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Andy Warhol, prefacio de las Torres Gemelas

por Sara Rivera

 

"La clarividencia con la que Andy tocó el nervio del arte comercial y la moda, una energía que emanaba de Dios sabe dónde, la ingenuidad y la no expresividad, el calor, el misterio y el vacío de su personalidad misma; todo ello sugiere una intuición fuera de lo normal."

Calvin Tompkins (1)

 

En este escrito vamos a hablar exclusivamente de símbolos. El pasado 11 de septiembre desapareció con las Torres Gemelas el símbolo de toda una forma de pensar, un símbolo del concepto de éxito, la prepotencia del American Dream fue derribada literalmente. También eran símbolo de la culminación de toda una época cuya gestación había dado como resultado ese brillante Manhattan. Los propios neoyorkinos encontraron en sus rascacielos los símbolos de su forma de vida. ¿Acaso no rodó Andy Warhol su película Empire en 1964 con tal fin? El film ofrecía una vista panorámica del Empire State Building durante ocho horas, mostrándolo como orgullo de Manhattan. Y Warhol tenía una especial intuición para localizar aquellos objetos que simbolizaban y recogían la psicología de una sociedad, como señalábamos con la cita del comienzo.


 

Warhol conocía la sociedad americana y sus pulsiones profundamente, comprendió sus mecanismos hasta tal punto que la conquistó sin renunciar a criticarla de manera abierta, como se había propuesto desde sus primeros trabajos como diseñador publicitario. Ya desde un principio aquel hijo de emigrantes checoslovacos, Andrew Warhola, admiró y deseó pertenecer al star system, enfocando toda su trayectoria artística y personal a introducirse en el epicentro de la frivolidad y lo efímero.

Klaus Honnef señala su trabajo en un supermercado durante los veranos como su primer contacto con el mundo de la publicidad y el consumo:

"Los grandes almacenes le ofrecieron, a aquel pobre diablo, la visión de una profusión de objetos deseables; su trabajo le llevó a enfrentarse con la apariencia estética y la fascinación que envolvían todas aquellas cosas". (2)

En efecto, la observación de aquellos productos y el comportamiento humano ante ellos le inspirarían para introducir aquellos elementos que decían tanto de su tiempo en el mundo del arte. También compartimos con este autor la idea de que su origen europeo le otorgaría una mayor perspectiva para comprender la psique yankee, su procedencia le permitía tomar distancia para analizar la realidad.

Posteriormente llegarían las primeras colaboraciones con las revistas Vogue y Harper´s Baazar , y el tralado a Nueva York desde Pittsburgh en 1949. Allí realizó los primeros anuncios, entre los que podemos destacar los de zapatos de estrellas famosas, y se produjo el cambio de nombre. Si bien en los primeros años sus obras estaban dirigidas a cubrir los escaparates de las tiendas de lujo, pronto cambió de estrategia para realizar las obras seriadas que constituyen la materialización de su mirada deconstructora de la realidad.

Las serigrafías de las Sopas Campbell, el detergente Brillo , y los retratos seriados de estrellas como Marilyn Monroe, Liz Taylor o Mick Jagger son una radiografía sinóptica de la sociedad de masas, la necesidad de consumo compulsivo que la domina y todas las frustraciones que todo este engranaje trae consigo inevitablemente. Porque el Pop siempre tiene de fondo cierto contenido dramático, o al menos cierto sentido de vacío. De hecho, además de los productos de consumo los motivos utilizados por Andy Warhol en sus serigrafías entraban todos en relación con la muerte: sillas eléctricas, accidentes, suicidios... Es evidente que si Warhol intuía tan acertadamente ese tipo de sociedad es porque conocía perfectamente su angustia, pese a su éxito en el muno del arte y las estrellas su carrera no estuvo exenta de tal sentimiento.

¿Significa todo esto que Warhol era un inconformista, un rebelde, un revolucionario? Definitivamente no. Sus símbolos incuestionablemente plantean una crítica al sistema, pero no una denuncia ni una intención de cambiar las bases de esa sociedad; al contrario, él sólo quería mirarla desde arriba, ser uno de esos mitos que la alimentan.

Sus temas y motivos provenían de la realidad y su observación directa. Andy Warhol era un hombre realmente apegado a ella y Manhattan el objetivo que le fascinaba. Una vez consiguió la fama como artista en ese mundo al que cautivó dio un paso más allá: la creación de la Factory. Warhol se erigió como líder de este movimiento de la contracultura; en los años 60 había adquirido ya tanta fama que las propias estrellas que él había admirado tenían que pasar por su ambiente underground. Personajes de toda condición y las más diversas tendencias pasaron por el estudio de la Calle 47, crearon un universo propio de imagen y producción artística bajo su nombre: desde películas de varias horas de duración o las revistas que canalizaban la información al público sobre la Factory, hasta las creaciones teatrales y el trabajo junto a la Velvet Underground.

"La gente in pensaba que lo tenía todo: intensidad sin exigencias, clase sin snobismo, encanto sin proponérselo. Por no mencionar la abundancia de sexo, de arte, de anfetaminas, de fama. Y una puerta que estaba siempre abierta. [...] La vieja Factoría se apoyaba en la decadencia, en la exagerada palidez del rostro adolescente de Warhol, en su silencio, su mirada impasible, la elegante extravagancia de su séquito, en todas las cosas a las que era capaz de dotar con la magia de su fama y transformar en la imagen por excelencia de un mundo subterráneo en el que la gente maravillosa, los genios y los snobs, los obsesionados y los aburridos, despliegan al fin todo su hechizo." (3)

Resulta irónico que esa postura impasible y la fama ilimitada que Warhol tuvo como propósito fuera conseguida únicamente gracias al alto precio de la desesperación en vida. Su manierismo indiferente, la mirada capaz de indagar desde lo más superficial a las capas más profundas de la sociedad y su sentido de la muerte le permitieron dominar una realidad que hoy podemos dar por terminada. Este caso extremo analizó una estructura que resultaba demasiado frágil como para no darle miedo; su intuición quedó plasmada en toda su obra y quizá sirva para recordar una época gastada y en trance de desaparición.

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Notas:

1. Cita de Calvin Tompkins en Andy Warhol: La Biografía. Victor Bockris. Madrid: Arias Montano, 1991.

2. HONNEF, Klaus Andy Warhol. Taschen, 2000.

3. KOCH, Stephen. Andy Warhol Superstar. Barcelona: Anagrama, 1987.

Texto, Copyright © 2001 Sara Rivera. Todos los derechos reservados.
Fotografía, Copyright © 2001 Eva Contreras. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: lunes, 31 de diciembre de 2001

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