Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]

Literatura | Música | Imagen | Sabidurías | Desasosiegos | Foro | Biblioteca



Jorge Edwards: "Los europeos miran la literatura latinoamericana con simplismo"

por Ana Anabitarte

Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931) se define como un novelista de la memoria, dice que la escritura más que una profesión es una vocación y aunque subraya que el escritor es una conciencia que nunca debe bajar la guardia, lamenta que no todos lo hagan y reconoce que hay incluso quien está más preocupado por los premios literarios y por vender libros que por escribir. Diplomático de carrera, escritor por vocación, amigo personal de Neruda, premio Cervantes 1999, el autor de "El sueño de la historia" vuelve a estar de actualidad por la publicación 36 años después, de la que fue su primera novela: "El peso de la noche".

ANA ANABITARTE - En 1965 usted publicó "El peso de la noche" (Tusquets), un libro que se publica en América Latina en estos días. Al hacer las revisiones, ¿cómo ha visto la que fue su primera novela 36 años después de haberla escrito?

JORGE EDWARDS - La leí como si fuera escrita por otra persona y encontré que se sostenía por lo menos en la lectura, y que el ritmo andaba bien. Hice muchos cambios, reescribí cosas que hacía mucho tiempo quería haber reescrito, y fue una experiencia interesante que me gustó. Y ahora al hablar con mis lectores muchos de ellos me han dicho que se siguen divirtiendo al leerla pese a que tiene ya 36 años, pero que es como si estuviera recién escrita. Sí pienso que tiene frescura. Hay escritores que envejecen mucho y los lees después de 30 años y son ilegibles pese a que han sido entusiasmos de tu juventud. Sin embargo, a mi siempre me dicen que la segunda lectura de mis cosas es mejor que la primera y eso es bastante satisfactorio.

AA - ¿En 36 años no la había vuelto a leer?

JE - No, la verdad es que no. No suelo releer mis obras salvo cuando estoy obligado. Esta vez el hacer una reescritura me costó, me resultó muy difícil. Y es que una novela es una cuestión de ritmo, de lenguaje y tienes que respetar mucho la escritura de esa persona que la escribió que eras tú pero que ya no eres más tú. Tienes que intervenir con respeto con ese otro personaje y eso es lo que traté de hacer.

AA - ¿Y se reconoció en ese escritor que era?

JE - Me acordé de cosas de mi juventud, del Santiago de Chile de hace 30 años, de los colegios de curas, del colegio de los Jesuitas de Santiago en el que estudié, de la casa familiar, de los tabúes, de las prohibiciones… Fue una experiencia curiosa.

AA - Uno de los dos personajes principales de la novela es Joaquín, la oveja descarriada de una familia de clase alta. ¿Por qué a lo largo de su vida literaria siempre ha tomado partido por los personajes marginados?

JE - Siempre desde mi juventud observé que en cada familia había una oveja descarriada, un miembro que era borrachito, morfinómano o estafador. Siempre me ha gustado mucho observar la relación entre el mundo del orden llámese familiar, social o religioso y el mundo del desorden, de la ruptura, de la crítica, la puesta en cuestión de ese orden. Me ha intrigado mucho. Yo creo que la historia funciona no sólo a través de un orden que se desarrolla, sino también de enormes rupturas. Es el caso de la historia chilena que ha tenido una enorme ruptura en la época moderna. Un orden democrático roto por la dictadura, por el crimen, por la violencia, eso es un elemento fundamental de la historia contemporánea.

AA - Cuando reflexiona sobre el Chile de hoy y el Chile de hace 30 años, ¿qué queda de aquel Chile?

JE - Los chilenos y los latinoamericanos en general somos sociedades y países donde el pasado pesa mucho y a veces los escritores tratan de hacer una literatura del comienzo de los tiempos, de la fundación, del primer día de la creación, sobre la pura naturaleza sin historia o el mundo campesino, el mundo rural. Pero resulta que somos países incluso agobiados por nuestras historias. Tenemos historias bastante negras a veces, sombrías, difíciles de contar. Y yo soy un novelista de la historia, de la memoria, del pasado, del tiempo.

AA - Cuando usted comenzó a escribir su padre le decía que iba a ser un inútil como su tío Edwards Bello, un famoso escritor y periodista chileno.

JE - Sí, pero esa es la reacción de todos los padres porque padres que favorezcan la escritura hay pocos. A lo mejor si yo tuviera un hijo escritor le diría lo mismo porque la escritura más que una profesión es una vocación, es una especie de llamado, es una cosa que se hace con un sentimiento de placer, pero también de obligación, de destino. Es como si uno estuviera destinado a escribir, y la vida de un escritor auténtico es marginal en cierto modo.

AA - A lo largo de su vida muchas de sus obras han sido censuradas o han causado una gran polémica. Su libro "Persona non grata", que escribió durante su etapa como diplomático en La Habana, fue censurado por Fidel Castro y por Pinochet y provocó su expulsión de la isla, con "Convidados de piedra" en Chile hubo una censura disimulada, "El origen del mundo" le pareció a cierto sector de la crítica de la extrema derecha y del Opus Dei inmoral ¿Nunca ha pensado en dejar la literatura?

JE - Lo pienso muchas veces pero sé que nunca lo voy a cumplir. Me gusta escribir, yo decidí que quería ser escritor y creo que hay un placer superior a todo que es el de la lectura, que es un placer que no termina. Pero uno, de lector y de escritor no se jubila nunca.

AA - Cuando le otorgaron en España el premio Cervantes en 1999 muchos escritores chilenos aseguraron que se lo habían dado para mejorar las relaciones entre los dos países tras el caso Pinochet. ¿Se esperaba esa reacción de sus propios compatriotas?

JE - Los chilenos somos muy provincianos y muy llenos de prejuicios, desconfiados y reticentes. Es típico decir que un Edwards no puede ser un buen escritor porque conocemos a su mamá, a su papá y a sus tíos. Un Edwards tiene que ser un comerciante, un abogado… o qué se yo. Cuando conocí a Neruda recuerdo que me dijo: "Mira Jorge, en Chile es muy difícil ser escritor y llamarse Edwards, porque Edwards es una familia que tiene ciertos poderes, son dueños del diario El Mercurio, son dueños de muchas cosas… Este apellido es símbolo de dinero, de poder, te van a molestar mucho si te dedicas a la literatura". Y así fue. Yo seguí escribiendo pensando que ojalá en el imperio de los Edwards me dieran un pequeño consulado para refugiarme ahí y escribir, pero nunca me lo dieron. Yo creo que se puede ser escritor viniendo de donde sea, del mundo obrero, del mundo rico, o de la clase media.

AA - Usted mantuvo con Pablo Neruda una larga y profunda amistad y en su memoria escribió "Adiós poeta". ¿Cómo se inició esa relación?

JE - Yo leí a Neruda en mi adolescencia y le admiraba mucho. Por eso cuando publiqué mi primer libro miré su dirección en la lista de teléfono y se lo mandé por correo. Con 20 años lo conocí y como era mucho mayor que yo le miraba con gran respeto, hasta con miedo. Él siempre fue muy cariñoso conmigo y desde el principio me invitó a muchos lugares y me presentó a mucha gente. Sin embargo, nunca me trató de meter al Partido Comunista. Al contrario. Cuando yo fui muy de izquierdas más bien me disuadió de que fuera militante comunista. Me dijo que no todo el mundo tenía que ser político. Mantuvimos una larga relación.

AA - ¿Por qué cree que lo "adoptó"?

JE - No lo sé, me tomó simpatía, ¡qué se yo! Evocó su propia juventud. Recuerdo que cuando me presentó a sus amigos les dijo que yo era el escritor más joven y más flaco de Chile así que algo evocó de su propia juventud.

AA - ¿Qué destacaría de él como persona?

JE - Tenía un sentido de la disciplina política bastante fuerte, era un comunista disciplinado. Y siempre estaba conversando con los jefes del partido, era un gran conversador, un conversador formidable. Pero también era un hombre que jugaba, como un niño. Cuando celebraba su cumpleaños recortaba papeles de todos los colores, ponía guirnaldas, serpentinas, dibujaba los menús, se disfrazaba, se ponía narices postizas, le gustaba hacer de barman y preparar combinaciones de licores y para eso se ponía una chaqueta roja. Era un humorista con algo de niño y además era un político. Yo siempre sentí en el fondo, que en Neruda predominaba el niño, el poeta y el humorista sobre el hombre partidista, militante. Él entendió lo que pasó durante el estalinismo, los problemas en la época de Salvador Allende, en la Revolución Cubana. Cuando yo escribí "Persona Non Grata" me dijo: escríbelo todo pero no lo publiques hasta que yo te diga. Él sabía que el libro iba a producir reacciones muy fuertes y me advirtió. Pero yo lo publiqué sin decirle nada y cuando se editó él ya había muerto.

AA - Usted escribió ese libro tras su estancia como diplomático en La Habana. La reacción fue tan grande que hubo algunos escritores como Cortázar que dejaron de hablarle. Sin embargo otros como Octavio Paz quisieron conocerle.

JE - Sí. Ese libro se publicó en un momento en el que nadie dentro de la izquierda se atrevía a criticar la Revolución Cubana. Los que la criticaban eran unos periodistas o escritores muy carcas que no tenían ningún prestigio. El gran prestigio intelectual lo tenían Fidel Castro, el Che Guevara y la Revolución. Cuando me destinaron a vivir a La Habana vi cosas inquietantes como el miedo de los escritores. Eso fue lo que más se asombró. Tenían miedo al régimen, a la policía…, incluso a Julio Cortázar porque como era tan incondicional del régimen cuando llegaba cambiaban de conversación. Yo llevaba un diario en el que apuntaba todo y del que luego supe que la policía leía porque el cónsul chileno me dijo que apenas salía del hotel entraban en mi habitación y lo agarraban. El libro provocó una polémica impresionante tanto que el propio editor, Carlos Barral se asustó mucho. Me acuerdo que un día me llamó y como era muy bromista me preguntó que cuál era mi segundo nombre. Creo que en mi partida de bautismo dice Jorge de Dios, le contesté. Y tu segundo apellido, quiso saber. Valdés, le respondí. "Entonces de ahora en adelante te vas a llamar Dios Valdés", me dijo.

AA - Pero también hubo quien le apoyó.

JE - Sí. Vargas Llosa, Nicanor Parra… Y hubo quienes tomaron actitudes más cínicas como García Márquez que me llamaba e íbamos a comer juntos pero no me hablaba del tema, y cuando yo se lo mencionaba me decía que si pasara por Colombia meterían presos a todos los escritores. Yo le dije que no era yo el que los metía presos. "Mejor que no pases por allá", me respondió. Julio Cortázar se alejó y lo sentí porque le admiraba mucho. Y hubo otros que también lo hicieron pero que no lo lamenté. Ariel Dorffman dijo que lo había escrito con dinero de la CIA, ¡imagínate! Yo creo que ni él se lo creía.

AA - Pero luego le pidió perdón.

JE - Sí, me lo pidió, pero yo no lo he perdonado. No tengo ningún interés en perdonarlo. Y te diré que tiene una gran ventaja eso de que se pelen con uno porque así eliminas a mucha gente y te quedas solo y bien acompañado que es la mejor situación. Después de publicar ese libro me quedé exiliado de Chile y del exilio chileno. Una situación ideal para un escritor.

AA - A Octavio Paz le encantó su libro y le quiso conocer ¿Cómo surgió su amistad con Paz?

JE - En un viaje a Barcelona pasó por la casa de Carlos Barral y le dijo que me quería conocer y cenamos juntos. Fuimos muy amigos. Con él tuve una sensación curiosa porque Octavio había sido en su juventud amigo de Neruda y se habían peleado por razones políticas. Pero el conservaba una enorme curiosidad por Neruda y todo el tiempo me preguntaba cosas de él. Le interesaba todo del él: como caminaba, como escribía … estaba fascinado por el personaje del poeta. Una vez me preguntó que cómo tomaba su whisky Neruda. Al cabo del tiempo me llamó y me dijo: acabo de leer toda la obra de Neruda y he llegado a la conclusión de que es el mejor poeta en lengua española de nuestro tiempo, pero su error fue la política.

AA - ¿Y usted coincide con él?

JE - Sí, pero no fue un error tan grande porque cuando el tomó su posición política fue en la lucha contra el fascismo y en eso yo hubiera estado de acuerdo con él. Su poesía política mejor es una expresión de esa lucha política contra la dictadura, el fascismo, el racismo… Pero eso después se burocratizó y se transformó en una obligación y vino el estalinismo. Y el en una época lo aceptó. Incluso le escribió una Oda a Stalin a su muerte. Fue un error.

AA - En una ocasión dijo que el escritor es una conciencia que nunca debe bajar la guardia. ¿Lo sigue pensando?

JE - Sí, aunque es difícil vivir sin bajar la guardia porque pasan los años y te cansas. Pero es importante tener una conciencia crítica, independiente, lúcida, fresca y mantenerla hasta el final. A lo largo de la historia de la literatura los escritores siempre han sido conciencias alertas, críticas…

AA - ¿Cree que hoy en día los escritores son conscientes de esa conciencia?

JE - No siempre. Los escritores de hoy en día a veces están más preocupados por la venta de sus libros, por los derechos de autor y por los premios. Aunque los buenos supongo que sí lo están, pero es difícil encontrarlos porque hay mucha trampa y mucha apariencia.

AA - Una vez dijo que a partir de 1970 los autores del "boom" como García Márquez y Vargas Llosa estaban en una situación más débil con respecto a su periodo de superabundancia creativa y que se estaba desarrollando otro tipo de literatura.

JE - Los viejos escritores de mi tiempo han conservado vigencia hasta el final como Onetti y Borges. Neruda se renovó al final, tuvo un periodo un poco repetitivo pero en la vejez volvió a ser buen poeta, trató de recuperar la infancia y la adolescencia.

AA - ¿Y Vargas Llosa?

JE - Es un escritor de gran vitalidad, de mucha fuerza y ha hecho una novela muy notable. Tuvo una época en la que parecía que iba a recaer como novelista y sin embargo escribió "La fiesta del chivo" que es un tremendo novelón.

AA - ¿Cree que el Realismo Mágico le hizo daño a la literatura latinoamericana?

JE - No porque produjo cosas como "Cien años de soledad". Lo que pasa es que el Realismo Mágico no se puede repetir. Es una manera de escribir que cuando se repite se vuelve monótona y aburrida, y hay que renovarlo. Y hay otro tipo de literatura de la fantasía pura que no es exactamente el Realismo Mágico, que es lo que hizo Borges. La literatura latinoamericana a veces es mirada desde Europa con un cierto simplismo y con un afán de reducirla a una cosa. Y hoy día es una gran literatura con muchos matices.

AA - Dejemos la literatura y hablemos de política. A lo largo de su vida usted siempre ha manifestado sus ideas. Cuando detuvieron a Pinochet en Londres por orden del juez Garzón se mostró contrario a su extradición a España porque dijo que se pondría en peligro la transición chilena.

JE - Y porque yo creía que se le podía juzgar en Chile que es lo mejor que puede pasar y lo que está ocurriendo.

AA - ¿Qué riesgos se corrían?

JE - ¿Tú te imaginas a Pinochet siendo juzgado hoy en día en España? Habría sido muy perturbador para mi país. En cambio, está siendo juzgado allá y ha sido aceptado muy bien por la sociedad chilena en conjunto, incluso por el Ejército. Así que yo creo que se ha cumplido lo que yo dije. Existen razones sólidas para pensar que la justicia puede ser internacional en algunos casos de crímenes contra la humanidad. Pero es complicado que un país haga justicia sobre los temas de otro. Y más teniendo en cuenta que España no ha juzgado a ningún torturador del franquismo.

AA - Tenía que haber juzgado a Franco pero se murió en la cama.

JE - No sólo a Franco. Aquí hubo torturadores que andaban sueltos y que torturaron hasta el final. La policía política española no fue diferente a la chilena. Y esos crímenes según las leyes internacionales son imprescriptibles por lo que hoy en día habría muchas cosas que juzgar. Pero claro, se hizo una ley de amnistía.

AA - ¿Será necesaria la muerte de Pinochet para que la transición chilena concluya?

JE - La transición chilena ha avanzado mucho y los procesos a militares son una muestra de ello. Debería llegarse a una etapa en que el poder civil domine sobre el militar y todavía falta tiempo. No sé si eso dependerá de la muerte de Pinochet. Pero las mayorías parlamentarias que permitirían cambiar la Constitución no están dadas. Hay senadores elegidos con amplias mayorías que no pueden salir del país porque están procesados por Garzón. Sin embargo yo creo que la transición española también está incompleta. Aquí sigue habiendo enclaves dictatoriales. Existen personas en cargos importantes que vienen del franquismo y la gente los vota. Aquí y allí se necesita tiempo porque el tiempo es el gran factor histórico que puede lograr que una transición sea definitiva.

 

 

Texto, Copyright © 2001 Ana Anabitarte. Todos los derechos reservados.
mariapandora.com

 


Babab.com
Correo: Colaboraciones
Última actualización: miércoles, 04 de julio de 2001

Copyright © 2000-01 Mañana Es Arte A.C.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.