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Van Gogh: El Estudio Del Sur En Amsterdam

por Sara Rivera

Desde 9 de febrero, y hasta el 2 de junio de este año 2002 ha tenido lugar la Exposición "Van Gogh - Gauguin. El Estudio del Sur" en el Museo Van Gogh de Amsterdam. El fenómeno Van Gogh volvió a funcionar. En palabras de la comisión organizadora del museo, se han superado con mucho las expectativas generadas por la exhibición , han acudido un total de 739117 visitantes ávidos de contemplar algunas de las obras más conocidas del holandés y de su compañero durante nueve semanas en el Estudio del Sur, el pintor francés Paul Gauguin; la casa amarilla que durante aquel periodo constituyó un verdadero hervidero de tensiones, pasiones y discusiones artísticas y de otra índole más mundana, que provocaron finalmente el episodio de la oreja y la separación definitiva de la trayectoria de ambos artistas. Olvidémonos de la reserva de visita con antelación, de las masas que abarrotaban la tienda del museo, de las colas delante de los cuadros, y una vez conseguimos abstraernos del ambiente peculiar creado por las conversaciones que tenemos alrededor en al menos siete idiomas diferentes - tantos como audífonos ofrecía la organización- por fin nos hallamos delante de los cuadros.

La exposición está montada en base a cinco grandes bloques: las obras realizadas por Van Gogh y Gauguin en 1886 y 1887, en torno al primer encuentro en París; el periodo transcurrido en solitario por Van Gogh en Arles mientras Gauguin permanecía en Pont-Aven; un tercer bloque dedicado a la correspondencia mantenida entre ambos durante el año 1888 antes de reunirse, y a la decoración preparada por Van Gogh antes de su llegada, esencialmente en la creación de los Girasoles; la cuarta sala se centra por fin en la producción fruto del intercambio de ideas en el Taller del Sur; el quinto bloque muestra la evolución que siguió cada pintor por su lado después de su separación, mostrando la influencia que supuso el uno sobre el otro, y finalmente una sala dedicada a la obra de Gauguin tras la muerte de Van Gogh.


Los Comedores de Patatas
Los Comedores de Patatas

Tras unos primeros pasos vocacionales hacia el ejercicio de la predicación y una carrera profesional frustrada para la Galería Goupil fundada por su tío Cent, Van Gogh se refugia en la pintura, género donde vierte toda la espiritualidad que dominó sus comienzos, tanto desde una perspectiva religiosa como desde una visión social del obrero y el campesino como héroes. De esta manera, sus referentes en la pintura serán los maestros holandeses de los siglos XVII y XVIII, y su siempre admirado Jean François Millet. Van Gogh trabajará en las minas del Borinage y de Cuesmes como evangelizador, tarea que alternaba con la pintura. Los cuadros de esta época reflejan la influencia el Realismo francés de la segunda mitad del siglo XIX, no sólo en el ámbito pictórico, relacionando sus cuadros con aquellos de Courbet, Daumier o Corot, sino que también Van Gogh hunde sus raíces en la literatura de realista del mismo periodo, en especial en la obra literaria de Emil Zola.

El género, de carácter social, es coherente con la factura de Van Gogh, que desde un principio muestra su desvinculación a cualquier tipo de academicismo para sumergirse en un enfrentamiento con la naturaleza, con la realidad; Van Gogh no busca la belleza en la pintura, sino el alma en los personajes pintados tal y como él encontraba en Millet:

Cornelis (Tío Cor) me pregunta entonces si una mujer o una joven que fuese bella no me gustaría, pero le dije que me sentiría y me entendería mejor con una que fuese fea, o vieja, o pobre, o desgraciada por una u otra razón, pero que hubiese adquirido inteligencia y un alma por la experiencia de la vida y las desdichas y las penas.
(Cartas a Théo, 117)

Desde su temprana formación autodidacta Van Gogh concibe la vida desde una postura sufriente, y lo refleja en su pintura al practicarla como si se tratara de una confrontación emocional ante la naturaleza, así define el arte:

No conozco una definición mejor de la palabra arte que ésta: "El arte es el hombre agregado a la naturaleza"; la naturaleza, la realidad, la verdad pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales la expresión que redime, que desenreda, que libera, que ilumina. Un cuadro de Mauve, o de Maris, o de Israels dice más y habla más claramente que la misma naturaleza.
(Cartas, 130)

Calavera con cigarrillo
Calavera con cigarrillo

Los primeros años como pintor transcurren así durante sus estancias en Borinage, Cuesmes, Courriéres, La Haya, Bruselas... donde realiza estudios de los lugareños y los paisajes con la pretensión de plasmar el alma humana, tratando de mejorar su dibujo y técnica compositiva en cuadros monócromos, e intentando superar la incertidumbre de su capacidad y la desazón que le causaba la búsqueda continua del conocimiento. No obstante, esta búsqueda pronto se alejará de preocupaciones técnicas para centrarse cada vez más en la creación de sus propios medios de expresión, de un lenguaje personal que indaga en la captación de la intensidad que él encuentra en la naturaleza y quiere trasladar al arte, percibido como la manifestación más inmensa de la experiencia. Vincent Van Gogh quiere hacer dibujos que golpeen, haciendo suyas las palabras de Millet: "preferiría no decir nada a expresarme débilmente".

Sea en la figura, o sea en el paisaje, yo quisiera expresar no algo así como un sentimentalismo melancólico, sino un profundo dolor. Por encima de todo, yo quiero llegar a un punto que se diga de mi obra: este hombre siente profundamente y este hombre siente delicadamente. A pesar de mi reconocida torpeza, ¿me comprendes, no? O quizás a causa de ella. [...] quiero mostrar por medio de mi obra lo que hay en el corazón de un excéntrico, de una nulidad. Ésta es mi ambición, que está menos fundada sobre el rencor que en el amor " a pesar de todo", más fundada sobre un sentimiento de serenidad que en la pasión. Aun cuando viva a menudo en la miseria, tengo en mí, sin embargo, una armonía y una música calma y pura. En la casita más pobre, en el rinconcito más sórdido, veo cuadros o dibujos. Y mi espíritu va en esa dirección por un impulso irresistible.
(Cartas, 218).

Es evidente, que desde la desesperanza o la soledad, la pasión creativa o la firmeza de sus planteamientos, Van Gogh había gestado ya en los primeros años las ideas que dominarían toda su producción, cada vez desarrolladas en mayor profundidad a pesar del desaliento de no conseguir vender sus cuadros y del sentimiento de culpabilidad que le producía depender enteramente de su hermano Théo hasta su muerte, ante quien se justificaba entregando continuos envíos de trabajos y mostrándole en sus cartas su constante actividad, si bien no llego a renunciar nunca a tal ayuda.

Este primer periodo en los Países Bajos aparece ampliamente representado en la colección permanente del Museo Van Gogh, en esos cuadros sombríos de paisajes y figuras poéticas, todavía muy vinculadas al realismo social y a una concepción romántica de la pintura, aunque realizados ya con una pincelada moderna; va descubriendo los efectos enérgicos del empastado, siempre a partir del contacto directo con la naturaleza traducida de manera vigorosa a su obra:

Sí, para mí, el drama de la tempestad en la naturaleza, el drama del dolor en la vida, es en verdad el más perfecto.
(Cartas, 319)

Poco a poco, la observación de la naturaleza irá cediendo espacio al color; Van Gogh estudia las teorías de los colores complementarios y los efectos de color en los grandes maestros, especialmente a partir de Rembrandt y Delacroix, a quienes admira por pintar las cosas no como son, sino como ellos las sienten.

Yo conservo de la naturaleza un cierto orden de sucesión y una cierta precisión en la ubicación de los tonos; estudio la naturaleza para no hacer cosas insensatas, pero me interesa menos que mi color sea precisamente idéntico, al pie de la letra, desde el momento en que aparece bello sobre mi tela, tan bello como en la vida. [...] Mi gran anhelo es hacer inexactitudes, anomalías, modificaciones y cambios en la realidad para que salgan, claro está, mentiras - si así quieres llamarlas - pero mentiras que sean más verdaderas que la verdad literal.
(Cartas 429 y 401)

Así, el color será la gran revolución que Van Gogh conocerá de manos de los impresionistas a partir de su precipitada llegada a París, donde permanecerá entre los años 1886 y 1888. Tras su larga formación autodidacta en el dibujo, composición y color, y un último intento en Amberes de formación académica, donde definitivamente no encaja, Van Gogh se instala temporalmente en París.

Allí tomará contacto con los impresionistas, hecho que producirá el aclaramiento de su paleta hasta los amarillos y azules que le son más propios, e iniciará la relación con Gauguin que culminará finalmente en el Estudio del Sur. Van Gogh se retira a Arles en primer lugar, puesto que no soporta el ambiente de la ciudad, donde se siente ahogado e incapaz de trabajar.


La Siega
La Siega

Al hilo de las teorías del "buen salvaje", multitud de artistas del último cuarto del siglo XIX, sufrieron la necesidad de escapar de lo civilizado; Gauguin hizo su partida a Martinica, por su parte Van Gogh buscó el exilio en el Mediodía, alentado por el sol, la luz y el paisaje provenzal al que aplicaría su visión interior ahora expresada a partir del color, dispuesto en grandes planos como había aprendido de la técnica japonesa. Van Gogh consideraba Arles su lugar exótico, en oposición al bullicio de París.

La fuerte luz contrastada de Arles le permitía investigar los valores expresivos del color como transposición de su subjetividad en toda su intensidad, adquiriendo una técnica cada vez más impetuosa, a base de una pincelada enérgica y muy empastada para volcar esos sentimientos que él " traducía" de la naturaleza.

Paralelamente, como se muestra en la exhibición a través de obras como Visión después del Sermón, Gauguin en Pont-Aven avanzaba junto a Bernard en una pintura acabada, creando sensaciones de belleza armónica, y basándose en temas buscados en la imaginación. Así mismo realiza en este momento una serie de obras en cerámica, que también forman parte del montaje expositivo.

Los cuadros de esta época exhibidos muestran el contraste de intereses de ambos artistas, Van Gogh sigue mirando a la naturaleza de forma exaltada, realizando estudios de almendros, naranjos, acebos y marinas en un "cielo azul duro con un gran sol brillante" ; percibe el paisaje y sus habitantes como "seres de otro mundo", analizando una y otra vez los efectos de los colores:

Todos los colores que el Impresionismo ha puesto de moda son cambiantes, razón de más para emplearlos atrevidamente y muy crudos; el tiempo los rebajará más que suficiente.
(Cartas, 476)

Pese a trabajar febrilmente, Van Gogh denota en sus cartas del año 1888 una creciente tristeza, una soledad que le atormenta. De su religiosidad primigenia sólo queda el desencanto:

Creo que cada vez más no hay que juzgar a Dios por este mundo, porque es un estudio suyo que le salió mal.
(Cartas,490)

La pintura será su único asidero, y progresivamente muestra la necesidad de romper su aislamiento. Su esperanza de mejora se centra en la creación de una sociedad de artistas, "El Estudio del Sur", puesto que parece totalmente consciente de que su obra no será aceptada sino por las generaciones venideras, como si fuera un visionario no sólo en la percepción de la naturaleza, sino también en la influencia que ejercería sobre el arte en un futuro no muy lejano.


La Noche Estrellada
La Noche Estrellada

En este contexto, manifiesta a su hermano Théo su anhelo de trabajar con Gauguin en Arles, y comienza al mismo tiempo a mantener correspondencia con el pintor, tema tratado en el tercer bloque temático de la exposición mostrada en Amsterdam. Se produce así un constante intercambio de ideas e influencias, aunque Van Gogh parece cada vez más consciente de sus propias pretensiones y de cómo plasmarlas en la tela:

Porque no quiero reproducir exactamente lo que tengo delante de los ojo, sino que me sirvo arbitrariamente del color para expresarme con más fuerza. En fin, dejemos tranquilo esto como teoría, pero te voy a dar un ejemplo de lo que quiero decir. Quisiera hacer un relato de un amigo artista que sueña grandes sueños, que trabaja como canta el ruiseñor, porque su naturaleza es así. Este hombre será rubio. Yo quisiera poner en el cuadro mi aprecio, el amor que siento por él. Lo pintaré, pues, tal cual, tan fielmente como pueda, para empezar. Pero el cuadro así no está acabado. Para terminarlo me vuelvo entonces un colorista arbitrario. Exagero el rubio de la cabellera, llego a los tonos anaranjados, a los cromos, al limón pálido. Detrás de la cabeza en lugar de pintar el muro trivial del mezquino departamento, pinto el infinito, hago un simple fondo del azul más rico, más intenso que pueda confeccionar, y por esta sencilla combinación, la cabeza rubia iluminada sobre este fondo azul rico obtiene un efecto misterioso como la estrella en el azul profundo.
(Cartas, 520)

La desfavorable situación económica de Gauguin la llevará a comprometerse en un acuerdo con Théo para vivir con Vincent en Arles, recibiría al mes 150 francos a cambio de enviar sus obras al marchante, que gestionaría sus ventas desde París.

Van Gogh se apresura a preparar la casa amarilla para la llegada de Gauguin, consiguiendo nuevos muebles pese a su situación de miseria, y creando los famosos Girasoles, que debían formar parte de la decoración de la casa en doce lienzos "como una sinfonía en azul y amarillo", junto con los cuadros de la serie del Jardín del Poeta. La exposición ha reunido las tres versiones que llegó a realizar, la de la National Gallery de Londres y las dos versiones posteriores del Museo Seiji Togo Memorial Yasuda Kasai de Tokio y la custodiada por el propio Museo Van Gogh. El conjunto decorativo incluiría asimismo La Habitación, que debía transmitir la sensación de sueño y reposo, si bien la impresión final transmite la ansiedad con que Vincent esperaba a su compañero.

Parece ser que toda la armonía que quiso transmitir a Gauguin no fue suficiente. Éste, por su parte, retrasó todo lo posible su llegada a Arles, acaso previendo las dificultades de convivencia que les superarían. Por otro lado, Gauguin nunca llegó a intuir lo que Van Gogh sentía ante aquella naturaleza, de forma que su temporada en Arles respondía a razones puramente económicas.


Cipreses
Cipreses

Con todo, Gauguin acude a Arles y el Taller del Sur se pone en marcha desde octubre del año 1888. Los cuadros expuestos en el cuarto bloque muestran como ambos cedieron a imbuirse en las necesidades estéticas del otro; Van Gogh pintó algunos cuadros desde sus recuerdos y con una técnica menos furiosa, y Gauguin salió a pintar los paisajes que emocionaban a Van Gogh, pero que obviamente no calaron en él.

Las tensiones entre los dos artistas fueron en aumento, por más desesperación que mostraba Van Gogh por asegurar la permanencia de su compañero junto a él:

La discusión es de una electricidad excesiva; salimos a veces con la cabeza fatigada como una batería eléctrica después de la descarga. Hemos estado en plena magia... [...] Creo que Gauguin está un poco decepcionado de la buena ciudad de Arles, de la casa amarilla donde trabajamos, y sobre todo de mí.
(Cartas, 565)

Estas diferencias fueron representadas por Gauguin en el Retrato de Van Gogh pintando los girasoles, puesto que los Girasoles eran la obra que más apreciaba del holandés, y por su parte Van Gogh lo expresó en la Silla de Gauguin y la Silla de Van Gogh, representaciones simbólicas de ambos a través de ausencias que ponen de manifiesto la distancia de sus caracteres y concepciones artísticas.

Con el tiempo los acontecimientos se sucedieron trágicamente: la autoagresión de Van Gogh al cortarse la oreja izquierda precipitó la huida de Gauguin que ni siquiera esperó a asistirle, y su ingreso en el Hospital psiquiátrico de Saint-Remy fue inmediato.

Desde la partida de Gauguin los cuadros de Van Gogh son más que nunca una exclamación de dolor por más que intenta guardar la calma. Vuelve a la casa tras dos semanas de ingreso, pero él mismo se siente incapaz de estar solo y reanudar su vida, por lo que, incitado además por las denuncias de los vecinos, vuelve a ingresar voluntariamente en Saint-Remy, bajo la tutela del Doctor Rey.

Comienza a pintar lo que ve a través de la ventana de su habitación, y aunque trata de utilizar colores armónicos los cuadros rebosan tristeza. No obstante, existe en ellos un sentido de consciencia, como de quien observa las cosas desde arriba. Salvo durante las crisis nerviosas, Van Gogh es el primero consciente de su estado de locura, de su propia angustia y de su necesidad de mantener cierta serenidad:

No te oculto que hubiera preferido morir, que causar y sufrir tantas molestias. Qué quieres? Sufrir sin quejarse es la única lección que hay que aprender en esta vida.
(Cartas, 579)

Durante su estancia en el sanatorio, Van Gogh realiza cuadros de lilas y violetas, cipreses, motivos del jardín. Asimismo reinterpreta los cuadros de la Berceuse y Madame Ginoux como recuerdos de la experiencia con Gauguin, obras recogidas en la quinta parte de la exposición como signo de la influencia mutua que permanece en ambos.

En ese periodo, Gauguin realiza cuadros como el Cristo Amarillo, presente en la exposición, donde podemos apreciar como el uso arbitrario del color en Van Gogh llegó a tocarle de alguna forma. Situadas frente a estas obras de temática religiosa se sitúan otras realizadas por Van Gogh, La Resurrección de Lázaro, y la sublime Piedad (after Delacroix), impacta ver un tema tratado por todos los clásicos desde un sentimiento tan cercano.


La Pietá (after Delacroix)
La Pietá (after Delacroix)

A modo de epílogo, la exposición termina con una sala dedicada a las obras realizadas por Gauguin en Tahití, continuando con su visión de un mundo de belleza imaginada. Su muerte en el año 1903 sobrevino sin que hubiera conseguido tampoco crear el Taller del Trópico.

Hasta que se suicidara el 27 de julio de 1890 Van Gogh realizó algunas de sus obras más impresionantes, como culminación de la vehemencia que dominó el final de su producción; podríamos decir que la identificación entre sus sentimientos y la naturaleza que pinta es ya total en cuadros como la Noche Estrellada conservado en el MOMA de Nueva York, donde la expresividad llega a ser tan poderosa simbólicamente (para Van Gogh las estrellas configurarían una especie de mapa de lugares a los que se llega sólo después de la muerte) como en la fuerza con que transmite su sentimiento. Su noche tiene realmente algo de intemporal, y atrapa sin duda su propia "alma" como siempre quiso hacer con todos los objetos que vivieron en su pintura.

Otro cuadro, también de muerte, El Segador, nos hace pensar en la lucidez con que él mismo interpretaba su situación, como si pudiera verse desde fuera de sí.

El segador es una imagen de la muerte, tal como nos habla en el gran libro de la naturaleza - pero lo que he buscado es el casi sonriente.
(Cartas, 604)

Una muerte esperada, no trágica, aunque sí llena de melancolía, como un descanso esperado plasmado en los movimientos leves del campo de trigo y las estrellas en el azul sin fondo.

La producción artística de Van Gogh durante los veinte años que ejerció la pintura desarrolla una lía muy coherente desde sus inicios hasta su muerte: la transcripción a la pintura de las emociones trascendidas en el arte, a partir de su encuentro con la naturaleza, y transmitido a través de la expresividad del color.

En ocasiones se ha atribuido la exaltación de su obra a su estado, se han estudiado las enfermedades mentales que pudieron afectarle, pero creo que en ningún caso sus cuadros son producto de la locura; hablamos de sus cuadros, no de sus actos. De la lectura de sus cartas se desprende la claridad con que Van Gogh concebía sus objetivos artísticos, y de la observación de sus cuadros se siente hasta qué punto los consiguió. Pocos pintores fueron tan conscientes de su capacidad expresiva y su transcendencia posterior, a pesar de no ser reconocido en su época.

La exposición antológica que pudimos contemplar en Amsterdam alimenta el mito, pero más allá del montaje expositivo hablan los cuadros, habla Van Gogh. La sensibilidad excesiva, como él mismo califica en sus cartas es lo que le dio la vida, y a nosotros sus cuadros.

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Bibliografía:
Cartas a Théo, Vincent Van Gogh. Colección Idea Universitaria, Barcelona, 1998.

 

Texto, Copyright © 2002 Sara Rivera. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: domingo, 30 de junio de 2002

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