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Barrio Canalla II
Selección y comentarios de
Eugenio Barragán y Santiago Arteaga
Una decisión de una juez en Lexington, Kentucky, ha irritado a una
asociación de feministas. Para entender la situación hace falta saber que en
esos juzgados hay un problema recurrente. Cuando una mujer es maltratada por
el hombre con quien vive, a veces ocurre que, al denunciarle, también solicita
una orden de distanciamiento para que el hombre no pueda acercarse a ella. Estas
órdenes suelen obtenerse muy rápidamente; de hecho, con frecuencia los quince
días anteriores a la audiencia previa al juicio son suficientes para que la
orden se solicite, se conceda, la pareja haga las paces, y discuta de nuevo;
entonces, al celebrarse la audiencia, la mujer maltratada puede acusar al hombre
de haber violado la orden. Estas órdenes no son ninguna tontería en los
Estados Unidos; se añaden al historial de antecedentes penales y, entre otras
cosas, si se ha tenido una de ellas no se puede ingresar en el ejército ni
comprar armas. Una orden que ha sido violada tiene más consecuencias,
lógicamente, así que son recurridas a veces por los hombres (mejor dicho, por
los presuntos maltratadores, ya sean hombres o mujeres). Cansada de las
numerosas complicaciones que todo esto genera innecesariamente, la juez Megan
Lake Thornton ha multado por desacato al tribunal a dos mujeres maltratadas
que repitieron esta historia habitual, y también a sus parejas; las multas
fueron de 100$ y 200$. "Estas órdenes obligan a mantenerse alejadas a las dos
partes", ha recordado la juez, que ha recalcado a las víctimas "no se puede
repicar las campanas y estar en la procesión a la vez." Lisa Beran, una
abogada de la Asociación de Kentucky Contra la Violencia Doméstica, ha dicho
que la juez está cometiendo un error, porque algunas mujeres no pueden
permitirse pagar el alquiler de una vivienda, o porque siguen enamoradas.
Según Sherry Currens, directora de la misma organización, al castigar a las
mujeres que han vuelto a su casa se puede disuadir a otras para que no
soliciten las órdenes.
El imán Mohamed Kamal de Fuengirola (Málaga), que publicó un libro en
el que se explicaba cómo pegar a las mujeres sin dejar huellas, ha manifestado
en sus declaraciones ante el juzgado de Barcelona que él es vanguardista y
que pretende "dulcificar el Corán". Como para darle la razón, cinco personas
morían el mismo día en la provincia del Punjab, Pakistán, como consecuencia
del celo excesivo con que fueron flageladas con hojas de cuchillos durante
unas procesiones shiíes. Mientras tanto, los recientes escándalos sexuales
con obispos y sacerdotes estadounidenses han sido tan numerosos que el Papa
ha tenido que declarar que está "profundamente afectado", y ha recordado que
la pederastía es "un delito y un pecado".
En Kampala, Uganda, se organizó una expedición de caza para matar a
dos cocodrilos a los que se atribuyen las muertes recientes de por lo menos
cuarenta personas. Los ataques se han producido en una zona donde hasta hace
poco no había humanos viviendo.
¿Hasta dónde pueden llegar los políticos para llamar la atención?
Arun Pathak, un candidato del partido Shiv Sena, en La India, ha estado
haciendo su campaña con un nudo de ahorcado alrededor del cuello y una
píldora para suicidarse en la mano. También ha intentado matarse varias
veces en público; en una ocasión se tragó su píldora y se tiró al Ganges,
de donde se le sacó inconsciente para mandarlo al hospital. Su lema:
"Yo hago sacrificios, así que votadme". Pronto sabremos si el electorado
le ha tomado en serio.
Vietnam ha puesto fin al secuestro de novias para las bodas, una
práctica tradicional entre las tribus minoritarias del país. En realidad
los raptos suelen ser un ritual simbólico y están pactados entre personas
que desean casarse, pero se siguen produciendo incidentes en los que la
mujer es capturada en contra de su voluntad. La costumbre de entregar
dotes para las bodas también será prohibida.
Uno de los crímenes más absurdos, en el sentido de que nadie gana
nada, ocurre cuando un vehículo atropella a un peatón y huye, causando
una muerte que se podría haber evitado llevando a la víctima a un hospital.
Claro, aquí estamos suponiendo que el cuerpo de la víctima ha caído fuera
del automóvil que le atropelló. Chante Mallard creó una nueva categoría de
"hit and run" cuando, en Fort Worth en octubre de 2001, atropelló a
Gregory Biggs, cuyo cuerpo quedó incrustado en el parabrisas, en una
postura que parecería sacada de una película de horror para adolescentes:
su cara estaba dentro del coche y sus piernas, rotas por numerosos sitios,
quedaron inmovilizadas en el techo del coche. Mallard, presumiblemente
víctima del pánico, siguió conduciendo unas pocas millas hasta su casa
mientras Biggs le decía que llamase a una ambulancia. Durante las horas
siguientes, Mallard fue varias veces a su garaje para pedirle perdón a
Biggs, quien le suplicó en vano que le ayudase. La agonía de Biggs, que
murió principalmente por shock y desangramiento, duró unos dos días,
aunque esto no está muy claro porque Mallard, atormentada, dejó de
visitarle. Luego, posiblemente el tercer día, abandonó el cadáver al lado
de un aparcamiento. Parece ser que también intentó destruir su coche para
cobrar el seguro; cuando la policía registró su casa, descubrieron que ya
había quemado uno de los asientos. Para entender cómo pudo ocurrir el
incidente, quizás ayude (quizás) el saber que Mallard, una ayudante de
enfermera de 25 años, había tomado alcohol y éxtasis, y que cuando se le
pasó el efecto de las drogas no supo reaccionar a causa del "¿Y cómo
explico yo esto ahora?"
Otro crimen difícil de entender ocurrió en febrero. Jerome Ollison,
de 21 años de edad, llamó a la puerta de Florine Esther York, una amable
viejecita de 73 años de edad que le hizo pasar y le ofreció una taza de
chocolate para entrar en calor. El problema es que la bebida estaba
demasiado caliente y le quemó a Ollison, quien, llevado de una furia
incontrolable, usó una silla de cocina para darle una enorme paliza a York.
Durante tres días Ollison se quedó a vivir en la casa, saqueando la nevera,
viendo la tele, y durmiendo en la cama de la viuda, mientras ella se quejaba
en el suelo de la cocina sin poder moverse. El cuarto día Ollison se
decidió a rematarla, degollándola en el sótano. Probablemente la intención
era que no le denunciase, porque se conocían desde que Ollison era niño,
pero para entonces la casa estaba rebosando de evidencia contra él.
No parece que Ollison usase esos cuatro días para pensar.
Y, para acabar, una noticia un poco más divertida. Un hombre apareció
en una comisaría de Toronto en 1999 diciendo que había sido víctima de un
atraco y que había recibido un golpe que le causó amnesia total. En ese
momento pareció que era inglés, y como tal se le proporcionó una nueva
documentación con un nombre inventado. Pasó el tiempo y finalmente se le
reconoció... en un video porno gay. Se trata de un actor francés que antes
de "desaparecer" estaba teniendo serios problemas con la justicia. Ahora,
ni su anterior abogado cree en su pérdida de memoria.
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Texto, Copyright © 2002 Eugenio Barragán y Santiago Arteaga .
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