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José Luis Greco: El arte desde ambos lados por
Manuel Barón
Después de haber coincidido en
el estreno de Perfume con la Orquesta de Radio Televisión Española, nos volvimos
a encontrar años después en Las Palmas, con otro estreno, su Concierto para Violín,
que interpretó como solista Mariana Todorova. Coincidimos en el avión de vuelta a
Madrid, donde José Luis Greco nos relató parte de su vida. Hijo de los bailarines José
Greco y Nila Amparo, ha sido bailarín, actor, rockero..., en fin, todo un abanico de
facetas artísticas que, junto con su obra como compositor, hacen de nuestro entrevistado
todo un personaje del mundo de la escena que ha vivido desde la perspectiva de creador e
intérprete. Después de varios "intentos frustrados", logramos coincidir para
esta entrevista en un magnífico restaurante del viejo Madrid, "La Plaza de las
Vistillas". En torno a una agradable comida se desarrolla nuestra entrevista, que
acabó en una interesante charla, que tratamos de resumir para nuestros lectores.
MANUEL BARÓN - Leer tu currículo es prácticamente
como leer una novela. ¿De dónde salen tantas inquietudes artísticas?
JOSÉ LUIS GRECO - A veces ni yo mismo me creo todas
las cosas que he hecho, sobre todo en mi juventud. Una de mis primeras vocaciones fue la
de actor. Recuerdo que de niño era lo que más ansiaba. Tuve una profesora, muy astuta,
que para enseñarnos mitología griega pensó que la mejor manera era haciendo pequeños
montajes teatrales de la Odisea o de la Ilíada. Fue de alguna manera donde
desperté mi vocación como actor. Más tarde estudié Arte Dramático. A la vez, durante
aproximadamente diez años, estuve estudiando piano en casa. Además, teniendo padres
bailarines, la inquietud por la danza era más que previsible.


[ José Luis Greco ]

MB - Nos gustaría que nos hablaras del origen de tu
familia.
JLG - Mi padre nació en Italia. Llegó a Estados
Unidos con tan solo ocho años, como tantos emigrantes italianos. Su padre era ebanista, y
emigró a América con su mujer y con dos hijos pequeños, mi padre y mi tía. Él se
crió en un barrio italiano en Nueva York. Su inquietud por la danza surge de alguna
manera por "generación espontánea", ya que no existe ningún antecedente de
artistas en su familia.
Fue a raíz de su trabajo con la gran "Argentinita", que se
trata sin duda del origen de su fama, donde empieza su contacto con el mundo español.
Después ha pasado gran parte de su vida en España...
MB - ...de hecho hay mucha gente que piensa que José
Greco, tu padre, era español...
JLG - Sí, es cierto. El contacto con el baile español
le hizo tener gran inquietud por este país, a donde se traslada e intenta imbuirse de su
cultura. Tuvo casa en Madrid y en Marbella. Yo vivía con mi madre en Nueva York, desde
que ellos se separaron cuando yo tenía tres años. Había hecho giras por Europa con
ellos, pero desde que él se trasladó a España, -después de conocer y bailar con Pilar
López-, no volví hasta los 20 años. Por eso, aunque tuve contacto con la cultura
española desde muy pequeño, no lo tuve in situ hasta los veinte años. Mi madre
era de origen libanés, afincados también en Nueva York. Era una familia con gran
afición por la música. Mi abuela tenía una gran afición por la Ópera, y con ella
conocí tanto la Ópera como el Ballet. Recuerdo que una vez me llevó a ver Kabuki.
La conexión de mi madre con la danza española fue a través de algo que ahora está muy
de moda, la "danza étnica". Ella estudiaba algunas danzas del mundo en las que
se incluían danzas de la India, Tailandia, etc., y la danza española estaba incluida
entre ellas. Precisamente fue como se conocieron mis padres. Mi madre estudiaba con La
Meri, y mi padre con Mdme. Veola. Se conocieron estudiando con una de ellas (no recuerdo
con cual), y formaron pareja artística. Empezaron a bailar con la compañía de Pilar
López, hasta que formaron la suya propia.
MB - ¿Cómo es la infancia entre bailarines? ¿Hasta
que punto piensas que influye en tu futuro?
JLG - La verdad es que es algo de lo que no soy muy
consciente. Me contaba mi madre que ella estuvo bailando conmigo en su vientre hasta los
seis meses de embarazo. Para mi es parte de mi naturaleza. Recuerdo que de niño yo me
sentía diferente de los demás; aunque no tenía deseos de ello, por dentro me sentía
especial. Además mi padre era por entonces muy famoso, y siempre me identificaban con
él. Esto si lo recuerdo muy bien. Durante mucho tiempo, la gente me comparaba con mi
padre y, de alguna manera, pensaban que iba a seguir su camino. Yo siempre procuraba
desmarcarme de esto y cuando me preguntaban si yo iba a ser bailarín como él, contestaba
que no. Es posible que esta sea una de las razones por las que me haya desmarcado del
baile como profesión. Inconscientemente por rebeldía; por ser yo mismo y no el hijo de
alguien famoso. Mi hermano Pepe, hijo de su segundo matrimonio con la gran figura del
Baile Español Lolita, si se ha dedicado al baile. Aunque no tengo mucha relación con
ellos, si se que ha tenido que soportar el peso de la figura de mi padre, esta carga que
yo evité. De hecho, el ha pasado a ser José Greco "el segundo". De hecho,
aunque yo he bailado en la compañía de mi padre, nunca he sido lo suficientemente
"bueno". Creo que no me esforzaba lo suficiente para ello, y aunque era un buen
bailarín, nunca destacaba lo suficiente.
BB - Después de todo este bagaje artístico, ¿cuándo
decides realmente que tu camino es la música, y en particular, la composición?
JLG - Desde muy niño he tenido gran inquietud por la
música. Recuerdo que a los ocho años, cuando ya estudiaba piano, le pedí a mi abuela
que me regalara una guitarra, porque me encantaba la música folk. A mi hermana,
mucho más vanguardista que yo, le gustaban entonces The Beatles. Yo cantaba con
los discos, hacía segundas voces y trataba de sacar las armonías. Realmente nunca he
sido bueno como instrumentista porque era bastante vago y me costaba mucho practicar.
Recuerdo que tuve un maestro de piano cuando tenía trece años que se dio cuenta que a
mí me gustaba mas crear que interpretar, y me inclinó por la improvisación. Es quizá
el momento donde empecé inconscientemente a desarrollar un gusto por la composición.
Después estuve en varios grupos de Rock y de Jazz, y lo que más me gustaba
era hacer arreglos, e incluso mis propios temas. Más tarde me di cuenta que para poder
desarrollar mis ideas tenía que estudiar, y fue donde decidí estudiar composición e
ingresé en la Columbia University de Nueva York. Aunque todavía bailaba en la
compañía de mi padre, de alguna manera fue como demostrarle que era mi verdadera
vocación de una manera más seria. Ingresé primero en el City Colledge, y más
tarde en la Columbia.
MB - De tantas cosas sorprendentes de las que has hecho
en tu vida, hay una que nos gustaría que nos comentaras, ya en tu faceta como compositor.
¿Cómo llegan a encargarte la orquestación de el concierto para Sitar y Orquesta de
rabí Shankar, y cómo es la experiencia con él?
JLG - La verdad es que este encargo fue sorprendente
para mí, aunque se produjo de una manera muy normal. Yo estaba cursando el último año
en el City Colledge y una antigua profesora, etnomusicóloga y amiga de Raví
Shankar, le preguntó a la jefa del departamento qué estudiante podía ser apropiado para
realizar este trabajo. Por entonces yo era un estudiante modélico, entre otras cosas
porque había entrado muy tarde a la Universidad (seis años más tarde de lo normal), y
tenía muchas ganas de aprender. Fue por ello que me recomendaron a mí. Fui a conocerlo
durante un concierto que hizo en Nueva York, y la verdad es que me cayó realmente bien.
Poco tiempo después él alquiló un piso en Nueva York durante tres meses, durante los
cuales yo iba cada día a su casa y él con el Sitar y yo con el piano, intentaba sacar lo
que él tocaba. Aunque me había contratado para transcribir, me di cuenta enseguida que
no tenía la más mínima idea de orquestación, así es que más que transcribir, le hice
yo mismo la orquestación. Pasé mucho tiempo con él durante este periodo, y actuaba casi
como su secretario, pero para mi fue una experiencia muy positiva. Particularmente pienso
que es un gran músico, aunque haya pasado gran parte de su vida intentando
"occidentalizar" su música.
MB - Ya como compositor, pasas un largo periodo de tu
vida en Amsterdam. ¿Por qué decides irte allí?
JLG - La verdad es que los últimos años que estuve en
Nueva York yo quería salir de allí. Veía que la mayoría de mis compañeros que
terminaban sus estudios acababan buscándose una plaza de profesor en alguna Universidad.
Tuve la oportunidad de dar clases de Apreciación Musical para no músicos en la
Universidad, como parte de mi beca, y no fue una experiencia muy agradable para mí. No
sabía qué decir cuando estaba delante de tanta gente. Esto, unido a lo difícil que es
vivir como compositor en Nueva York, que es un coto muy cerrado en este aspecto, me
hicieron tomar la decisión de irme a Europa. A través de una novia holandesa que tuve,
pude conocer a mucha gente de allí, entre ellos artistas de teatro, de artes visuales y
músicos que hicieron que me interesara por la cultura holandesa. Fui primero durante dos
semanas, y me encantó el ambiente, así es que un año después envié todas mis cosas
por barco y me fui a la aventura, y pasé diez años allí. Fueron diez años duros, pero
muy interesantes. El primer año fundé una compañía de danza-música-teatro con otros
tres extranjeros, y recibimos gran apoyo del gobierno, a pesar de ser todos extranjeros.
La verdad es que el apoyo que recibí allí, en relación con el apoyo que podía recibir
en España o en Estados Unidos fue grandísimo. A partir de ahí empiezo a recibir
encargos de grupos de teatro y danza, del Conjunto de Vientos, etc... Mi relación con
Holanda sigue, hasta el punto de que me acaban de encargar una obra para Cuarteto y Mezzo
que se estrenará seguramente el año que viene.
MB - Después de esta larga temporada en Holanda, te
trasladas a España. Es notoria tu relación con nuestro país a través de tu padre,
pero, ¿existen otras razones por las que decides tu venida?
JLG - Casi todas las "grandes mudanzas" en mi
vida se producen por hechos negativos. Durante mi última temporada en Holanda también
sabía que no quería quedarme allí. Siempre he tenido la sensación, quizás mas
inconsciente que consciente, que acabaría en España. Yo venía todos los años a ver a
mi padre, hasta que él se volvió a Estados Unidos en el año 91. De alguna manera, y
aunque pueda parecer también negativo, el hecho de que él se fuera de España me hizo
sentir que Madrid se convertía en un campo abierto para mí. Mi padre y yo siempre hemos
tenido una buena relación, pero vivir en la misma ciudad pienso que hubiera sido negativo
para mi, porque había muchas cosas en las que discrepábamos. Por eso en el momento en el
que él se fue, yo empecé a acercarme a coreógrafos y al mundo de la música en Madrid.
Y el primer encargo que tuve fue para el Ballet Nacional, a través del coreógrafo José
Granero, en el año 93. A partir de ahí todo fue muy deprisa, y en menos de un año ya
estaba viviendo en España. En los primeros años tuve que volver a menudo a Holanda por
algunos trabajos que tenía pendientes, pero a partir del 96 ya estuve aquí
permanentemente.
MB - Gran parte de tu obra la realizas por encargo, lo
cual es una gran motivación, tanto económica como profesional. ¿Qué otras cosas te
motivan a la hora de componer?
JLG - Intento tener unos objetivos concretos, ya sean
grupos o solistas, porque componer en el vacío es bastante frustrante. Para mi componer
es formar parte de un triángulo compositor-intérprete-público, y sin alguno de ellos no
está completo. Mi forma de componer es muy intuitiva, tengo una buena técnica porque he
tenido buenos maestros y una buena formación, pero procuro olvidarme de ello cuando estoy
escribiendo música.
MB - Mucha música escénica, ¿es lo que te mantiene
económicamente?
JLG - Evidentemente es más fácil que te encarguen una
música para algo determinado, ya sea ballet o escena, pero es algo con lo que yo me
siento muy identificado, ya sea en ballet o en teatro. El hecho de haber sido bailarín
simplifica mucho las cosas a la hora de hablar con un coreógrafo, porque entiendo
perfectamente su lenguaje; y tengo un conocimiento "visceral" de lo que es
bailar, de lo que es el movimiento del cuerpo. Esto también influye en mis composiciones
que no son para ballet. Para mi toda música es como una coreografía de energías.
MB - Con el paso del tiempo haces cada vez más música
sinfónica. ¿Lo haces porque te ves más preparado, o porque ahora tienes más
oportunidades?
JLG - Cuando escribes música para instrumento solo o
para un grupo pequeño puedes tener una idea muy cercana a como va a sonar, pero con la
orquesta es muy distinto. Cada vez que he escrito una obra sinfónica y después la he
oído he aprendido mucho. Pienso que si hubiera empezado a componer música sinfónica
mucho más joven, ahora tendría muchos más elementos para poder componer. La obra que
tuvimos oportunidad de oír juntos en Gran Canaria (el Concierto para Violín y Orquesta)
es para mi lo mejor que he compuesto hasta ahora, pero tanto en los ensayos como en el
concierto estaba aprendiendo cosas que espero utilizar en mis próximas obras.
MB - Dentro de la música, como en muchas otras
manifestaciones artísticas, parece casi imposible la conjunción entre la creación, la
crítica y el publico. ¿Consideras tu música comprometida, vanguardista, conformista...?
JLG - Yo prefiero no considerarme de ninguna forma en
particular y, además, me parece una pena que los compositores tengan que considerarse de
una tendencia determinada; pienso que esto puede ser restrictivo. El hecho de haber
trabajado en distintas facetas artísticas (ballet, teatro, etc.), e incluso dentro de la
música tener contacto con el folk, el jazz, etc., si uno es honesto consigo mismo no
puede negar que esto forma parte de su personalidad o de su carácter como compositor; y a
mi lo que me interesa no es plantearme una forma específica de expresar una tendencia,
sino ahondar cada vez más en como todo eso ha llegado a formar quien soy y que esto quede
plasmado en mi obra.
MB - ¿Cómo se vive de la composición?
JLG - De las entrevistas, cuando te invitan a comer
(risas).
MB - O sea, que debes tener casi una entrevista por
día...
JLG - Algunos días puedo concertar dos, y entonces
ceno (risas)... No, en serio, la verdad es que es verdaderamente difícil. Yo creo que mis
situación es irregular. En realidad vivo muy austeramente, no tengo ninguna carga
familiar. En esto creo que también vivo en contraposición con mi padre. Él tuvo varios
matrimonios, seis hijos, varias casas en España y en Estados Unidos, coches
carísimos..., y al final no solo acabó sin dinero sino además con deudas. Yo estoy
seguro de que esto no me pasará a mí. Pero realmente, aunque no tengo este tipo de
ataduras, uno se siente realmente desgraciado porque tiene que aceptar trabajos que no son
en absoluto lo que desearías, como ser copista, o "ayudar" a otros
compositores... De vez en cuando viene un pequeño encargo para televisión o para un
anuncio. Realmente ser copista no me gusta en absoluto, pero el hecho de hacer alguna cosa
para televisión de alguna manera refleja algo de mi pasado con lo que me siento
identificado.
MB - ¿Y la música para el cine?
JLG - No, esto no lo he hecho nunca. Jamás se me ha
presentado la oportunidad, y me encantaría.
MB - Muchos de los compositores de este tipo de música
han empezado con directores jóvenes desconocidos, que cuando se han hecho famosos han
seguido confiando en ellos... ¿realmente es un círculo tan cerrado?
JLG - Yo lo he intentado prácticamente desde que estoy
en España, y no he conseguido nada. Si, pienso que verdaderamente es un mundo muy
acotado. Como tú bien dices, los directores confían en determinados compositores con los
que realmente se sienten muy identificados y muy seguros. Yo llegué a España con casi 40
años, y es muy difícil que un director joven confíe su trabajo a alguien que no sea de
su entorno.
MB - Antes me has comentado que no te gustaba la
enseñanza. ¿No crees que ahora tendrías más cosas que enseñar?
JLG - Tiene gracia, porque cuando estamos así, uno a
uno, me resulta muy fácil hablar y explicar cosas; pero delante de mucha más gente, no
se, todavía la idea me asusta bastante. Hace poco me invitaron a dar una conferencia
sobre mi música, y la verdad es que la llené de ejemplos musicales para no tener que
hablar... (risas).
MB - ¿Puedes hablarnos de tus proyectos más
inmediatos?
JLG - Pues a raíz del gran éxito que ha sido el
Concierto para Violín que se estrenó en Las Palmas, y lo digo sin ningún ánimo de
presumir, me han propuesto hacer un disco monográfico de mi obra orquestal. Tengo que
completar una hora de música, y haciendo recuento resulta que me faltan unos diez
minutos. Para mí es una oportunidad fantástica, así que pienso trabajar en ello y
completar este disco, que se hará realidad en la próxima temporada con la Orquesta
Filarmónica de Gran Canaria.
MB - Tenemos la costumbre, en esta sección, de hacer
un pequeño cuestionario a nuestros entrevistados. ¿Nos podrías citar un personaje
histórico?
JLG Nietzsche.
MB - ¿Por alguna razón en especial?
JLG - Quizás es el filósofo que mejor he conocido, y
sus ideas me han hecho cuestionarme a mi mismo.
MB - ¿Un libro?
JLG - Alicia en el País de las Maravillas.
MB - ¿Un artista?
JLG Vivaldi.
MB - Mi siguiente pregunta era un compositor...
JLG - (risas)... ¿no quieres saber por qué?
MB - La verdad es que me he quedado un poco al
descubierto con la pregunta...
JLG - ...pues me parece genial eso de ser profesor con
tantas niñas... (risas), creo que así si me interesaría la enseñanza (risas) ...
MB - ¿Cómo es tu relación con Internet?
JLG - La verdad es que siempre he sido bastante reacio
a los avances técnicos, pero al final siempre me he dejado llevar por ellos. He utilizado
el ordenador para componer desde principios de los ochenta. Ahora mismo tengo página web, y utilizo
normalmente el correo electrónico; aunque para mi es sobre todo una herramienta de
trabajo. Reconozco que es un elemento fantástico.
MB - ¿Te gustaría añadir alguna cosa más?
JLG - Solo que ha sido un rato muy agradable.
MB - Muchísimas gracias, y mucha suerte en todos tus
proyectos.
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