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"Sabemos... En qué película estuviste..."
por César R. Castillo González
¡Sonrojemos de una vez por todas a nuestros favoritos actores, actrices, cineastas, y toda clase de queridos artesanos del ya entronizado como Séptimo Arte! ¡Seamos ingratos, y que no se nos escape ni uno! Ahora, BABAB te ofrece la oportunidad de avergonzar a tus estrellas e ídolos más íntimamente amados/odiados de forma gratuita (nunca mejor dicho "gratuita"! Esto, además, nos dará la excusa perfecta para recuperar pequeñas joyas cinematográficas olvidadas, esos films-fetiches de nuestro corazoncito que hasta en los entendidos en la materia hacen dibujarse una sonrisa de estupefacción mal disimulada cuando intentamos compartir con ellos nuestras histéricas, trasnochadas filias y fobias!
Para abrir boca, un ejemplo de manual: Tarantula , la que sería indudable obra culminante (junto a El increíble hombre menguante, cumbre filosófico-poética del maestro Arnold) de la llamada "SCI-FI" de los años 50. ¡Atención! No confundir nuestro film con el que recibió, en 1977, casi idéntico título en España: The Kingdom of the Spiders (John "Bud" Cardos), otra cinta de mucho mayor empaque de lo aparente, precedente en términos argumentales a la posterior Aracnofobia (Frank Marshall & Kathleen Kennedy, 1990) y la inminente en nuestras pantallas Eight Legged Freaks (Ellory Elkayem, 2002)
La película
Desierto de Arizona, pongamos que hacia 1955... La amenaza nuclear, la naciente Guerra Fría y
el despertar hacia el nada sutil, pero incruento progroma encabezado por el senador McCarthy
(víd. un máximo exponente más de este brote paranoide, La invasión de los ladrones de cuerpos,
Don Siegel) crean una inconsútil atmósfera de inconcreta pesadilla en la América de postguerra
sin necesidad de animalitos desagradables aumentados 100 pies, como dirían nuestros amigos
americanos.
La sombra de un personaje cruelmente deformado por la acromegalia (divertido juego
metonímico establecido con el argumento principal del relato), se proyecta sobre la
solitaria aridez, y el título del film surge de manera chirriante: Tarántula! (con
exclamación final). Aproximadamente 80 mins. más tarde, uno de los héroes del cine norteamericano
par excellence, irreconocible tras una mascarilla y a bordo de un caza a reacción, se comunica
con sus mandos y, de manera abrupta, de unos cuantos proyectilazos, finalizan las andanzas por
un devastado pueblecito de Arizona de una gigantesca migale "hiperalimentada" por un científico
loco, y aquejado, no sólo también de acromegalia,... sino de megalomanía, sin duda: El héroe no
era otro que... ¡Clint Eastwood -in person!
Semejantes visionarios delirios abren y cierran, respectivamente, el citado filme de
Jack Arnold Waks, nacido el 14 de octubre de 1916 en New Haven (Connecticut, USA) y fallecido
en California el 17 de marzo de 1992. Desde el western, con The Man from Bitter Ridge,
hasta la comedia ligera, con Escala en Tokio (The Lady Takes a Flyer, 1957),
Arnold abordó casi todos los géneros menos el musical. A partir de su segunda obra -la
sugestiva It Came from Outer Space (Vinieron del Espacio Exterior, 1953)-
se adentró en el que le prodigaría fama, la Ciencia-Ficción.
Arnold solía definir la gran pantalla como una especie de tradicional proscenio teatral
en el que el público, gracias a los artesanales efectos ópticos de la època, a veces risibles
por lo rudimentario y a veces fascinantes (víd. las transparencias en las persecuciones
sufridas a manos -mejor dicho, ¡a patas!- de todo tipo de maliciosos y desproporcionados
bichos por el prometeico héroe de, como se ha dicho, la obra más redonda (con diferencia)
del maestro, El Increíble hombre menguante), podía introducirse como dotado de alas.
Su pasión por la Ciencia-Ficción más lúdica así lo acredita, cierto es: Aficionado a lo que
podemos llamar los "sustos" o "shock-effects" en apariencia inofensivos, se movió siempre
en un territorio tan apropiado para el ejercicio del ingenio como la Serie-B presupuestariamente
más precaria. Así, por ejemplo, cuando en la màs que básica (pero lírica) It Came...
una tan sexy como vaporosa Barbara Rush era sobresaltada desde el quicio mismo de la pantalla
por la torpe manaza de Russell Johnson.
Debutante con el semidocumental With These Hands (1950), su ingreso en la
producción dramática se produjo con la impagable presencia del carismático Edward G.
Robinson y se tratò del thriller en 3-D The Glass Web (1953): A partir de ahì
se irìan desgranando sus piezas de culto: Girls in the Night -de ese mismo
año-, Revenge of the Creature , segunda parte de la también
emblemática La mujer y el mounstruo (donde se inaugura la inequívoca y genuina
estética visual de la "Sci-Fi" UNIVERSAL, a la que se incorporarìan títulos de Gordon
Douglas -Them! La Humanidad en peligro - o Robert Wise -Ultimátum a la Tierra
(The Day the Earth Stood Still). La mujer y el monstruo (The Creature
of the Black Lagoon, con su subyugante ambientación amazónico-ecuatorial y sus
reminiscencias lovecraftianas), dejò para el recuerdo del aficionado aquel antológico
"ballet" acuático erótico con una bellísima Julia Adams mostrando más de lo que la
época ponderaba bajo su bañador blanco y ante los atentos ojos de la bestia
prehistórica. Tras ellas, Arnold se embarcaría a continuación en un proyecto de
muy bajo coste pero que da pie a esta disertación: Tarántula!
Cuando Richard O'Brian y los demás responsables de las letras de tal vez
la "cult-movie" por excelencia, The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975)
incluyeron una línea de homenaje -en el tema, por cierto, que abrìa la B.S.O. y la
película, Doble Feature, Sesión continua- al inolvidable Leo G. Carroll
como el perfecto Padre shelleyano, como un nuevo Doctor Frankenstein, no se trataba de
ninguna autoindulgencia pueril: La cinta, con sus logradísimas escenas de la fuga de
la araña o de su asedio del chalet, por no hablar de esa ominosa estampa en movimiento
del monstruo reptando por los alcores en dirección a los histerizados humanos, compensa
su final abrupto, disonante con un asombrosamente onírico que subyugaría -si es que no lo hizo-
las fantasías de los más geniales surrealistas europeos, de Magritte a Buñuel; desde Cocteau
hasta Lèger. No han faltado además aún más profundos análisis del otro argumento "paralelo"
del film, la citada acromegalia de la que también Carroll se infecta y que se ha asociado a la
Criatura misma y a la misoginia del doctor, con un pequeño detalle divertido: Mara Corday, la
turgente heroína, se hace llamar a lo largo del relato "Steve", como diminutivo de su
verdadero nombre de pila, Stephanie... Un par de westerns ( Out of the Law y Red
Sundown, 1956) y dos melodramas vigorosos -The Tattered Dress y The Man
in the Shadow (1956)- siguieron a nuestro film en la carrera de Arnold,
precediendo a la que es para muchos su obra maestra, vasta analogía sobre la condición
humana basada en la formidable novela del inefable Richard Matheson. Nos referimos,
claro está, a The Incredible Shrinking Man (El increíble hombre menguante,
casi un canto del cisne tras el cual Arnold iría progresivamente derivando por los
páramos de las coproducciones astrosas y las series de televisión.
El "intruso"
Clinton Eastwood Jr. nació en San Francisco el 31 de mayo de 1930, y sus primeras
profesiones fueron las de profesor de natación para el ejército y extra de cine
(Francis in the Navy, compartiendo estrellato con la mula más famosa de la
Historia del Cine y con Donald O'Connor fue, con Tarantula, otra de sus primeras
apariciones en la gran pantalla...), mientras estudiaba Comercio en la prestigiosa UCLA.
Quintaesencia del galán norteamericano de películas de acción convertido progresivamente
en cineasta de prestigio, y "oscarizado" en 1992 por el western sesudo y crepuscular
Unforgiven , sus tres últimas realizaciones -True Crime (1999), Space
Cowboys (2000) y Blood Work (2002) parecen indicar un retorno, es dudoso
que definitivo, al cine de género, si bien la intermedia de ellas, un tanto fallida, tenía
más de pastiche desenfadado y amalgamador de diversos registros. Justo antes, Eastwood había
vuelto a profundizar en los entresijos del melodrama, con toques de thriller, en la dirección
de Medianoche en el Jardín del Bien y el Mal (1997), con importante éxito de
crítica. Entretanto, y retroactivamente, su Red Garnett de Un mundo perfecto (1993) y,
en especial, el conmovedor Robert Kincaid de Los puentes de Madison County (1995),
junto a Meryl Streep, habían terminado de consolidar su prestigio, aunque esta transición
se verifica, con más propiedad, entre Bird (1988), biopic del excelso saxofonista
Charlie Parker, y la anterior Cazador blanco, corazón negro (1990).
La trayectoria anterior de ese corredor de fondo hollywoodense, el célebre Harry el Sucio
(Don Siegel) no es menos conocida: Desafiador de las convenciones industriales, al debutar como
estrella "en solitario" en España a las órdenes de un entonces desconocido Sergio Leone
(Por un puñado de dólares, 1964), a la que siguieron La muerte tenía un precio
(1960) y El bueno, el feo y el malo (1967), su siguiente "mentor" lo hallaría
en U.S.A., el citado Siegel, que le permitió pasar de secundario tras Lee Marvin y Jean
Seberg (Paint your wagon, o La leyenda de la ciudad sin nombre, Joshua Logan,
1969); Shirley McLaine (Two Mules for Sister Sara , o Dos mulas y una mujer, Don
Siegel, 1969); o Richard Burton (Where Eagles Dare, o El desafío de las águilas,
Brian G. Hutton, 1968), a máxima estrella con el inolvidable y expeditivo detective Harry Callahan.
Siegel dirigió a Eastwood en un film de peculiar impacto, The Beguiled (El
seductor, 1971), sobre un fugitivo de la Guerra de Secesión cuya pierna es amputada por
un grupo de mujeres que le acusan de machista. A partir de ahí nada sería lo mismo para
Eastwood: El personaje de Callahan dio alas a su carrera y a su vida, dirigiendo su primera
película ese mismo año (Escalofrío en la noche, Play misty for me). A ella
le siguieron la muy notable Infierno de cobardes (High Plans Drifter -una vez más,
un western-, así como la sensible y sentida Breezy (Primavera en otoño), donde
dirigiò a William Holden y Kay Lenz. Durante los sucesivos años intercaló continuaciones de la
serie "Harry" y otros trabajos con Siegel (la trepidante Escape from Alcatraz, 1979),
con otras realizaciones suyas "de género", habitualmente junto a su pareja de entonces,
Sondra Locke, y el director Buddy Van Horne: Joe Kidd (1972), The Outlaw Josey Wales
(El fuera de la ley, 1976), Bronco Billy (1980), Firefox (1982) y
Honkytonk Man (1982). Finalmente, el salto cualitativo que supuso El jinete pálido
(Pale Rider, 1985) mereció un mayor apoyo de la crítica -la europea, en especial-,
lo que se confirmó con la relativa sorpresa de Bird.
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Texto, Copyright © 2002 César R. Castillo González.
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