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Las ínsulas extrañas: Antología de poesía en lengua española (1950-2000).
por Rosario González Galicia y M. Ángeles Vázquez
El sábado 28 de septiembre, en el Centro Cultural del Círculo de Lectores
de Madrid, poco después de las 12 de la mañana, se inició una lectura de poesía para presentar la
antología Las ínsulas extrañas, que reúne a poetas de lengua española de uno y otro lado del Atlántico
cuya producción fundamental pertenece a la segunda mitad del siglo XX. Doce fueron los poetas que
participaron en la lectura; de los inicialmente convocados faltó uno, Antonio Gamoneda, que no pudo asistir por haber sufrido en fechas muy recientes el atropello por un automóvil: desde aquí le enviamos nuestros deseos de una pronta recuperación.
La lectura se dividió en dos partes y la intervención de los poetas fue por orden de edad. Cada uno de ellos leyó un poema propio y otro de un poeta de la otra orilla. Caso singular fue el de Tomás Segovia, por dos razones: la aparente contradicción de que, siendo español, leyera un poema de otro español, Juan Ramón Jiménez (contradicción que no lo es tanto si tenemos en cuenta que la producción de J. R. Jiménez incluida en esta antología es de su etapa en el exilio americano); y, sobre todo, por deleitarnos con su cabal y hermosa lectura -sin duda la mejor con diferencia, pues el tópico de que la mayor parte de los poetas leen mal la poesía, y no digamos si se trata de recitar, no es tan tópico- del hermosísimo poema "Soy animal de fondo" de J. R. Jiménez.
La edición
En una magnífica edición en papel biblia al cuidado de Nicanor Vélez, con ilustración de sobrecubierta
(Formas III, 1968) de nuestro recién desaparecido artista Eduardo Chillida, los editores Círculo
de Lectores y Galaxia Gutenberg propusieron en el año 1997 a José Ángel Valente (1929-2000) y Andrés
Sánchez Robayna (1952), para que junto a los escritores latinoamericanos Blanca Varela (1926) y Eduardo
Milán (1952), elaboraran una antología de poesía escrita en castellano que cobijara los últimos 50
años del siglo XX. Un proyecto similar se llevó a cabo en México con la publicación en 1941 por la
editorial Séneca de Laurel. Antología de la poesía moderna en lengua española, que daba
cuenta de la poesía de prácticamente la primera mitad del siglo.1
José Ángel Valente prologa en 1991 Bajo zarpas de la quimera. Poemas 1930-1988, antología del
imprevisible y deliciosamente excéntrico poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen (fallecido el pasado
año), por lo que elige el título del libro que nos ocupa del publicado por Westphalen en 1933 y por
supuesto del Cántico de San Juan de la Cruz.
El ideario de la antología
El referente o modelo de esta antología es -como más arriba queda indicado- la antología
Laurel y persigue la misma intención que para ella expresara entonces Octavio Paz:
mostrar la unidad y continuidad de la poesía de nuestra lengua. En una y otra antologías es
la lengua el punto de partida y el nexo de unión de la dispersión y la separación geográfica.
Noventa y nueve son los poetas seleccionados, pues Carlos Sahagún, con el que se habría redondeado
el número hasta cien, manifestó su deseo de no figurar. El reparto es de casi dos tercios de poetas
hispanoamericanos, frente a un tercio de españoles, proporción consecuente con la firme y atinada
declaración que hacen los antólogos en el prólogo:
Hora es ya de decir que, considerada en su conjunto, la realidad de la poesía de lengua española de
la segunda mitad del siglo XX aparece definida por el hecho de que los signos más abiertos y renovadores
han correspondido (...) a la orilla americana.
Ahí aparece, además, enunciado uno de los pilares en
los que se sostiene esta selección: el deseo y el afán de renovación, de búsqueda, de riqueza y
variedad en los caminos del lenguaje poético. El otro pilar, para el caso de los poetas españoles,
consiste en volver la vista y enlazar con las diversas corrientes de vanguardia, que la Guerra Civil
y el devenir de la poesía posterior a ella cortaron radicalmente u ocultaron como aguas subterráneas,
y en restablecer el interrumpido enriquecimiento y comunicación con la poesía europea e hispanoamericana;
uno de estos medios de diálogo y trasvase ha sido la traducción, tarea y dedicación de gran importancia entre los poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX (con muy valiosos precedentes anteriores), y que queda recogida, aunque no sea más que con unos cuantos ejemplos ilustrativos, en la presente antología.
Sentados estos principios, la selección realizada entre los poetas del lado español es
consecuente y explicable en gran medida. Sin embargo, al margen de la ausencia del muy consagrado y
reconocido José Hierro y del bien valorado en los círculos poéticos españoles Carlos Bousoño
(quien, por cierto, manifestó públicamente su descontento por no aparecer en esta antología), no
es en absoluto explicable el "olvido" de Ángel González, poeta hondo y verdadero, por más que algunos
se queden en la superficie de su aparente facilidad. Y, sobre todo, si -como advierte el
editor- esta obra tenía que ser una antología más que de poetas, de poemas esenciales, la
ausencia más llamativa y capital es la de Agustín García Calvo, por su lenguaje poético y aunque
no fuese más que por poemas como el que comienza con Tú, cuya mano me ha bañado / de un fuego transparente las espaldas,
aquel de El mundo que yo no viva / lo pensé como cosa extraña, el
de Sólo de lo negado canta el hombre, o el muy conocido y muy cantado
Libre te quiero; más todavía considerando que, como el título (tan bien elegido por
José Ángel Valente, sin duda pensando en los poetas españoles), él es una de esas ínsulas extrañas.
Respecto a la poesía hispanoamericana antologada, no percibimos grandes ausencias (tal vez las voces más jóvenes), aunque sí se hace muy relevante la presencia de autores peruanos (es obvio que Blanca Varela hace patria), que ocupan un elevado porcentaje (casi el 20%) respecto al resto de países latinoamericanos.
Tomando como antecedente poético al sempiterno e iterativo Pablo Neruda, es en realidad un placer como lector deambular sin frivolidad -aunque como hemos dicho, con algunas pequeñas carencias- por la estética literaria de autores como los cubanos Lezama Lima (1910-1976) y Eliseo Diego (1920-1994), los chilenos Nicanor Parra (1914), Enrique Lihn (1929-1988) o Raúl Zurita (1951), los argentinos Alberto Girri (1919-1991) y Juan Gelman (1930), los mexicanos Octavio Paz (1914-1998), Eduardo Lizalde (1929) o José Emilio Pacheco (1939), el colombiano José Manuel Arango (1937-2002) y sucesivamente hasta 61 autores entre los que destacan, como ya hemos apuntado, por su difusión, los poetas peruanos, como Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001), una de las elecciones más acertadas según nuestro criterio, junto a Jorge Eduardo Eielson (1921) o Antonio Cisneros (1942) entre muchos otros.
Para finalizar, deseamos hacer especial hincapié en la presencia de Pablo Neruda en detrimento del
excelente poeta chileno Vicente Huidobro. Si la intención de los antólogos es la de tender un puente
entre la tradición y la vanguardia, no es menos importante el influjo de Huidobro en la literatura
hispánica, poeta que además fue el creador de su propio movimiento (el creacionismo) en
una época (década de los años 30 del siglo XX) en el que las voces hispanas se alzan en reacción
al surrealismo francés de Breton y donde nace una avalancha de ismos2 que enriquece el panorama
creativo de nuestros poetas.
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Notas:
1. Fue llevada a cabo por los mexicanos Octavio Paz y Xavier Villaurrutia y por los españoles Emilio Prados y Juan Gil-Albert, aunque la idea originaria parte de Octavio Paz, quien se la propuso a José Bergamín, director de la editorial.
2. véase el ultraísmo español y americano, el citado creacionismo huidobriano, el estridentismo, Los Contemporáneos...
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Texto, Copyright © 2002 Rosario González Galicia y M. Ángeles Vázquez.
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