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Españolismos en las letras hispanoamericanas.
por Alfredo Canedo
El idioma castellano, por mucha evolución, es siempre uno, aun cuando se lo fertilice y robustezca con la lengua criolla; así, válido en el continente suda-mericano donde no se renunciaba al mismo por someterlo a los acentos, tonos y a la idiosincracia del parlante. De modo que por encima de intelectuales mercachifles y remenderos, cuyas sentencias a veces escandalizan hasta el lector más desprevenido, una de las vías de acceso a saberse de la voz hispanoamericana durante el siglo decimonono son los términos de cepa española en letras criollas.
Desde donde se estudien las letras criollas lo primero es de muy alejadas de la rebelión
antihispánica. De firmeza, el verso 550 de Martín Fierro con la acepción
"pero tuve mi jabón" en semejanza a la voz del Hidalgo en temeroso trance
Bien creo, respondió don Quijote, que el sacristán y Roldán fueron poetas,
que me hubieran jaboneado a la doncella; porque es propio y natural de los poetas
desdeñosos;
a más de reiterativo en El mundo de dentro de Quevedo
... ahora escribo este discurso diciendo que es para entretener, y por debaxo de cuerda
doy un xabon muy bueno á lo que di alhagos muy sazonados.
Otra expresión en el verso 597, a modo de circun-loquio declamatorio, "desaté tres Marías"
(nombre de las estrellas Marías simétricamente alineadas) para Martín Fierro representadas en
sus boleadoras y como guías de las nocturnas peregrinaciones por los campos; cuando en la novela del Hidalgo de la Triste Figura tocadas a la misma suerte para los aterrados marineros de Galicia ante tres gigantes olas.
Lo propio con "la había agenciao a la taba", verso 65l, ocurrencia lúdica de Cervantes en uno
de sus relatos picarescos
En tres años que tardó en aparecer, y volver a su casa Carrizo aprendió a jugar a la taba en Madrid;
también de Quevedo en su jocosa y socarrona novela Vida del gran tacaño
Pasaron la tarde en jugar a la taba mi tío el porquero y domador
con palabras del protagonista.
Asimismo, "dar soga", otras veces "dar changui"; decires por el autor del poema gauchesco José Hernández en los versos 3145 al 3149, tomados de la bajada de Quijote a la cueva de Montesinos, capítulo XVII, ante las miradas impávidas del escudero Sancho Panza, la posadera y los parroquianos.
Y con igual énfasis en expresiones criollas heredadas de los primeros románticos de España,
la sentencia burlesca de Martín Fierro "con la cola entre las piernas", verso 1090, recogida del
Hidalgo castellano por sumisión al perro
Pues voto a tal, dijo don Quijote, que ha de ir a vos sólo, rabo entre piernas, con
toda la cadencia a cuesta.
El dialecto criollo está cuajado de palabras vivaces, galanas y sonoras, pero también de las de
todos los días, sueltas, libres y blandas o enteras; otras, moralistas como las del censor
angustiado por su destino trágico. Podría resumírselo en que es una forma de reproducir el paisaje
natural de Hispanoamérica por criollos en comunicación con demás criollos, y de revalidar el
castellano "acriollado" con todas las consecuencias en lo escrito y hablado. Otro asunto a
atenerse es que está social y geográficamente diferenciado del homogéneo castellano de los
españoles; por tanto, erróneo en pensar que por "relajado" del idioma original había llegado a un
punto muerto, cuando verdaderamente iniciaba una nueva tradición lingüística liberada de la preceptiva
académica. Sobre esa originalidad de la lengua criolla, Andrés Bello, en Obras completas, T. VII,
dice esto:
Cada pueblo tiene su fisonomía, su lengua, sus aptitudes, su modo
de andar, cada pueblo está destinado a pasar con más o menos
celeridad por ciertas fases sociales; y por grande y benéfica que sea la
influencia de unos pueblos sobre otros, jamás será posible que ninguno
de ellos borre su tipo peculiar, o adopte un tipo de lengua impropia; y
decimos más, no sería conveniente, aunque fuese posible.
Pero otros los vientos en la España de finales del siglo XIX. Juan Valera, como pocos de sus
pares en el conocimiento del castellano y por eso su pluma dúctil, flexible y riquísima, llegó
a decir en Recopilación de ensayos que la prosa criolla era en grande parte "nefasta y
mucho, muchísimo deleznable" porque correspondía a los altos y bajos estados mentales del parlante
hispanoamericano, y que no puede haber una literatura en ninguna región de lengua castellana sin
estilo prosódico y gramatical acordado con la Real Academia de Letras de España:
Creo que la independencia política de las repúblicas americanas,
que fueron colonias españolas, no implica la independencia literaria.
Mil veces he dicho: cuanto se escribe en Buenos Aires, en Bogotá, en
Lima o en Caracas, debe seguir siendo literatura española, aunque no
dependen ya del Estado español los autores nacidos en dichas ciudades
o en los territorios de ellas son cabeza.
Para este erudito escritor la supremacía política y cultural de su país otorgaba al castellano
escrito y hablado por los españoles rango de idioma único en las ex-colonias del Nuevo Mundo; cuando
en Literatura argentina Juan María Gutiérrez sostuvo con tono sarcástico que escribirse en castellano de los españoles era tan impropio a los americanos como en dialecto criollo a aquéllos, ya que la esencia de una lengua, cualquiera fuere, está no sólo en el criterio lingüístico sino también en lo inimitable:
Canta entonces en honor a Buenos Aires, el bello sexo argentino,
a la libertad de imprenta, a los trabajos hidráulicos por orden de
gobierno, a la Sociedad de Beneficencia, a la Sociedad Filarmónica, a
la paz de España, etc., haciendo brotar la poesía de fuentes criollas
antes desconocidas por los españoles. Sin embargo, Valera, usando el
lenguaje de la época, no había sacrificado hasta entonces sino el altar
de la Gracia al mirlo que adorna su frente.
En esa misma firmeza, descompuso el paralelismo llano de la expresión escrita y oral de los españoles
con la de pueblos hispanoamericanos, aunque con especial mención de no ruptura del dialecto criollo
con el castellano. Para él no había razón valedera de que las letras criollas hallaran modelos en
escritos españoles; y en directo enlace al caso, su rechazo, en 1875, al diploma de miembro de la
Academia de Letras de España por pretenderse dueña y señora de la lengua de los parlantes hispanoamericanos.
Preferente para él, con que fundamentó ese rechazo en buena parte meritorio, era el dialecto criollo
ennoblecido por la tradición, mientras los académicos no lo admitían por "bárbaro".
La reacción de Valera contra la escritura criolla mezclada con arcaísmos y galicismos, hubiera
sido algo razonable, pero "pisotearla" , en cuanta oportunidad tuviera, en nombre de la pureza
castellana, era inadmisible no ya para los americanos sino para la movilidad continua de la
lengua. Desde su innegable altura de filólogo y literato, legó el quebranto de la escritura
criolla con el idioma castellano; enjuiciándola por excesivamente prosaica, pobrísima en vocabulario
y malísima en construcción gramatical. Todo lo cual en descuido de su parte, cuando sabido que el
idioma, como en este caso, es bastante flexible y maleable para volcarlo a las formas conocidas y
probadas en el espíritu del parlante hispanoamericano. Tal el método dogmático y hasta simplista de
Valera. De ahí, necesario distinguir su propuesta idiomática de la de Gutiérrez, como así de Bello
y Sarmiento, quienes buscaron el perfeccionamiento de la lengua sólo en la propia región de los
parlantes, aunque sin el abandono de los tratados sobre la evolución del castellano desde los
tiempos de Cervantes y Lope de Vega. De resultas que Valera, en sus alardes de "severísimo guardián
del castellano incontaminado y pulcro", renunciaba, tal vez por vanidad intelectual o sin saberlo, a
que, a tenor de las sentencia filológica, donde haya una lengua también un sistema de escritura y un
sentido oral. Su esperanza fue por una prosa hispanoamericana con semejanza a la castellana, sin el
menor asomo de que los criollos, escritores o parlantes, por temperamento, identificábanse con la
entera lengua de sus días. De modo sofístico, Valera pretendía infructuosamente demostrar que las
palabras criollas es posible adecuarlas a las castellanas. Motivo de réplica a su desarraigo de las
mutaciones idiomáticas por el lingüista y novelista Gil Fortoul con anotaciones en Cultura venezolana
sobre el uso de las palabras castellanas por los parlantes criollos:
La literatura latinoamericana nació con la Independencia;
literatura diferente de la española, porque si empleaba esa misma
lengua, la había de escribir con otra mentalidad.
Si el docto e ilustrado Valera predicó el castellano de los españoles en inalterable por parlantes hispanoamericanos, prosistas y poetas del otro lado del Atlántico lo vistieron de criollo; sin que por esto la lengua madre quedara eclipsada ni siquiera oscurecida.
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Texto, Copyright © 2002 Alfredo Canedo.
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