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TEORÍA CON SABOR A FRESAS REVENTONAS I: La pasión, que no se contiene

por M. Ángeles Vázquez

A Lola Peno, por su fuerza y su sonrisa.

A la Peno le gustó el nombre y la literatura: Glop glop, loción infalible para el vello púbico.

Se lo contó a su marido galés, que hierático cuando no se cree nada le contestó que cómo se tiñera el coño de rosa la echaba de casa.

La Peno era pasional como las fresas reventonas. No tenía uno nada más que verla casi cada noche. Sus ojos, redondos y transparentes, brillaban aún cuando el tedio o la melancolía rodeaban su cuerpo de ninfa agradecida. Yo había observado, a escondidas, durante algunos crepúsculos, el movimiento de sus manos que es en realidad lo que siempre impresionó a este opaco narrador, enamorado del paroxismo de la Peno.


Lola Peno

Una tarde, cuando el atardecer rojo violento apareció en el cielo agonizante del lugar más hermoso de Madrid, olí a la Peno. Precipitadamente salí de mi gris almacén en el que hacía un recuento aburrido de las botellas de ginebra y ron barato que me faltaban y ahí estaba ella, estruendosa, malhablada (sus lúbricas palabras me producían escalofrío, si fuera algo menos comedido, me atrevería a decir que me ponían cachondo), maravillosa cuando los tenues deditos de su mano izquierda giraban el picaporte de la puerta y los tenues deditos de su mano derecha elevaban por encima de su desordenado cabello un paquetito en un envoltorio blanco con letras rojas.

- Hi people!!!!! Os vengo a enseñar lo last! Oye, que estoy muy impresionada con tanta inteligencia acopiada en un pequeño frasco de plástico, chicos.

Me quité el mandilillo antipolvo y escondí la cabeza disimuladamente bajo el barril de cerveza para tomarme una pastillita de esas que te dejan el aliento fresco como una fresa reventona. Era ya un acto reflejo, porque siempre que hablaba con la Peno lo hacia a una distancia tan prudencial que era imposible que se hubiera dado cuenta de la halitosis crónica que padecía en silencio, pero siempre lo hacia, por si acaso algún día.

- Hi Peno, y que es lolaz?? dije con absoluta torpeza.

- Lo last, cherie, pronuncia con propiedad!!!! Mira Angelito cariño!!

Comenzó a rasgar como una loba el envoltorio blanco con letras rojas y entre los dedos tenues de su mano izquierda me mostró insinuante y atrevida el frasco de plástico blanco con letras rojas.

Me puse nervioso, cuántas coincidencias en este sol agónico.

- A ver Peno, ¿y eso qué es? (supe que mi simpleza era genética y me produje cierto asco)

- Ja ja ja ja ja ja, mi Machoman! pero que soso eres! Lee!!!!

La Peno jugaba con mis ojos de tonto y mis palabras de tonto y mi cuerpo de tonto, cuando me hablaba no lo hacia sin maldad y toda su redondez se convertía en una voluptuosidad que pedía a gritos ser agredida. Yo simplemente deseaba sus labios de fresas reventonas.

- Je je, espera querida que no veo sin gafas, a ver, hmmmm, Glop glop, loción infalible para el bello púbico. Anda chica ¿y esto qué es?

Una carcajada estertórea de la Peno me partió el alma en dos ¡como si yo tuviera qué saber qué coño era el glop glop!, ya me estaba cansando de esas constantes violaciones a mi ignorancia.... ¡esta Peno leñes, esta Peño!

- Oye Peno ¿y esto para que sirve?

Su escote de fresas reventonas se multiplicó entonces por mil.

- ¿Lo probamos Angelito?

Angelito, es decir, yo, se tuvo que sujetar los bombardeados botones de la bragueta, disimulé como pude y tratando de imponer mi autoridad le contesté:

- Peno, ¿has bebido? ¿o te has tomado una Rayita mineral?

- Tonto, que es la alergia, ven, vamos al baño, probemos el Glup glup, porfi ...

Haciéndome el remolón y con el corazón más exagerado que el prominente bulto que ocultaba bajo los barriles del Mahou le hice un gesto de espera, -ahora, en un minuto-.


Lola Peno

La Peno entendió y pidió al camarero un Penedès tinto doble, que esa noche estaba desatada.

De nuevo me oculté en el almacén, subí hasta la contracámara para tomar aliento y recomponerme, -no podía ser, la Peno haciéndome proposiciones en mi propio garito, dios mío, si hoy no me he duchado, joer, pues me quito los calzoncillos y listo, además, me voy a echar ambientador, mejor oleré..... ¡qué asco coño!- Solo me faltaban los dientes y lo solucioné con el pulgar, unas gotitas de limón y una servilletita blanca para acicalarme. Bajé como nuevo, ¡en cinco minutos era otro hombre!

Diente de oro brillando y mirada colirio azulina, me exhibí como un dios ante la espera vehemente de mi Peno. Con guiño torpe (lo se porque me conozco) le indiqué que ya podíamos ir al baño. Bajo sus labios fresas reventonas se proyectaba una irónica sonrisa de complicidad.

Cuando me dirigía hacia ellos, la incertidumbre (eufemismo, quise decir desatino) me paralizó los pies en medio del bar, (-¿al de tíos o al de tías?-). Pensé entonces que fuera ella la que decidiera y distraídamente me adosé a la salida del local con los ojos clavados en el movimiento de sus pisadas. La Peno comenzó a caminar hacía los servicios. Yo temblaba, la caída de sol ya pertenecía al pasado, sus labios también, pero tenía que intentarlo. Esperé algunos minutos, me pareció que miles de pasos iban hacia el mismo lugar en el que la Peno me esperaba, -no podía ser, ¡si sólo había un par de mesas ocupadas!- Como a un foráneo al que manipulan sus rudimentarias ideas, me dirigí al baño sin tener control exacto del tiempo y del espacio en un intento abrumador de seguir su estela mágica, -hmm, en el de chicas, jeje ¡qué mala es...!-

- ¡Pervertido, asqueroso, guarro, ¿no ves que aquí somos todas tías?

Como una fresa reventona me dirigí al otro baño, -aquí si está, seguro, ehhhh, Peno, Peno!!!!-

- Pasa Angelito, jeje, espera cariño, ¿Angelito estás ahí?

- Si mi Peno, allá voy piraña mía!!!!-

Otra carcajada estertórea me volvió a partir el corazón en dos y ya me resultaba difícil disimular tanta bilis. Abrió la puerta que dividía el baño del retrete. La encontré follando y entre jadeos y sonrisas me dijo, -vete leyendo las instrucciones del glub glub que ahora acabo!-

El cerebro me estallaba, una bocanada de sangre roja como las fresas reventonas desmoronó el espejo del lavabo. El Glup Glup se precipitó al suelo confundido con los miles de insignificantes cristalitos que ocupaban el mismo espacio en donde se hallaba mi humillada dignidad. Una respiración fatigosa indicaba el final. Tomé el potingue y con él un punzante trozo de espejo. El hombre que acompañaba a mi Peno ya se había escabullido. Aprisioné con firmeza el cabello de gata en celo de mi Peno. Rocié la gelatinosa loción infalible para el bello púbico en la inquietante lámina de cristal. Ayudándome de la fuerza que la rabia me proporcionaba, comencé primero a esparcírselo en los acaracolados bucles que le asomaban por la entrepierna para pasar más tarde a perforar lentamente (-esta vez la sangre no me hizo vomitar-) y con absoluta displicencia, ese pedacito de coño huérfano de mi Peno...

Angelito, -o sea yo, imperturbable-, volvió a su almacén, a ver, me falta el recuento del whisky... de nuevo estaba sucio, busqué el ambientador para expurgar mis asquerosas rojas manos y no lo encontré esta vez -¡es que esto es un calamidad!-, pero un frasquito verde con una enorme cucaracha contorneada en el costado me recordó que igual daba, rocié mis dedos y continué tanteando las botellas de tinto del Penedès que me faltaban para el próximo día en que la Peno viniera a mi entrañable garito, aunque tal vez ya no volvería a aparecer nunca más, -¡claro, estupidez la mía, si es que ya se acabó la temporada de fresas reventonas, que este Angelito no se entera nunca de nada, me cagüensuputa madre!.


Se dio cuenta demasiado tarde de que ya había vendido su corazón.

Trató de beber de golpe todos los licores desconocidos del mundo,
trató de escalar los cerros nevados más arrogantes,
trató de abismarse en los más confusos enigmas del alma humana,
trató también de protegerse el rostro con un velo antiguo ...

trató, sobre todo, de no trastornarse.

 

Texto, Copyright © 2002 M. Ángeles Vázquez. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: domingo, 30 de junio de 2002

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