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...Y Gauguin: El Taller De Los Trópicos.

por Sara Rivera

En el anterior número de Babab revisamos la trayectoria artística de Vincent Van Gogh, con motivo de la exposición Van Gogh - Gauguin: el Estudio del Sur en el Museo Van Gogh de Amsterdam. En esta ocasión observaremos la otra cara de aquel proyecto que nunca tuvo lugar, la obra e ideario de Paul Gauguin, cuyas inquietudes tampoco llegaron a culminar en su deseado taller del Trópico. No es de extrañar que el estudio del Sur no cuajara pese al encuentro entre ambos artistas, dadas las enormes diferencias que les separaban, tanto en el ámbito artístico como en el profesional. Si Van Gogh buscaba en la pintura la expresión de la vida, lo insondable del sentimiento humano traducido en la naturaleza, Gauguin utilizaba el arte desde su faceta más racional para construir desde la pintura un universo simbólico más allá de lo real, su interés es la creación de una mística propia. Tal como expresan sus cartas, para Gauguin la pintura es un ejercicio de inteligencia;

el artista es capaz de aprehender los sentimientos, de realizar las traducciones mas delicadas, que luego se convierten en las mas invisibles del cerebro.

Así pues, la pintura de Gauguin posee un trasfondo sensible, pero buscado a partir de complejos mecanismos mentales, alegorías.

Gauguin considera el cuadro como un poema simbólico, un relato codificado para adquirir un sentido místico en algún lugar mas allá. De ahí su interés por culturas exóticas alejadas de la civilización europea, cuya forma de vida considera estúpida:

Ojalá llegue el día en que iré a desaparecer a los bosques en una isla de Oceanía a vivir de éxtasis, de calma y de arte. Rodeado de una nueva familia, lejos de esta lucha europea por el dinero

Quizás esta búsqueda de paraísos exóticos proviene de su infancia en Perú y, de su abuela, Flora Tristán, que le emparentaba con antepasados españoles que él mismo cubrió de un carácter enigmático. A su regreso a Europa, se enrola en la marina, hecho que le permitirá conocer las costas de América del Sur, Oceanía, Asia y el Mediterráneo. Una vez asentado en Francia, trabaja en la Bolsa, y comienza a pintar a partir del año 1871, a través de la influencia de su amigo y pintor Gustave Arosa.

Sus primeras pinturas, como ocurría en el caso de Van Gogh al acudir a París sobre las mismas fechas, cuentan con la influencia del movimiento impresionista, si bien Gauguin nunca compartiría sus intereses por la observación retiniana de lo natural; su influencia se traduce en el color y en algunos cuadros la pincelada. Pero Gauguin combinaría este estilo con su propia concepción de le pintura, muy vinculada a los simbolistas del género literario. Ya en los primeros años Gauguin aparece preocupado por las correspondencias entre la pintura y la música, su interés se centraba en la consecución de armonías derivadas de la propia expresividad de la pintura, ajeno a los estudios de luz de sus contemporáneos. Ya en 1886, y cuando conoce en 1887 a Van Gogh, Gauguin ha decidido mantenerse alejado de grupos artísticos, por lo que decide marcharse a Bretaña, en busca de lo "primitivo". De nuevo se presenta la leyenda del artista salvaje... pero a diferencia de Van Gogh, que "sufrió" esa condición, Gauguin la forjó para sí mismo cuidadosamente en sus cartas y escritos.

La primera estancia en Bretaña y a continuación sus viajes a Panamá y Martinica terminaron por configurar el estilo propio que había estado elaborando hasta entonces. Su pintura es ya en aquel momento construida a base de planos de color, liberada de cualquier tipo de naturalismo.

La planitud de su pintura alcanzaría su expresión más significativa durante el año 1888, cuando se instala junto a Emile Bernard en Pont-Aven. Durante este periodo permanece en contacto con Van Gogh, que trabajaba en Arles plasmando los paisajes del Sur en plena exaltación vibrante, mientras Gauguin renunciaba ya definitivamente al natural para pintar en exclusividad desde su memoria con colores totalmente arbitrarios.


Visión después del sermón
Visión después del sermón

Visión después del Sermón constituye la culminación de todo el proceso de autoformación que Gauguin había labrado para conseguir toda la expresividad que él concebía en la pintura. Este cuadro se ha desprendido ya de todas las investigaciones impresionistas para utilizar un lenguaje simplificado en lo formal pero cargado de simbolismo. Cada línea es ya un signo, y cada color una expresión abstracta, una alusión a otro nivel de realidad, la acción se sitúa entre lo real y lo imaginario.

Los cuadros de Gauguin en Tahití serán una evolución que parte de esta obra realizada en Bretaña, justo en el momento previo a las semanas de convivencia en Arles con Van Gogh, que no cambiaron la trayectoria de sus teorías en cuanto al arte como abstracción en adelante.

En una de sus cartas, Gauguin se dirige a Van Gogh en estos términos:

Sí, tiene usted razón en querer una pintura con una coloración sugestiva de ideas poéticas y en ese sentido estoy de acuerdo con usted, con una diferencia: no conozco ideas poéticas y es probablemente un sentido que me falta. [...] Las formas y los colores conducidos en armonía producen por sí mismas una poesía. Sin dejarme sorprender por el motivo, siento ante un cuadro otra sensación que me lleva a un estado poético según si las fuerzas intelectuales del pintor se desprenden de él

Es evidente que Gauguin ya se inscribía en una línea al margen del naturalismo, y concebía la pintura como un lenguaje simbólico basado en la expresividad de contornos y colores para formar un "poema" por sí mismo, y no por el motivo reproducido.

Junto a Van Gogh, Gauguin pintará algunos paisajes al natural, y su colorido se hará más vivo. Por su parte, Van Gogh tratará de pintar desde imágenes mentales, e imitará el simbolismo presente en las obras de Gauguin que el holandés consideraba tan misterioso. Ambos pintarán Les Alyscamps, presentes en la exposición, y los célebres retratos de Madame Ginoux y Madame Roulin convertidos casi en tapiz por su enfatizado valor decorativo.

Pero las divergencias entre los dos artistas les llevarían a terrenos cada vez más alejados; Van Gogh continuaría con la reproducción directa de la realidad, mientras que Gauguin avanzaría hacia la creación de otra realidad lejana. La relación artística sería, no obstante, enriquecedora para ambos, pero la convivencia se hizo insoportable. Gauguin plasmó el estado de tensión de la relación en su Retrato de Van Gogh pintado Girasoles; Van Gogh aparece como trastornado, pintando la obra con la que Gauguin le identificaba. Todo terminó con el incidente de la oreja, y Gauguin se marchó sin auxiliarle, escapando del proyecto que él había desechado en favor de su anhelo de tierras exóticas. Ambos seguirán en contacto por algún tiempo, hasta el suicidio de Van Gogh en 1890.


Faa Iheihe
Faa Iheihe

En 1891 Gauguin se marcha a Tahití, como había planeado tantas veces, y será en aquel entorno donde desarrolla plenamente sus teorías pictóricas. Los cuadros de este periodo son los más representativos de su producción. La superficie pictórica se convierte en una evocación. La belleza plástica remite a su vez a una belleza lejana, creada asimismo por Gauguin, que representa una mitología perteneciente a la mente del pintor, encerrando una explicación de la muerte y la vida, la vida como erotismo, erotismo como belleza, y belleza en el exotismo.

Como analiza Guillermo Solana, los cuadros del periodo polinesio constituyen un universo hermético, cerrado, donde se incluyen diferentes niveles de realidad al expresar el interior y el exterior de los personajes, al expresar sus miedos, sus rituales y su religiosidad, que lleva a un ámbito sobrenatural. Cuadros como Manao Tupapau, Vairaumati tei oa, o el sublime Mata Mua, representan complejas articulaciones en las que los personajes son tomados de cuadros anteriores y se mueven entre lo real y lo imaginado. A partir de sus figuras aisladas, y la belleza de los colores saturados, Gauguin crea una mitología propia situada en algún paraíso de su invención. El valor estético de los cuadros es la recreación poética de los símbolos que explican la teogonía concebida por el artista.


Mata Mua
Mata Mua

Sus obras son evocaciones; recreaciones simbólicas de una lejanía grave, evocaciones de otro mundo. Guaguin expresaba en otra de sus cartas:

Mi centro artístico está en mi cerebro y no en otra parte y soy fuerte porque jamás me desvían los demás y porque hago lo que hay en mí. Beethoven estaba sordo y ciego, estaba aislado de todo, y así sus obras revelan al artista que vive en su propio planeta.

Así es, al marcharse a Tahití Gauguin consolidó todo lo que había ideado anteriormente. Tiene las mismas inquietudes, el mismo lenguaje simbólico expresado desde la belleza plástica. La esencia es la misma, sólo el sabor es diferente. La religiosidad de Visión después del Sermón o del Cristo Amarillo, esa devoción soñada, ahora se viste de rituales y dioses asiáticos en un paraíso ausente.


Cristo Amarillo
Cristo Amarillo

La culminación de todas sus ideas se encuentra en su cuadro-testamento: De dónde venimos, Qué somos, A dónde vamos? , del año 1897, conservado en el Fine Arts Museum de Boston, realizado durante su segunda estancia en Tahití. Se trata de la plasmación de ese paraíso soñado, un paisaje edénico donde las figuras exóticas, tomadas de cuadros anteriores, escenifican las tres edades de la vida: la inocencia de la infancia, el desarrollo de la madurez entre el conocimiento científico y la religiosidad que nos vincula al más allá, aquí representada por la estatua del ídolo Hina, y el paso final de la vejez que lleva a la muerte cerrando el círculo simbólico.


De dónde venimos, Qué somos, A dónde vamos?
De dónde venimos, Qué somos, A dónde vamos?

Tras la ejecución de esta obra, como eclosión de todo su pensamiento y su estética, Gauguin trató de suicidarse, aunque su muerte no llegaría sino años más tarde, en 1903, dedicándose en el transcurso de esos años a pinturas de enorme belleza centradas en al idea del Paraíso y ya liberadas de las preguntas que escondían las obras anteriores a su composición De dónde venimos...

Desde los primeros titubeos impresionistas al simbolismo, el desarrollo del cuadro como poema, la belleza como signos y las alusiones a una religiosidad del más allá, Gauguin consiguió traducir las dos naturalezas que él consideraba tener: la india y la sensitiva, en un estilo pictórico propio donde expresar su mística deliberadamente lejana, creada sólo en su mente, como un universo enigmático para volver a un estado perdido.

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Bibliografía:

Escritos de Gauguin:

- Escritos de un salvaje. Daniel Guerin. Ed.Debate, 1995
- Noa Noa. (1893-1895)
- Avant et Après. (1902-1903)

Paul Gauguin. Guillermo Solana. Historia 16, colección el Arte y sus creadores.

Gauguin sin leyendas. Charles Chassé.

El Postimpresionismo. De Van Gogh a Gauguin. John Rewald. Madrid, Alianza, 1992.

 

Texto, Copyright © 2002 Sara Rivera. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: domingo, 1 de septiembre de 2002

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