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La sacralización de la noche en Reflejos de Villaurrutia

por Germán Castro

Reflejos de 1926

"¡Comience el año en el nombre de Dios!", anota Federico Gamboa (1864-1939) en su Diario. Primero de enero de 1926, y en el nombre de Dios, días más tarde el conflicto entre la iglesia católica y el gobierno de Plutarco Elías Calles inicia la escalada que llevaría a la guerra cristera: el 4 de febrero El Universal publica una entrevista al arzobispo José Mora y del Río, la cual, sin más, resulta una declaración de guerra del "episcopado, clero y católicos" contra el supremo gobierno emanado de la Revolución ("no reconoceremos y combatiremos los artículos 3º, 5º, 27º y 130º de la Constitución vigente"). Mano dura, Calles responde y ordena la clausura de templos y centros religiosos. El 16 de febrero Gamboa se lamenta: "Continúa la exclaustración de monjas y el cierre de escuelas católicas. ¡Qué mal vamos, Dios mío!". La situación empeora: en julio consignan al arzobispo, y la Liga de Defensa Religiosa exhorta a un boicot para "paralizar la vida social y económica" de México. La propaganda católica sentencia: "¿Quisieras tener un hijo sin Dios? ¡Evítalo! ¡Tu arma es el boicot!"; prohibe: "Las frutas, dulces y pasteles son manjares de lujo, desdicen en la mesa de un católico"; reglamenta: "Señorita, se falta al boicot usando polvos, coloretes y perfumes"; y proscribe: "Quien en estos tiempos asiste a teatros y cines, es verdaderamente un inconsciente".

¡¿No ir al teatro?! Uno de los tantos jóvenes que seguramente no se sumaron a los exigentes preceptos del boicot impulsado por Liga de Defensa Religiosa fue un tal Xavier Villaurrutia, quien a pesar de haber sido educado en una de las escuelas privadas reprimidas por Calles (el Colegio Francés), era, junto con sus amigos, un adicto, entre otras cosas, al teatro y a las reuniones en cafés.

Santa y Xavier Villaurrutia habían hecho acto de presencia en el mundo el mismo año, 1903, de tal manera que para 1926 ambos andaban por los 23. Federico Gamboa, en cambio, ya era un sexagenario que, "necesitado de una borrachera de oxígeno", se lanzaba por las calles de la ciudad de México en busca de sorpresas, como encontrarse en Chimalistac, "escondida en un recodo florido, Los Secretos de Santa", una pulquería que venía a confirmarle al viejo que "Santa se incrustó ya para siempre en el pueblo de México". Por su parte, Villaurrutia publica entonces su primer libro, el volumen de poemas Reflejos.

La conciencia "grupo sin grupo"

Con menos de 25 años encima, cuando publica su primer libro bajo el sello de editorial Cvltvra, (but of course), Villaurrutia no pasa en lo absoluto por un primerizo, al contrario, el joven es ya un hombre de letras: ha participado en varias revistas y entablado diálogo con escritores e intelectuales de la época, ha podido combinar la burocracia con la labor creativa y ésta última con la crítica y el periodismo, tiene un nombre reconocible y claramente asociado a un grupo, aquel que trascendería como Los Contemporáneos. Más todavía: el joven Xavier no sólo había identificado la existencia del "grupo sin grupo" al que pertenecía, sino que también era ya para entonces la conciencia crítica del mismo . En este orden de ideas, Reflejos es un primer libro tardío, sin embargo, es precisamente con esta colección de poemas que Villaurrutia comienza a perfilar su personalidad literaria. Pero contextualizar Reflejos en el movimiento de Los Contemporáneos requiere echar la vista atrás.

El primer encuentro entre los futuros miembros del grupo ocurre en 1916, en las aulas de la Escuela Nacional Preparatoria, cuando Jaime Torres Bodet traba amistad con Bernardo Ortiz de Montellano, mozuelos que rondaban por los 15 años. Poco tiempo después, ambos se acercan a Carlos Pellicer, que para entonces ya gozaba de un cierto prestigio de poeta precoz. Ese mismo año, se incorpora a la palomilla Enrique González Rojo, nada menos que el hijo de Enrique González Martínez, por entonces "el dios mayor, casi único de nuestra poesía". Un año después, desde Aguascalientes uno, desde Coahuila el otro, llegan a la ciudad de México José Gorostiza y Salvador Novo. También en la Nacional Preparatoria, Novo conoce a Xavier Villaurrutia e inician una amistad que perduraría hasta la muerte del autor de Reflejos. En 1918, Torres Bodet y Pellicer comienzan a publicar en Pegaso ‹revista dirigida por González Martínez y López Velarde; la primera camada se matricula en la escuela de jurisprudencia y se suman a San-ev-ank, impreso universitario; y, con flamante prólogo de González Martínez, aparece el primer libro del grupo, Fervor de Jaime Torres Bodet. La prensa comienza a referirse a ellos como "los poetas universitarios".

La primera revista que dirige el grupo inicial aparece, aunque sólo dos ocasiones, en 1919: Revista Nueva, en la que Gorostiza, González Rojo, Torres Bodet y Ortiz de Motenllano declaran su conformación como el Ateneo de la Juventud; versifican en respetuoso apego a González Martínez y, muy propios, se alinean a los preceptos apolíneos de Henríquez Ureña y Alfonso Reyes. Por su parte, la "generación bicápite", Villaurrutia y Novo, aún en la "prepa", comienzan a salirse del redil: el primero escribe poemas francamente influenciados por el simbolismo francés, mientras que Novo se deja seducir por el afán sintético de Tablada; sus escritos encuentran salida impresa en El Heraldo Ilustrado y Policromías, revista estudiantil en la que también Gilberto Owen comienza a publicar. Villaurrutia se acercan a Ramón López Velarde, en persona y obra, el aliento provinciano del jerezano comienza entonces a infiltrarse en su poesía. Tentados por la obra de Tablada y López Velarde, Novo y Villaurrutia no sólo marcan distancia, sino que se muestran en franca sublevación con respecto a la hegemonía de González Martínez.

Durante 1920 los dos grupos comienzan a relacionarse, sobre todo luego de que González Rojo partiera a Chile y Villaurrutia estrechara lazos con Torres Bodet y Ortiz de Montellano. Ocurre también que Torres Bodet despega su carrera burocrática efebocrática, según la atinadísima fórmula de Sheridan, cuando es nombrado secretario de la Escuela Nacional Preparatoria, y al siguiente año secretario particular de José Vasconcelos, secretario de Educación Pública del gobierno de Obregón. Luego de la caída de Carranza (asesinado en mayo de ese año), y del ascenso del Manco de Celaya, todo estaba dispuesto para que los sonorenses iniciaran el largo proceso de institucionalización (muchas veces a balazos) de la Revolución Mexicana. En este marco, los poetas universitarios van tomando puestos en las trincheras de la cruzada vasconcelista en pro de la educación; tiempos de giras y gran movimiento (Novo se convierte en maestro alfabetizador, Gorostiza asume la jefatura de redacción de El Maestro), aunque las plumas de González Rojo, Ortiz de Montellano y, por supuesto, Torres Bodet, se mantienen todavía fieles al áurea de González Martínez. El grupo seguiría ganando espacios; González Rojo retornaría de Chile en 1922, para que Vasconcelos lo designara jefe del departamento de Bellas Artes. Desde la estridentista Actual, Maples Arce comienza a denostarlos: ¡lamecazuelas!

1921: Villaurrutia tiene 18 años, Novo colaboraba en varias publicaciones (v.g.: México Moderno, dirigida por Henríquez Ureña, y juntos montan "un 'estudio' cerca de la Preparatoria, donde podían ver sin problemas a sus amantes y emprender en paz sus aventuras psicotrópicas [ ], entre la lectura y esa forma de aprendizaje que da la contradicción". Un año después, Villaurrutia publica en Prisma, revista internacional de poesía, y junto con Ortiz de Montellano se incorpora al cuerpo de redacción de Falange, revista dirigida por el efebocrático mayor, Torres Bodet, quien en el 23 publica tres poemarios. A mediados del mismo año, resultaba evidente que Villaurrutia no tenía nada que hacer estudiando jurisprudencia, incluso Alfonso Reyes lo convence de ello y le urge para que se dedique de lleno a la literatura.

El momento definitorio, literalmente, acaece en 1924. Con la integración de Jorge Cuesta y Gilberto Owen, la planilla de los jóvenes poetas de México terminaría de conformarse. "El grupo estaba publicando, traduciendo, haciendo revistas y cada vez se configuraba más su naturaleza de equipo y su voluntad generacional". Es entonces cuando Xavier Villaurrutia dicta su célebre conferencia en la Biblioteca Cervantes, en la cual presenta una panorámica histórica de la poesía mexicana, para ir a parar justo en ellos mismos:

"Pero por la seriedad y consciencia artística de su labor; porque sintetizan, en porción máxima, las primeras realizaciones de un tiempo nuevo es preciso apartar en un grupo sin grupo a Jaime Torres Bodet, a Carlos Pellicer, a Ortiz de Montellano, a Salvador Novo, a Enrique González Rojo, a José Gorostiza y a Ignacio Barajas Lozano.

"La producción de esos poetas, inconciliable por el alcance diverso, por la distinta personalidad, puede agruparse, sin embargo, ya que se halla presidida por un concepto claro del arte como algo sustantivo y trascendente."

Un año después, 1925, la "generación bicápite" y el nuevo Ateneo son ya una unidad: "el grupo sin grupo", que incluso estaría a punto de concretar el proyecto que, tiempo después, le daría membrete definitivo: Contemporáneos. Este primer intento fue inspirado en Revista de Occidente, cuyo director, precisamente, fue el autor del libro que originó una de las dos polémicas en la que se ven involucrados los jóvenes poetas de México. José Ortega y Gasset publica en este año La deshumanización del arte, libro en el que hace una crítica frontal al ideal del arte por el arte, a la poesía como "el álgebra superior de las metáforas"; justamente la postura opuesta a la que Villaurrutia pregona como factor denominador común del "grupo sin grupo": "el arte como algo sustantivo y trascendente", decía Villaurrutia; la "poesía pura" de Juan Ramón Jiménez.

De intensa actividad editorial fue el 25: Gorostiza publica Canciones para cantar en las barcas, Novo XX poemas, Torres Bodet Biombo colección de poemas en los que ya no se percibe la sombra de González Martínez, sino de Machado y, ¡oh, pecador!, de José Juan Tablada, y Ortiz de Montellano El trompo de siete colores. Mientras tanto, la mayoría de ellos sigue gozando del presupuesto federal; algunos, como Torres Bodet y Gorostiza, trabajando en Salubridad (encabezada por el Dr. Gastélum), otros, como Novo, en la Secretaría de Educación Pública. Por su parte, Owen escribía Desvelos y Xavier Villaurrutia Reflejos.

Reflejos

La primera edición de Reflejos incluía un retrato del poeta, realizado por Agustín Lazo: "las facciones dibujadas con caprichosa asimetría dan simultáneamente la impresión de misterio, tristeza y autosuficiencia, como si se contorsionaran por la fuerza de lo que está pensando. Limpio, impecable, elegante, no desafía ni invita: se aleja; algo envidiable está pensando y no tiene intención de hacer muchos amigos" . A saber qué tan fiel al dibujo pueda ser la anterior descripción del mismo, sin embargo, ciertamente, corresponde a la personalidad poética que la obra proyecta.

Seguramente Villaurrutia fue un poeta muy exigente consigo mismo a la hora de optar por la letra impresa: a lo largo de toda su vida (murió el 25 de diciembre de 1950, a los 47 años), únicamente publicó ocho volúmenes, todos ellos más bien escuálidos si de páginas hablamos. Reflejos se integra apenas por 27 poemas. No obstante, la diversidad temática y la intensidad de los poemas reunidos en el primer libro de Villaurrutia permiten múltiples análisis, cientos de cuartillas; sin embargo, el propósito de este escrito se limita a mostrar que en Reflejos es posible encontrar reiteradamente poemas en los que se sacraliza el espacio/tiempo de la noche en dos sentidos: en tanto albergue de hierofanías y como tiempo de transgresiones ‹conceptos que se abordarán más adelante). Así pues, baste sólo algunas líneas para contextualizar dicho poemario:

La influencia de Ramón López Velarde sigue siendo notoria; "sobreviven abundantes muestras de la huella velardeana tan cierta en sus composiciones anteriores[ ] El ambiente provinciano leído en los libros de López Velarde prestó tónica provisional a su poesía". El José Juan Tablada sintético también se agazapa en algunos poemas; v.g.: Suite del insomnio.

La realidad urbana que comienza a gestarse durante las primeras décadas del siglo XX en la ciudad de México tiene una presencia importante: las azoteas "asoman al cielo cóncavo", los tranvías son "casas que corren locas".

Como también puede apreciarse en XX poemas de Novo (1925) y Desvelos de Owen (1926), el tópico del viaje introspectivo es recurrente : "vámonos inmóviles de viaje".
El erotismo y el sueño, la soledad y la noche, se manifiestan como reflejos de meta-realidades. He aquí la veta a explorar.

La sacralización de la noche

Nos juntó un sueño.
Sueño
, Xavier Villaurrutia, 1926.

Anoche soñé a Xavier. Me ocurre con frecuencia.
Conversamos siempre muy apacible y gratamente,
y lo singular es que dentro de los sueños
en que aparece, yo sé, y él también,
      [que está muerto,
pero eso no importa: conversamos sobre ese supuesto
de las cosas más interesantes.

Salvador Novo, 1958.

En Reflejos, la noche es multifacética; a veces es la trinchera desde la cual el poeta presencia y testimonia la realidad concreta, como en Tranvías:

Lejanos, largos
(¿de qué trenes sonámbulos?),
se persiguen como serpientes,
ondulando.
Otras veces es el espacio del sueño placentero:
Nos juntó un sueño.
En el sueño rodábamos
como en un prado fresco.
O bien, el único lugar posible de encuentro
      [con un recuerdo:
Yo te dejaba ir, los ojos
cerrando, al fin te guardaba
la placa de mi retina.
¡Saldrás cercana y clara!
Por la noche revelaba
tu imagen para, de una vez fijarla.
Al sol, borrosa y lejana,
¡no era nada!
Pero también se muestra como el largo martirio
      [del insomne que, peor aun, teme dormir:
Tengo sed.
¿De qué agua?
¿Agua de sueño? No.
De amanecer.
Y, claro, la noche se despliega también para
      [cobijar al orgasmo:
¡Qué tic-tac en tu pecho
alarga la noche sin sueño!
(Gocemos, si quieres,
provocando el segundo de muerte)
Y la droga:
este polvo blanco
de luna ¡claro!
nos vuelve románticos

Si bien la noche de Reflejos se opone al orden del día, también resulta su complemento obligado: movimiento pendular entre dos planos de una realidad que insistentemente el poeta quiere trastocar:

¡Otra vida! ¡Otra vida!
Por eso el sol
se entra por los resquicios
y, en la mañana,
copia nuestras camas.
¡Otra vida! ¡Otra vida!
Hagamos sitio a nuevos huéspedes:
echemos la casa por la ventana.

Así, la noche que Villaurrutia recrea no puede reducirse al espacio/tiempo opuesto al diurno; si bien es cierto que per se "la noche tiene razones que el día desconoce", el poeta no se conforma con evidenciar las diferencias entre el día y la noche perceptibles desde la realidad concreta, sino que interviene en esta última para sacralizarla.

Mircea Eliade explica que en todo pensamiento religioso subyace la certeza de que el espacio no es homogéneo, es decir, que presenta escisiones, esguinces; "para el hombre religioso esta ausencia de homogeneidad espacial se traduce en la experiencia de una oposición entre el espacio sagrado, y todo el resto, la extensión informe que le rodea". Ahora bien, ¿cómo se presentan dichas fracturas? En hierofanías, esto es, en "la manifestación de algo completamente diferente, de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte integrante de nuestro mundo 'natural', 'profano'". En Poesía ‹el poema inicial‹ encontramos un buen ejemplo de cómo Villaurrutia sacraliza el espacio por medio del acto poético:

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.

En esta primera estrofa, la experiencia onírica en el espacio de la noche ("tanque de sueño") es el manantial del acto creativo. Más adelante (cuarta y última estrofa), la frágil comunión con la poesía se rompe con el retorno a la realidad profana que se impone al despertar, y en la frontera queda el testimonio de la presencia de lo sagrado en cuatro hierofanías (puerta, techo, piso y espejo):

Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

Espejos: un ejemplo más de las hierofanías presentes en Reflejos. El misterio de los espejos, del mundo que reflejan, del resultado que coquetea con el infinito al enfrentarse entre sí, de la realidad (distinta a la concreta) que protegen en la oscuridad:

Ya nos dará la luz,
mañana, como siempre,
un rincón que copiar
exacto, eterno.

O bien:

La noche juega con los ruidos
copiándolos en sus espejos
de sonidos.

Finalmente, la experiencia erótica aparece también en Reflejos como un ejercicio mediante el cual la noche se fractura para sacralizar la realidad. Mientras que para el pensamiento profano "la sexualidad no es más que un proceso orgánico, cualquiera que sea el número de tabúes que le inhiban aún", para la cosmovisión religiosa "un acto tal no es nunca simplemente fisiológico; es, o puede llegar a serlo, un 'sacramento', una comunión con lo sagrado". En el primer poema titulado Noche, el encuentro erótico referido y su pretendido desenlace ‹el orgasmo, le petit morte (involucran seguramente la trasgresión al interdicto del encuentro homosexual):

Gocemos, si quieres,
provocando el segundo de muerte
para luego caer ‹¿en qué cansancio?,
¿en qué dolor? como en un pozo
sin fin de luz de aurora.

Respecto a la trasgresión erótica, George Bataille explica que (tal como ocurre con los objetos vueltos hierofanías que se convierten en otra cosa sin dejar de ser lo que son), el proceso es paradójico, en tanto que "levanta el interdicto sin suprimirlo" y justo "ahí se oculta el resorte del erotismo, ahí se encuentra, al mismo tiempo, el resorte de las religiones".

Esquivando conclusiones

¿vale acaso la pena encender la luz
la luz que, a lo peor, sería, en nuestro caso,
una impenetrable sombra espesa?

Villaurrutia a Novo, 1936

La noche del Villaurrutia de Reflejos es polisémica; desde una perspectiva pertinente, se erige como el espacio/tiempo sacralizado por la poesía. Dicho así en corto, pareciera que tantas palabras no justifican tan sencilla afirmación. Queda, pues, un sendero que se bifurca: por un lado continuar el análisis en los Nocturnos de Villaurrutia, por el otro, no caer en la tentación de la exégesis.

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Bibliografía

Directa:

  • VILLAURRUTIA, Xavier. Poesía. En: "Obras". México: 1966. FCE. Letras Mexicanas segunda edición, aumentada. pp. 1-90

Indirecta:

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  • (5) CHUMACERO, Alí. Prólogo. En: VILLAURRUTIA, Xavier. "Obras". México, 1966. FCE. Letras Mexicanas segunda edición, aumentada. pp. IX - XXX
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  • (7) HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro. Estudios mexicanos. México, 1984. FCE. Lecturas Mexicanas #65. 386 pp.
  • (8) INBA. Cartas de Villaurrutia a Novo (1935 - 1936). México, 1966. SEP. 79 pp.
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  • (11) NOVO, Salvador. La vida en México en el periodo presidencial de Adolfo López Mateos. T. II. México, 1998. CNCA. Memorias Mexicanas. 568 pp.
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Marco teórico:

  • (1) BATAILLE, Georges. El erotismo. Barcelona, 1985. Tusquets. Marginales #61 cuarta edición. 378 pp.
  • (2) ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Barcelona, 1983. Labor quinta edición. 185 pp.

Germán Castro es sociólogo, tiene una maestría en edición y ha publicado 5 libros en México (novela y cuento). Actualmente dirige pixelarte, un despacho de servicios editoriales, y agseso.com, una cibermagazine especializada en atender a la comunidad internauta de la ciudad en la que vive.

 

 

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Última actualización: miércoles, 04 de julio de 2001

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