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Auster: el detective del alma por
Ana María Pérez Cañamero
Auster trino
Auster-escritor, Auster-fenómeno, Auster-persona: ¿dónde empieza y
dónde acaba cada una de las facetas de esta trinidad? Parte de su encanto procede del
trasvase continuo que se establece entre cada una de ellas, que se convierte en materia
para las otras, lo cual se hace además con una honestidad singular.
Además de ser un escritor que genera ficciones apasionantes, Auster se
ha convertido en un fenómeno literario: cada uno de sus libros es un pequeño
acontecimiento, hay multitud de páginas dedicadas a él en Internet, casi todos sus
lectores conocen su biografía (sus años en Francia, la época de los trabajos precarios,
sus dos mujeres escritoras, etc.,) y su rostro de mirada intensa e inquietante, y casi
todos, también, tienen un libro de culto particular entre todos los suyos (el mío, por
cierto, es La música del azar), con lo que parece haberse erigido casi en icono
cultural, en el equivalente literario a una estrella del rock.
En mi opinión, el lado negativo de este éxito mediático es que se
publican libros que quizás exigirían un mayor rigor o un propósito más definido. Así
ocurre con el último, Experimentos con la verdad, refrito de prólogos,
entrevistas, ensayos. Cierto que las entrevistas con Auster resultan interesantes y amenas
(también, a veces, obvias y repetitivas), pero no creo que tenga mucho sentido extraer
prólogos de los libros para los que fueron concebidos, que, en algún caso, ni siquiera
están publicados en nuestro país. Así que ¿por qué no esperar un poco y publicar un
libro completo de entrevistas, o un libro que recoja sus ensayos, y no agruparlos todos
(de calidad e interés dispares) bajo la única premisa de que fue Auster, en diferentes
momentos y por diferentes motivos, quien los escribió?
Es justo decir también, que el libro incluye el famoso y revelador
Cuaderno rojo, ciertas incisivas comparaciones entre la literatura francesa y la
anglosajona o sus apreciaciones sobre el arte de la traducción, pero todo ello no parece
suficiente para editar un libro irregular.
No obstante, la publicación de Experimentos con la verdad,
además de la lectura de Dossier Auster, de Gerard de Cortanze (un semblante tan
exacto como apasionado de su obra), me ha servido de excusa para hacer un repaso de los
temas y los modos de Auster.
Las preguntas de Auster
Lo que hace de Auster un autor tan cercano, es su forma de concebir sus
libros como respuestas aproximativas a las preguntas que como individuo comparte con sus
congéneres. La humanidad y universalidad de estas preguntas pueden también conferirle un
aire ingenuo del que él no reniega, puesto que esas grandes preguntas son las que nacen
en la infancia y no nos abandonan jamás. Paul Benjamin, el protagonista de Leviatán,
dice: "Nadie puede decir de dónde proviene un libro y menos que nadie la persona
que lo escribe. Los libros nacen de la ignorancia."
¿Qué hubiera pasado si...?
Es la pregunta que delata los quebradizos límites de la identidad y las
certidumbres de la vida. Casi todos los libros de Auster parten de este misterio: cómo
una persona que podría tener una vida "normal", decide arriesgarse para
aprender, en una situación desesperada, lo que la vida tenía que enseñarle. Un golpe de
suerte, un abismo que se abre, una certeza que se tambalea... y todo lo que dábamos por
seguro se muestra inestable, pasajero, mudable. Hace falta muy poco para ponernos al
límite... y lo más intrigante es con qué infantil determinación negamos este hecho.
Marco Stanley Fogg, el protagonista de El Palacio de La Luna,
dice: "Puede que eso fuera lo único que me había propuesto demostrar desde el
principio: que una vez que echas tu vida por los aires, descubres cosas que nunca habías
sabido, cosas que no puedes aprender en ninguna otra circunstancia".
Auster cuenta que el punto de partida de Ciudad de cristal fue
una llamada en la que le preguntaban por una agencia de detectives. Él contestó que se
habían equivocado y colgó. Pero después surgió la pregunta: ¿qué hubiera pasado si
hubiera dicho que sí? De contestar la pregunta se encarga Quinn, el personaje principal
de la historia.
¿Quién es mi padre? ¿Cuáles son mis orígenes?
Su primer libro, La invención de la soledad, parte de la muerte
de su padre y de la pregunta que él se hace: ¿quién era este hombre que fue mi padre?
Hay una falta de padre "literal": el padre en los libros de Auster está
ausente, muerto, desaparecido, es un espacio en blanco; pero la ausencia de padre tiene
también una lectura simbólica, el padre como Dios, que deja a sus hijos
"abandonados a sus interrogantes", tal como se encuentran sus personajes.
La búsqueda del padre como origen sucede en un tiempo que no siempre es
el de los hechos: es un tiempo que realidad y ficción crean a medias, y es donde se
produce el reencuentro: "La escritura, el libro, se convierten en el medio, en la
botella lanzada al padre, para restablecer la comunicación rota, para colmar el
libro", dice Auster. Y el reencuentro con el padre es la asunción de la
responsabilidad ante la propia vida: "Del examen de mi padre pasé al examen de mi
propia conciencia del mundo." Conocer su historia nos permitirá seguir
escribiendo la nuestra.
¿Quién soy yo? ¿Quién es el otro?
Su obra gira alrededor de un punto oscuro: el misterio del ser. "Conocerse
a sí mismo, ése es el punto de mira, ése es el blanco de toda la obra de Paul
Auster", dice de nuevo Cortanze. "Fantasmas investigaba sobre el otro que
es uno, La habitación cerrada revelaba un cambio irresistible de identidad,
Mr.Vértigo es un viaje iniciático a las tinieblas de un personaje que puede ser
cualquiera de nosotros."
¿Estamos tan seguros de ser quienes somos si resulta tan fácil cambiar
de identidad, disfrazarnos, apropiarnos de otro nombre y tan difícil, en cambio,
comprendernos, definirnos, aprehendernos? Y, sin embargo, a pesar de las dudas, de los
pasos en falso, Auster nos dice que éste es el camino: conócete a ti mismo; sólo así
podrás acercarte a tu verdad y a la de los demás, ese núcleo oscuro y vacío que no
puede alcanzarse sin abandonar todo. La libertad de sus personajes consiste en aceptar o
no esta tarea. "Sus personajes al perderse, se encuentran" dice
Cortanze, señalando la gran paradoja.
La cuestión a la que se enfrenta Auster (y por lo que finalmente, más
le admiro) es tan contradictoria como bella y misteriosa: "La cuestión de quién
es quién y si somos o no quienes creemos ser. La experiencia de mis personajes es un
proceso de despojamiento, hasta llegar a una desnudez en donde tenemos que enfrentarnos
con lo que somos. O con lo que no somos, que en definitiva viene a ser la misma
cosa."
El plano en que el reconocimiento, el encuentro con el otro se produce
es el plano, fuera de toda lógica, del amor ("A veces conseguimos asomarnos al
misterio del otro, penetrar en él, pero es muy poco frecuente. Es el amor,
principalmente, el que permite esos encuentros") y la amistad, que en sus libros
comienza por una simpatía espontánea y deriva en un compromiso ético.
¿Qué es la realidad?
Los libros de Auster a menudo se desarrollan en la frontera resbaladiza
que separa la verdad y la mentira, la realidad y la pesadilla, la suposición y la
lógica. El autor pone en entredicho la objetividad del mundo y así resalta la
importancia de nuestro compromiso con nosotros mismos.
Ha llegado a ser un tópico al referirse a Auster hablar del
"azar". Pero él prefiere hablar de contingencias: "El azar no sustituye
al destino: es su instrumento. En cambio, su universo novelesco es más bien presa de la
necesidad, de lo que Sartre llamaba las contingencias", afirma Cortanze.
La pregunta que sus libros nos lanzan es: ¿está tan claro qué es
realidad y qué ficción? ¿La vida no demuestra constantemente poseer una imaginación
portentosa? ¿Cómo es posible que aspiremos a controlarla?
"Somos permanentemente víctimas de contingencias cotidianas.
Nuestras vidas están hechas de accidentes. También me interesan mucho los accidentes que
no llegan a producirse. La casualidad existe...".
Y así, imprevisible, sorprendente, con sus giros trágicos a veces,
cómicos otras, es como pretende retratarla.
¿Cuál es el sentido de la vida?
Se pregunta Auster: "¿Para qué escribir una obra si su autor
no tiene ninguna pretensión metafísica, una curiosidad profunda y muy vasta que oponer a
la vida y a todos esos grandes interrogantes?"
Las historias que cuenta son historias morales, de búsqueda y
redención. Metafísica sin dios, cuya base es la solidaridad y el compromiso con uno
mismo y con los otros.
Aunque no se considera un autor religioso, sus libros están plagados de
cuestiones existenciales. Sus aspiraciones lo emparentan, si no formalmente, sí
espiritualmente con otras literaturas y otras filosofías que se ocupan del crecimiento
espiritual del ser humano y de su vínculo con el mundo que le rodea: "Decir lo
más sencillo que hay. Jamás dejar atrás lo que encuentro ante mí.. O bien fijarme en
lo que tengo muy cerca. Como si en el mundo limitado que tengo antes mis ojos pudiera
encontrar una imagen de la vida más allá de mí. Como si quisiera convencerme de que
cada cosa de mi vida está ligada al conjunto de las cosas que a su vez me atan al vasto
mundo, al mundo sin límites que se despierta en la imaginación, tan amenazador y
desconocido como el mismísimo deseo."
¿Qué es la literatura?
Para Auster, la literatura y la vida establecen un diálogo, en el que
el libro es la respuesta a las preguntas que el escritor se hace. "No se trata
siquiera del libro terminado, sino más bien del itinerario de la escritura..."
Para él la literatura es un método para enseñar a vivir. El proceso
de la escritura es un camino en el que literatura y vida se confunden, y de este modo
pierde sentido hacer cualquier diferencia entre una y otra: "Pretendía romper, en
la medida de lo posible, la frontera entre vivir y escribir. Escribir una novela es una
aventura para mí; las cosas que no se esperan suceden dentro del proceso
escritural."
Sus escritos tienen un parentesco con el ánimo que impulsa la
tradición oral, la más antigua de las formas de narrar: contestar, acompañar, compartir
las incertidumbres de la vida. De ahí también su estilo, que es el de quien no tiene
tiempo de adornar ni intelectualizar sus inquietudes, sus compromisos.
Sus relatos están a veces tamizados por la confesión poética (El
cuaderno rojo, La invención de la soledad), el folletín (El Palacio de la Luna),
la novela de iniciación (Mr. Vértigo), el thriller (La Trilogía de Nueva York):
"Es un error despreciar los géneros populares", afirma Auster, "Yo
he pretendido valerme de ciertas convenciones del género para llegar a otro sitio, a un
sitio muy distinto". A menudo sus planteamientos se inician con una intriga que
no se resuelve ni de un lado ni de otro porque resolverla ocultaría la complejidad del
mundo y la profunda subjetividad de nuestras interpretaciones.
Auster es uno de esos escritores "generosos", que regalan su
historia al lector, para que el lector la complete, la adorne, la habite: "Auster
nos abandona en medio de la corriente del libro y nos obliga a nadar", afirma
Cortanze.
Quienes adoptan la escritura como una vía mística, aspiran finalmente
al silencio, al momento en que las palabras callen y dejen paso a lo innombrable, que hay
antes y después del texto. Auster se acerca a esta pretensión, cuando dice: "Consagrado
a un empeño: lograr un estilo transparente. Escribir un libro olvidando que su materia es
el lenguaje...".
Por último, Auster tiene otro atractivo innegable para aquellos que
escriben: se convierte en un colega, alguien que hace públicas sus dudas, sus
métodos, sus certezas, y es capaz de hablar con desafectada desnudez del hábito, manía,
vicio, necesidad, llámasele como se quiera, de escribir: "¿Qué forma de arte
más íntima existe que una obra escrita? Es el único lugar en el mundo donde dos
perfectos extraños pueden convertirse en un ser único."
- AUSTER, Paul, Experimentos con la verdad, Barcelona, Anagrama,
2001.
- CORTANZE, Gérard de, Dossier Auster, Barcelona, Anagrama, 1966.
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