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Patricio Guzmán, El Caso Pinochet

por Armando G. Tejeda


El cineasta chileno Patricio Guzmán hace del género documental una metáfora de sus obsesiones: la historia trágica más reciente de su país, el golpe militar y la posterior dictadura de Augusto Pinochet. Ese periodo histórico, hoy convertido en una maltrecha transición democrática, ha sido registrado por la cámara de Guzmán en nueve documentales, entre ellos La Batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas, una obra que, además de difundir en el mundo los estragos del violento golpe militar al régimen democrático de Salvador Allende, ingresó de inmediato en los anales del Séptimo Arte.

El caso Pinochet es el título del último documental firmado por este cineasta chileno exiliado en París, en el que recupera el proceso judicial que se inició en España y que permitió recuperar de la memoria histórica las políticas de aniquilación sistemática empleadas en aquellos años aciagos. El documental cuenta con los testimonios de las víctimas y familiares de los desaparecidos, de los seguidores y más firmes defensores del régimen de Pinochet, así como de los juristas y fiscales que hicieron posible este primer juicio de la llamada "justicia universal": Carlos Castresana, Baltasar Garzón y Joan Garcés.


Joan Garcés
Joan Garcés

Patricio Guzmán, nacido en Santiago en 1941, comenzó su carrera como cineasta en 1968, en pocos años se convirtió en uno de los documentalistas de mayor prestigio en los festivales internacionales, en los que ha cosechado casi con unanimidad la veneración de la crítica y el público. En entrevista con Babab.com, el cineasta explicó lo que a su juicio son las "claves" de un buen documental y, por supuesto, sobre los avatares en la filmación de su último trabajo, otro testimonio incuestionable sobre la historia contemporánea de su país.

BABAB: El caso Pinochet no se entendería sin La Batalla de Chile, sobre todo al recordar la cita de Salvador Allende con la que termina: "los procesos sociales no se detienen con el asesinato"

PATRICIO GUZMÁN: Bueno, en primer lugar creo que son dos películas completamente independientes. Yo podría haber hecho La batalla de Chile o no y al final sería lo mismo. Yo he hecho nueve largometrajes documentales sobre lo ocurrido en mi país. El caso Pinochet tiene dos líneas de grabación: por una parte el proceso jurídico y de otro lado la voz de las víctimas. Esta segunda parte fue la más difícil porque hacer entrevistas sobre la tortura implica una entrega como realizador mucho mayor que si se le pregunta a la gente por qué razones la Cámara de los Lores detuvo a Pinochet. En el caso de las víctimas tienes que crear un ambiente de confianza y de respeto con las víctimas para hacer de cada una de ellas una metáfora de lo que fue la dictadura, entonces vas más allá de la estructura formal de una entrevista y abres la puerta al territorio cinematográfico, donde las personas entrevistadas se transforman en personajes y la entrevista se convierte en una confesión.

B: Caben todos en el documental, incluso los defensores de Pinochet

P.G.: Sí, además creo que esos personajes no es que sean cínicos, son simplemente personas que admiran a Pinochet y a su familia, que dan otro punto de vista de cómo se vivió el proceso.

B: Después del juicio seguimos, sin embargo, con cierto malestar. Pinochet está libre si bien estuvo detenido en Londres un año.

P.G.: Bueno, no importa tanto que al final no se haya llegado a un juicio, porque Pinochet humillado en Santiago, declarado reo que no puede votar y que no puede hablar con lógica porque si lo hace los abogados se volverán a querellar puesto que está exento del juicio porque fue considerado loco, eso es una humillación importante. Además del hecho de que se hayan revivido los tiempos de la dictadura, que las víctimas hayan podido volver a alzar la voz y que la transición completa haya tambaleado, al hacer que la clase política se haya visto comprometida a emitir una opinión después de tanta ambigüedad; eso ha sido tan positivo que me parece incluso secundario que al final no haya sido juzgado Pinochet. Pues, además, la Corte Suprema lo condenó, la Corte de Apelaciones también y el juez Juan Guzmán le interrogó media hora. Nosotros nunca pensamos que eso iba a ocurrir.


Juez Guzmán
Juez Guzmán

En Chile, sin embargo, el grueso del aparato judicial está intacto. Hoy día, por ejemplo, en pleno siglo XXI, no hay una asignatura en las facultades de leyes sobre jurisprudencia internacional, porque no hay nadie preocupado por estos principios. Esto es escandaloso.

B: Tampoco se puede hablar de una verdadera transformación, si bien las acciones de Castresana, Garcés, Garzón y Guzmán han funcionado como revulsivo.

P.G.: No creo que haya un cambio en la justicia chilena, sino todo lo contrario, lo que sí hay son jueces de excepción, como Juan Guzmán y otros, que trabajan por la justicia, por la causa popular y por el sentimiento nacional, pero los demás pertenecen al establishment y no hacen nada, como en todas partes del mundo, pues en la mayoría de los países occidentales el aparato judicial es un cuerpo viejo, anquilosado y reaccionario que normalmente no sirve para nada. Por eso la justicia no significa nada para el pueblo, es una estatua que no habla, que no sirve y que no está dentro de nuestra vida. Cuando uno piensa que tiene un problema de abogados o de jueces, se espanta porque sabe que va a entrar a una ciénaga que no sabe cuanto va a durar ni hacia donde le va a llevar. Por eso cuando la justicia actúa emociona, que fue precisamente lo que pasó con el caso Pinochet, cuando aparece un Castresana, o Garcés o Garzón es una hecho sin precedentes y por eso había 50 cámaras de televisión delante del juzgado.

B: El ejército chileno es otro sector intacto…

P.G.: Pienso que hay un sector del ejército que está empezando a reaccionar porque de otra manera no hubieran confesado que habían tirado 120 cuerpos al mar, aunque es cierto que es un dato formal mal calculado porque se descubrió después que muchos de esos cuerpos habían aparecido ya en otros lados. Pero algo es algo, pues confesar que habían tirado cuerpos con vida al mar era imposible hace 20 años. Supongo que debe haber un sector del Ejército que debe de estar cansado de tener como líderes a generales y compañeros de generación de Pinochet, supongo que pensaran que hay que reconvertirse a la democracia de una vez por todas. Incluso creo que va más adelante en este proceso el Ejército que la jurisprudencia, porque los estamentos jurídicos son desesperadamente inmóviles, mientras que el desarrollo del Ejército es fundamental, ya que si no evoluciona no habrá nunca democracia en Chile. Creo que el Ejército tiene más posibilidades de cambiar que otros sectores chilenos, como los empresarios, que son casi todos de derechas y están más ideologizados que otras capas de la población.

B: En todo caso suena prematuro hablar de que la transición en Chile está acabada

P.G.: Así es, pues no hay transición acabada todavía pues todavía nos rigen las leyes que Pinochet dejo en herencia y que no hacen posible una elección directa, eso es malo y mientras esto no sea posible la gente no va a poder expresar lo que piensa.

B: La derecha además tiene el control absoluto de las instituciones

P.G.: Sí, y de los medios de comunicación, pues tienen el poder de prácticamente todas las televisiones, las emisoras de radio y los periódicos, pues en Chile no hay un solo diario de izquierdas, entre otras cosas porque durante la transición la izquierda chilena decidió que no había que tener un periódico propiamente de esta ideología, por eso creo que la izquierda chilena es una de las fuerzas más despistadas de América Latina. Es terrible, ya queen Chile la izquierda ya no es izquierda, es como ocurre en Francia, en España o en todas partes. La izquierda chilena ha perdido todo, el liderazgo, la perspectiva, no saben donde están parados. Pero la masa, la gente, sigue teniendo un criterio claro en ese sentido, más que los políticos. Los partidos ya no existen como tal, ahora se han convertido en maquinarias para ganar decisiones, no hay militancia por tanto no hay asambleas para saber la opinión de los que son de abajo.

B: Las víctimas siempre tienen como último consuelo la llamada "comparecencia ante la historia"

P.G.: El juicio histórico es importante, por supuesto, pero también habría que hacer un juicio concreto, con sentencia, con cargos. Un juicio como fue Nuremberg. El problema con Chile es que la gente que ordenó las torturas y las desapariciones está impune, entonces es difícil llegar a una transición y a una plena democracia si no se ha hecho justicia en un problema tan atroz.


B: En el que participó, según se ha sabido, la CIA y el Departamento de Estado de Estados Unidos

P.G.: Sí, pues en realidad quienes orquestaron y organizaron el golpe de Estado fueron Kissinger y Nixon por un odio y una dedicación personal a liquidar la experiencia de Allende, lo agarraron como una causa prioritaria ante el temor de la extensión de esas ideas de revolución sin sangre que defendía Allende y sus seguidores. Posiblemente hubiera propiciado un cambio pacífico en Venezuela, Perú o Argentina, es decir la construcción de una América Latina más próspera y más justa. Nosotros, en este sentido, todavía estamos viviendo los coletazos de la Guerra Fría.

B: ¿Cuáles son las virtudes de un buen documental?

P.G.: Un buen documental a mi juicio debe contar bien una historia, por tanto debe tener progresión dramática, intriga y con una línea de interés para que el espectador no se mueva de la butaca. Yo creo que tanto ficción como documental perseguimos lo mismo: contar una historia.
Lo que ocurre con gran parte de los documentales es que no tienen progresión dramática, son como ilustraciones pegadas con música como texto pero que no están íntimamente estructuradas, no cuentan una historia sino que exponen un tema. Las exposiciones son muy pesadas y por tanto la gente se aburre.

B: Por eso el ritmo debe ser esencial

P.G.: Claro, pues para contar una historia debes de seguir las leyes de todas las artes temporales, es decir representación, desarrollo y desenlace, repito no hay esa progresión dramática el espectador se distrae y abandone.
Yo hago una reflexión documental que busca la metáfora, más poética y que pretende tocar la historia desde todos los ángulos.

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FICHA TÉCNICA EL CASO PINOCHET
Chile, Francia, España y Bélgica. 2001. Color. 35 mm. 110'.
Director: Patricio Guzmán
Guión: Patricio Guzmán
Fotografía: Jacques Bouquin
Montaje: Claudio Martínez

FILMOGRAFÍA PATRICIO GUZMÁN
1968 La tortura y otras forma de diálogo
1969 El paraíso ortopédico
1971 El primer año
1972 La respuesta de octubre
1973 1979 La battalla de Chile, I, II, III
1980 1982 La rosa de los vientos
1986 1987 El nombre de Dios
1992 La cruz del Sur
1997 Chile. La memoria obstinada
2000 Invocación (Invocazione)
2001 El caso pinochet

 

 

Texto, Copyright © 2002 Armando G. Tejeda. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: martes, 30 de abril de 2002

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