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Galicia, tierra distinta.

por Eva Fernández


Galicia siempre ha sido una tierra difícil. Privada de la luz dorada del Mediterráneo que baña dos tercios de la costa española, parece la excepción que confirma la regla de todos los tópicos sobre nuestro país. Los gallegos son gente acostumbrada a luchar contra las adversidades, a arrancarle a pedazos los tesoros a su terruño y a dejarse la vida en el mar. Sí, los gallegos viven mirando al mar y de espaldas a la tierra. Precisamente son esas vidas plagadas de dificultades las que han forjado el carácter de los gallegos. Esas dificultades los han inducido en incontables ocasiones, a lo largo de la historia, a abandonar su tierra y cruzar el océano para encontrar una vida mejor en la otra orilla. Ellos son los responsables de que en muchos países sudamericanos, a los españoles se nos denomine "gallegos".


Foto: © Fernando Ortega, Praia de Nemiña cuberta de fuel tras la segunda marea negra. A tarde anterior fora limpada por voluntarios, http://www.uvigo.es/webs/c04/webc04/prestige/fotos.htm

Y ahora, la codicia humana se ha aliado con la ineptitud de la clase política para llevar la muerte a las costas gallegas. Desde hace más de un mes, A Costa da Morte hace honor a su nombre, y el antaño escenario de tantos naufragios se encuentra ahora cubierto de negra muerte. El fuel transportado en un barco en deficientes condiciones se ha desparramado al naufragar el barco, y su mortífera carga está acabando con la riqueza ecológica y con el futuro de los pescadores de la zona.

Ante estos hechos, inevitablemente una se pregunta si se ha podido hacer algo por evitarlo. Y la respuesta que yo me doy a mí misma es que sí, siempre se puede hacer algo por evitar este tipo de sucesos, al igual que el naufragio del Erika, al igual que el desastre de las minas de Aznalcóllar. Empezando porque esos pro-hombres que nos gobiernan asuman de una vez sus responsabilidades con el medio ambiente, y se den cuenta de que este tipo de catástrofes no redundan únicamente en perjuicio del ecosistema, sino también anulan la supervivencia de miles de familias que viven de él. Empezando porque ese barco jamás debió salir de su puerto de origen, en tan pésimas condiciones, empujado únicamente por el afán de ahorrar dinero utilizando un petrolero que no estaba en condiciones de transportar fuel. Empezando porque, una vez solicitado auxilio por sus tripulantes, a ese barco debería habérsele retenido en el puerto y prohibido su circulación. Empezando porque, una vez desalojada la tripulación, no se debería haber dejado el barco a la deriva, sino que debería haberse vaciado su carga antes. Y terminando porque, después de ver las imágenes en televisión, a nuestros "responsables" gobernantes debería caérseles la cara de vergüenza ante el aluvión de voluntarios que no pueden ayudar a limpiar las playas por falta de material.

Foto: © Enrique de la Montaña. Alca petroleada. http://www.uvigo.es/webs/c04/webc04/prestige/fotos.htm

Y mientras tanto, la marea negra ha dejado también una marea solidaria. Miles de personas anónimas han renunciado a sus fines de semana para realizar viajes de muchas horas para limpiar las costas gallegas. Los pescadores han sustituido los aparejos de pesca por bombas succionadoras en los mejores casos; en los peores son sus propias manos las que se afanan en eliminar la muerte negra y aceitosa del mar. En las playas, los voluntarios también utilizan sus propias manos para arrancar literalmente de las rocas la peste del "chapapote", sin desalentarse al observar que las olas lo devuelven de nuevo a la playa, como en un macabro "ojo por ojo" del mar ante los hombres. Y ante este espectáculo, el Gobierno se limita a anunciar que "está todo controlado".

¿Cuántos desastres de este tipo harán falta todavía para que asumamos que el planeta es de todos, y no es sólo un tópico?. Probablemente muchos. Lo único positivo que podemos extraer es la solidaridad de todo un país con un pueblo que no se merece este infortunio. Porque ahora, más que nunca, Galicia sigue siendo un pueblo de valientes.

 

Texto, Copyright © 2002 Eva Fernández. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: miércoles, 1 de enero de 2003

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