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Arte y locura. La colección de arte bruto de Lausana.

por Reynon Muñoz

La única diferencia entre yo y un loco es que yo no estoy loco

Salvador Dalí

La segunda parte de la cita atribuida a Dalí, generalmente omitida, es que un loco que pasaba por allí comentó alegremente: "Yo tampoco". ¿Quién tenía razón? ¿Son los artistas sujetos psíquicamente desequilibrados o son los enfermos mentales artistas incomprendidos? ¿Es el arte un remedio terapéutico? O por el contrario ¿mejora la expresión artística en una posición asocial y obsesiva? Estas son las cuestiones que nos proponemos regurgitar en estas líneas sin pretender llegar a conclusiones definitivas.

En cualquier caso no hay que remontarse únicamente a los estudios que se interesan en la relación entre creación artística y enfermedad mental, desarrollados principalmente entre el ultimo tercio del siglo XIX y primero del XX, para hallar casos de artistas cuya experiencia vital cae en el ámbito de lo que la psiquiatría considera patológico.

En este artículo, nos proponemos trazar un sendero a través del pantanoso terreno de las convenciones con el propósito de valorizar la creación artística realizada al margen de los circuitos mercantiles u oficiales, a la vez que poner en tela de juicio la razón médica al servicio de la profilaxis social. Para ello visitamos el museo de arte bruto de Lausana, que alberga una de las colecciones mas completas de arte bruto del mundo.


La colección

Suiza es un país extraño. Todos los países son extraños, vale, pero Suiza es verdaderamente particular. A pesar de que sea usted un paleto, supongo que algo habrá oído con respecto al sistema político dividido en cantones donde todavía se hablan alrededor de 70 dialectos. También le sonará que es allí precisamente donde los amos del mundo tienen su dinero a buen recaudo. Pero lo que quizás no sepa es que Suiza es un país con un respetable historial alucinógeno. No en vano, fue en Basilea donde Hoffmann sintetizó por primera vez el LSD 25 en 1943. Lástima que todo el stock fuera poco después requisado de los laboratorios Sandoz por la CIA según el testimonio del propio Hoffmann. Otros acontecimientos a resaltar son la formulación, por el entonces oscuro funcionario Albert Einstein, de la teoría de la relatividad en un cuchitril de Berna y las experimentaciones llevadas a cabo en el mítico Cabaret Voltaire de Zurich, cuna del fenómeno artístico conocido como Dadá. Y es que, en contra de lo afirmado por Orson Welles, Suiza no es sólo el reloj de cuco y sí una gran cantidad de empresas farmacéuticas, sanatorios y clínicas psiquiátricas.

El gran artífice de esta colección fue Jean Dubuffet, pintor disidente del grupo surrealista encabezado por André Breton, a quienes reprocha su sectarismo, falta de humor y caída en el misticismo. A partir de 1945 comienza su búsqueda de "obras extraculturales", primero en hospitales psiquiátricos de Suiza y Francia, y luego en círculos de espiritismo, convictos, enfermos mentales y desertores de la sociedad en general. Si bien en principio las obras no eran accesibles al público, la colección comenzó a ejercer una creciente fascinación entre las amistades de Dubuffet quien, preocupado de asegurarle un estatuto público y definitivo, la ofreció en 1971 a la ciudad de Lausana. La colección de arte bruto fue inaugurada en el Château Beaulieu de Lausana en febrero de 1976 y reúne en la actualidad más de 20.000 objetos.


Willem Van Genk. Fragmento
Willem Van Genk. Fragmento

A pesar de la reciente rehabilitación, el simpático palacete acoge con dificultad la colección, utilizando hasta el límite sus recursos espaciales. Los muros y parte del techo abuhardillado están completamente cubiertos de pinturas, grabados, esculturas y máscaras, creando un efecto barroco, abigarrado y oprimente, en el que los autores casi se superponen y que acentúa la fuerza de los trabajos expuestos. Quizás la riqueza de los fondos obliga a la fundación a estrecheces que harían deseable un renovación relativamente frecuente de las obras expuestas.

Según Michel Thévoz, crítico de arte y antiguo director del museo,

la colección de arte bruto constituye por decirlo así un antimuseo, consagrándose a creadores ajenos al mundo del arte, inventando de esta manera un sistema original de expresión. El visitante debe esperar enfrentarse a modos de pensar y de sentir completamente extraños a nuestras normas culturales.

La visita al museo supone pues una prueba para el visitante. Se desaconseja vivamente la visita a comadronas, enfermos de los nervios y ¡ah!: prohibido tomar ácido antes.

El arte bruto fue definido por Jean Dubuffet como

las obras ejecutadas por personas ajenas a la cultura artística, en las que el mimetismo, contrariamente a lo que ocurre con los intelectuales, tiene poca o ninguna cabida, de manera que sus autores utilizan recursos (temas, elección de materiales, medios de transposición, ritmo, modo de escritura, etc) extraídos de su experiencia personal, y no de las referencias del arte clásico o del arte de moderno

El arte bruto se opondría así a lo que podríamos llamar "arte cultural". Los sujetos, las técnicas y los sistemas de representación proceden de una invención completamente personal. Ello podría explicarse por la penuria de los medios utilizados, frecuentemente materiales de deshecho. Si artistas como Gauguin, Picasso o Klee se enfrentaron a la cultura en su terreno para contestar sus normas, los autores de arte bruto tienden más bien a eludirla, buscando todo tipo de argucias para no tener que legitimar sus trabajos frente a los críticos de arte. Así, algunos autores de arte bruto son adeptos al espiritismo, considerándose mediums y declinando toda responsabilidad sobre los trabajos que ejecutan. Otros afirman haber encontrado sus esculturas en la tierra, atribuyéndolas a los hombres de la prehistoria. Nos encontramos aquí ante el mismo caso del que dice no recordar nada después de una enorme borrachera, como si el alcohol, en nuestro caso la expresión plástica, fuera el instrumento necesario para galvanizar pulsiones latentes reprimidas por un contexto social poco favorable a su libre manifestación. Si hay un común denominador de las obras expuestas, ese parece ser el de la obsesión, que se manifiesta en la repetición, a veces en serie, de motivos. Desafiando los cánones clásicos de equilibrio y armonía , o quizás ignorándolos, los artistas "brut" prefieren el desequilibrio, el exceso, lo inacabado, tal vez como reflejo de una violencia callada e interior.


Les Cahiers d'Aloïse. Fragmento
Les Cahiers d'Aloïse. Fragmento

Como se ha señalado anteriormente, el interés por estos artistas data de finales del siglo XIX, en particular en la obra del celebérrimo doctor Cesare Lombroso, psiquiatra italiano pionero en la ciencia de la criminología que causó sensación en 1876 con la publicación de su libro El hombre delincuente, donde recupera la teoría de la evolución de Darwin para explicar la conducta criminal. Midiendo los cráneos de criminales ejecutados y comparándolos con los de simios prehistóricos, Lombroso llegó a la conclusión de que los criminales eran en realidad víctimas de un fenómeno que definió como "atavismo". El interés para nosotros reside en que las ideas de Lombroso fueron propagadas en Francia por el doctor alemán Max Nordau, que publica en 1894 Degeneración, un libro de consecuencias funestas para el arte en particular y la especie en general. En esta obra, Nordau identifica una patología en los místicos (entendiendo por místicos a los simbolistas, Wagner o Tolstoi) y en los egotistas (los parnasianos, Baudelaire, Verlaine, Mallarmé). Sus conclusiones son las siguientes

Los místicos, pero sobre todo los egotistas y la canalla realista son los peores enemigos de la sociedad, que tiene el estricto deber de defenderse de ellos. No hay lugar entre nosotros para el buen salvaje ni para el héroe dionisíaco, que será aplastado sin piedad si se atreve a infiltrarse en nuestras filas

El Dr. Nordau, judío para más señas y uno de los fundadores del sionismo junto a Theodor Herzl, fue el inspirador de Schultze-Naumburg, el teórico del arte alemán bajo el nazismo, consejero de Goebbels y autor en 1928 de Arte y raza, que tuvo como consecuencia la exposición itinerante Arte Degenerado en 1933. El propio Hitler se apropió casi literalmente de las teorías de Nordau en su discurso sobre el arte, pronunciado en 1935. Toda desviación, de la naturaleza que sea, toda infracción a la norma, es considerada como un signo de degeneración, una amenaza de contagio y un peligro para el orden establecido. La respuesta será la imposición de medidas radicales de profilaxis social, aterradoramente presentes aún en nuestros días. Y es que quizás no sea casualidad que la mayoría de los artistas "brut", sean convictos de penitenciarías o psiquiátricos. Pobreza, soledad, marginalidad, esos parecen ser los elementos comunes de sus experiencias vitales.


Vojislav Jakic. Fragmento
Vojislav Jakic. Fragmento

Muchas de las características de sus obras se pueden encontrar en la descripción del típico esquizofrénico realizada por Rennert en Arte y psiquiatría. Los criterios formales, serían: elevación vertical de punto de vista, transformación de la perspectiva panorámica en perspectiva aérea; formas barrocas y manieristas; desorden y abigarramiento; combinación de materiales heterogéneos; combinación de partes de cuerpo con objetos inanimados; repetición estereotípica de figuras; tendencia al geometrismo y a la esquematización; pérdida del sentido de la composición.

Si bien no podemos contestar que efectivamente, estos elementos se repiten asiduamente en el arte bruto, resulta evidente que el afán tipificador de conductas y la exuberante proliferación de desórdenes psiquiátricos que experimentamos en nuestros días, esconde -o quizás no- un interés bastardo: el control social.

Los psiquiatras se han hecho los sirvientes del crimen de los ricos. Internan, secuestran, aíslan a los individuos más sobresalientes. Mutilan los genios fisiológicos anunciadores de la salud de mañana

afirma el escritor surrealista Blaise Cendras. A este efecto es también interesante escuchar la opinión de Jean Dubuffet

Si la psicosis consiste a desligarse de la óptica habitual y en la aparición de nuevas, entonces hay que afirmar que la creación artística sólo puede ser psicótica y que nunca lo es lo bastante

De ahí que en los años 70 surgiera en Inglaterra y Estados Unidos una enérgica crítica de la eugenesia psiquiátrica, cuyas figuras principales son el doctor Ronnie Laing y el doctor Thomas Szasz. Fuera del ámbito de nuestro artículo, indicamos algunos títulos para los interesados en profundizar en la materia: Imperialismo psiquiátrico. La medicalización de la vida moderna, de Joanna Moncrieff; El futuro de la salud mental, cambios radicales por venir, de Fred Baughman Jr, y Paciente o prisionero, de Thomas Szasz.


Willem Van Genk. Fragmento
Willem Van Genk. Fragmento

Esta evidencia no fue ajena a las preocupaciones de artistas hoy reconocidos. Baste transcribir aquí el emocionante testimonio de Paul Klee en una carta cuyo texto está expuesto en el museo de Lausana:

Los señores médicos opinan que en el fondo mis pinturas son obra de un enfermo. Conoce usted seguramente el excelente libro de Prinzhorn (psiquiatra de Heidelberg. Uno de los primeros coleccionistas de otras plásticas realizadas por enfermos mentales) Actividad plástica de los enfermos mentales. Mire esos temas religiosos, con una profundidad y una fuerza de expresión que yo no alcanzaré nunca. Un arte verdaderamente sublime. Una visión puramente espiritual. ¿Quiere ello decir que voy camino del psiquiátrico? Dejando aparte el hecho de que el mundo entero sea un manicomio

Pero por desgracia, no todos llegan a alcanzar el mismo reconocimiento. Así el artista "brut" Paul Cheval, autor de El Palacio ideal 1912, se expresa en estos amargos términos a propósito de sus vecinos:

La opinión que se tenía de mí era la de un pobre loco que llena de piedras su jardín. Se daba por sentado que mi obra era el efecto de una imaginación enferma. Se reían, me criticaban, me cubrían de reproches, pero como este tipo de alienación no era contagioso ni peligroso, no creyeron necesario buscar a un psiquiatra y pude así dedicarme a mi pasión en total libertad pese a todo, sin escuchar los chismes de la gente, pues sabía que desde siempre se persigue a los hombres que no se comprende

El arte de volverse loco

La historia de cualquiera de estos artistas podría ser la crónica de un crítico de Rock & Roll, haciendo parecer a Jim Morrison un licenciado en dirección de empresas. Veamos algunos ejemplos:

  • Clement Fraisse: Pastor. Francés. A la edad de 24 años intenta incendiar la casa familiar con un fajo de billetes. Dos años internado en una celda individual desprovista de muebles. Durante ese tiempo se dedica a esculpir ruedas de carro o algo similar sobre las paredes de su celda con una cuchara. Curado, su furor cesa. Recupera la libertad.

  • August Walla: Austríaco. A los 9 años pierde el sueño. En la escuela llena cuadernos enteros con la frase "Todo lo que es rojo es diabólico". Extrema lentitud, comportamiento rígido e inquietante ausencia de mímica. Es internado por primera vez cuando a los 16 años amenaza con suicidarse y prenderle fuego a la casa. Su madre fue autorizada a residir con él en el sanatorio de Guggig hasta su muerte.

  • Aloïse Corbaz: Suiza. Buena estudiante, consigue el título de bachillerato. Trabaja como gobernanta en Suiza y Alemania, en la corte del emperador Guillermo II, que abandonó a causa de la guerra. De vuelta a Suiza, proclama sus ideas pacifistas y humanitarias con tanta exaltación que se la interna en un asilo, donde pasa toda su vida, ocupándose de la lavandería. Poco después de ser internada, comienza a escribir y a dibujar.

  • Willem van Genk: Holandés. Pierde su madre a la edad de 5 años. En la escuela se dedica únicamente a dibujar. Su padre lo ingresa en un hospicio por negarse a aprender las lecciones. Considerado retrasado mental, desarrolló tareas confiadas a los inadaptados. Actualmente vive de la asistencia pública.

  • Vojislav Jakic: Macedonio. Hijo de un sacerdote ortodoxo. Su madre era plañidera en Montenegro. Comienza a dibujar retratos de personas fallecidas, a partir de fotos de identidad, que le encarga la gente de la región. A partir de 1954 realiza esculturas de madera, similares a armarios, que albergan en su interior cráneos humanos. Ha escrito una autobiografía de 4000 páginas titulada Nemanikuce (Sin domicilio fijo) publicada por Ediciones Demoures. Desde 1960 consagra su tiempo a la realización de dibujos minuciosos, aunque de gran envergadura (hasta 50 metros de ancho) en los que asocia sus fantasmas personales a interpretaciones oníricas de la sociedad contemporánea. Uno de estos dibujos lleva esta lacerante inscripción "Esto no es un dibujo sino una sedimentación de dolor".


August Walla. Fragmento
August Walla. Fragmento

Cabe resaltar la presencia de los españoles Miguel Hernández y Joaquín Vicens Gironella, aunque sus obras expuestas sean pocas y se encuentren situadas en un corredor secundario del museo.

Si bien los perfiles de estas personas presentan trazos comunes de marginalidad, pobreza, reclusión e incomprensión, es necesario acabar con el mito del artista atormentado o genial. El loco no se hace. Al loco lo hacen. Y es precisamente en el intento de conservar una mínima integridad donde surge la expresión artística, como un sistema de comunicación críptica que sólo el autor puede descifrar, siendo por lo tanto el único receptor del mensaje. El testimonio del artista Ted Gordon es especialmente revelador:

Yo dibujo siempre con ansiedad y bajo tensión. Meto mis accesos de cólera sobre el papel en vez de dirigirme contra la gente

Las obras de estos ¿artistas? son a menudo complicados alfabetos pictóricos en los que la repetición y la combinación de motivos muy precisos hacen pensar en la frase, la estrofa o la melodía. Como en algunas obras de August Walla, donde utiliza unos particulares símbolos musicales dispuestos a lo largo de un ondulante pentagrama. Siempre repetición, proliferación, geometrismo, planos yuxtapuestos, como en varias dimensiones, alternancia de lo humano y lo geométrico, lo simbólico. Capacidad de asociación o asociación total, multiplicidad de significados en una mezcla espiral que evoca los juegos de Escher. Aparición de lo deforme y lo monstruoso. Las muñecas de Michel Nedjar, darían muchas ideas a los productores de Hellraiser. Entramos en el terreno de lo mágico, de lo imaginario, de lo irreal, definitivamente al otro lado de las puertas de la percepción. No es pues de extrañar que algunos de entre ellos se declaren mediums, sobre todo mujeres como Madga Gill, o magos, como Raphaël Lomé. A menudo, estos artistas destruyen sus obras o las ocultan.

Cabría pues preguntarse sobre el interés de estas "obras" realizadas por "no artistas". Desde una posición academicista se podría reprochar la falta perfección técnica, ausencia de rigor, discontinuidad, improvisación, excesiva inocencia de la composición y en general todos los vicios del índice crítico. Y es que, en realidad, el denominado arte bruto pone en tela de juicio el lugar de privilegio alcanzado por el arte en la sociedad actual; en primer lugar, desconceptualizándolo al situarse las obras en el terreno de la pulsión, de la espontaneidad, hasta de lo patológico. A continuación, popularizándolo. Si cualquiera puede crear, si cualquiera, hasta los vagabundos, los borrachos, los enajenados, los presos, puede hacer arte, cabría preguntarse para qué sirven las facultades de bellas artes, las academias, los museos, los programadores culturales y la política cultural en general. En tercer lugar, el arte bruto supone la desmercantilización de la obra, que deja de ser objeto de cambio. Cuando un autor regala, destruye o guarda para sí su obra, la transacción, el justiprecio de intercambio (que nunca es justo al llevar incluida una plusvalía potencial) resulta irrealizable. Por último, no hay nadie más alejado del estereotipo espectacular de "estrella", que un artista bruto. Y si en la admiración del otro se encuentra uno de los pilares más firmemente asentados de la sociedad burguesa, el arte bruto se revela un territorio de difícil anexión.

En cuanto al futuro del arte bruto, Michel Thévoz no se muestra particularmente optimista.

Los mecanismos de normalización y de condicionamiento mental (mass media, medicalización de la diferencia, presiones sociales de toda índole) han sido perfeccionados hasta el punto de neutralizar toda resistencia y toda manifestación real de originalidad. Además, la generalización de la quimioterapia en los hospitales psiquiátricos ha supuesto el fin de los delirios inspirados que eran la fuente de las obras más inventivas. La terapia ocupacional, que trata de curar y de adaptar, puede ser paradójicamente considerada como la forma más eficaz y más sutil de represión

Metanselo en la mollera. La soledad en sí no es mala. La imaginación puede suplir con sus construcciones inusitadas y disparatadas, el afecto, el conflicto, y demás sentimientos ligados a la pertenencia al grupo social. Es la censura del grupo social, ya directa por medio de sus policías, oficiales o aleccionadoras, represoras o reprensoras, la que origina el sufrimiento, la soledad, el lenguaje no compartido, el hermetismo, la obsesión, la repetición, la dimensión no natural, enorme o minúscula, fuera de escala, a la vez que el tormento cuando a esto se le une la conciencia del aislamiento y de la prisión personal. La colección de Lausana, ese "museo cementerio", en palabras de Jean Dubuffet, resta un gran pequeño espacio dedicado a una potente poesía vital, refractaria de verdugos y filántropos.

 

Texto, Copyright © 2002 Reynon Muñoz. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: viernes, 1 de noviembre de 2002

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