro se me encoge el alma, cada vez que te miro te como el higo, cada vez que la miro me como el tarro, y cada vez que la miro me tiro al barro", con las rimas más fútiles y peor sonantes, se emplea las vulgaridades más burdas cual si fueran un talismán que hace alejar los males del amor. Varias veces se menciona de alguna forma, la siguiente fórmula como apropiada en relación a las mujeres, "te miro, te tiro y me piro sin más".

Como elemento seductor, la mujer se fusiona con la droga mezclándose e indiferenciándose en la mayoría de las ocasiones, entre las letras de sus canciones. La misma relación de amor-desamor se da con las mujeres que con las sustancias adictivas, a las cuales, como ocurre con la mujer, se acude por necesidad, para sobrevivir. Pero es obligatorio alejarse de ellas para poder ser un ser humano normal, claro que para la banda ¿cuándo se es "normal"?: cuando está drogado, o cuando forma parte de la vorágine de la sociedad. ¿Ocurre del mismo modo que antes ocurría cuando se tenía una pareja? ¿qué significa la normalidad para los Extremoduro? La respuesta es ambigua, quedará, como casi siempre, entre las fauces de las metáforas que dan lugar a la poesía y que cada lector-oyente interpretará como mejor entienda o prefiera.

Pero antes de adentrarnos en ese terreno pantanoso de la identidad y de la construcción del yo, trataré de demostrar la tesis relativa a la identificación entre mujer y droga. En esta estrofa de Salir la imagen ofrece una relación biunívoca, que produce la confusión, "no sé si son tus besos o este tripi que me sube, ya no me acuerdo de ná, que todo era de colores", y, por si lector aún quiere decantarse por la identificación con la mujer, el poema sigue así: "-¿Dónde estarán los besos? - se los han quedao las flores" en clara alusión a los efectos de las drogas y, una nota más a favor de esa versión, la heroína se saca de las flores de las "ama-polas".

En otro ejemplo procedente de la canción Con un latido del reloj, la correspondencia se produce en una dirección que va de la mujer a la droga. En esta ocasión, la primera es la protagonista exclusiva de la estrofa pero puede transformarse en esa sustancia psicotrópica que alienta su vida diaria y con quien también mantiene una relación destructiva: "ya sé qué quieres, ya sé qué intentas, tenerme todo el día metido en tu despensa, dime ¿quién eres? ¿qué te atormenta? Te doy todo mi esperma y no sé si te alimenta". Por el dato del esperma es evidente que se refiere a una mujer, eso sí, excesivamente posesiva que quiere mantenerlo bajo su poder, de la que hay que huir porque "no necesito estar tan cerca de ti". Ahora bien, si esa imagen femenina se sustituye por la imagen de la adicción, el mensaje permanece igual de coherente. La relación maldita le aturde hasta encontrarse como dentro de una despensa, no sabe quién es ni lo que quiere de él, se alimentan continuamente el uno al otro, necesita estar alejado de ella, quien quiera que sea, porque le agota y le quema. Un poco más adelante, en la misma canción alguien llama a su puerta y "abro la puerta y soy yo también quien entra".

En Sol de invierno, la dirección de correspondencias es la contraria, se escenifica su relación con las drogas como si fueran una pareja aunque, como tantas reales, desigual, formada por un ratón que cree haberse llevado al pilón a la reina de las aves. Posteriormente el narrador se da cuenta de que "ni ella era la reina de las aves ni yo le puse cara de ratón, ni ella iba volando por el cielo ni me comió el corazón chup, chup. Y su calor es como el sol, poco a poco voy poniéndome moreno, y su calor es como el sol, no te acerques tanto que me quemas los pelos. Sudando para ti, para ti, para titirititirití" simula un escalofrío de vuelta a la consciencia.

Posiblemente, donde la imagen queda más clara es en Su culo es miel "no sé... sin ella no puedo volar", le dice a la chica que parece estar conociendo en ese momento, "me paso el día esperando y sé que cuando sale: hasta las flores se salen, sólo pa ver cuando asoma", todo el mundo sale a ver a esa chica tan guapa, hasta los restos de las drogas en su cerebro, como si fueran unos colegas más, "tu carita de amapola" denota una personifica de la chica con la flor de amapola, a la cual no me parece preciso hacer más alusión, ella, sea quien sea, la droga o la mujer, "sale a verme la cola" ¿la cola de diablo, personaje con quien se identificará en otras canciones, o hay que entender su miembro viril y pensar en ella como una mujer interesado sexualmente por él?


La encarnación de una en otra también se produce en Bribribliblibli (en el más sucio rincón de mi negro corazón) donde para acabar con las pesadillas, nuestro protagonista evoca sus ensueños más amables hasta que al final consigue ese ansiado estado de bienestar que da tanto el sexo como las drogas: "Me coge de la mano y yo me sueño con tu pelo, para estar tan colgado" ¿de amor o de drogas? "Hace falta echarle huevos", por lo que, debido a lo que se dice en ese último verso, me decanto por la segunda interpretación y no por la primera.

También es importante destacar que para la banda, las drogas es un principio vital: "...hashís, caballo y cocaína pal que compre, pues ya lo dijo dios: no sólo de pan vive el hombre". Pero aún más importante, es que a través de ellas se toma conciencia de las injusticias del mundo, ofrece la lucidez de los marginados, por eso la paz se encuentra en ella... "me gusta poder elegir, no me gusta tenerme que callar, si no encuentro drogas por aquí, no me gusta, no me gusta nada este lugar" en El duende del parque. Así, en estos dos versos "me has alterado poniéndote a mi lado, yo que vivía tan feliz en un tejado" pueden interpretarse en dos sentidos:

1.- Esa mujer me ha puesto en otra dimensión, "yo que andaba tan feliz conmigo mismo". Incluso por el elemento del tejado que se utiliza en otras composiciones en este mismo sentido, podría interpretarse "feliz, colgado en las drogas".

2.- Pero también: "las drogas me han dado otra visión, yo que andaba feliz sin darme por enterado de los problemas", en el tejado o en la superficie, en la sociedad, en la vida real.

Es cierto que en otras canciones (Pepe Botika o Emparedado) el tejado se utiliza para designar la libertad o el estado de limbo conseguido con las drogas, lo que nos obligaría a aceptar la primera interpretación. Pero, por otro lado, las contradicciones y el uso de metáforas contrarias, es tan habitual en las composiciones del grupo, que no me parece estar forzando ninguna interpretación.

Un último ejemplo, esta vez procedente de Cabezabajo, canción especialmente rica en ideas y recursos. La historia narrativa cuenta cuál es la relación de dependencia con respecto a las drogas y el efecto que las sustancias estimulantes causan sobre su organismo: "probaré la droga, una de cada y volver fiel a repetir, pa encontrar la que más me degrada y abrazarme a ella hasta morir". No cabe duda de que se dota a las drogas de rasgos típicos de un ser humano y, sobre todo de cualidades propias de una mujer, al menos la de abrazar.


[Siguiente capítulo: LOS DUROS EXTREMOS DE EXTREMODURO, la llamada a la rebeldía, cabalgando sobre la espuma del mar, en el próximo número de Babab (Babab 19)]




Texto, Copyright © 2003 Ana M. González Ramos


 


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Última actualización: marzo 2003

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