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Bomarzo: algunos poemas más

por Luis Miguel Madrid


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Hace más de un año Luis Miguel Madrid quiso compartir con nosotros su fascinación ante el descubrimiento del Bosque de los Monstruos de Bomarzo, un lugar tan especial que depierta la imaginación e invita a soñar convirtiéndose en fuente de inspiración para quienes lo contemplan. En aquella ocasión pudimos leer siete poemas, primer fruto del encuentro entre Luis Miguel y el hogar del duque de Orsini. Ahora, otros ocho poemas son la prueba de que aquella fascinación no se diluye con el paso del tiempo.

LA BOCA

Tanto miedo sólo puede dar a los que el miedo
les hace dobladillos en la sien,
a los que duermen con la placidez del tonto,
esos que tienen siete verbos para todo
completamente estabulados.
La boca del parque mira a los que ven
la playa donde está la playa que no está.
Conversa con los que como ella andan para atrás
como si pasearan por el camino del revés.
También escucha algunas veces
y para satisfacción del mismo hablante
responde siempre con asombro.
A los que el miedo hace alejar como si pisaran
                                                 [charcos
la boca se los come sin rechistar.


LA CASA TORCIDA

No fueron las aguas subterráneas, un temblor
ladeando los terrenos, un mal trabajo o la
                                        [arrogancia.
La caseta era torcida como yo,
se hicieron sus paredes a imagen de mi espalda
para que mi mundo sin voz ni sitio
encontrara en algun a estancia
el placer de resbalar.


EL BO MARZO

Hemos comenzado a construir el mundo
por sus alrededores, hemos hecho poemas y
                                          [hemos visto
levantar ladrillos y talentos
en las murallas y en los huecos principales.
Hemos desenroscado cuellos para probar 
                            [sus consecuencias,
hemos buscado la casualidad en sus resquicios
y cuando temblaba la vista y el equilibrio 
                                      [fue sincero
la borrachera habló disfrazada como un oso:
que la vida siga pero con el peso del orgullo,
el dolor de los falsetes y la miseria
corrosiva del dinero.
Aceptamos el envite, que sean tres veces marzo
el argumento que consuele,
que abril ponga después lutos y rigores,
que muera yo, que desaparezca el mapa 
                                     [de Bomarzo
descrito en los peces que habitamos.


DOY MIEDO

Cuando digo que perdí el sueño
como si fuera un anillo resbalado que quedó
en el foso de los cocodrilos.
No suelo contar mi lucha con las fieras de la noche,
ni cómo descubrí la cueva entre las aguas
donde archivan la respiración y el sentido
                                     [que consiste
en cerrar los ojos.
Jamás revelaré la contraseña
que descifra el sueño de Bomarzo
Decidí tomar partido hace unos siglos
a favor del terror de los gigantes
que no tienen ni piden el perdón.
Soy uno más de los forajidos
que asesinan a los ignorantes.
Acepté la locura, que duerma
el que tenga en uso la razón.


TRAMPAS

Como el que tira piedras escribo
palabras para ti.
Sé que no te pertenecerán pero no importa.
Es la magia de los tristes la que dicta el contenido,
son conjuros invisibles, trampas que pone uno
a uno mismo para despistarse.


DAMA

No tiene duquesa el duque,
ni condesa, ni señora, ni un retal
que llevarse a la bragueta.
Una dama de conversación boba y corta
vendría bien para estas noches
que no tienen frío ni calor ni muestras
de hacerse principales.
Y no es porque el duque desprecie la cultura,
las mañas o el saber del otro sexo.
Que se le han juntado dos dolores: de cabeza 
                                              [por resaca
y otro más adentro
por la misma soledad.


NADA MAS

Nada más sucede que se me echó la noche encima
y me puse triste.
Que me dio por perder y cuando me pongo
lo hago en serio.
Nada más que no quiero nada de lo que dispongo,
que mis cartas no valen para apostar dos duros,
que me rindo si es que no hay descarte.


MADRAGOA

Llegar a Itaca es necesario
para encontrar la desembocadura del Tajo.
Hay que llegar más lejos que el error
y volver luego a la alquimia de Bomarzo,
desandar siglos y mesetas,
atravesar paisajes de cerezos,
fronteras de mentira y recordar mientras te miro
las letras de un demonio que se llamó Pessoa:
"soy del tamaño de lo que veo".
A la península de los amores imperdibles
que está junto al Bairro Alto
le dicen Madragoa y se llega amando
por los costados de los cuatro gigantes
que llevamos dentro.


 

Texto, Copyright © 2001 Luis Miguel Madrid. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: lunes, 31 de diciembre de 2001

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