
 |
Ernesto Sábato. Celebrando la vida por
Rosana Gutiérrez
"Yo he visto muchas
cosas en mi larga vida, y he pasado muchísimos peligros, pero también he tenido mucha
suerte, porque estoy vivo." (1)
En un país donde los motivos de festejos son escasos, Ernesto Sábato
cumple sus 90 años y eso es digno de la mejor de las celebraciones.
Sus 90 junios y el hecho de que aún siga aquí, en su vieja casona, a
cuatro cuadras de las vías de la estación de Santos Lugares, esa del patio con cipreses
tan altos que parecen abrazar al cielo, la de la escalera de caracol y el camino de
baldosas blancas y negras, la de el olor a humedad y a historia rodeando sus libros,
cuadros, nuevas ideas, y recuerdos de una vida larga e imprescindible.
A Sábato no le gusta que lo llamen escéptico, sin embargo su carácter
sombrío, su apertura espiritual y combativa, lo han instalado entre una de las figuras
más controvertidas de la intelectualidad. Asimismo, su personalidad, que no se deja
avasallar, ha vivido tanto ya, que sorprende su capacidad de "sorpresa" y,
contradictoriamente, su mensaje alentador, casi tierno, hacia los jóvenes.
Es curioso, que en esta época en que la palabra esperanza es
desconocida para la gente joven, Sábato sea una especie de ejemplo de lucha entre las
nuevas generaciones y las que ya están pegando la vuelta.
Sin embargo, cualquiera que haya leído alguna de sus novelas: El
túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) o Abadón el
exterminador (1974), hasta sus innumerables ensayos y libros de reflexiones
como Antes del fin (1998) o su último trabajo, La resistencia (2000), sabe
bien que "el viejo" habla con conocimiento de causa y que su lucha es, tan
"cruel y mucha" como la de cualquier paisano.
Si existen libros que son decisivos y que marcan a fuego a quien los
lee, uno de ellos es, sin dudas "Sobre héroes y tumbas", una novela caótica,
que por momentos traslada a las profundidades o los infiernos del alma.
Personajes como Alejandra o Martín, como Pablo Castel y María
Iribarren de "El túnel", seres torturados y obsesivos pero a la vez tan
cercanos al lector en su recorrido por lugares conocidos, identificables; no hubiesen sido
posibles, si Sábato, doctor en Física por el 1945, no hubiese decidido que "La
razón no sirve para la existencia. Sólo sirve para demostrar teoremas o fabricar
aparatos. El alma del ser humano en lo más profundo, no está para esas cosas...",
con la consecuente determinación de abandonar la ciencia para dedicarse por completo a la
literatura.
Su capacidad de recrear historias que pintan lo existente y lo
imaginario, su forma de convocar los fantasmas que irrumpen en una realidad, por momentos
alucinante, y las diferentes voces que suele utilizar para contar los hechos, lo confirman
como al mejor de los escritores que le quedan a la Argentina.
Ernesto Sábato, nacido en Rojas, un pueblo de la Provincia de Buenos
Aires, en una casa de inmigrantes españoles-italianos agricultores que tuvieron once
hijos; el 24 de junio cumple 90 años que lo encuentran activo y polémico como en sus
años de juventud, ubicado en la primera fila del debate y de la incansable
reivindicación de los derechos humanos. Su actuación como presidente de la Comisión
Nacional sobre la Desaparición de personas (CONADEP) en 1983, su pasión, su compromiso y
la fe en sus convicciones, intacta, además de su genio literario, avalan que Sábato es
un ejemplo de humanismo, y su gusto por las polémicas públicas lo colocan en la vida
cultural argentina como el arquetipo del escritor, en este caso, sin lugar a dudas, el
más querido y admirado.
"Hay días en que me levanto con una esperanza demencial,
momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance
de nuestras manos. Este es uno de estos días" (2)
Brindamos por ello agradeciendo que haya y siga estando presente en
nuestras vidas, con su claridad de pensamiento y su mensaje crítico, pero siempre
esperanzado.
__________________
Notas:
- (1) De reportaje en Viva, revista del diario Clarín, junio
de 2000
- (2) De La Resistencia, Editorial Planeta, (2000)
| Opina sobre este
artículo |
|
|
 |
Texto, Copyright © 2001 Rosana Gutiérrez.
Todos los derechos reservados. |
|