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Horacio Quiroga: el perfecto cuentista

por Rosana Gutiérrez

"Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Allá dirán
No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio...
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreirás..". (1)

Tal vez no sea casual que Horacio Quiroga haya nacido el último día del año 1878. Este hecho es todo un símbolo de lo que sería una vida signada por últimos días.

El fallecimiento de su padre, Prudencio Quiroga, a pocos meses de ese 31 de Diciembre, el suicidio de su padrastro, Asensio Barcos, ante sus ojos de quince años, la muerte de su amigo Federico Ferrari, al dispararse accidentalmente el revólver que Quiroga examinaba, los suicidios de su primera mujer, Ana María Cires, quien se quitó la vida ingiriendo una fuerte dosis de veneno; su propio suicido, al saber que padecía cáncer y los de quienes lo siguieron, su amigo y maestro Leopoldo Lugones, su gran amor Alfonsina Storni y sus hijos Egle y Darío, años después. La muerte fue protagonista en su obra y acompañó a los personajes de sus cuentos. En algunos casos resignadamente, en otros con violenta desesperación.



[ Foto 1: Quiroga junto a A. Gerchunoff, E. Mallea y R.J Payró.
Foto 2: Casa de Quiroga. ]

"Más al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pié izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en le suelo…. Sólo que tras el antebrazo, e inmediatamente debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete, pero el resto no se veía (...) Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente va a morir…" (2)

Inmediatamente después de la muerte de su amigo, Quiroga abandonó Montevideo, refugiándose en la casa de su hermana María, en Buenos Aires. Allí comenzó a trabajar como profesor de castellano en el Colegio Británico y a publicar sus primeros cuentos en revistas como Caras y Caretas. Un año más tarde llegó a Misiones, como fotógrafo de la excursión de estudio que el Ministerio de Instrucción Pública le había encomendado a Leopoldo Lugones. Cuando Quiroga pisó la selva, en medio de un ataque de asma, supo de inmediato que ese sería el lugar que elegiría para vivir y seguir con su obsesión, la de contar historias.

En 1901 publicó su primer libro, Los arrecifes de Coral, dedicado a Leopoldo Lugones Combinación de prosa y verso, 52 composiciones agrupadas en 18 poemas, 30 páginas de prosa lírica y 4 cuentos. Este libro resumía el clima literario del momento y a la vez aquí empoezan a perfilarse algunos de los conflictos permanentes en toda su obra, la lucha del hombre con la naturaleza o con otros hombres.

En 1904 publicó el libro de cuentos El crimen del otro, influido por sus lecturas de Edgar Allan Poe, y Guy Maupassant. Aquí comenzó a alejarse del preciosismo modernista y el cambio fue dándose a medida que se sumergía en una realidad dolorosa. El cuento que da el título a la obra presenta similitudes con el de Edgar Allan Poe, "El barril de amontillado".

En 1905 publicó Los perseguidos, una novela sobre un caso psiquiátrico y tras un período marcado por tendencias naturalistas, como las de su novela Historia de un amor turbio, de 1908, compró unas tierras en Misiones y se instaló con su primera esposa en una casa que él mismo construyó en Iviraromí, cerca de las Ruinas jesuíticas de San Ignacio. Allí vivió hasta 1916. La selva misionera lo atrapó y se convirtió en escenario de sus célebres Cuentos de la selva y de Los desterrados, entre otras obras que dieron cuenta de su propia vida en ese medio inhóspito donde tuvo que clavar y desarmar cien veces la misma canoa, reparar las goteras del techo de su casa, pescar, fabricar sus propias anilinas para tinturas, cavar pozos de agua, confeccionar sus zapatos, y conversar con "Anaconda", la víbora que criaba en su jardín, que fuera protagonista de varias de sus historias. Allí supo que escribir era un oficio arduo y no un arrebato de inspiración.

"No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. (...) Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea." (3)

Con la publicación de Cuentos de amor, de locura y de muerte, en 1917, Quiroga dio la primera muestra de su genio y empezó a recorrer el camino que lo llevaría a consagrarse como el gran maestro de la narración breve latinoamericana. Cuentos que, si bien revelan la influencia de Edgar Allan Poe, resultan originales por el uso de una prosa tensa, donde no empleaó adjetivos grandilocuentes y la sobriedad fue causa del mayor momento de síntesis narrativa.

Es en este libro donde se presentan claramente definidas, todas y cada una de sus obsesiones recurrentes. Predominan los cuentos misioneros, la fascinación de Quiroga por la muerte en la que vivió enfrascado y los personajes marcadamente trágicos, con relatos magistrales como "A la deriva", " La gallina degollada", o "El almohadón de plumas".

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. (...) Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán. (4)

En 1918 publicó Cuentos de la selva, un clásico de la literatura escrita para niños. El paisaje misionero fue escenario y los animales protagonistas. Quiroga consiguió aquí una interesante mezcla de ternura y humor entre lo fantástico y lo real.

Los ocho cuentos de este volumen contienen una moraleja, por lo que puede decirse que son también una aproximación a la fábula, con una intención moralizadora sugerida sutilmente. Los animales aparecen humanizados por una gran eficacia expresiva, frases precisas y con imágenes plásticas certeras. Fue este libro una especie de agradecimiento del hombre a los animales, y por otro lado también se expresa la lucha de los animales contra la devastación del hombre, pero mostrando valores como la amistad y la solidaridad.

"...Como la piel del Surubí es muy bonita, y las manchas oscuras que tiene se parecen a las de una víbora, el Surubí nado una hora pasando y repasando ante los yacarés, que lo admiraban con la boca abierta. Los yacarés lo acompañaron luego hasta su gruta, y le dieron las gracias infinidad de veces. Volvieron después a su paraje. Los pescados volvieron también, los yacarés vivieron y viven todavía muy felices, porque se han acostumbrado al fin a ver pasar vapores y buques que llevan naranjas. Pero no quieren saber nada de buques de guerra." (5)

En 1920, publicó Las sacrificadas, adaptación teatral de "Una estación de amor", un cuento que se había publicado en Cuentos de amor, de locura y de muerte. Obra que se estrenó en el teatro Apolo en el año 1921, coincidentemente con la publicación de Anaconda, una colección de cuentos que continuaba con las historias ocurridas en Misiones, mostrando una visión de la selva desde la perspectiva de los animales, pero con un tono diferente a la de los Cuentos de la selva, alejándose de la fábula infantil y presentando la imagen sombría de la naturaleza que marcaría las obras.

En 1928 Quiroga se enamoró de una adolescente, amiga de su hija Eglé: María Elena Bravo, 30 años menos que el escritor, permaneció junto a él en la selva, hasta que lo abandonó en 1936. En 1936 publicó la novela "Pasado amor", de carácter autobiográfico, donde narraba aquella relación y los obstáculos que debieron sortear.

Los relatos contenidos en El desierto, de 1924 y Los desterrados, de 1929 reflejaron el creciente pesimismo de Quiroga, que aumentaría ante el deterioro progresivo de su salud y la estrechez económica producto de su dificultad para vender sus trabajos y su carácter excéntrico que hizo que no fuese querido por los nuevos intelectuales, quienes capitaneados por Jorge Luis Borges, lo consideraban "antiguo" y le cerraban puertas. Por entonces sólo vivía de los 50 pesos que el gobierno de Uruguay le pagaba por un cargo de Cónsul Honorario, fruto de una gestión realizada por escritores amigos.

Los cuentos de El desierto están agrupados en tres grupos diferenciados. En el primero, mediante relatos misioneros, presentó el escenario, los personajes: padre e hijos y su manera de vivir y relacionarse, desde la muerte de la madre. Los cuentos del segundo grupo son historias de amor como "'Una conquista". "Silvina y Montt" y "'El espectro". El tercer grupo consta de cinco cuentos donde se encuentran los notables "El potro salvaje" y "Juan Darién".

"...Los piques son, por lo general, más inofensivos que las víboras, las uras y los mismos barigüis. Caminan empinados por la piel, y de pronto la perforan con gran rapidez, llegan a la carne viva, donde fabrican una bolsita que llenan de huevos. Ni la extracción del pique o la nidada suelen ser molestas, ni sus heridas se echan a perder más de lo necesario. Pero de cien piques limpios hay uno que aporta una infección, y cuidado entonces con ella." (6)

Los desterrados, es, según la crítica el libro más acabado y armónico de Quiroga. Aquí el autor se acercó al trabajador de la selva, al peón de las plantaciones y su vida de jornales de hambre y miseria. Recogió aquí, ocho ficciones de la cuales unas describen el ambiente, como "El regreso de anaconda" donde dejó muy clara su denuncia contra el hombre que "ha sido, es y será el más cruel enemigo de la selva"; y otras a los estereotipos de la selva, a quienes llamó desterrados y retrató magníficamente en cuentos como "El hombre muerto", "El techo de incienso" o "'Los destiladores de naranjas".

Sus últimos libros fueron el punto culminante de ese impulso creador, que a Quiroga se lo ofreció su propia tragedia.. La muerte, la soledad, la decadencia, el fracaso y la lucha por evitarlos, que fue una constante en el autor y sus personajes, se hizo carne con su máxima expresión.

Más allá, su última publicación de 1935, fue una obra premonitora donde predomina el pesimismo y la angustia, la muerte y el misterio. El cuento "El hijo", es uno de lo más bellos y perfectos que se hayan escrito en la lengua española, porque Quiroga aquí logró trascender el dolor y la tragedia, utilizando el amor paternal y la ternura en forma tajante, dándole el justo corte dramático y desgarrador.

"...Bajo el cielo y el aire candentes, a la descubierta por el abra de espartillo, el hombre devuelve a casa con su hijo, sobre cuyos hombros, casi del alto de los suyos, lleva pasado su feliz brazo de padre. Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma, sonríe de felicidad. Sonríe de alucinada felicidad... Pues ese padre va solo .A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púa, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de la mañana." (7)

En 1936, los insoportables dolores de estómago, obligaron a Quiroga a internarse en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires. "No veo el día, amigo, de volver a San Ignacio" le escribió a Isidoro Escalera, que era su amigo y casero. Cinco meses más tarde, al saber del diagnóstico definitivo, salió a dar un paseo por la ciudad. Regresó al hospital por la noche y en la madrugada, el cianuro que había ingerido ya había hecho su efecto mortal.

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Notas:

  • (1) Alfonsina Storni, "A Horacio"
  • (2) "El Hombre muerto", de Los desterrados
  • (3) "Decálogo del perfecto cuentista", de Cuentos de amor, de locura y de muerte
  • (4) "El almohadón de plumas", de Cuentos de amor, de locura y de muerte
  • (5) "La guerra de los yacarés", de Cuentos de la selva.
  • (6) "El desierto", de El desierto.
  • (7) "El hijo", de Los desterrados.

Fuentes bibliografías:

  • Jitrik, Noé. Horacio Quiroga. Una obra de experiencia y riesgo. Buenos Aires.,
  • Ediciones Culturales Argentinas, 1959.
  • Orgambide, Pedro. Horacio Quiroga, el hombre y su obra, 1954

 

 

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Última actualización: jueves, 06 de septiembre de 2001

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