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Gaudí: cruz y espiral en la arquitectura modernista.

por Sara Rivera

La inspiración en la naturaleza ha sido una constante para el arte occidental a lo largo de toda su historia, bien para negarla, bien para imitarla, o bien para expresar a través de sus formas el plano ideal de la dimensión humana... miles de interpretaciones han tenido cabida durante siglos, sin embargo sólo la personalísima concepción de Antoni Gaudí ha buscado más allá de lo visible, para indagar en las mismas fuerzas que generan el movimiento y el paso del tiempo en la naturaleza.

Gaudí utilizó todo un repertorio de formas visuales tomadas del mundo natural, adoptó imágenes del mundo marino, vegetal y animal; incluyó en sus edificios troncos de palmera, hojas de palmito, hiedras, formas rocosas y reflejos del agua. Pero no se limitó a lo descriptivo, sino que imitó en sus estructuras constructivas el crecimiento de los vegetales, la lógica de la gravedad, la formación de las dunas y montañas erosionadas por el viento, o los efectos del movimiento del mar.

Gaudí utilizó una lógica orgánica en su arquitectura, aprendida de la directa observación de la naturaleza. Como tantas veces se ha citado, Gaudí decía que la originalidad consiste en volver al origen, por lo que su principal deseo era extraer de la naturaleza sus fuerzas primarias para aplicarlas en sus construcciones. Y es que la naturaleza significaba para él la culminación de la obra divina, y sólo a través de ella podría alcanzar su expresividad mística. En todo momento la obra de Gaudí está imbuida de misticismo, su profunda religiosidad está presente en cada creación, en cada símbolo, y sobre todo en la obra que dominó toda su trayectoria, la ingente empresa de la Sagrada Familia.

Robert Schmutzler define el Modernismo como

aquel estilo que se desarrolló alrededor de 1900, cuyo leitmotiv era un largo y sensual movimiento. Sus ondulantes trazos curvos, que hacen pensar en las algas y lianas, asemejándose también a la manchada piel de una pantera o al brusco movimiento de un golpe de látigo, encuentran en el juego, ya suave o centelleante, ya moderado o furioso, su razón de ser. El modernismo vibra en el dibujo de un papel pintado de cisnes, traduce en ondas y céfiros las curvas líneas de las muchachas con forma de ninfa, y llena el espacio de reflejos metálicos, delicados como tallos de lirio, y eléctricos umbrales de luz.

Así pues, la raíz de toda la corriente es la naturaleza y la búsqueda de la belleza. Desde esta perspectiva podemos considerar a Gaudí como máxima expresión del estilo, si bien se aleja de sus contemporáneos en el sentido de que sus construcciones carecen de la trivialidad que domina parte de la producción modernista. En algunos casos la idea del "arte por el arte", el exceso de refinamiento y estilización de las formas, ha llevado a considerar el modernismo como el signo de la decadencia finisecular, como un movimiento nostálgico atrapado en ciertas costumbres que ya no tenían razón de ser. El concepto artesanal del trabajo, siguiendo las consignas de Ruskin y Morris desde el movimiento "Arts and Crafts" iniciado en la Inglaterra de mediados del s.XIX, le otorgaba un carácter elitista, era un arte dirigido a mecenas de la alta burguesía que vivía de espaldas a la sociedad industrial y sus desigualdades. Tengamos en cuenta que el modernismo proviene de antecedentes como la estética prerrafaelista, mientras que convive con el surgimiento de las primeras vanguardias, convirtiéndose en una especie de "canto del cisne" en el sentido más amplio del término.



Alfons Mucha - Sara Bernhardt, 1896

Gaudí consigue eliminar ese componente de delicadeza extremada puesto que nada es superfluo en su obra. Se le ha acusado de excesivo decorativismo, colorido o recargamiento, pero incluso el más abigarrado de sus espacios cuenta con una lógica interna que le da sentido, y en todos los casos cada elemento sostiene algún simbolismo que lo llena de significado. Se podría decir que hay en Gaudí una depuración del estilo al buscar siempre la expresión desde el origen, como decíamos, la visión de las fuerzas primarias que crecen y se transforman como el "horror vacui" de la naturaleza, en lo formal, pero en Gaudí también en los contenidos, expresados desde un carácter sintético.

Gaudí nació en Reus, en el Camp de Tarragona, en el año 1852. Su infancia en este entorno natural le permitió crecer con esta atenta observación de la naturaleza, y le llevó a la profunda comprensión de las formas orgánicas. Por otro lado crecer en una familia de caldereros le influyó a la hora de valorar por encima de la especulación mental los métodos artesanales y la experiencia práctica. Gaudí siempre trabajó sus obras como si se tratara de esculturas, como formas plásticas maleables que moldear con sus manos. Utilizaba maquetas a escala basadas en un sistema de cordeles y pesos-contrapesos que colocados inversamente le proporcionaría las medidas necesarias para sus estructuras, la experimentación física le proporcionaba la clave para construir como la naturaleza, en lugar de utilizar dibujos y planos en la tradición euclidiana.



Detalle de La Sagrada Familia

Una de las múltiples exposiciones organizadas a lo largo de este Año Internacional Gaudí 2002 con motivo del 150 aniversario de su nacimiento es la llamada Universo Gaudí, tiene lugar estos días (del 15 de octubre al 6 de enero del 2003) en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En ella se muestra ampliamente el entorno que influyó a Gaudí durante su formación en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, la influencia de los prerrafaelistas y los neohistoricismos, las restauraciones de Viollet-le-Duc y los primeros modernistas ingleses. Por otro lado queda patente en el segundo bloque de la Exposición el desarrollo de los métodos de trabajo seguidos en el taller de Gaudí, dominado por una concepción artística vinculada al trabajo escultórico y al trabajo directo sobre la materia desde cualidades plásticas. Nos parece completamente acertado el nombre de "Universo Gaudí" para la exposición, tanto por su pretensión de recoger las múltiples facetas que influyeron al arquitecto y las corrientes posteriores a las que él mismo influyó, como porque con el concepto de Universo podríamos aludir a esa visión tan personal que siempre mantuvo, por otra parte, de forma aislada como un todo propio. Esa visión quedaría completada y englobada en el concepto de "arte total".

Es conocida la admiración de Gaudí y su mecenas Eusebi Güell por las teorías wagnerianas de la Obra de Arte Total (Gesamtkunstwerk). Este concepto conlleva la integración de todas las artes, la arquitectura continuaría sin ruptura en las artes aplicadas, el diseño, el mobiliario, la escultura, incluso la música. Esta integración en el todo que es la obra de arte, cuidada hasta el último detalle para una coherencia total está presente en todos los artistas modernistas, y sólo en esa conjunción de las partes se consigue la belleza. Los espacios interiores fluyen, y los elementos naturalistas crecen unos en otros, como en un proceso de metamorfosis, todo ello integrado por los efectos lumínicos y ritmos inspirados y que inspiran cierta musicalidad.



Cúpula del Palacio Güell

Las primeras obras propias de Gaudí, como la Casa Vicens, el Palacio Güell o el Capricho de Comillas, todavía aparecen ligadas a los historicismos arquitectónicos. En ellas aparecen referencias medievales, otras de carácter exótico y orientalista, incluso elementos tomados del arte hispanoárabe, como la sala con el techo de mocárabes de la Casa Vicens; pero todas ellas apuntan ya ese concepto global del arte y los elementos naturalistas que determinarán la obra de madurez.

La eclosión de todas estas ideas tendrá lugar en el Parc Güell, donde Gaudí pasa a desarrollar plenamente su lógica organicista; el pasillo formado por arcos catenarios y troncos de palmera permanece fiel a las estructuras naturales, sin perder de vista formas vegetales y animales, como el dragón de estirpe catalana, aquí interpretado con carácter apotropaico. Gaudí imita también el movimiento del mar en la ondulación del banco que recorre la plataforma superior del parque, cubierta por trencadís que recuerda el colorido y contraste que dominan la naturaleza. Sujeta dicho banco una estructura inspirada en los templos griegos, un guiño de Gaudí al arte antiguo pero reinventado con formas aclásicas: en una huida de cualquier tipo de convencionalismo académico en su obra, siempre predomina el origen natural.



Banco corrido de trencadís, Parc Güell

Toda esa fantasía naturalista viene a adquirir toda su belleza en la Casa Batlló, situada en el Paseo de Gracia de Barcelona. Edificio como un animal marino, cubierto de escamas que producen iridiscencias acuáticas y que respira a través de los espacios continuados al interior, como un organismo que viviera de luz y de agua.



Casa Batllo

Su transposición a la tierra se encuentra en el mismo Paseo, en la Casa Milá conocida como "La Pedrera". Aquí el edificio adquiere un aspecto de montaña erosionada por el tiempo. Si en la primera dominaba el sentido ornamental, en La Pedrera se subraya el sentido de esencialidad, la depuración y contundencia de una forma sólida.



Casa Milá (La Pedrera)

Ambas desprenden esa especie de fuerza, una vibración emotiva derivada del "origen". Ahí radica la diferencia del modernismo de Gaudí, su belleza no se estanca en un lirismo caduco, sino que paulatinamente sus obras adquieren mayor expresividad. El onirismo y expresionismo cada vez más emergentes, ya fijados en las figuras de la azotea de la Casa Milá, llevan directamente al tremendismo e inquietud que respira el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, (la Catedral de los Pobres).



La Sagrada Familia

Tras la realización de las obras de la Casa Milá, Gaudí no volvió a aceptar ningún encargo laico. Durante los últimos años de su vida centró toda su dedicación a la Sagrada Familia, los efectos de erosión en ella correrían paralelos a su propio proceso de erosión e introspección al misticismo. La vehemencia volcada en esta obra consigue una sensación de ingravidez, una expresiva fragilidad que la convierte en precedente directo del Expresionismo, tal y como lo interpretaron los artistas alemanes, y sus formas blandas en fuente de inspiración surrealista, como dijera Dalí, sus "arquitecturas comestibles". Gaudí supone la vibración de la naturaleza traducida a las formas arquitectónicas dotadas de un fuerte simbolismo que las hace crecer ingrávidas como una letanía mística, o una composición wagneriana, o una caligrafía orgánica. Hagan ustedes la abstracción.

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Página web Gaudí 2002: www.gaudi2002.bcn.es Muy interesante el apartado de imagen. En música, cabe recordar el disco dedicado por Allan Parson´s a la Sagrada Familia.

 

Texto, Copyright © 2002 Sara Rivera. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: viernes, 1 de noviembre de 2002

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