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Poéticas del habla por
César Cuadra
Sin duda existe una gran
diferencia entre una antología y otra según sean los espacios de tiempo que cubran.
Cuando las antologías comprenden tiempos pretéritos, cabe afirmar, por ejemplo, como lo
hace Antonio Colinas en su antología de Poetas Italianos Contemporáneos al
escoger un "mínimo grupo de poetas que aproximen al lector a una poética
verdadera, es decir, resistente al tiempo". O también cuando el período de la
antología es lo suficientemente amplio, un antologador (si es famoso) se puede dar el
lujo de hacer una especie de historia personal como sucede en Ómnibus de Poesía
Mexicana la famosa antología hecha por Gabriel Zaid, quien se propuso una muy
personal "antología de lector", algo así como una historia de sus
poemas favoritos...



Muy distinto es el caso de la Antología de la poesía joven chilena,
(Universitaria, Santiago de Chile, 1999) hecha por Francisco Véjar, quien instalado en el
presente, debe rastrear y dar cuenta de una diversidad cuyo pluralismo permita dejar
flamear todas las banderas... duro reto para cualquier mortal, sobre todo si se repara en
que el criterio editorial establece la selección por edad y producción.
Sin entrar, pues, en la bizantina polémica de lo que pudo haber sido y
no fue, se puede señalar que la presente antología (con las reservas necesarias ante las
inevitables injusticias en que seguramente incurre) consigue ofrecer, con un puñado de
poemas por poeta, un nada despreciable microcosmos de voces noveles, en cuyas
posibilidades y fortalezas aquí no se hace más que apostar.
Vayamos al texto. Después de leer la antología uno se encuentra a lo
menos con dos rasgos de no poca importancia: 1) que la poesía joven chilena se ha
asentado definitivamente en el habla de la comunidad ; y 2) que si existe alguna llave que
comunique a los poetas convocados ésta es, como señala muy eficazmente Claudia Serrano,
la autonomía y la singularidad de cada poeta: "No represento a ninguna
generación./ No puedo ser el estandarte de nada" (de "Jazmín Negro").
Lejos pues de toda complacencia esta muestra abre espacios hacia un
mosaico de singularidades cuyo vínculo se forja no ya en la pura y simple pirueta verbal
o en la acrobacia onanista, tan propia de los modernistas, sino, como se ha dicho, en el
suelo empírico del lenguaje hablado Y aquí, con los pies bien puestos en la tierra, se
ven lanzados, como en la danza Noo japonesa, hacia sus propias experiencias y
batallas, hacia la conquista de nuevos mundos.
Se visualiza ya este dominio expresivo en poetas como Julio Carrasco
(sobresale su sugerente "Joker") o Alejandra del Río (apuntemos estos 3
magníficos versos: "No edifiques cementerios y edifícate duradero pues en tu
país / la vida hace pagar caro todo instante recuperado de la muerte./ Y levanta tu país
como una torre en el exacto lugar del llanto" de "Escrito en braille").
Cercana a esta disposición enunciativa se encuentran Verónica Jiménez y Kurt Folkmaass
(notable su secreto homenaje a Ernesto Cardenal en "Sweet leaf").
Vale la pena hacer notar a Cristóbal Joannon quien manifiesta un gran
dominio en los materiales lingüísticos que usa, sobre todo en algunos poemas de delicado
sensualismo, donde quizás alcanza su mayor eficacia. También es necesario destacar a
otros como Rafael Rubio, nótese el desenfado y la fluidez del "Yo baquiano me
coloco / saludablemente loco / Yo cascajo soy ,carajo / subo siempre para abajo..."
(del " Autorretrato" ). Quizá, en el otro extremo de este locuaz sureño se
encuentra Francisco Véjar, quien -dando la nota pintoresca, por decirlo de alguna manera,
se autoantologa- nos muestra algo de su producción, donde sin duda el poema "El
viaje" lo sitúa en lo mejor de sus Canciones Imposibles. Así se advierte ya
en esos primeros versos "Si somos o no universales, / no importa./ Afuera el río
fluye, mudo y silencioso/ como las hojas de los árboles. No tenemos más que
contemplarlo./ El ave que pasa es real,/ el haz de luz que llevas de una a otra ventana,
es real".
Un interés particular presenta Jaime Huenún, pues, distinguiéndose de
todos, muestra un lenguaje naturalista y rural, desprovisto de esa alquimia verbal tan del
gusto de los modernistas. Ahora bien, como contrapunto a esta voz mapuche está Armando
Roa, quien sin duda es el que más se sumerge en la búsqueda de innovación en las
posibilidades literarias del lenguaje, tal como lo expresan versos como "De tanto
jugar con el lenguaje / olvidé cerrar la puerta de la palabra sótano/ y la noche se
desbarrancó escaleras abajo/ entre paredes que se ajaban en silencio" (de
"Sótano").
A modo de epílogo es necesario hacer una mención especial a la poesía
de Adán Méndez, quien se destaca del resto de los poetas antologados precisamente por
ser quien ha hecho del habla el vehículo y el soporte que garantiza no sólo la esencial
comunicación sino también su sólida crítica al proyecto poético modernista. En su
registro se adivina la factura de la enunciación aguda y pertinente, pero sobre todo,
asume radical y complejamente el mensaje de la crisis y hasta de la impotencia del
esteticismo heredado. Es más, no resulta poco probable que Antología Precipitada
(1992), primer texto publicado por este poeta (y con el que ganó el Premio de Poesía de El
Mercurio ese mismo año) constituya la mayor expresión de la fortaleza lingüística
y la eficacia discursiva de esto que hemos dado en llamar la emergencia de las poéticas
del habla en la poesía chilena joven. Nótese la potencia de estos versos que nos
llevan a finalizar este interesante paisaje poético:: "La Filosofía llega
siempre tarde / La poesía en cambio no llega nunca" ( de "A falta de
Poética").
Se apreciará entonces que no todo es modernismo en esta antología. Hay
quiebres, hay esa fragilidad de intentar mostrar algo compacto, algo que sólo la
estética modernista busca y hasta consigue aveces .Quizás en el futuro sólo se lean
antologías, pues las antologías, en realidad, son un verdadero género literario.
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