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Viaje al centro del sonido: conversación con Juan
Pablo Izquierdo por Francisco Véjar
Juan Pablo Izquierdo es uno de
los directores de orquesta más notables de Chile y Latinoamérica. Luego de estudiar
composición en Chile, realizó cursos de dirección orquestal con Hermann Scherchen. En
1966, gana el Premio Dimitri Mitropoulos y fue designado como director asistente de
Leonard Bernstein. En 1970 dirigió en el famoso festival de Holanda, dedicado a la
música contemporánea, donde estrenó obras de Mauricio Kajel. Posteriormente condujo en
Portugal e Israel. De vuelta a Chile, en la década de los ochenta, reorganizó la
Orquesta Claudio Arrau. Actualmente es director de la Orquesta Carnegie Mellon en
Pittsburg, con la que ya ha editado algunos discos con grabaciones de Ravel, Xenakis y
Scelsi.


[ Juan Pablo Izquierdo ]

FRANCISCO VÉJAR - Remontémonos al tiempo de "El
Joven Laurel", grupo literario que se creó en el Colegio Saint George, dirigido por
Roque Esteban Scarpa. Me han contado que en dichas tertulias, usted escuchó discos de
música clásica que no se oían en Chile. Háblenos de esa época.
JUAN PABLO IZQUIERDO - De los "laureles" que
yo me acuerdo estarían Armando Uribe, Carlos Ruiz-Tagle, Antonio Avaria, Esos eran los
primeros. A mí me tocó la época de José Miguel Ibáñez Langlois, cuando había
reuniones en la casa de Roque Esteban Scarpa los días domingo, en la Plaza Bulnes. Y ahí
yo aprendí una cantidad de música porque era una época en que no era tan fácil
conseguir discos como ahora. Conocí muchas obras inusuales, por ejemplo las canciones de
André Jolivet y "Matías El Pintor" de Hindemich. Era una especie de salón
literario donde además había música. Fue un momento muy creativo: editaban una revista
en el Colegio. Después que ellos salieron del Colegio, me tocó a mí ser el Director de
la Revista. Me lo pidió don Roque: "Tú Juan Pablo eres el Director de la
revista"; pero "¡cómo don Roque!" , le dije : Yo nunca he escrito ni
siquiera un poema, nada". "No", me respondió "pero quizás eso sea lo
más notable". Esas sugerencias de don Roque eran órdenes así es que tuve que
hacerlo. Fue un momento muy creativo, sobre todo desde el punto de vista literario. Desde
el punto de vista musical estaban las reuniones donde se escuchaba esta música. También
estaba en el mismo Colegio, el padre Rodríguez que vivía en el Seminario. En la pieza
del Padre Rodríguez, se escuchaba "La Misa en Sí Menor" de Bach, en discos
difíciles de hallar. Para mí fue muy importante ver cómo ellos estaban trabajando, lo
que comentaban, las estructuras mismas; había también gente de Teatro; me acuerdo de
Jaime Silva, que escribía obras muy bonitas. Estaba también Hernán Montealegre y Jorge
Swinburn; esos eran los grandes, junto con Armando Uribe y mi hermano Gonzalo Izquierdo.
Además del Padre Rodríguez estaba también don Mario Góngora, que era un hombre muy
importante en el colegio, historiador, y a mí me interesaba muy en particular lo que era
la música, pero de todas las otras artes, especialmente de la poesía aprendí
muchísimo, traduciendo las palabras a un lenguaje estructural musical.
FV - Usted después de salir del Colegio entra a
estudiar Composición a la Universidad de Chile.
JPI - Después del Bachillerato entré a los cursos
superiores de la Universidad de Chile de Composición y ahí hice mis estudios. Yo empecé
a estudiar la música mucho antes, por supuesto, pero en forma privada.
FV - Nos podría contar acerca de sus maestros en
Chile, en materia musical.
JPI - Mi maestro de Composición primero fue Juan
Orrego Salas; luego, cuando Juan se marchó de Chile, estuvo Carlos Botto con el cual
estuve un tiempo corto y después estuve tres años con Juan Adolfo Allende, sobrino de
don Pedro Humberto Allende que vive en Alemania. A él le debo muchísimo. Hicimos un
trabajo teórico muy riguroso, además de ser él un muy buen compositor. A mi me ha
tocado estrenarle obras en Frankfurt. Lo considero mi maestro principal de composición.
Egresé del Conservatorio y mi intención era ir a estudiar dirección de orquesta y
efectivamente salí, conseguí una beca e ingresé a la Academia de Viena como estudiante
de composición y al mismo tiempo de dirección de orquesta . En ese momento me interesaba
especialmente la dirección de orquesta para hacer más real el oficio del compositor en
relación a la escritura orquestal, conocer ese oficio. Estuve en Viena un tiempo. Yo iba
a Viena porque me interesaba especialmente la música de Schoenberg, pero me di cuenta de
que eso estaba totalmente fuera del interés de la academia en Viena y decidí marcharme.
FV - Ya se sabe que Hermann Scherchen fue su maestro,
lo que es un verdadero privilegio. ¿Cuéntenos cómo logró hacerse alumno de Scherchen
en Suiza?
JPI - Me fui a Alemania y había en Hamburgo un
concierto de Hermann Scherchen de quien yo secretamente deseaba ser alumno, pero quería
prepararme antes y me recibió y fui su alumno. Ha sido mi único profesor de dirección.
Fue una relación muy buena. Era un gran maestro. Uno de los primeros conciertos que yo vi
en mi vida, de niño, fue dirigido por Scherchen. Me aceptó como su alumno después de
una prueba tremenda. Él ya no quería tener más alumnos, decía que estaba muy viejo,
que dedicaba su energía a dirigir orquesta solamente. Y me decía: no quiero tener
alumnos vuelva mañana y yo volvía mañana y me daba cuenta que hacía toda clase de
pruebas musicales. Por ejemplo, de repente silbaba una nota y después de media hora me
preguntaba qué nota silbé. Después de todo este período reiteró que lo único que
quería hacer era dirigir orquesta pero me dijo "quiero decirle que me ha parecido
muy bien lo que usted hace" y me regaló una revista que editaba él y se fue a
Suiza. De Hambort se fue a Suiza. Fue quedar como en el vacío. Curiosamente como a los
diez días me llegó un telegrama que me decía "véngase inmediatamente al Hotel Dom
en Colonia". Yo obedecí y desde Hamburgo me fui a Colonia. Llegué al hotel y
pregunté por el maestro Scherchen y después de un rato aparece y me dice: "yo tengo
que ir a Bruselas, donde hay unos conciertos que voy a dirigir para la Jeunness Musical
escríbale a tal señor y dígale que usted es mi alumno y que lo reciba". De hecho
yo no podía ir y se lo expliqué: "maestro no puedo, pero soy su alumno".
"Sí es mi alumno, tiene que ir a Suiza y trabajar conmigo un mínimo de tres años
en silencio" y fui a Suiza y trabajé con él tres años en silencio. Lo que él
estaba haciendo era tratar de que uno fuera edificando. Y ahí fui entendiendo las pruebas
que él me hacía; lo que él quería era ver si tenía la capacidad de imaginar el sonido
sin la necesidad de recurrir a un instrumento musical. Eso no significa no tocar ningún
instrumento, porque cuando el Director está frente a la orquesta no hay ningún
intermediario, está solamente el sonido directo. Y efectivamente estuvimos trabajando en
eso tres años día y noche. Habíamos dos alumnos solamente y aprendiendo no
necesariamente de cosas que él dijo, sino más que nada observando, observando sus
ensayos, observando todo lo que había que observar, porque él era una persona de una
intensidad muy grande y que le daba una trascendencia muy grande a todo lo que hacía. Era
de una exigencia sin piedad. En una oportunidad nos citó a clases a las cuatro de la
mañana en pleno invierno y nos dejó esperando parados en la nieve hasta las siete y
media de la mañana. Nosotros pensamos que se había quedado dormido pero de pronto salió
y nos dijo entren, dirijan la Sinfonía Heroica. Después, con el tiempo, comentamos con
Miller que eso estaba perfectamente pensado así, era parte de la lección vencer ciertas
exigencias o dificultades muy grandes y terminamos así el trabajo. No habíamos dirigido
orquesta, todo se hacía en el silencio. Me acuerdo un día que llegué a clases y tenía
que dirigir la Primera Suite de Bach y me dijo: "mire Pablo, siéntese en esa mesa y
escríbala entera de memoria". Era parte de nuestro trabajo y lo teníamos que hacer.
Después de tres horas escribiendo llegó miró y dijo: "Bueno, ya sé que la
conocen, ahora diríjanlo. Pero llegó el momento que dijo "ahora son directores,
tienen que entrar a la vida del director" Miller volvió a Estados Unidos y yo volví
a Santiago. Quería que nos fuéramos, sabía que era importante para nosotros, pero a la
vez como que no se convencía. Había que irse, y todo eso salió bien.
FV - ¿Entonces usted vuelve a Santiago de Chile a
dirigir?
JPI - Llegué a Chile de vuelta cuando tenía 25 años
y pedí en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Chile que quería postular a
dirigir. Esa era la época en que estaba don Domingo Santa Cruz y don Alfonso Letelier
como encargados del Instituto de Extensión Musical, consideraron que era muy ilustre
haber sido alumno de Hermann Scherchen pero desearon saber qué era lo que yo sabía y me
citaron para hacer un ensayo con la orquesta, con un repertorio que acordamos. Lo notable
es que antes de bajar la mano para la primera nota (era una sinfonía de Beethoven) yo
nunca había dirigido una orquesta y, sin pensamiento alguno, dirigí todo el ensayo. Les
pareció muy bien y me contrataron para dirigir la orquesta Ahí comenzó mi carrera
profesional. Después de unos pocos meses me nombraron también director para dirigir los
ballets en el teatro Municipal y como al año me nombraron Director del Depto. de Música
de la Universidad Católica, donde hacía conciertos de Música contemporánea. Ahí
estuve como tres años y llegó una circular que anunciaba el concurso Dimitri Mitopoulos.
Era éste un concurso internacional para directores de la orquesta Filarmónica de Nueva
York. Gané el premio y me contrataron como asistente de Leonard Berstein y de todos los
directores que vinieran en Nueva York en esa temporada. Fue un momento muy importante para
mí estar en eso. Ahí conocí al maestro Arrau a quién sólo había visto tocar. Yo
estaba dirigiendo un concierto de Ravel, con la Filarmónica de Nueva York y, al final del
concierto, en el camarín, se acerca el maestro Arrau con Mario Miranda, pianista también
y me dijo: "Me pareció tan interesante como dirigió esta obra de Ravel que de
alguna manera yo la relaciono mucho con la visión que yo tengo de Gaspar de la Nuit,
que es una obra grandiosa de Ravel también para piano y yo quisiera que nos juntáramos
mañana a cenar". Así lo hicimos y Arrau me preguntó: "Juan Pablo ¿a usted le
gustaría dirigir en Europa?" A los quince días tenía la invitación para dirigir
en el festival de Holanda, con él al piano. Eso fue el año 68 y ahí comenzó mi carrera
de director itinerante en Europa. Vivía constantemente en gira y cuando empezaba la
primavera allá me venía a Buenos Aires, y cuando empezaba el otoño me volvía a Europa.
Así tuve catorce inviernos seguidos.
FV - ¿Después de haber interpretado a los grandes
clásicos de todos los tiempos sintió la necesidad de componer?
JPI - Siempre he tenido el deseo de componer, la
fascinación por el mundo de los sonidos pero, hasta el momento no he compuesto.
Ininterrumpidamente, siempre reflexiono sobre la composición; pero nunca me he sentado a
escribir una obra y no he tenido la necesidad de hacerlo. Pero siempre estoy reflexionando
sobre el sonido. No sólo de las obras que voy a dirigir sino que sobre el sonido mismo,
el lenguaje del sonido.
FV - En la música clásica contemporánea hay dos
tendencias, por un lado la llamada música aleatoria donde el compositor deja gran parte
de la interpretación entregada al azar y por otro lado aquellos compositores que buscan
el control absoluto incluso por la vía de computadores en la ejecución del material
sonoro. ¿Qué relación ve usted entre ambas tendencias?
JPI - Esas son ciertas características de la
generación anterior a la actual. Por un lado existe el azar y lo aleatorio que hace que
la obra sea siempre diferente, porque hay una elección y, de hecho, así se ha efectuado
en el mundo de la música. Por ejemplo, si usted toma un libro como el I Ching, el Libro
de los Cambios y ve el mismo exagrama, sin embargo en distintas ocasiones, éste le va
a decir cosas muy diferentes. John Cage trabajó muchísimo con el I Ching. ¡Ahí
está el azar!. Hay músicos de la época de los 60, para los cuales el azar es muy
importante. Por ejemplo Iannis Xenakis que es un gran matemático además de músico. Para
él el azar total no existe. Hay toda una forma, lo que el llama la "música
estocástica" "un cálculo de probabilidad". Yo creo que Xenakis escribe
todas las notas. A veces la dificultad es tan grande Yo creo que en la composición el
momento del azar es un momento que ha existido siempre en la creación, porque hay algo
gratuito, que en alguna época se llama inspiración. Hay algo que está fuera de uno. Se
cuenta que Haydn, un compositor que escribió tantas obras y que tenía la obligación de
hacerlo además, cuando llegaba el momento en que no se le ocurría nada, se arrodillaba y
rezaba. También se cuenta algo similar de Bruckner. O sea existe ese "algo",
ese aspecto, que no es exactamente lo mismo que el azar. Básicamente, es algo no
programable y, por otro lado, ahí entramos en otra cosa, Si uno analiza obras como las de
Alban Berg por ejemplo, donde todo está numéricamente programado, en una obra como Lulú
no sólo cada uno de los sonidos, -pre- programados digamos-, cada uno de los movimientos
de escena, cada una de las palabras, todo. Hay una especie de rech en el cual el autor se
sumerge y es muy interesante porque hay una pre-composición establecida pero que no se
marca abiertamente y es como si fuera apareciendo. Esto en un compositor como Alban Berg,
con una enorme libertad, una libertad "romántica". De alguna manera él quería
poner toda esta energía creativa en una vasija que le permitiera su romanticismo.
FV - Hay una relación bastante fuerte entre el mundo
de la música y el mundo de las matemáticas. Por ejemplo, en Bach y otros compositores.
¿Qué nos diría al respecto?
JPI - Muy fuerte, sin duda. En la obra de Bach el
aspecto numérico, la numerología digamos, tiene una importancia muy grande, sobre todo
en la última época, la de la Misa en Si Menor, y del Arte de la Fuga.
Incluso hay una carta donde se analiza este tema y se discute si para un músico inserto
en una sociedad protestante esto es lícito, usar la numerología sin que se considere
como algo mágico. Y se llegó a la conclusión de que es lícito mientras no se piense
que es la finalidad última. Bach estuvo totalmente inmerso en esto. Ahora, es una
matemática sonora, es una matemática teológica. Existe la teoría, por demostrarse creo
yo, de que en algunos aspectos en El arte de la fuga, cada una de las veintidós
fugas, está relacionada con uno de los capítulos de la visión del Apocalipsis. Esto,
porque se encontró en Estados Unidos, la Biblia que usaba Bach y donde hay observaciones
al margen que indican eso. Es decir, hay una visión de totalidad muy fuerte y, por otro
lado, en el lenguaje de la música más simple están los intervalos. Todos expresados
numéricamente. Se estableció también una relación entre el abecedario y los números,
es decir, las palabras tenían una traducción numérica y las letras una relación
sonora. Un número simboliza una letra. En el Arte de la Fuga que Bach dejó
inconclusa, la última fuga, cuando él muere, está hecha sobre las letras de su nombre :
B. A. C. H. : Dice: MURIÓ EL COMPOSITOR. Lo escribe al final del manuscrito. Es decir,
Bach ha interpretado su propia muerte. El nombre de B. A. C. H, es : Si bemol, la, do, si
natural, y ahí se muere el compositor. Lo dice el propio hijo de Juan Sebastián Bach.
Arnold Schoenberg, Alban Berg y Anton Webern también repitieron esto. Hay un concierto
para violín, piano e instrumentos de viento de Alban Berg el Concierto doble de
Cámara, que está hecho sobre la traducción a sonido de los nombres de ellos tres.
Formaban así una unidad.
FV - ¿Cuál es la relación que existe para usted
entre la tradición y la innovación de la música clásica, por ejemplo en la forma en
que se ha retomado a Bach en el siglo XX en compositores como Stravinsky y Schoenberg?
JPI - Stravinsky y Schoenberg..., estamos hablando de
la primera mitad del siglo pasado..., son sin duda los compositores más
representativos..., no digo cuales serán los mejores porque eso es prácticamente
imposible. Hay grandes compositores como Ravel en esa época. Pero los de mayor influencia
son aquellos dos, siendo diferentes uno del otro Sin embargo ambos tomaron como ejemplo, a
su manera, a Bach, es decir, el arco que va desde Bach al presente, se completa en ellos.
La teoría "Serial" de Schoenberg con los doce sonidos y el manejo de la
"interválica" está relacionada con la música de Bach; diría yo que muy
próxima a El Arte de la Fuga. Por otro lado, en un sentido formal, la música de
Stravinsky, por ejemplo, en La sinfonía de los Salmos con una fuga doble en el
segundo movimiento tiene una proximidad grande a Bach... Ha sido el inspirador de
generaciones hasta el día de hoy.
FV - Usted acaba de grabar en Nueva York a un
compositor muy significativo pero aún desconocido en Chile. Su nombre es Giacinto Scelsi.
¿Nos podría contar algo acerca de la obra de este compositor?
JPI - Efectivamente, yo preparé con mi orquesta en
Pittsburg ese programa que estrenamos en Nueva York en febrero pasado. Todo eso se grabó
y va salir en disco al mercado el próximo febrero. Giacinto Scelsi, a mí me parece un
músico extraordinario, un músico que nació a comienzos de siglo y que tuvo una carrera
notable. Primero, fue un seguidor de la música atonal y serial . Se sabe muy poco de la
vida de Scelsi porque él mismo la ocultó. No quería ni siquiera que le tomaran
fotografías. Había nacido, según él, en Mesopotamia antigua y se había reencarnado
varias veces. Para él el nacimiento y la muerte tenían una significación muy diferente.
Se sabe que llegó un momento en que tuvo una crisis espiritual mental bastante fuerte, de
la cual se dice que salió repitiendo un sonido y descomponiéndolo. Viajó al Oriente, y
recibió una influencia muy grande de su música. De esta nueva etapa son precisamente las
obras que grabamos nosotros y corresponden a la década del 60. Son de una creatividad
enorme, extraordinaria. Scelsi fue un conde napolitano, de una familia muy rica que vivía
frente al foro romano, en un lugar maravilloso. Sin embargo, la mayor parte del tiempo
vivía en París. No participaba directamente en la vida musical de Italia pues en
realidad le hicieron un vacío muy grande. Quizá hayan habido razones políticas
también. Es la época donde la cultura estaba en el partido comunista de la post guerra y
Scelci no formaba parte de eso. Tampoco le interesaba a él componer para que se tocara su
música. Le interesaba el fenómeno de la creación en sí e improvisaba muchísimo, en
estados de verdadero trance. Lo grababan y después se traducía eso a partituras. Los
sueños lo dirigían muy fuertemente. La música de Giacinto Scelsi es una música que lo
emparenta con el mundo de los visionario. No utilizaba textos, más bien inventaba
palabras, pero las palabras tenían una importancia muy grande. Por ejemplo, el nombre de
sus "Hymnos" o "Hurqualia" son palabras inventadas. También tenía
una gran amistad y coincidencia estética, con el gran poeta Henri Michaux , que hizo
experiencias con drogas. Los unía una amistad que tenía que ver con sus afinidades con
el mundo oriental. Hay otro músico, que no fue de ese círculo. Pero se admiraban
mutuamente. Fue John Cage. En él, la influencia del "Zen" es muy fuerte. En ese
momento se produjo una conjunción de culturas y me parece que estos tres artistas son muy
representativos de ello. Tanto es así que Giacinto Scelsi decía que su departamento,
frente al foro romano, era el umbral entre Oriente y Occidente. Y cuando uno escucha su
música, es como un viaje al centro del sonido, es como oír la música del cosmos y, por
otro lado, nos abre el mundo de la división del sonido. Puede haber un sonido que se
prolonga a través de toda la obra y se va uno adentrando en el sonido y descubriendo
todas sus facetas y, por supuesto, la microtonalidad. También hay una relación con otros
creadores más jóvenes, no de influencia directa de su música, sino más bien de
"ámbito." Son Iannis Xenakis y agregaría también a Garbarés.
FV - También hizo una orquestación con la música de
Astor Piazzolla. Finalmente tuvo arreglos suyos.
JPI - Eso fue bastante casual. Con mi orquesta nos
comprometimos a hacer un concierto con el Cuarteto Latinoamericano. Ellos son
colaboradores nuestros en Estado Unidos y yo propuse que tocáramos música de Piazzolla.
Pero resulta que no encontré las partituras de Piazzolla. Incluso, estuve con su hijo en
Buenos Aires. El problema fue que Piazzolla tenía un enredo con su herencia. El material
original de las Cuatro Estaciones Porteñas no estaba y me di cuenta que tenía que
arreglar la composición, porque ésta tenía que ser una obra para orquesta de cuerdas
con un cuarteto solista, que de hecho fue un quinteto solista de cuerdas más un piano, o
sea, la agrupación más característica del tango y que se adaptara a las necesidades de
este concierto al Cuarteto Latinoamericano, le agregamos un contrabajo una orquesta de
cuerda y un piano o sea una especie de concierto grosso. La relación de la música
barroca con Piazzolla es muy grande. La estrenamos en Estados Unidos, con gran éxito.
FV - ¿Y como ve la música en Chile?
JPI - Hay varios movimientos de creación, de
composición que yo considero muy importantes. En la Universidad Católica está el grupo
de Alejandro Guarello que me parece excelente. Yo tengo una admiración muy grande por
Andrés Alcalde. El grupo tiene intérpretes muy buenos, como Luis Alberto Latorre y
Lavados. Ellos estaban en la Universidad Católica de Valparaíso, pero no han tenido buen
apoyo. Creo que es uno de los grupos más creativos de los últimos tiempos y donde existe
algo que se da muy raras veces, según mi experiencia. En este grupo hay intérpretes y
compositores y una reflexión sobre la música que le permite alcanzar una unidad muy
grande al grupo. Creo que eso es muy valioso. Con respecto a un grupo orquestal, está el
Teatro Municipal, que sigue una ruta muy establecida, muy digna con la Orquesta
Filarmónica. Está también la Orquesta de Cámara Chile, que dirige Fernando Rosas.
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