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Barrio Canalla

Selección y comentarios de
Eugenio Barrágan y Santiago Arteaga


La humanidad está formada por unos seis mil millones de personas con intereses dispares cuyas acciones forman un caos grandioso. En las páginas de sucesos podemos encontrar el reflejo más claro de esta locura colectiva.

Algunos asesinos en serie, al ser detenidos, colaboran de buen gusto con la policía en la tarea de recuperar los cadáveres de sus víctimas, llevados de una especie de exhibicionismo. Este no es el caso de Emile Louis, un chofer francés jubilado que mató hace veinte años a siete jóvenes huérfanas. Emile no está buscando los cadáveres de estas chicas para impresionar a nadie, sino para quedar libre. Ahora mismo está acusado de secuestro, un crimen que no prescribe hasta que aparezca la víctima (viva o muerta). Si se encontrasen los cadáveres, Emile dejaría de ser un secuestrador y se convertiría en un asesino.

Pero como fue detenido más de veinte años después de haber cometido los asesinatos, estos crímenes habían prescrito, y por tanto saldría de la cárcel. Lo más triste del caso es que no se le detuviese antes: no sólo fue la última persona en ver vivas a las chicas, sino que fue condenado varias veces por "violencia sexual" y "actos contra el pudor". Pero la desidia, y el temor a manchar la reputación de las familias notables que contrataban a las huérfanas como criadas, hizo que la policía solucionase los casos declarando las desaparaciones como fugas.

Theresa Andrews, de 23 años de edad, fue asesinada en Ohio el octubre pasado para robarle su feto de nueve meses. El niño fue encontrado vivo en casa de una conocida de la víctima, que se suicidó al ver llegar a los agentes de policía. Mientras unos llegan a estos extremos para adoptar críos, tenemos también el caso de Rachael Packard, que fue apaleada en una calle de East Stroudsburg por su novio y un desconocido con el objeto de que las lesiones le provocasen un aborto.

En noviembre murió David Gunby, de 58 años de edad, como consecuencia de las heridas recibidas 35 años antes durante un famoso tiroteo, cuando Charles Whitman se subió a la torre del reloj de la universidad de Texas y empezó a disparar contra los estudiantes. Ese día murieron catorce personas, y Gunby fue uno de los heridos. Había nacido con un sólo riñón funcional, que fue destrozado por una bala junto con su intestino delgado. Sufrió varias operaciones, un transplante de riñón que fue rechazado, y 27 años de diálisis. Cuando tuvo claro que jamás iba a recuperarse de la herida, decidió morir suspendiendo su diálisis.

Dos hombres en Camboya creían que un "virus del milenio" iba a matar a todo el mundo a menos que se vacunasen comiendo un pastel de arroz, manteca de cerdo y crema. Lo realmente absurdo del caso es que se pelearon por el pastel y ambos murieron a causa de las heridas que se infligieron.

 

En Denver, para curar la mala relación de una niña con su madre adoptiva, se recurrió a una terapia de renacimiento. Unos "consejeros" la encerraron dentro de una manta que simbolizaba un útero, se sentaron encima, y empezaron a balancearse para simular las contracciones del parto. La niña debía empujar para nacer y retomar su vida desde cero. En el video de la ceremonia se le oye decir siete veces que no puede respirar y seis veces que va a morir, pero sus quejas fueron ignoradas. La manta fue abierta veinte minutos después de que se quedase callada, y la muerte se produjo al día siguiente.

Una joven de 25 años fue detenida ayer en Torremolinos (Málaga) como presunta autora de la muerte a hachazos de su compañero sentimental, un finlandés de 68 años llamado Teuvo Kalervo Stranden. El suceso parece tener su origen en una pelea familiar, pero la versión de la presunta homicida dista mucho de la violencia doméstica, ya que afirma que su novio era un terrorista que la tenía secuestrada desde hace dos meses y que había intentado violarla.

Su nombre es Eva María, y no era la primera vez que protagonizaba un altercado, con gritos y golpes incluidos, en el domicilio que compartía con Teuvo en la urbanización Villavista de Torremolinos. Pasada la medianoche del domingo se repitieron voces y porrazos, pero nadie imaginó que el resultado fuese el de una muerte.

Un enfermero suizo, de la ciudad de Lucerna, mató supuestamente a 27 pensionistas mientras prestaba servicio en hogares para ancianos, informa la policía de Lucerna. Las muertes se produjeron entre septiembre de 1995 y junio del 2001 en los cantones de Obwald, Schwytz y Lucena, en pleno corazón de Suiza, y en un principio se había hablado de 18 víctimas, a las que se suman los nuevos casos conocidos hoy. Para poner fin a las vidas de los ancianos, el joven enfermero les administró calmantes o los asfixió con plásticos o con sus almohadones.

 

 

Texto, Copyright © 2002 Eugenio Barrágan y Santiago Arteaga. Todos los derechos reservados.
Ilustración, Copyright © 2002 Rosana Gutiérrez. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: jueves, 28 de febrero de 2002

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