| El poeta Sem Tob y sus reflexiones sobre la lengua por
Rosario González Galicia
¿No es maravilloso que le bailen
a uno, no se sabe si en el oído o si en la boca (seguramente en los dos a un tiempo),
unos versillos que se le han prendido sin pretenderlo? Lo es. Es maravilloso, aunque no
milagroso. Ocurre por la virtud de los propios versos, por su gracia y su ritmo, por su
decir. Tal cosa sucede con los versos de Sem Tob. A mí me sucedió, y más ahora, en los
últimos días, por estar tan pendiente de ellos y dándoles tantas vueltas. Y quiero
aquí animar a cualquiera que lea a su lectura. Pues es un caso de llamativo olvido el de
este poeta español del siglo XIV, el judío don Sem Tob de Carrión. Olvido para el
común de los lectores, arraigada desanteción en los estudios universitarios españoles.
Al rabino de la ciudad castellana (si no nacido en ella, sí al menos residente durante
bastantes años y personaje destacado e influyente de la judería) se le atribuyen varias
obras, de las que, sin duda, la de mayor importancia y autoría segura es la conocida (con
nombre que le diera el Marqués de Santillana) como Proverbios morales. No puede
decirse, desde luego, que haya sido Sem Tob objeto de gran atención en España, pues de
la mencionada obra la primera edición cuidada, para cuya fijación textual se utilizan
los cuatro manuscritos conservados de la misma, es de 1947, de I. González Llubera,
publicada en Cambridge y destinada al círculo de los especialistas. Las otras dos, de
acceso al público en general, son la de A. García Calvo, de 1974, publicada en Madrid
por la editorial Alianza, actualmente, por lo que yo sé, agotada; y la de S. Shepard, de
1985, publicada en Madrid por Clásicos Castalia. Y poco más.
Inmerso en una época y un mundo convulsos, los de la Castilla del siglo
XIV; perteneciente, dentro del cuerpo político de la monarquía castellana, a una de sus
células, la comunidad judía, y representante prominente de ésta; observador directo de
heterodoxias dentro de las filas de la fe judaica y de furibundos ataques a esta misma fe
desde el propio campo judío, o de conversiones voluntarias al cristianismo de muy
destacados correligionarios, perfectos conocedores de la Torah; testigo del reinado de
Alfonso XI (y, al parecer, partícipe en algún trecho de su vida en los asuntos de
Estado) y del de su hijo Pedro I, en quien Sem Tob había depositado sus esperanzas de
continuación en la tradición de tolerancia hacia los judíos, esperanzas, sin embargo,
frustradas; testigo también de la lucha fratricida entre Pedro I y su hermano bastado
Enrique de Trastámara, lucha cuyo resultado acarreó tantos cambios políticos y sociales
(cambio de dinastía monárquica, encumbramiento de ciertas familias de la nobleza,
pérdida de influencia de la comunidad judía y desarrollo del antisemitismo...);
exponente de la doctrina, la fe y la moral judaicas, que, indudablemente, condicionan su
visión del mundo y su función como escritor; Sem Tob compone en las estrofillas de
heptasílabos de sus Proverbios morales una reflexión moral hecha al modo de la
lógica de contradicciones, con la constante exposición de parejas de contrarios. La
eterna pregunta de qué es el hombre (aquello a lo que, por ejemplo, tan enigmática como
impresionantemente respondía Píndaro en los versos de la Pítica VIII : ¿Qué
somos? ¿Qué no somos? Sueño de una sombra el hombre; palabras a las que Borges, en
un imperdonable descuido de tan reputado autor, da la vuelta en La otra muerte,
relato de El Aleph, cuando escribe: pero ya los griegos sabían que somos las
sombras de un sueño) y, con ella, las de qué es el mundo, qué hace el hombre en
él, no recibe por parte de Sem Tob una respuesta directa. No hace Sem Tob catecismo
positivo, al menos en las partes más suyas de la obra (aunque sea cierto que en algunas,
influido por la tradición literaria moralística precedente, haga doctrina positiva).
Opera más bien con la negación, con el no, con la búsqueda de la lógica entre
elementos que forman pares de opuestos, para tratar de ir arrancando alguna capa de las
que mentiras de que está cubierto el mundo y de llegar a atisbar algo del meollo de la
vida verdadera.
Su concepción del mundo y, dentro de él, de su principal actor, el
hombre (con Dios por encima de ambos), aparece sostenida en dos pilares fundamentales : el
Mundo es cambiante, oscuro, enigmático, ambiguo; el Hombre es el origen de sus propios
males. De estos pilares, interrelacionados e interdependientes, derivan, ramificándose,
líneas de pensamiento, a su vez entrelazadas e indisociables.
El Mundo, con su ambigüedad y perpetuo cambio, aparece así: el valor
de todo lo que hay en él (hombres y cosas) está sujeto al principio de la relatividad.
Ninguna opinión es cierta. El hombre es incapaz de captar, a pesar de estar dentro o
precisamente por ello, el sentido del mundo; le es imposible conocer el mundo en el que
vive. En consecuencia, la situación del hombre es precaria. No hay bien ni mal absolutos;
en todo caso, el mal no está en el mundo sino en el hombre. El mundo no elige ni
distingue a los hombres: todos caben en él y, en ese sentido, son iguales.
A la amarga conclusión de que el Hombre es el origen de sus propios
males llega Sem Tob por diversos caminos. Presenta la equiparación entre
bien-conocimiento y mal-ignorancia y señala como causa principal de la ignorancia del
hombre su egocentrismo; mientras que el conocimiento humano no supone una extensión o un
reflejo de la sabiduría divina, sino que es abstenerse de pecar. El hombre vive en
continuo estado de ansiedad y de preocupación porque necesita entender o porque necesita
prever; la forma de librarse de esa ansiedad consiste en quedarse vacío, en una suerte de
apaciguadora y tranquilizadora incapacidad, pero ese bienestar puede acarrear la ceguera
ante obstáculos y peligros. Hay dos tipos de hombres: el torpe, que, con su ignorancia,
puede provocar un repentino cambio en la fortuna; y el sabio, al que su consciencia, su
sabiduría, le produce dolor; de ahí que no haya que excederse en la búsqueda del
conocimiento y que haya que ser indiferente a conocer el destino de la humanidad y la
naturaleza del mundo. La inseguridad del hombre en el mundo aconseja, como técnica de
supervivencia, la adaptación a los demás hombres. La ocupación, la constante actividad,
puede traer el éxito, que es el único placer; pero el triunfo es obra de Dios, no de la
inteligencia humana. Hay que evitar negaciones y afrimaciones dogmáticas, porque todo
depende de Dios. El mal está en el hombre, no en el mundo; incluso el hombre es peor que
las bestias porque es capaz de ir contra los de su especie.
De los Proverbios morales traigo aquí, para esta sección de la
revista, un largo pasaje (vv. 2213-2424) que versa sobre la lengua. A través de
jugosísimas reflexiones, de esas que, una vez leídas, parecen verdades de Pero Grullo,
lo que Sem Tob plantea es la antítesis callar/hablar. Como una vieja obsesión (a fin de
cuentas la obsesión preside la escritura, empuja a los hombres a la escritura, en la
confianza, vana o no, de encontrar el alivio y hasta el sosiego con la publicación de las
propias cuitas), Sem Tob da vueltas a las virtudes del callar y del hablar, como ya había
planteado en los versos 163-176, en cuya última estrofa escribe perplejo: entendí
qu en callar / avrie grant mejoría; / aborrecí fablar, / e fuéme peoría; nos
avanza sus recelos tanto respecto de lo uno como de lo otro, pero llega a un camino sin
salida, ante el cual no tiene otro remedio que ceder: imposible el discurso, imposible la
obra escrita, imposible incluso alabar el callar, el silencio, si no es hablando. La
lengua es instrumento y función, medio y fin. La lengua presenta en sí misma la locura
del desdoblamiento: es la que habla sobre todo lo demás, sobre el Mundo, sobre la
Realidad, pero al mismo tiempo es la única que habla de sí misma; es más: es la que
descubre los engaños del Mundo, pero a la vez es la que los fabrica. Es la que señala al
Hombre como un ser diferente del resto y la que sirve para razonar. Sólo el hombre la
posee; por tanto, sólo el hombre razona. La lengua es gratis, es un regalo con el que
venimos al mundo; y, siendo "lo que no cuesta", sirve sin embargo para conseguir
los más grandes beneficios. Reflexiones que me voy haciendo mientras disfruto de las
reflexiones del poeta y que iré exponiendo con más pormenor en el comentario al pasaje.
Para el texto del pasaje he elegido de las dos ediciones citadas la de
Agustín García Calvo, por tener muchas virtudes, entre otras las del infrecuente cuidado
filológico (absolutamente indispensable siempre, pero especialmente en textos como
éste), y por una nada desdeñable, que es que al lado del texto poético ofrece una
versión en prosa que sirve de ayuda al lector no acostumbrado ni avezado en el castellano
medieval, a pesar de los reparos que, con toda razón, el propio autor le pone, haciendo
ver que la poesía es la poesía y que no es sustituible por la prosa. Con letra cursiva
señalo, tras cada estrofa, la versión en prosa.
2213 Mal es mucho fablar,
mas peor seer mudo;
ca non fué por' callar
la lengua, segunt cuido.
Malo es hablar mucho, pero peor estar mudo; que no se hizo la lengua
para callar, a lo que pienso.
2217 Pero la mejoría
del callar non podemos
negar, mas toda vía
convien' que la contemos:
Sin embargo, las ventajas del callar no podemos negarlas, sino que
es bien que las enumeremos sin cesar:
2221 por que la miatad ende
quant'oyér'mos fablemos,
una lengua por ende,
dos orejas avemos.
para que hablemos la mitad de todo lo que oigamos, por eso tenemos
una lengua y dos orejas.
2225 Quien mucho quier' fablar
sin gran sabiduría,
çierto en se callar
mejor barataría.
Quien mucho quiere hablar sin gran sabiduría, seguro que con
callarse haría mejor negocio.
2229 El Sabio, que loar
el callar bien quería
e 'l fablar afear,
esta razón dezía:
El Sabio, que bien quería alabar el callar y el hablar denigrarlo,
decía estas razones:
2233 "Si fuesse el fablar
de plata figurado,
figurarie 'l callar
de oro apurado.
"Si el hablar se representara como plata, se representaría el
callar como oro acrisolado.
2237 De bienes del callar,
la paz uno de çiento;
de males del fablar
el menor es el riebto";
De los bienes del callar la paz es uno entre ciento; de los males
del hablar el menor es la censura <a que se expone>";
2241 e dizie más, a buelta
de mucha mejoría
qu' el callar ha, que ésta
sobrel fablar avía:
y decía también, junto con muchas ventajas que el callar tiene,
que tenía la siguiente sobre el hablar:
2245 sus orejas fazían
pro solament' a él;
de su lengua avían
los otros pro, non él:
que sus orejas le traían provecho solamente a él; de su lengua
sacaban provecho los otros, que él no:
2249 "Conteçe al qu' escucha
a mí, quando yo fablo,
qu'él del bien s' aprovecha,
e riébtame lo malo";
"Sucede con el que me escucha a mí cuando estoy hablando que
él se aprovecha de lo bueno y me censura lo malo";
2253 el Sabio por aquesta
razón callar quería,
porque su fabla presta
sól' al que la oía;
por esta razón el Sabio prefería callar, porque su habla le
beneficia sólo al que la oía;
2257 e querie castigarse
en otro él callando,
más que se castigasse
otro en él fablando.
y quería mejor sacar él enseñanza de otro, estándose callado,
que no que otro sacase enseñanza de él si hablaba.
2261 Las bestias han afán
e mal por non fablar,
e los omres lo han
lo más por non callar.
Las bestias pasan afanes y males por no hablar, y los hombres los
pasan las más veces por no callar.
2265 El callar tienpo pierde,
e no l' pierd' el fablar;
por end' omre non puede
perden por el callar:
El callar se permite dejar pasar el momento, y no se lo permite el
hablar; por eso no puede uno por callar perder nada;
2269 el que calló razón
que l' cunpliera fablar,
no l' menguará sazón,
nin perdió por callar;
el que calló palabras que le correspondía pronunciar, no le
faltará ocasión y nada ha perdido por callarse;
2273 mas quien fabló razón
que deviera callar
perdió y ya sazón
que non podrá cobrar.
pero quien pronunció palabras que hubiera debido callar perdió con
ello ya una ocasión que no podrá recobrar.
2277 Lo que oy se callare
pued' se lo cras fablar,
mas lo que oy s' fablare
ya non se pued' callar:
Lo que hoy se calle se puede decir mañana, pero lo que hoy se diga
no se puede ya callar:
2281 lo dicho dicho es;
lo que dicho non has,
dezirlo has después;
si oy non, será cras.
lo dicho dicho está; lo que no has dicho, lo dirás después; si
hoy no, mañana será.
2285 Fabla qu' y non podemos
ningún mal afeyar
es la que espendemos
en loar el callar.
Un habla que no podemos en ella censurar ningún vicio es la que
gastamos en alabar el callar.
2289 Pero, por que sepamos
que non ha mal sin bien
e bien e mal digamos
a cab' ellos, si tien',
Sin embargo, para que sepamos que no hay mal sin bien y digamos el
bien y el mal el uno con el otro, si cabe,
2293 pues atant' denostado
el fablar ya avemos,
seméjame guisado
d' oy más que lo loemos;
una vez que ya hemos criticado tanto el hablar, me parece razonable
que de aquí en adelante lo alabemos;
2297 e, pues tanto avemos
loado el callar,
sus males contaremos,
loando el fablar.
y, ya que tanto hemos alabado el callar, contaremos sus males,
alabando el hablar.
2301 Pues otro non lo loa,
razón es que se loe;
pues otro non l' aproa,
que s' él mesmo aproe.
Puesto que otro no lo alaba, es justo que se alabe; puesto que otro
no lo aprueba, que se apruebe él mismo.
2305 Con el fablar dixiemos
mucho bien del callar;
callando non podemos
dezir bien del fablar.
Con el hablar dijimos mucho bien del callar; callando no podemos
decir bien del hablar.
2309 Por ende es derecho
que sus bienes contemos;
ca bienes ha él fecho
por que no l' olvidemos.
Por tanto, es justo que enumeremos sus bienes; pues tales bienes ha
hecho él como para que no lo olvidemos.
2313 Por que tod' omre vea
que en el mundo cosa
non ha del todo fea
nin del todo fermosa,
Para que todo hombre vea que no hay cosa en el mundo ni del todo fea
ni del todo hermosa,
2317 e el callar jamás
del todo no l' loemos,
si non fablás'mos, más
que bestias non baldriemos;
y nunca el callar lleguemos a alabar del todo, <piénsese que>
si no hablásemos, no valdríamos más que animales;
2321 si los sabios callaran,
el saber se perdiera;
si ellos non fablaran,
deçiplo non oviera.
si los sabios callaran, el saber se perdería; si no hablaran ellos,
no habría discípulo.
2325 El fablar estrañamos
por seer él muy noble
e que pocos fallamos
que l' sepan commo cunple;
El hablar lo rechazamos por ser él cosa muy noble y que hallamos
pocos que lo sepan usar como es debido;
2329 mas el que sabe bien
fablar, non ha tal cosa:
quien diz' lo que convien'
e lo demás escusa
pero cuando uno sabe hablar bien, no hay cosa comparable: quien dice
lo que corresponde y lo demás lo elude,
2333 por bien fablar onrrado
será en toda plaça;
por él será nomrado
e ganará andança.
por hablar bien recibirá honores en todas las plazas públicas; por
ello tendrá renombre y ganará prosperidad.
2337 Por razonarse bien
es el omre amado
e sin salario tien'
los omres a mandado.
Por discurrir bien se le ama al hombre y, sin pagarles salario,
tiene a los hombres a su mandar.
2341 Cosa de menos costa
que tamaña pro tenga
non ha commo respuesta
buena, corta o luenga,
Cosa de menos coste y que tenga tanta cuenta, no hay otra como la
buena respuesta, sea corta o larga,
2345 nin tan fuerte gigante
commo la lengua tierna
e que assí quebrante
a la saña la pierna.
ni gigante tan fuerte como la lengua tierna y que pueda de tal modo
quebrar las fuerzas de la ira.
2349 Ablanda la palabra
buena la dura cosa,
e la veluntad agra
faz' dulçe e sabrosa.
La buena palabra ablanda la cosa dura, y torna dulce y agradable la
voluntad áspera y agria,
2353 Si término oviesse
el fablar devisado
(que dezir non podiesse
si non lo aguisado),
Si el hablar tuviese unos límites bien marcados, de modo que no
pudiese decir más que lo oportuno,
2357 en mundo non avría
cosa tant' preçïada;
la su gran mejoría
non podrie ser contada;
no habría en el mundo cosa tan preciada; sus grandes ventajas no
podrían contarse;
2361 mas porque ha poder
de mal se razonar,
por end' el su perder
es más qu' el su ganar;
pero, como tiene la posibilidad de explicar mal su pensamiento, por
eso es que sus pérdidas son más que sus ganancias;
2365 que los torpes mil tanto
son que los que entienden,
e non saben en quánto
peligro caer pueden.
que los brutos son mil veces más que los inteligentes, y no saben
en todos los peligros que pueden caer.
2369 Por el fablar por ende
es el callar loado,
mas pora el qu' entiende
mucho es denostado;
Así es que por medio del habla se alaba el silencio; pero, en lo
que toca al inteligente, merece mucha censura;
2373 ca el qu' aperçebir
se sabe en su fabla,
sus bienes escrevir
-non los cabría tabla.
pues el que en su habla sabe mantenerse alerta, no habría tabla de
contabilidad en que cupiera la cuenta de sus beneficios.
2377 Buenos nomres sabemos
al fablar apellar
quantos males podemos
afeyar al callar:
Al hablar sabemos denominarlo por tantos buenos nombres cuantos son
los males que al callar podemos reprocharle:
2381 el fablar es clareza,
el callar escureza;
el fablar es franqueza
e 'l callar escasseza,
el hablar es claridad, el callar oscuridad; el hablar es generosidad
y el callar avaricia,
2385 el fablar ligereza
e el callar pereza,
e el fablar riqueza
e el callar pobreza,
el hablar prontitud y el callar lentitud, y el hablar riqueza y el
callar pobreza,
2389 el callar torpedat
e el fablar saber;
e callar çeguedat,
fablar vista aver.
El hablar representa al callar y a sí mismo; no sabe el callar ni
de otra cosa ni de sí mismo;
2393 Cuerpo es el callar
e el fablar su alma;
omre es el fablar
e el callar su cama;
Cuerpo es el callar y el hablar su alma; hombre es el hablar y el
callar su cama;
2397 el callar es dormir,
el fablar despertar;
el callar es premir,
el fablar levantar;
el callar es dormir, el hablar despertar; el callar es reprimir y
rebajar, el hablar liberar y levantar;
2401 el callar es tardada
e el fablar aína;
el fablar es espada
e 'l callar su vaína.
el callar es tardanza y el hablar enseguida; el hablar es espada y
el callar su vaina.
2405 Talega es callar,
e el algo que yaze
en ella es fablar,
que provecho non faze
Una bolsa es callar, y el dinero que hay en ella es hablar, que no
aprovecha para nada
2409 en quanto ençerrado
en ella estovier':
non será más onrrado
por ello cuyo fuer'.
en tanto que en ella esté encerrado: no recibirá por ello más
honores aquél de quien él sea.
2413 El callar es ninguno,
que non mereçe nomre;
el fablar es alguno:
por él es omre omre.
El callar no es nadie, que no merece nombre; el hablar es alguien:
por él es hombre uno.
2417 Figura el fablar
al callar e a sí;
non sabe el callar
de otre nin de sí;
El hablar representa al callar y a sí mismo; no sabe el callar ni
de otra cosa ni de sí mismo;
2421 el fablar sabe bien
el callar razonar,
que mal guisado tien'
de s' lo gualardonar.
el hablar bien sabe discurrir sobre el callar, el cual mal avío
tiene de poder pagárselo.
El pasaje se divide claramente en cuatro partes:
1.- Planteamiento de la antítesis callar/hablar en oposición
contradictoria (vv. 2213-2216). Teniendo defectos lo uno y lo otro, no puede dejar de
reconocerse que lo que es (órgano, instrumento) ha de servir para algo, ha de
tener alguna función: y, así, la lengua, que es algo, no puede servir para lo que por
definición no es ni tiene función (callar), sino para cumplir lo que sí es una
función, la de hablar.
2.- Alabanza del callar contra el hablar (vv. 2217-2284). Tres son las
ventajas de lo primero frente a lo segundo: escuchar (y, por tanto, callar) hay que
hacerlo el doble que hablar; por eso tenemos dos orejas y una lengua. Es más provechoso
callar que hablar sin saber. La tercera ventaja aparece enunciada en negativo: no callar
acarrea problemas a los hombres; y luego se la desarrolla en contraposición a hablar:
nada se pierde callando, pues siempre hay tiempo de hablar; en cambio, lo que se dice ya
no se puede callar: no hay posible marcha atrás, lo dicho queda fijado.
Además, el Sabio presenta tres razones en defensa del callar y ataque
del hablar: si mucho vale hablar (plata), más vale callar (oro).
Los bienes del callar son muchos, entre los cuales, nada menos, está la paz; pero los
males del hablar son tan grandes que el más pequeño en el que se puede pensar es la
censura. Como escuchar produce provecho a uno mismo y hablar a los demás (que, encima, se
aprovechan de lo bueno y censuran lo malo de lo que uno dice), el Sabio prefiere callar y
beneficiarse de lo que oye, que es algo de lo que saca enseñanza.
En esta defensa del callar se rastrean alusiones y reminiscencias
comunes en obras medievales de sabiduría de filiación oriental. De todos modos, como
parte del acervo común, podemos encontrarlas hoy día, más o menos parecidas, más o
menos alteradas en dichos y refranes como "Atar la lengua", "Hablar a
tontas y a locas", "Al buen callar llaman Sancho", "La mejor palabra
es la que queda por decir", "A palabras necias, oídos sordos", "Quien
no sabe callar, no sabe hablar", "El callar y el hablar no caben en un
lugar", "En boca cerrada no entran moscas", "Por la boca muere el
pez".
3.- Paréntesis para introducir el segundo término de la oposición
(vv. 2285-2304). Se hace una consideración reflexiva: a hablar hay que concederle al
menos una bondad, que sirve para elogiar el callar. Tras de lo cual hace Sem Tob el
planteamiento básico de la lógica de la contradicción: no hay A sin
B, su contrario; no hay mal sin bien (o viceversa). Y a esto añade que en
todas las cosas hay que señalar sus bondades y sus maldades: como ya se ha señalado todo
lo malo del hablar, ahora hay que señalar lo bueno, y, haciéndolo, de paso se mostrará
lo malo de callar, que es su opuesto.
Por último, hace la observación de que el instrumento mismo (la
lengua) es el único que puede elogiar su función propia (hablar).
4.- Alabanza del hablar contra el callar (vv. 2305-2424). La oposición
hablar/callar se presenta como privativa: en ella el término positivo es hablar (el
que hace) y el negativo, callar (el que no hace). Pero aún hay más:
hablar hace positivo a callar en el sentido moral cuando hace el elogio de sus virtudes
(y, siendo su contrario, su enemigo, es el único que puede hacerlo); callar, en cambio,
no puede hacer positivo a nadie, ni a sí mismo ni a su contrario, porque callar no
hace.
Las virtudes de hablar son varias y muy importantes. Distingue al hombre
de las bestias, de donde se concluye que sólo el hombre habla. Transmite el saber.
Sorprende y es admirable cuando se usa bien, aunque es cierto que pocos tienen ese
capacidad. Hablar bien quiere decir, además de hacerlo con sabiduría, hacerlo con
prudencia y discreción en su uso, lo que produce honra y fama. Quien habla bien razona
bien, y eso le procura el aprecio de los demás y le da poder sin acarrearle gasto. La
lengua (y su par la razón) es gratis, lo único que no cuesta cuando se nos da la vida,
y, a cambio, produce inmenso provecho, incluso el de anular las fuerzas del mal.
Pero hay que tener mucho cuidado (como se advierte precavidamente en los
vv. 2353-2368): se habla más veces mal que bien, porque hay más hombres necios que
inteligentes; en ese caso, hablar puede traer más perjuicio que beneficio. Por el
contrario, al inteligente (prudente, comedido, sensato) le aporta más beneficios que
cualquier otra cosa. Algo de capital importancia subyace en esta reflexión sobre los
beneficios obtenidos del hablar: que es que ese instrumento gratuito que es hablar, en
cuanto se pone en marcha y se usa bien, adquiere valor en el Mundo y da valor y poder a su
poseedor; y aquí salta y se revela la duplicidad antitética de su función: la lengua,
destinada a anular las fuerzas del mal, a contrarrestar el poder, se hace ella misma
poder, el máximo de todos; y al hombre no le queda más remedio que convivir (y saber
aprovechar) con un mecanismo que, al tiempo que le permite descubrir los engaños del
mundo, le pone la trampa de creárselos él mismo.
En el final de esta parte (vv. 2381-2424) aparece una lista de
buenos/malos nombres, los primeros aplicados a hablar, los segundos a callar.
La oposición se sostiene en torno a varios ejes: el de la luz del conocimiento y del
saber frente a la oscuridad de la ignorancia; el de la riqueza espiritual o material
frente a la carencia; el de la actividad, la vitalidad e incluso la libertad frente a la
pereza, la desidia o la opresión; el de la plenitud frente a lo hueco. Con lo que se
llega a una sublime conclusión, también en pareja de opuestos: callar es nadie (pero
ahí vuelve a darse la contradicción de hacerlo positivo nombrándolo), hablar es
alguien, nada menos que lo que caracteriza al Hombre como tal y lo que, además, le hace
ser alguien.
Por último, vuelve Sem Tob a la oposición inicial y a la imposibilidad
de resolver la contradicción, pues hablar, se quiera o no, es lo que trata sobre el
callar y lo hace positivo, es decir, lo convierte, siendo nadie, en alguien, no pudiendo,
contrariamente, el callar pagarle con la misma moneda o devolverle el servicio porque es
nadie.
Que las reflexiones inviten a las reflexiones, y que sigamos hablando,
porque, como galanamente dice Sem Tob el fablar es alguno: / por él es omre omre.
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