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Extremoduro y Sociedad: la música aportando palabras al sentido de nuestra existencia (I).

por Ana M. González Ramos1


PARTE I. PREFACIO

Capítulo 1: Posibles tensiones mantenidas con el objeto de estudio:
la banda y yo.

Me ocurrió que en su momento no me gustaban. Me parecían un nuevo fenómeno social creado por la mercadotecnia, sus letras y estilo musical me resultaban anodinos. Me enfurecían incluso, no entendía cómo podían ser tan idolatrados por algunos de mis mejores amigos.

Así que, la primera pregunta no surgió de un interés específico por conocerles, sino por la curiosidad generada por el hecho, incomprensible para mí, de que personas provenientes de "realidades" distintas, al menos, aparentemente impermeables entre sí, tuvieran en común su pasión por este grupo musical. ¿Cómo era posible que "niños bien" con jersey de cuello redondo y camisa debajo, eso sí, todo vestido con colores oscuros, se sintieran tan atrapados por sus ritmos frenéticos como los portadores de chupa de cuero, rockeros, macarras, punkis, insumisos, drogatas, encarcelados...? ¡Y no todos, necesariamente, tenían que comprender al resto de las tribus o ser partícipe de sus vicios y virtudes!.

En fin, yo me extrañaba de que una fauna tan variada estuviera seducida por una banda que a mí nada me decía. Para mí, el hecho de que gustara a tan dispares caracteres y tribus tan diferentes, confirmaba mi hipótesis: si servía tanto para unos como para otros, en realidad no podía ser más que un envoltorio bien apretado con metáforas simples pero resultonas, sin nada en el centro, hueco en su interior ¿qué grupo iba a poder calar en unos fans tan variopintos?

Pero, como afortunadamente todo cambia... No sé si a mejor o a peor, aunque me suelo situar entre quienes consideran cualquier ocasión que la vida nos proporciona bajo el efecto panta rei, en general como positivo, a pesar incluso de que las apariencias inmediatas parezcan indicar lo contrario. Así es que, digo, finalmente, se produjo en mí la regerenación de las cosas viejas, ley de vida se dice, y el resultado fue un tanto inesperado.

Yo no diría que ahora me guste el grupo, más bien, que a veces, para sentirme viva, tengo que una necesidad imperiosa de escuchar ese tipo de sonidos que grupos como ellos producen, y, por tanto, por definirlo de alguna manera, he llegado a entender su lenguaje, he descubierto el significado de su mensaje y creo haberme integrado entre esa marea de públicos que les admiran, más o menos intensamente. ¡Ví la luz!. Pero no por otra razón sino, precisamente, por el regusto que me dejaron tras poder entrever lo que verdaderamente reflejan para todo esos jóvenes. Esa es la razón por la que ahora me fascinan, exactamente por las mismas cosas que antes no entendía de ellos, por eso mi admiración, porque preguntándome por su importancia para los otros, he conseguido entender otro buen trozo de esta sociedad en la que vivimos. Y, por este motivo, mi mente se ha valido de argumentos para redimir a la banda, a pesar de seguir siendo la misma cosa que antes aborrecía.

Todo ocurrió por causa de aquellos que estaban tan cerca de mí y eran tan entusiastas precisamente de este grupo, de sus canciones, de su música incluso, muy a mi pesar. Ellos me aturdían con sus músicas y con los ruidos explosivos de sus canciones, murmuraban sus letras como si fueran lemas de sus vidas, convencidos de su verdad. ¿Por qué razón?. Casi sin terminar de haberme hecho la pregunta, ella misma me devolvió con un eco, un avance de su respuesta: proporcionaba elementos de identificación precisos que se convertían para los oyentes, en sentidos compresivos de sus propias vidas. Por eso, esos rockeros que en algún caso no tenían nada que ver con su audiencia, se volvían sus ídolos, representaciones de una época desalmada que no proporciona ningún sentido para nadie, al menos, si nos referimos a esos "grandes-principios" que en otras épocas, fueron límites y armas de rebelión para la juventud.

El descubrimiento no fue inmediato, sólo después de mucho tiempo y horas de rodaje (un amigo me corregiría esa palabra "rodaje" por la de inmersión en la vorágine sudorosa de una sala de baile cutre, cabezazos acompasados, mi dolor de cuello un rato después, saltos arrítmicos...) entre sus melodías fui consciente de lo que presentó, como causa principal de su secreto, sus elementos de enganche. No por ser una respuesta fácil, funciona de una manera simple; todo lo contrario, más bien, se produce gracias a la conjunción precisa de varios elementos complejos. Quizá por todo ello, les he cogido tanto cariño ahora que casi nadie les aprecia. Ana-lizándolos, aprendí algo más de la sociedad contemporánea y debido a que ese es el propósito central de mi vida (aunque os parezca aburrido, puedo asegurar que no lo es y, de todos modos, ya que cada uno elige sus vicios, dejadme a mí con ése mío) pues por eso, le dedico este trabajo a sus dos responsables máximos, mis dos amigos Eduardo y Alfredo (esos que me torturaban con Extremoduro cuando no me gustaban).

No me gustaría terminar este prefacio sin comentar un par de cosas importantes. La primera de ellas está relacionada con la objetividad, me considero todo lo libre que se puede estar de valores que pudiera causar sesgos debido, precisamente, a mi inicial desamor y aprecio posterior. De la historia vital de la banda y sus integrantes nunca he sabido nada, así que no puedo estar influenciada por otros canales de información, al interpretar sus letras en relación a su formación, personalidad, historia vital o circunstancias particulares. Así que nadie espere que, en este trabajo haya una referencia explícita al contexto de sus vidas al generar su obra, no es ese mi objetivo.

Para ser sincera, la única información que poseo en mi recuerdo sobre el grupo, es un artículo de periódico (El País, para ser más exacta) que leí hace demasiado tiempo, durante el final de la que fue la etapa más productiva de la banda. Su vocalista afirmaba que a pesar de los rumores no eran una banda de heroinómanos. Cuando argumente a favor de su discurso pro-legalización y de consumido de drogas no será, pues, a causa de estas declaraciones sino sustentándome en el análisis de contenido realizado a las letras de sus canciones.

Mi único propósito es descubrir el sentido profundo de su obra mediante sus letras y sus ritmos, no enjuiciar sus vidas o motivaciones. Sobre todo, lo que me importa es poner de relieve características precisas de esta sociedad, la que ellos reflejan y simbolizan pero porque afectan a los jóvenes de hoy. Cuando les achaque propiedades o principios, no irán dirigidas a sus personas físicas sino al conjunto de sus fans. Sus aciertos y desaciertos serán un calificativo que todos nosotros podemos aplicarnos (yo rayo ya la adultez pero pertenezco incluso por ser una generación más joven que ellos, a la juventud. Además, no se me criticará esta debilidad precisamente en esta sociedad, donde se alarga el periodo de juventud hasta el máximo y se la idolatriza como si fuera el único periodo de vida que poseyéramos).

El segundo comentario es de otro estilo, de carácter teórico. Plantea la habitual cuestión, dentro de la sociología, de plasmar o llegar a una explicación comprensiva del todo a partir de lo individual. ¿Puede afirmarse sin lugar a dudas que con solo estudiar las letras de un grupo musical podemos generalizar sus razones a la sociedad global? ¿Es fruto de las tendencias societales, las características que se plasman en fenómenos particulares de la sociedad como pueden ser la idiosincrasia de una banda de música? Si esto es cierto, quedaría confirmada la hipótesis de que existe un paralelismo muy fuerte, entre esta banda y otra más actual, "Estopa", puesto que la producción artística de esta última tiene un ritmo y una temática tan cercanas a la otra banda, su declaración de principios es tan similar que, a pesar de no ser considerados los unos deudores de los otros, podemos decir que responden a las mismas vertientes explicativas de la sociedad contemporánea y de las necesidades de la juventud española.

Para reforzar esta idea se puede argumentar que, el calado de un "fenómeno musical" se debe tanto a los actores-activos como a la audiencia-pasiva que, sin embargo, los re-construye con su experiencia y dota de importancia y sentido concretos a la creatividad de los primeros agentes (sobre esta tesis puede leerse más y mejor en la introducción de Rayuela del argentino Julio Cortázar, quien le impuso el controvertido nombre de lector-hembra y lector macho). Así, la emoción que dió lugar al grupo musical extremeño sigue hasta hoy tan vigente y, la población juvenil que les escuchaba, sigue teniendo esa misma sed de respuestas, de modo que éstos precisan de esos mismos mensajes que planteaban Extremoduro a una generación anterior y, esas dos bandas tienen los mismos componentes que impulsaban la aprobación de su público, a pesar de que las condiciones objetivas de esos grupos etarios hayan podido sufrir alguna modificación.


Extremoduro


PARTE: II. LAS MELODÍAS TEMÁTICAS

Capítulo 2. LA COMUNICACIÓN IMPOSIBLE: las flores del campo, el aroma que lo trae el viento y, por supuesto, el público que lo huele.

Empecemos por un extremo, aunque ni siquiera sea del principio ni del final, por uno de sus discos, el que se titula Deltoyá y por la canción del mismo nombre Deltoyá. Sintagma significativo que se repetirá mántricamente durante el estribillo, hasta acabar en un sincopado sin-sentido necesario, despojado de todo sentido, del que necesita el que lo escucha para comprender su significado. Está compuesto por un apócope que, como no podría ser de otra forma, la banda deconstruye "al revés", uyo resultado es una deformación de la expresión "estar puesto ya del todo" y también "estar acabado del todo ya". Convertir el "deltoyá" inicial en cualquiera de esas frases ya es un esfuerzo que puede servir como entrada al club privado, sólo para los iniciados, que conforman todos los seguidores y la banda misma.

Pero parece que el grupo quiere conseguir algo más, alejarse de su audiencia o alejarlos para seguir solos. Para ello, descontextualizar sus necesidades grupales en pro de la marginalidad, Extremoduro suele utilizar un lenguaje barriobajero, procedente del tipo de vida con la quiere identificarse, y que puede ser otra forma más de conseguir una adhesión más fuerte de su público específico, pero en esta ocasión, se deforma hasta tal extremo, al emplear una mala pronunciación, que parece querer decir: "ni siquiera tú puedes entenderme". Esta singularidad que acabamos de explicar es un ejercicio habitual en las letras de sus canciones y en el sentido proporcionado por cada una de sus composiciones.

Ejemplos del primer proceso enunciado, es decir, del de invención de palabras y términos especiales como puerta de entrada exclusiva para los iguales, tenemos, el caso de la palabra "malincuentes" formado por la palabra "malos" y la palabra "delincuentes"; también "cuete nuclear" mezcla de cohete y cuesco; o, la fonetización de la palabra speed por "espí".

Como ejemplo de ese segundo proceso, conseguido a través de la deformación fonética, evocamos de nuevo el caso de deltoyá que acaba siendo deltóya, pronunciado precisamente con la intención de perder totalmente su sentido y, de esta manera, hacer perder la conexión establecida entre oyente y emisor. A la vez, ese sentido es insignificante en cuanto a su significado preciso, pues, al repetirse sin cesar, de forma insistente, se consigue en un eslogan totémico, que hace trascender al oyente del mundanal ruido a su intimidad y con un sentido privado, tal como ocurre con la música chill out o en las oraciones iteradas ante las cuentas de un rosario.

Y, aunque parezca banal, no lo es. La propia destrucción de los significados que habían sido previamente, meticulosamente encubiertos a los oídos de los profanos, los no merecedores de ser incluidos en la tribu, es una forma, a la larga, de conseguir hacer amigos, sólo con los que puedes tener más intimidad, con aquellos que nos puedan comprender más estrechamente, allá donde puedan estar, tras las filas iniciales de un concierto o en una ciudad lejana escuchando un disco. Es una forma de convertirnos en especiales, ligados únicamente por los sentidos del oído y de los sentimientos, con nuestros iguales aunque sea a kilómetros de distancia.

Pero además puede dársele otro significado. En este mundo, parece quererse decir, nada representa otra cosa más que la nada misma. Ni siquiera está a salvo la comunicación, necesaria, entre la banda y su público, puesto que incluso la propia persona, el que escucha y el que habla, están perdidos ya.... "no necesito comunicarme con la voz" o se mantienen unidos por un cable invisible más fuerte aún.

Tampoco, seguramente, hay un deseo de hacerlo, porque lo único absoluto es la pérdida constante del sentido inherente de la vida y de los actos cotidianos de los actores: "cada mañana empiezo a vivir". La vida, en sí misma, es un hecho aislado y absoluto, que se define por la imposibilidad de buscar continuidades, y la única continuidad posible son las cosas que se viven en el instante preciso, durante la experiencia cotidiana y personal de la vida.

No se desea enunciar nada similar a un principio moral o ético. En sus canciones no hay siquiera una moral combativa en relación a su condición de marginados, la que exponen como estilo de vida, la que relatan a través de los personajes representados en sus canciones. ¿Cómo puede moralizar quien no tiene otro objetivo que ver pasar la vida? "Hojas en blanco, noches en vela y así me paso la vida entera, sé que protesto, no me hagas caso, yo a mi manera nunca fracaso". La nada y la inactividad es la única victoria posible del día a día del marginado.

Los protagonistas de sus canciones no tienen más principio que la supervivencia de una jornada más, quizá sería mejor decir una noche más, pues su vida es por definición noctámbula. No les queda otra salida más que el éxito sobre sí mismos pues la vida supone una lucha constante consigo mismo y con otros dragones más poderosos. Para quien nada espera, incluso la desaparición es un triunfo. La existencia humana, se dibuja como una lucha sin cuartel entre principios contrapuestos "ya me deben de quedar dos neuronas nada más, las desato y son como el perro y el gato". Convivir con uno mismo se convierte en una búsqueda continua de identidad, a pesar de lo cual, no se llegará a ninguna parte: "Por fin encontré, éste es mi papel, y no hay nada escrito, no hay nada escrito", no hay valores ni grandes ni pequeños, menos, normas morales. El ser humano tiene motivos para sentirse perdido.

Si acaso algo prevalece, son los sentimientos. En general, no importa las excesivas repeticiones de ideas, las rupturas de imágenes que se producen en una misma canción, que la descaracteriza de su sentido completo, o, incluso, las contradicciones que puedan producirse al aplicar los mismos versos a contextos distintos, en dos canciones cualesquiera. Más bien parece que la intención del grupo hubiera sido la de darse la ocasión de repetir una idea que le gustara, que la ofrecer un contenido específico y ésta es una manera de recrear imágenes o ideas que son reflejo de sus sentimientos.

Uno de los versos más reiterados es aquel que simboliza su propio pene ensangrentado. Mientras en No me calientes que me hundo ésta metáfora se relaciona con una circunstancia negativa, se convierte en un arpón que mata a un delfín, en Prometeo se transforma en un gran orgasmo de placer, que riega el jardín de su amante. No es un caso aislado, abundan las representaciones alegóricas repetidas sin cesar, hasta cansarnos: las sábanas que simbolizan banderas, duendes que son él mismo, vagabundos que representan la libertad o incluso ranas que a veces son príncipes encantados y a veces avergonzados animales que huyen y escapan de una situación embarazosa..., pero de esas transformaciones que sufre sus personalidades, se hablará en otro apartado.

Acerca de los valores y grandes principios de la vida, la actitud ideológica más visible es la de anarquismo, "las banderas de mi casa son la ropa tendía (...) y los pájaros sin amo" favorecen el uso de esta identificación política. Aunque ya de por sí, ofrece una lectura sumamente sugestiva, no es la única que puede detectarse pues, representa también, un dictamen a favor de la desobediencia civil y la rebeldía, que desarrollaremos más adelante. Ahora bien, la rebeldía sin objetos concretos a los que atacar nos lleva a la contradicción de que toda acción está abocada al fracaso y, por tanto, la inactividad es la propia defensa del joven que no de ninguna manera se percibe, con alternativas de transformación de la realidad. Y ello, que normalmente es sintetizado en la culpabilización de la jóvenes como apáticos, supone otra estrategia para el joven aunque sea en sí misma negativa.

En el grupo esa estrategia viene definida por lo que voy a denominar "canciones de la aceptación": "no creas que estoy huyendo si me ves retroceder, espera, que estoy cogiendo carrera; desafiar la perspectiva del fracaso a la que estamos condenados". El espíritu rebelde se aplaca y el "dejarse llevar" es la tónica del luchador que, rendido, espera mejor oportunidad para saltar; de momento la postura es seguir la corriente y simplemente, flotar. Cada uno a su manera. Aunque siguiendo las composiciones de sus canciones, esa salida, para la banda, está estrechamente relacionada con las drogas, no significa que todos los jóvenes, aun identificados con la idea, usen la misma salida, su público se reserva y ejerce el derecho de compartir o no sus medios de evasión, puede quizá detectarse distintos grados de participación de la audiencia: comunión absoluta de ideas y prácticas, asimilación de las ideas pero no de las prácticas, implicación en los ritmos o en las letras pero no del resto de los elementos constitutivos y los meramente asombrados oyentes.

Más ejemplos de esta postura de conformidad son las canciones Correcaminos estate al loro, La carrera, Abre el pecho y registra donde prevalece, como se dice en la escena final de Quemando tus recuerdos, vivir en un vertedero, acostarse con la luna, pues "qué importa ser poeta o basura". Es decir, da lo mismo una cosa que la otra: "no sé si atracar un banco o irme a desintoxicar, ¿para qué quiero el dinero? si todo me sienta mal". La aceptación viene de la mano de las drogas: "me cuelgan las arañas, voy a empaparme en gasolina a ver si prendo" en clara alusión de que la gasolina, energía vital para las máquinas o las drogas en su caso, van a hacer explotar a su ser interior adormecido y/o para acabar en un final hecatómbico.

Normalmente, esas canciones están marcadas con un deje de desesperanza, se sitúan en el polo contrario al del resto de las canciones, donde la bravura de su genio representa situaciones de una violencia osada, casi heroica. Hablan del caos social, de los desastres naturales o de la vida salvaje del delincuente y del terrorista. En ellas, las historias tienen el sabor de una película feliz de Hollywood, "vivir a la deriva, sentir que todo marcha bien, volar siempre hacia arriba y pensar que no puedo perder". Pero el happy end no proviene de la bondad o de las buenas cualidades del protagonista, sino de la fidelidad hacia el único principio posible a seguir por la humanidad: la rebeldía y la destrucción de los cánones sociales.


La protesta sólo porque sí (como dice Rousseau: "que siempre es algo"), es la única salida pero ¿cuál es el camino? ¿hacia dónde hay que dirigir la marcha?. Sin rumbo, sólo a contracorriente. Este es el único símbolo que respeta el insumiso permanente, la insubordinación incluso a sus propias reglas: "cada minuto marco un punto al que debo llegar y noto que me vuelvo a sublevar". Al final, sólo nos queda ese estruendo de tormentas "desato tormentas sin rechistar", "corre, corre que ya está aquí, hay tormenta y yo me tiro al mar, me abandono, no me voy a ahogar, y ahora arriba soy el huracán".

El anarquismo es la doctrina que más fácilmente puede identificarse en el conjunto de sus composiciones, tanto por su estética, la manera transgresiva de exhibir sus ideas, "de una patada rompo el sol, mis ventanas muros son, ni tengo puertas ni balcón", como por su propio mensaje, que se está construido bajo el paradigma del nihilismo más absoluto "somos microbios venidos a más" y como tal "ya te habrás dado cuenta, no estoy domesticado, me follo hasta las cabras, me cago en los sembrados".

Porque, la posición que Extremoduro mantendría ante el debate roussoniano-hobbesiano acerca de la naturaleza del hombre, sobre si éste es un salvaje bueno o un lobo que necesita de un leviatán que lo domestique y controle, sin duda les llevaría a decantarse a favor del primero: la sociedad es quien corrompe al animal racional, "se apagaron los colores, se encendió la humanidad" o, también, "de pequeño me impusieron las costumbres, me educaron para hombre adinerado pero ahora prefiero ser un indio que un importante abogado. Hay que dejar el camino social alquitranado porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas, hay que volar libre al sol y al viento repartiendo el amor que tengas dentro". Probablemente, la sociedad es para ellos un artificio que nos enmascara, que transforma nuestra verdadera naturaleza, únicamente permite la falsedad y da lugar a la hipocresía, al menos "sin normas no hay que fingir. Subo al cielo desde un ciego aunque no haya quien me entienda", de la canción Resolución.

La sociedad queda definida únicamente a través de lo negativo, somos prisioneros del sistema, del trabajo y por supuesto de la policía, vivimos en un Estado policial. La única forma de liberar al alma humana, libre por naturaleza, es descontrolar en la noche, con las drogas, ni siquiera completamente con las relaciones sexuales, que no siempre son vistas de manera positiva. En Pedrá hay un mensaje clarificador: "la verdad sólo tiene un sentío, no me obligues a engañar, si te crees toas mis mentiras, que vacío debes estar". Su espíritu rompedor incluso se permite el lujo de espetar en la cara de su público sus dobles verdades que, seguramente, son las que más gustan, a su vez, a su audiencia. Sus principios: ninguna moral, acompañada por alguna dosis de sentido práctico en la vida.

A todo ello, se contrapone el mundo de los sentidos que son expresados de una forma muy especial, en primer lugar, responden a la necesidad de usar un lenguaje prototípico de la poesía urbana, en segundo lugar porque es la mejor manera de llegar al mundo de los sentimientos que, en sí mismos, contienen un valor propio en el ideario colectivo de la banda. Este aspecto no es demasiado evidente si se tiene en cuenta que, como se demostrará más adelante, Extremoduro son por encima de todo una banda masculina: utilizan un lenguaje masculino, en un universo masculino, donde sus iguales, con los que se mantiene una conversación real o ficticia, son casi siempre otros hombres. Por tanto, su planteamiento de la vida es casi siempre machista, y esto los debería alejar de los sentimientos que, por cultura y tradición, son cualidades de mujeres.

Pero no adelantemos argumentos, pues precisamente esta circunstancia nos permitirá dar cuenta de la importante transformación de los roles de género que estamos protagonizando todos los jóvenes contemporáneos en la actualidad, tanto hombres como mujeres. Y, de cualquier modo, lo que nos traía hasta aquí es la evocación de los sentimientos, trastornados por la percepción sutil de los cinco sentidos y a los que los componentes de la banda dan un lugar preferente en sus canciones.

Todo lo cual nos lleva a una de las ideas más fuertes de su mensaje y que, probablemente, desemboca en la formulación de uno de los mensajes que más influencia tiene en su audiencia: los sentimientos quedan por encima de la razón y de todo lo demás, si bien no se abandona totalmente el sentido práctico de la vida, para el cual es imprescindible el uso del raciocinio. Sin embargo, la idea principal es que debemos olvidar esa característica humana, pues nos ha llevado a la destrucción del planeta, al control policial en todos los términos de nuestra vida, en definitiva, a la infelicidad. En Jesucristo García se aclara todo "razonar es siempre tan difícil para mí. Que más da si al final me sale todo siempre bien del revés", es decir, siguiendo mi propio curso sin mayor razón, consigo sobrevivir que es el objetivo de cualquier ser vivo, del ser vivo que es el hombre, una cosa segura que tenemos sobre él.

Sus canciones siguen una cierta pauta aunque solo sea siguiendo el curso de las múltiples iteraciones de imágenes y tópicos. De modo que, mirando a través de ellas, puede verse la continuidad de sus ideas que hubieran quedado en otras canciones medio enunciadas o que, teniéndolas todas en cuenta, quedan completas. En Emparedado se continúa los versos mencionados previamente: "sé que protesto, no me hagas caso, yo a mi manera nunca fracaso. Soy el guionista de mi única novela y siempre gano y me caso con la buena". Sobrevivo sin hacer nada, es una particularidad contextual y social que ha desarmado la forma de vida de las generaciones anteriores, que debieron trabajar mucho más duro para encontrar un camino propio hacia la adultez; hoy los jóvenes no necesitan de ese duro esfuerzo para emprender las mismas obligaciones características del adulto. Forman parte de la economía de los estados, hasta a su pesar, a través del consumo, sin tener una solvencia económica asegurada son capaces (obligados, incluso) a adquirir bienes y servicios. Y, cómo no sentirse apartados de la sociedad, cuando ésta no hace más que incluirla casi siempre para lo malo, valga este ejemplo: son protagonistas de un problema, a pesar de no haber una conciencia de maldad, se les considera enfermos de alcoholismo aunque no padecen aún rastros de esa enfermedad, se les acusa por un comportamiento que puede no tener continuidad en el tiempo lo que sí lo convertiría en un verdadero problema; en definitiva, la alarma social amplía la brecha generacional y la incomunicación.

La inmediatez es otro valor imperante entre los jóvenes de hoy. Puede situarse su raíz en el movimiento hippie que, por supuesto, también es otra de las fuentes de las que se alimenta el grupo. Vivir al día, decía, es otro de los, ya no diría, principios, sino prácticas sin más, de la juventud. Y es que, esto es lo único importante para los "sin futuro", los que son conscientes de la dificultad para encontrar un lugar en la sociedad de los adultos, en forma por ejemplo, de integración en el mercado laboral: "y tu que te preocupas por culpa del futuro cuando ya no te quede será cuando te enteres que ya estás, ya estás más que enterrado en vida. Tú en tu casa, nosotros en la hoguera".

Dejar de vivir por miedo al futuro es otra de las formas de esclavitud de la vida, tal y como se entiende hoy día. Las letras de sus canciones denuncian ese hecho que no forman parte de un discurso sino de una práctica cotidiana de la misma juventud, cualquiera que sea su afiliación musical o tribal. Esto también se refleja en el estilo de las canciones del grupo, pues generalmente, todas las historias están contadas en presente y en ningún otro tiempo verbal.

Las letras están aderezadas por el tono con el que se enuncian, la prosa poética profundamente urbana, a pesar de las alusiones al mundo rural del que procede el grupo, se vuelve casi siempre brusca y chirriante "cada mañana, bajo al infierno y el diablo me lee cuentos, yo solo canto y digo que son poesías ... hago un esfuerzo pa fuera y luego pa por dentro, pa reventar haciendo mucho ruido, hay quien pensaba que era un nuevo Dios naciendo y era un peo de un exquisito cocido", especialmente porque la canción parece mostrar a uno mismo, como idolatrados trovadores de la canción cuando, en realidad, no es más que un estruendoso pedo.

Rozando el mal gusto se produce, precisamente, una nueva ocasión de alejamiento de la sociedad, de los bienpensantes que les prejuzgan y de los pijos que no les comprenderán supuestamente, puesto que ellos se sitúan en el underground y la anomia y, sobre todo, se encuentran en soledad. Autores como Douglas Coupland intentan ofrecer una explicación del sentido que motivan a los sujetos de las "generaciones perdidas" de nuestra época, otros como Burroughs y Bukowski, que se consideraron ellos mismos sujetos perdidos de sus propias generaciones, definen su existencia en torno al sentimiento de aislamiento y separación. El individualismo societal ha crecido tanto desde el pasado siglo XIX, que podemos decir sobre la actualidad, que vivimos en el cenit de esa época de liberalidad e individualismo, auspiciada por teóricos como Stuart Mill o Adam Smith.

No estamos hablando de si nos gusta o no, de si es éste u otro tipo de individualismo, simplemente, que es el reinado de este estilo de vida, este sentimiento es el que protagoniza nuestra cultura contemporánea. En la ciudad o en el campo, entre quienes se automarginan o los marginados, los que sólo quieren sentirse miembros de su grupo o quienes buscan a otros para entenderse, para todos, la interiorización de nuestra forma de vida hace florecer en nuestras mentalidades esa impresión nada agradable de que estamos solos y que sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Claro que existe la familia y el grupo, incluso en la escenografía compuesta por Extremoduro tienen un lugar: se refiere a sus padres en Perro Callejero o en La Carrera, pero sólo como coro del tema de la canción, se la dibuja con tintes hippies en la contraportada del disco Deltoyá en un dibujo posiblemente autobiográfico del deseo de su propia vida, se les pide perdón en Historias Prohibidas (nos tiramos a joder) y, finalmente, se les recrea a la Sagrada Familia en Jesucristo García, pero su función es más de consuelo ante la evidencia de la soledad, que el órgano estructurador de la sociedad que significó en otras épocas históricas. No es, como ocurría en las sociedades tradicionales, el eje central de la vida de los grupos, hoy el centro de nuestro mundo es uno mismo. Convertirse uno mismo en regidor de nuestra propia película es una necesidad imperante: "decidí, aprender a hacerme yo la maleta para poder vivir".

Así pues, el interloculor por excelencia de la banda es el individuo, en especial el hombre, y no lo debemos leerlo en sentido genérico, en el sentido de humanidad, sino específico, como el hombre masculino. En primer lugar, por las vivencias relatadas, sacadas de su propia experiencia, la de los varones; en segundo lugar, por la importancia secundaria que tiene la mujer en sus historias, tema que será tratado más adelante; y, en tercer lugar, por la forma en que se desgrana los relatos de las historias en sus composiciones. Éstas se asemejan a cualquiera de estas dos situaciones: las conversaciones de bar entre los colegas o los pensamientos internos de uno consigo mismo. Ambas fórmulas proporcionan la oportunidad de hablar llanamente, también de las necesidades fisiológicas, sin temor a ser tachados de veniales o de sentirse coartados por las imposiciones morales que la sociedad impone, más difícil si el receptor fuera una mujer.

Que el destinatario sea en todo momento otro hombre, o por defecto uno mismo, permite la crítica a las funciones asignadas tradicionalmente a los pater familias sin ningún tipo de pudor. Este modelo sigue siendo el enseñado a niños, niñas y jóvenes de nuestro tiempo, con el objeto de desarrollar lo que supuestamente será su rol posterior como adultos. Esa función, por las dificultades de encontrar un nicho laboral, se está viendo fracturada, con la consecuente pérdida de sentido. Además, si uno se cree realmente la revolución femenina o feminista, dependiendo del enfoque que cada uno le dé a ese proceso de cambios, protagonizada por las mujeres o las compañeras de los hombres, el modelo de familia y de la figura del marido como su eje central, sufren otra quiebra importante. Por último, los patrones de actuación del hombre ya no tienen utilidad y suponen una indefinición de los papeles que se ha de cumplir, esa es la tercera grieta por la que se deslizan la utilidad de los modelos antes útiles. Por todas partes, la confusión es la tónica del individuo contemporáneo.


[Siguiente capítulo: CANCIONES DE AMOR que suministran dosis de heroína, en el próximo número de Babab (Babab 18)]

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Notas:
1. Ana M. González Ramos es Licenciada en Sociología por la Universidad de Granada, profesora de Técnicas de Investigación Social de la Universidad de La Laguna).

 

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Última actualización: miércoles, 1 de enero de 2003

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