
 |
Julieta Venegas, alternadiva
por Raul E. Romero
Tijuana, la ciudad-frontera, la ciudad-humo, la
ciudad-tráfico, la ciudad-esperanza, la ciudad-sueño,
la ciudad-violencia; es también esa ciudad mítica que
posee un magnetismo envidiable y un manantial de
evocaciones estigmatizadas. Tijuana, la meca de
pasaportes irreales y paraísos ansíados es, a su vez,
la ciudad que descubrió al jalisciense Carlos Santana
y dónde comenzó a rockear y rockeó hasta el infinito,
Javier Batíz. Esta ciudad, que dentro del imaginario
colectivo de dos naciones cubre -casi- todas las
apetencias de peligrosidad y desafío cotidiano, es
también, la ciudad que vió nacer hace menos de tres
décadas a Julieta Venegas, la presencia más atráctiva
de ese fenómeno intermusical que es la escena
alterlatina.
Tras años
de estudios musicales -tanto en su ciudad natal como en San Diego-,
debuta como vocalista del grupo Chantaje, que luego se convertiría
en Tijuana No, para luego comenzar a cantar sola, y así, juguetear
con los tatuajes fugaces de la música, y explorar con el piano, el
acordeón, los textos y la imaginación. En 1997 llega Aquí,
el disco que marca su estreno como solista y como una de las más
originales y energéticas cantautoras del mundo hispano. Con
Aquí, Julieta reafirma sus prioridades
por no conformarse con la consolidación de un sonido
único, no hay línea de sonido dominante en ninguna de
sus canciones. Mientras en alguna impera ese aire de
balada acústica, inyectado por la nostalgia típica de
Tom Waits, en otra se explota esa combinación de
electrónica ambiental con ritmos brasileños y de
inspirado folklore norteño. Los textos poseen esa
garra característica de la poesía urbana, ese
minimalismo lírico que es capaz de deconstruir cada
detalle, cada instante, cada sensación.



Si
Aquí es un disco que exhibe el abanico de sonoridades que
conforman la incipiente y novedosa creatividad de Venegas , su
segundo trabajo Bueninvento (2000), es un proyecto mucho
más maduro y mucho más enigmático desde el punto de vista poético y
musical. Bueninvento
, es un album diverso, creíble,
intenso y que posee esa ironía que la compositora
tijuanense esconde detrás de la sencillez y la
accesibilidad de sus textos y la aparente simplicidad
de sus arreglos musicales.
Venegas canta (en) y a un presente de humor, de
sarcasmos, de visiones... Posee, a su vez el mismo
discreto encanto (le pido prestado la mitad del título
a Buñuel) de su ciudad natal, que no te arrebata, pero
te subyuga, que no sobresalta, pero que cuando la
conoces, no se te escapa de la mente. Canta a esa
realidad mágica que maquilla la vida, el amor, la
historia, la sociedad. Evoca el doble -y ambiguo-
sentimiento de sentir -y expresar- amor por un
universo saturado de violencias. Julieta, es una
cantante de tonos suaves (¡Nunca colores pasteles!)
Julieta, semi-grita, semi-explota, semi-agrede, ella
deja que te acostumbres, que no temas, que presientas
y que reconozcas. Su estética es intimista, personal e
introspectiva, pero esto, no contradice- en absoluto-
su carácter universal y cosmopolita.
Tanto en
sus trabajos discográficos , como en sus conciertos, Venegas juega
con esa inquietante glacialidad, que por momentos trae a la memoria
la imagen de Catherine Denueve en Belle de Jour o
Tristana de Buñuel, la AlternaDiva tiene esa misma tierna
violencia encubierta tras una simulada pasividad, pero que a pesar
de todo, pero que deja escapar rabia y fiereza, algo que se podría
simplificar con las poéticas palabras de la novelista mexicana
Carmen Boullosa: "Julieta, es una cantante de rodillas raspadas,
pero que también se adorna con inocentes moños y lacitos. Su música
es una contra música de visionaria y un juego de joven
reventada".
En su música, todo es contención, todo es control,
pero también, todo es fuerza... Y todo eso escondido
debajo de esa superficie de fragilidad, paz y graciosa
serenidad que nos hace nostalgiar sobre esa región
transparente -y mítica- que podría llamarse Tijuana,
Madrid o New York ( o cualquier parte, da lo mismo).
Comparto
lo antedicho por la autora de las magníficas novelas Duerme
y Cielos de la tierra. Sí, hay
algo inquietante en la estética de la Venegas, hay
algo violento, hay algo visionario y hay algo
simbiótico. El misterio y la contradicción acompañan
sus poesías de sueños y ansiedades urbanas. Su
voz-terciopelo, voz-manantial, voz-enigma... posee la
misma sinuosidad de una remota Astrud Gilberto, el
mismo desgarre incontrolable de Bjork, la velada
adicción de Teresa Salgueiro, esa dosis de malicia que
también posee P.J Harvey y el quebrado desenfreno de
la música norteña.
Julieta,
la de las rodillas raspadas... e inocentes lacitos
es tan maravillosamente híbrida como la
ciudad que la vió nacer, y es tan maravillosamente
original y única , como todo el norte mexicano.
| Opina sobre este
artículo |
|
|
 |
Texto, Copyright © 2001 Raul E. Romero.
Todos los derechos reservados. |
|