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Maya Goded, fotógrafa de sexoservidoras por
Armando G. Tejeda
La imagen rompe lo mismo los
grises, los blancos que los negros. Son retratos que se saben una sonora erupción de
cuerpo derramado, olfateado entre las calles y callejones del barrio de La Merced por la
mirada de la fotógrafa mexicana Maya Goded. La placidez en la amargura, las
contradicciones, la sencillez con la que aflora el ir y venir atropellado de las
prostitutas que viven entre la algarabía y la tiniebla del tradicional barrio de La
Merced, encaramado en el centro de la Ciudad de los Palacios.
Maya Goded expone en el Museo Nacional del Centro de Arte Reina Sofía
de Madrid una selección de veinte fotografías del trabajo al que se ha dedicado los
últimos cinco años, fiel a la tradición de la escuela fotográfica mexicana
contemporánea, que hunde sus raíces en Manuel Álvarez Bravo y que tiene como máximos
exponentes a Graciela Iturbide, Mariana Yampolsky, Pablo Ortiz Monasteria y la propia Maya
Goded.



El caminar de Maya Goded por las calles y callejuelas de ese barrio
marginal le hace descubrir un mundo también repleto de historias sencillas atrapadas en
el veloz trasiego de la ciudad de México. Un lugar que recuerda lo escrito por Italo
Calvino en Las ciudades invisibles: "Ocurre con las ciudades lo que en los
sueños: todo lo imaginable puede ser soñado, pero hasta el sueño más inesperado es un
acertijo que esconde un deseo, o bien su inversa, un temor. Las ciudades, como los
sueños, están construidas de deseos y temores, aunque el hilo de su discurrir sea
secreto, sus normas absurdas, sus perspectivas engañosas, y cada cosa esconda otra".
Porque de las fotografías de Maya Goded a la palabra escrita en la
mejor prosa sólo hay que pestañear unas veinte o treinta veces y saturar de
verosimilitud y transgresión la mirada. Ese tiempo, durante el que recogió historias de
"desigualdad, de transgresión, del cuerpo, del sexo, de la maternidad, de la niñez
y la vejez, de creencias, de amor y desamor" quedó enquistado en su cámara
fotográfica, preso de esos "matices grises" que Goded busca en la
cotidianeidad.
Sexoservidoras es el titulo que da nombre al montaje que Maya
Goded confeccionó para su exposición en el Espacio Uno de este museo de arte
contemporáneo, que consta de veinte retratos y la emisión de un vídeo en el que otras
muchas imágenes van dando rostro a los testimonios que Goded resguardó en su grabadora
durante esos cinco años de inmersión en ese mundo de "gratos hallazgos" y
"dolor", de largas conversaciones.
"Primero empezó cómo una curiosidad, no sabia muy bien que era lo
que estaba buscando, quizá respuestas a algunas preguntas, dudas, miedos
Además,
desde hace mucho, cuando me sentía sola en la ciudad de México, me iba a las bancas de
la Plaza de Loreto, donde veía a las mujeres pasar. Entonces decidí, en parte porque yo
estaba embarazada, platicar con mujeres mayores que se dedicaban a la prostitución. Un
día llegue a la Plaza, le pague a una mujer y nos fuimos a un cuarto, donde estuvimos
charlando, tomé las primeras fotos y así comenzó un poco todo. Ya después iba
frecuentemente a charlar y a caminar con ellas. Me gustaba mucho vagar por ahí, buscando
cosas", dijo la fotógrafa en una charla con Babab.



Además de sentirse "muy emocionada de que un trabajo social"
de estas características pueda ser expuesto en "un museo de arte contemporáneo como
el Reina Sofía, porque resulta muy interesante que venga un grupo feminista y hable de
los derechos de las prostitutas y de la necesidad de su legalización como actividad,
aquí dentro, en el Museo, y se hable en definitiva sobre la situación de la mujer y sus
derechos".
"Esta actividad esta tolerada por la sociedad, pero la
discriminación de que son objeto las prostitutas provoca que la violencia, los
asesinatos, la explotación y la extorsión por las autoridades, siempre queden impunes.
La sociedad es cómplice de esta impunidad y la justicia se reserva solo para otra
"categoría" de mujeres".
"La mayoría de ellas empiezan a trabajar muy jóvenes. Muchas de
las redes de prostitución van a los estados mas pobres de nuestro país, Oaxaca, Puebla,
Veracruz, Chiapas, y se las traen engañadas. Además la educación y la violencia dentro
del seno familiar no ayudan, pues en ocasiones vienen de un hogar en el que a lo mejor hay
abusos sexuales y mucha miseria, entonces ellas tienen que salir a las ciudades a buscar
trabajo. Eso hace propicio que estos enganchadores las enganchen y se las lleven a las
ciudades a prostituirse. Además en México, todavía, hay muchos lugares en los que si no
eres virgen y tienes un hijo, ya no vales nada".



"Me impresionó mucho ver las redes de prostitución y de padrotes,
en Puebla, por ejemplo, si se compran y se venden mujeres, hay pueblos enteros en los que
se da esta situación. Ahí si, a las mujeres les da mucho miedo platicarte. O en la
propia ciudad de México, donde hay cuadras controladas por judiciales y donde hablar con
una mujer es muy difícil. Eso se me hace tremendo, pues, al menos en el caso de Puebla,
todos están ligados a esta compra y venta de mujeres, desde las autoridades hasta los
propios pueblos. Yo fui con una de ellas a Laredo y me di cuenta que ahí sigue la red,
que no para ahí, sino que sigue incluso hasta Nueva York".
Goded mantiene incólume ese carácter "social" en su obra,
que también se vuelve denuncia, afirmación: "Crecí en la ciudad de México, donde
la sexualidad femenina está dominada por la moral cristiana, por la imagen idealizada de
la buena madre y la buena mujer y por una mistificación sin cuestionamientos de la
maternidad. Después de cinco años de fotografiar entendí mejor lo que buscaba: Los
secretos y significados que se encierran en el cuerpo de las mujeres".
Maya Goded parafrasea a Estela V. Welldon para espetar: "¿Acaso la
prostitución constituye, como el incesto, una maniobra simbólica para mantener unida a
la familia? ¿Acaso la función de la prostitución preserva a la familia, mediante una
proveedora de sexo eterna? A estas preguntas da respuesta, de algún modo, Marilu, ya
vieja en el oficio y rescatada de las calles de la ciudad por la cámara fotográfica de
la artista mexicana: "Una es doctora de corazón para todos los clientes. Vienen y te
platican problemas familiares y uno qué les puede decir, pues: si estas enojado con tu
mujer, lo mejor que debes hacer es conquistarla otra vez, cómprale una rosas, tómala y
llévasela, y dile "mira mijita te traje esta flor, pero con amor". Y él me
dice: tú si me das buenas opiniones. Pues si, le digo, pues es que como a mi no me lo
hacían, yo me imagino que es la mejor opción para conquistar a la mujer
Luego
dicen ellos: les he comprado muchas joyas finas, y ahí muchas veces les digo que están
comprando el amor, como si me estuvieran comprando a mí."
Goded confiesa que en estos cinco años de trabajo ha sido
"difícil" entender la figura del padrote: "desde fuera solo se le ve como
un explotador, pero para la prostituta es a menudo, no digo que siempre, su sostén
afectivo y su defensa o apoyo frente al cliente, la policía y la sociedad. Este padrote
establece una relación económica sobre una relación afectiva, convenciendo a la mujer a
prostituirse a través del amor o la violencia. Para mi la relación de una prostituta y
un padrote, en términos simbólicos, es muy parecida a la relación que se establece en
una pareja cualquiera. En nuestra cultura, las mujeres dependen de la promesa de amor, y
buscando esta promesa se someten a relaciones de maltrato que vulneran su individualidad.
Encontré en las prostitutas, aunque en un modo mas extremo, la misma problemática de
violencia y discriminación que aqueja a la mayoría de las mujeres".
Goded reconoce que su aspiración en este trabajo es que este
"ayude a transformar los clichés sociales que pesan sobre la prostitución y se
propicie otro tipo de cuestionamientos que nos permitan entender mejor este
fenómeno".
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Texto, Copyright © 2001 Armando G. Tejeda.
Todos los derechos reservados. |
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Fotografía, Copyright © 2001 Maya Goded.
Todos los derechos reservados. |
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