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Lingua latina non mortua est in Interneto (i)

por Pedro Martínez Figueroa

No hay duda de que raramente solemos cuestionar aquellos asuntos concernientes a nuestro proceder lingüístico. Ciertamente nuestra capacidad comunicativa se da por hecho e, infortunadamente, sólo unos pocos son los que se afanan, a veces infructuosamente, en discernir y hacer claro, para otros, la complejidad y compromisos que supone el valerse de una lengua determinada.

Dicho objetivamente, las lenguas vivas, al ser comparadas con las muertas, no parecen plantear una distinción ni ventaja definitivas; a veces, todo lo contrario. A unas, en virtud de su uso natural, esto es, en virtud de que un pueblo o cultura determinada las emplee, las suponemos vivas; a otras, en cambio, por no pasar esta prueba, muertas. Ello, no obstante, no significa que las últimas estén desterradas del mundo, que no sirvan de nada más o que no nos sigan prestando grandes servicios. Hagamos notar lo siguiente: toda vez que la Paleontología descubre algún nuevo espécimen fosilizado, le da mención y distinción por medio de vocablos griegos y latinos. Los grandes saurios son, curiosamente, los únicos animales que jamás han tenido nombre común o vulgar. Es bien sabido que el griego y el latín poseen gran capacidad generatriz. Y de ellos hemos creado términos para dar nombre a cosas y animales de que no hubo noticia en la antigüedad, a saber, helicópteros, tiranosaurios, facsímiles (faxes no es el plural de fax, contracción de facsímile (ii)), velociraptores, teléfonos, televisores, electricidad, etc. La industria farmacéutica y la Medicina también han sacado buen provecho de esas virtudes lingüísticas. Todos hemos oído hablar de los medicamentos vasoconstrictores, de las jeringas hipodérmicas, de la otorrinolaringología, de la anorexia, del contagio orofecal, etc.

Nadie puede objetar que ciertamente no hay pueblo alguno que en la actualidad emplee el latín, pero nadie, tampoco, puede asegurar que occidente, en su mayoría, pueda expresarse absolutamente sin él. Claro está que no hablamos latín, pero muchas lenguas, en función de su vigencia, de él conservan muy similares quehaceres expresivos, retóricos, sintácticos y estilísticos. Yo me atrevería a aseverar que la consistencia intelectual de nuestra habla (el español) y la capacidad de pensar o no ciertas cosas están estrictamente relacionadas con el griego y el latín. Más aún, se deben en todo al latín, nuestra lingua máter. Aunque no lo creáis, hasta en las minucias más insignificantes está presente. Veamos: el latín y el griego son lenguas hermanas, visto que tienen al indoeuropeo por predecesor. Del romanceamiento del latín nació nuestra lengua. Ello definitivamente con ambas nos familiariza.

Todos asentirán en que difícilmente alguien puede pensar algo, yendo más allá de las condiciones de su pensar. Lo mismo podemos decir respecto a ser occidentales: nuestros idiomas, los que heredan tradición cultural, intelectual, lexicografía y sintaxis de las lenguas clásicas, no hacen que alberguemos sino pensamientos acordes a su muy propia constitución. Ahí es precisamente donde echan raíz: en nuestras condiciones de percepción espiritual e intelectual. En buena medida (por mejor decir, sin otra posibilidad) entendemos y expresamos el mundo tal y como lo condiciona y habilita nuestra lengua. El latín, a su vez, fue el que condicionó el ser y funcionar del español.

¿Alguien puede pensar en el singular de dos o en qué significa los hombres fueron sidos por Dios? Estos son dos ejemplos simples de hasta dónde la lengua establece nuestras fronteras conceptuales. Tanto para los griegos como para nosotros, la cualidad de ser, que por cierto se ha expresado siempre mediante el infinitivo substantivado del verbo ser, es algo que está contenido en alguien o algo. No es una acción que se transfiera, no es una acción. En efecto, nadie tiene que hacer algo para ser. El que alguien o algo sea, en sí, no puede ser transmitido o conferido a alguien o algo más, fuera del continente, y menos como una acción. Ni yo ni Dios podemos ser a nadie. De ahí la incapacidad comunicativa de la expresión los hombres fueron sidos por Dios, dado que ser es el verbo intransitivo y copulativo por excelencia. Contrariamente, sí es comunicante decir Dios otorgó el Ser a todo cuanto existe. De ello, sin embargo, no habrá de entenderse que Dios, al otorgar el Ser, su Ser tuviera por objeto y término a las cosas. Él solamente otorgó ser, no su Ser Dios. Recordemos a Parménides: "El Ser no puede no ser algo". Pues bien, tampoco para nosotros el Ser es acción. Es cualidad y substancia.

Por otra parte, el término dos, por su significación, no tolera singularidad gramatical. Y sencillamente no tenemos conceptos ni términos para expresar su singularidad. Dicho de otra forma, en este mundo, así como lo pensamos, no hay lugar para el singular de dos (iii). No embargante esto, hay términos singulares cuya significación es plural, a saber, gente o humanidad. Aunque sabemos que hombres y mujeres son la gente o la humanidad, los términos son singulares y femeninos. También, pues, los hispanohablantes podemos pensar en pluralidad y en bisexualidad, a partir de un término unisexual y singular.

Esto es suficiente para identificar a la lengua como el sustento mismo, como la condición indispensable de todo lo que pensamos discursivamente, de todo lo que conceptuamos. Pero, si la estructura, cualidades morfológicas y capacidad expresiva del español están dadas y son heredadas del latín, no resulta justo, ni de hecho es verdad, que, según se entiende de ordinario, el latín sea una lengua muerta, sólo en virtud de que ningún pueblo por medio de ella se comunique. De cierto os digo que son muchos los que en el mundo la hablan y muchos los que reflexionan sobre ella.

El latín o el griego, por bien que muertos, son lenguas cuyo legado bibliográfico ha dado pie a no sé cuántos proyectos culturales y civilizantes. Y todavía tienen para más. La vida de un hombre no sería suficiente para leer y entender a satisfacción los pocos libros que se nos conservan, y ya son muchas las generaciones que, convencidas de la importancia de los clásicos, los han estudiado y traducido. No son pocas, en verdad, las lecciones que el saber grecolatino puede procurar a cualquier hombre del siglo XX.

¿Qué significa, pues, emplear una lengua: sólo hablarla y utilizarla para comprar cebollas en el supermercado y, habida cuenta, a veces, de su utilidad, condenarla al olvido? Vaya que eso sí convierte a cualquier lengua en una verdadera mortaja viviente. ¿Qué hay con conocerla, cuestionarla, estudiarla, en fin, vivificarla, tenerla presente en la conciencia y nuestro interés? ¿No es lícito, humana y bella justificación, valerse de ella para atisbar nuevas fronteras intelectuales? Al fin y al cabo es lo único -tratándose ya de conceptos, ya de emociones- con lo que preguntamos, sabemos, ordenamos, averiguamos y expresamos.

¿Sabéis, pues, qué es menester hacer para que una lengua muera? Según creo, permitir que su dominio y sus fronteras intelectuales no sean propiedad de sus hablantes. Ciertamente ello no ocurre con los Latine loquentibus, con los modernos hablantes y escribas del latín. ¡Ea, el latín resucita y el español muere!

Una lengua, hasta donde entiendo, vive por sus hablantes. Pero, ¿qué pasa cuando sus hablantes no son sus escribas, cuando sus hablantes ni de ella se valen para mejor pensar? Debería existir, concomitante a los términos de lengua muerta y lengua viva, el de lengua zombi: aquélla que, muerta muerta en sus hablantes, además es hablada por muchos.

Por más que suene exagerado, los antiguos romanos nunca condenaron al olvido su lenguaje. La formación de un infante estaba dedicada casi de completo al estudio de la gramática latina y, entre otras cosas, al griego. Más tarde, para licenciarse, los jóvenes estudiaban retórica en Grecia, tal como hizo el ilustrísimo Cicerón. ¡Vaya, el esclavo de Cicerón sostenía con éste conversaciones en griego! Para los romanos, un pueblo lleno de foros, el dominio de la palabra era prioritario. Todo esto contrasta severamente con la capacidad verbal de nuestro tiempo. Incluso un soldado, César, uno de los paradigmas, junto con Cicerón, en el estudio del latín de la Época de Oro (siglo I a.C.), poseyó una capacidad narrativa y sintáctica difícilmente igualadas. Nuestra milicia, en cambio, no es ningún dechado, según creo, de virtudes literarias. ¡Todo lo contrario!

Lo que hace que estudiemos el latín es, fundamentalmente, su legado bibliográfico. En él están contenidos, en buena medida, el impulso espiritual de los clásicos, su arte, su filosofía y su pensamiento. Muchos saberes aguardan a los avisados lectores. Las más de nuestras ideas acerca de las instituciones culturales, el arte o la sociedad nos son ahora tan connaturales como la sangre que circula en nuestras venas. Son parte de nosotros mismos e, indudablemente, heredad de los clásicos. En más de un sentido somos su nuevo rostro.

Es menester aclarar que nuestra lengua también es dueña de sus propios clásicos, ganados a pulso, a través de su ya considerable historia. Por ello, lo que la hace realmente importante no es desde hace cuánto se habla o no, o cuántos la hablan, sino qué ha podido decir en su literatura, poesía, filosofía e historia. Lo importante es descubrir qué cultura y espíritu de ella se han gestado. Al propósito, la nuestra es una lengua de mucha experiencia. Empero, eso no parece importar demasiado a nuestros hablantes. Por mi parte, con dificultad podría creer que el estudio de los idiomas, sin olvidar sus usos más pragmáticos de simple conversación, no esté dirigido para entender el espíritu y la cultura de los pueblos, justamente en la misma proporción en que éstos son importantes. ¡Ni hablar de Grecia o Roma!

Los hablantes deben entender que su lengua sirve para algo más que platicar. Somos muy afortunados en poder leer todavía a Cervantes o a Tirso en su español original. Ello lo debemos a la tan vilipendiada Real Academia Española que ha procurado unidad lexicográfica y sintáctica a los hablantes y, principalmente, a los escritores. Podrá haber diferencias dialectales en cómo hablan los argentinos y los mexicanos, pero casi ninguna en cómo escriben sus libros. En cierto sentido Borges me parece tan mexicano como Arreola.

Por lo contrario, los norteamericanos difícilmente podrán leer al contemporáneo inglés de Cervantes, a Shakespeare. Si bien es cierto que el hablante es quien determina casi radicalmente el rumbo del lenguaje, no lo es menos que, a sabiendas de nuestra consolidación idiomática y racional, sería absurdo no defender, hasta donde nos fuere posible, los espacios conceptuales y habilidades coloquiales que nuestra lengua ha alcanzado. ¿Por qué habríamos de inventar a diario la rueda? No dudéis que si el devenir de nuestra lengua hubiera estado sólo a cargo de sus hablantes, de seguro ahora ya no podríamos leer el Burlador de Sevilla de Tirso. Sí, el español de Cervantes y el nuestro serían lenguas distintas. Eso es lo que sucede con el inglés de Chaucer y el inglés actual. La Academia es precisamente la mediatriz entre estas dos tensiones: la proclividad democrática e irracional de los hablantes para transformar la lengua, y la querencia racional de conservar y seguir hollando espacios conceptuales ya descubiertos.

También en el cuidado y sostén expresivo de nuestra lengua juega un papel muy importante la lectura. La lectura y el conocimiento del español frenan el uso irracional de anglicismos y extranjerismos, y tienden a conservar en uso las capacidades sintácticas y comunicativas de nuestro idioma. No es que condene a ultranza toda influencia o añadido lingüístico, pero si al menos los hablantes fuesen más instruidos, ellos mismos podrían españolizar tales influencias, incrementando la capacidad lexicográfica de nuestro idioma, como lo hacen las ciencias y la Medicina con el latín y el griego. En cambio, ¿cuántas veces no se ha escuchado, a propósito de la computación, frasecillas tan incongruentes y horribles como éstas: "Ya accesé tal archivo. Tengo enlupado un programa. Escanéame un documento". ¿A qué les suena esto? Ciertamente a español no.

La lengua inglesa, a raíz del auge de la computación, ha causado no pocos estragos en nuestro español. Habiendo ya miles de computadores dispersos por el mundo, y haciéndose operar sus programas bajo el entendimiento de la lengua inglesa, resultaría difícil que su enajenación cultural no se hiciese sentir. Diré en qué sentido se da esta enajenación. El inglés, a diferencia del español, ha perdido muchísima capacidad flexiva y morfológica. Que baste comparar nuestra rica y compleja conjugación con la inglesa, escueta y pobre.

Mientras que en nuestra lengua, por ejemplo, un substantivo no puede convertirse, sin más, en verbo o en cualquier tipo de adjetivo; en inglés, casi cualquier palabra, sin modificarse en absoluto, podrá sin mucha dificultad convertirse en un verbo. Es como si nuestro substantivo comida, en diferentes contextos, pudiese significar comer y comido, o sea, ser unas veces verbo, otras substantivo y otras adjetivo. ¡Qué diferencia con nuestro cantar, canción y canoro! ¿No? Esta capacidad morfológica es también riqueza expresiva y, supongo, estética.

Muchos de los nombres ingleses se convierten en verbos transitivos. En español todavía existen interesantes juegos expresivos y conceptuales mediante el uso equitativo de verbos transitivos e intransitivos. Y muchos de los verbos que en inglés son transitivos en español deben ser intransitivos. De la palabra access, substantivo o verbo transitivo, se ha derivado accesar, que se emplea como un verbo transitivo. Por eso erramos en la construcción accesar un archivo, pues en nuestro idioma los verbos de movimiento son intransitivos, como en latín. Nadie puede entrar una casa ni accesar un archivo. En español se accede, se tiene o se da acceso a. ¡Así de simple! Y, por si fuera poco, el inglés del Internedo (iv) es tan deslucido y demanda tan poco esfuerzo de los usuarios, que redunda en estulticia y pésima redacción.

El dominio del lenguaje a muchos podrá parecer cosa de niños. Ciertamente ello no es así. Seamos sinceros de una vez: ser dueños de una buena solvencia lingüística puede convertirse, consideradas con atención todas sus implicaciones, en una tarea casi inagotable. El habla, sin duda, es una de las invenciones humanas de mayor complejidad, cuyo aprendizaje, naturalmente, demanda un esfuerzo proporcional. Ella define a tal modo nuestras nociones de realidad, a tal grado la constituye, que ya, intuitivamente, los hablantes dan evidencia de tal identificación: lo demuestra el simple hecho de que no la cuestionan, creyendo que en la construcción consciente de su realidad ella no participa.

A lo que se ve, pueden existir lenguas que, muy habladas o masticadas, están más muertas que el Mar Muerto. Lo menos que podemos tolerar es que aquéllos que definen la proporción en que una lengua muere, los hablantes, ellos mismos tengan para sí, absolutamente muertas, toda reflexión y habilidad lingüísticas. Siendo usuarios de una lengua hablada por miles, tenemos que reconocer que, a más de comunicarnos en los menesteres domésticos y cotidianos, estamos obligados a remontar, en tanto seres capaces de pensamiento, las simplezas de nuestro diario vivir, y en tanto los Señores del Verbo, a ejercitar nuestra capacidad de decir el mundo. Esto es lo único que nos distingue de las bestias. Ya bien entendían las tribus quichés qué significaba ser humano, ser hombre. Según el Libro del Consejo, el Popol Vuh, tras varios intentos fallidos de creación, los Progenitores decidieron no destruir a sus nuevas criaturas. Éstas, a diferencia de las demás, eran las únicas aprestadas para ejecutar su palabra. Eran las únicas que podían escucharlos y servirles. Eran los hombres de maíz, hombres que eran como Dioses: poseían el don de la Palabra. Verbum Deorum, verbum hominum! (v)

De nueva cuenta traigo a colación el latín. Hace poco encontré un interesante documento latino en la Interred mundial (Internet), cuyo asunto es precisamente el que apenas abordé: la computación y el lenguaje. Su autor es Konrad M. Kokoszkiewicz, un polaco que se hace llamar Dracón (vi). Para él es necesario que el mundo hable de la computación con claridad. Por ello propone que sea usado el vocabulario latino de computación que él mismo ha creado. Él considera que la mala manipulación de los términos ingleses y la forma en que éstos alteran el buen discurso de las lenguas en que se introducen contaminan e impiden el diálogo sobre los asuntos computatrales. Esa podría parecer una propuesta muy drástica, pero no tanto para un escriba del latín, como Konrad. En primera instancia, él dirige sus consejos a otros hablantes y escribas del latín, aunque no deja de ver cuán importantes podrían ser para los demás. Y hay algo de razón en ello. La computación ha marcado definitivamente el curso de nuestras vidas, y no sabemos hasta dónde nos va a llevar. En el futuro, así como nosotros hemos hablado de la revolución del fuego o la revolución industrial, otros hablarán de una revolución que apenas estamos viviendo: la de procesar información electrónicamente. En ese mismo futuro tal vez vaya a ser necesario, por lo avanzada que estará la computación, emplear términos uniformes para todas sus múltiples acepciones, funciones y tareas, al modo en que lo hacemos, para no confundirnos, con las muy variadas especies biológicas. En ese futuro podría haber una taxonomía computatral. El latín podría ser el artífice de tal opción y además no menoscabaría el ámbito expresivo de aquellas lenguas que están más emparentadas con él que con el inglés. Tal vez para los expertos de la computación vaya a ser tan natural decir paginae domesticae (homepage), como para los biólogos, canis lupus (lobo).

Vista la propuesta, nosotros, sin poder siquiera llevarla a cabo, haríamos bien en pensar cómo sería conveniente hacer ingresar términos ingleses de computación, cuando fuese muy necesario, de tal modo que éstos no corrompiesen el discurso y se usasen en la forma más castiza posible. También podemos traducir el vocabulario de Konrad y valernos de él, en vez de tantas muletillas computatrales que nos raspan el oído. Por buena ventura, hay todavía muchas alternativas para salvar y conservar la grandeza expresiva y conceptual de nuestro idioma, idioma cervantino, borgeano y rulfiano.

Sea lo que fuere, la propuesta de Konrad es algo para considerar y de cuyo futuro poco podemos preconizar. En tanto, a mí ya me ha hecho escribir todas estas cuartillas y su latín ahora flota vivísimo en el ciberespacio. Yo creo, sinceramente, que el latín no es una lengua muerta.

En fin, nunca estarán de más las enseñanzas de los clásicos y del latín. Incluso, llegado el caso de que considerásemos su legado en poco menos que basura histórica, muy alejada de la luz y grandeza de la computación, o como algo más que execrable y vitando, aun así, los clásicos fueron y seguirán siendo los que nos enseñaron a pensar y escribir, y los que, ahora por la Interred, podrán seguir enseñándonos. Omnes discamus ab eisdem. (vii)

Quiero daros a conocer, primero, el texto latino de Konrad M. Kokoszkiewicz; luego, mi traducción, enteramente libre, que se hace acompañar del vocabulario computatral. El vocabulario y el texto latino también los podréis encontrar en la página de Dracón.

 

Centum vocabula computatralia

a Dracone (me) comparata
a.d.V. Kalendas Martias MMDCCXLIX.a.U.c.

Praefatio

Haec sunt vocabula Latina, quae ad res computatrales nominandas disputandasque pertinent quaeque a meipso Latine loquente vel scribente saepe adhibentur. Nihilominus, vocabularium computatrale Latinum est adeo imperfectum, ut adhuc de his rebus loqui difficile sit. Ea de causa, si qua consilia eius argumenti cepisti, facito me, quaeso, certiorem. Gratias!

Nisi fallor (me minime falli spero), si Romani adhuc valerent, Latinitas viva eadem lege (id est: non sine quibusdam difficultatibus) ac aliae linguae modernae vocabula ad res computatrales exprimendas pertinentia acciperet. Priusquam opus meum incohavi, observanda mihi erat lingua, quae maxime structura grammatica sermoni Latino similis, simul viva eiusmodi congeriem verborum acceperat. Forte ac fortuito talis est mea propria lingua; videamus igitur, quid in lingua Polonica factum sit: nonnulla vocabula versa sunt, nonnulla vocabulis Polonis reddita, nonnulla tandem directe translata, omnia tamen Anglicae linguae notam habent inustam et, quamquam de computatris plures iam circiter viginti annos loquimur, colloquia programmatorum adhuc sonant quasi stridor horribilis. Docti queruntur, sed Polonice (non Anglice vocabulis Polonis, verum Polonice) de his rebus disputari simpliciter nequitur. Si Romani ipsi nunc computatris uterentur, non aliter, ut opinor, res se haberent in lingua Latina.

Ea de causa non sum nisus, ut vocabula Anglica in Latinam aetatis Ciceronis verterentur; eiusmodi labor sensu caret, quod non Cicero ille, sed nos computatris utimur; de computatris autem clare, distincte, breviter narrandum est, ut omnes nationes inter se in hac materie bene intelligantur. Quod facile fit, si lingua Latina in hac re alios sermones vivos sequitur. Omnes autem linguae vivae vocabularium Anglicum sequuntur, et est res facilis intellectu, quod disciplina ista ab hominibus Anglice loquentibus inventa, ab isdem praecipue colitur. Itaque opinione mea etiam nos, nisi superbia affecti errare volumus, e turri elephantina exire debemus, ut mundum modernum fugientem celeriter sequamur. Ea lege vocabularium a me creatum bonum et utile esse puto, nihilominus ulla rei discussio me valde iuvabit. Si quid addere vis, si quid tibi displicet, nisi omnino consentis - mitte litteras electronicas!

Vocabula Anglica vertens usus sum quattuor vocabulariis:

  • Vocabulario Polonico-Latino a Lidia Winniczuk, Varsoviae anno 1994.
  • Vocabulario Latino-Polonico a Casimiro Kumaniecki, Varsoviae anno 1993.
  • Vocabulario Ecclesiastico Latino-Polonico a p. Aloysio Jougan, Varsoviae anno 1994.
  • Vocabulario Oxoniensi Latino-Anglico a P.G.W.Glare, Oxonii anno 1994.

Nonnulla vocabula, verbi gratia 'moderatrum' et alia talia, ipse creavi.

Abbreviaturae

abbr. - abbreviatura
abstr. - abstractum
adj. - adiectivum
e.g. - exempli gratia
f. - genus femininum
indecl. - indeclinabile
m. - genus masculinum
n. - genus neutrum
pl. - numerus pluralis
subst. - substantivum
v. - vide
vt - verbum temporale

 

Cien términos computatrales (de computación) (viii)

aprestados por Dracón (por mí)
en el quinto día antes de las Calendas de marzo, en el año 2749 de la fundación de Roma (febrero 25 de 1997) (ix)

Prefacio

Éstos son los vocablos latinos que tienen por objeto nominar y exponer las cosas de la computación, y que, por mí mismo, hablante o escriba del latín, son regularmente admitidos. Con todo, el vocabulario computatral (x) latino es a tal grado imperfecto, que, hasta el momento, es difícil hablar de estas cosas. Por esa causa, si algunos consejos has concebido para este argumento, hazme, te lo ruego, más cierto. ¡Gracias!

Si no me engaño (espero engañarme lo menos posible), si los romanos todavía campearan, el mismo latín vivo, por ley (esto es: no sin ciertas dificultades) y otras lenguas modernas acogerían vocablos pertinentes para expresar las cosas de la computación. Antes de que yo iniciara mi obra, una lengua tenía que ser observada por mí, una que, esencialmente parecida al latín en la estructura gramatical, al mismo tiempo viva, de tal suerte había acogido innúmeras palabras. Por casualidad y azar tal es mi propia lengua. Veamos, pues, qué se ha hecho en polaco: algunos vocablos se han transformado, algunos han sido traducidos y otros, finalmente, transcritos directamente. Todos, sin embargo, tienen la indeleble nota de la lengua inglesa y, aunque nosotros, los más, estamos hablando de computación, ya alrededor de veinte años, las conversaciones de los programadores, hasta la fecha, suenan como un rechinido horrible. Los expertos se quejan, pero a la polonesa (no a la inglesa con vocablos polacos, sino a la polonesa) simplemente no es posible discutir de estas cosas. Si los mismísimos romanos a la sazón hubieran utilizado la computación, no de otra manera, según creo, esas cosas se encontrarían en lengua latina.

Por esa causa, no me esforcé para que los vocablos ingleses se convirtieran en el latín de la época de Cicerón. Una labor de tal suerte carece de sentido, visto que no hacemos uso de El Cicerón, sino de la computación. De la computación, sin embargo, clara, distinta y brevemente se debe hablar, para que todas las naciones entre sí bien entiendan en esta materia. Esto fácilmente se hace, si la lengua latina en este asunto sigue los diversos modos de expresión existentes. Las lenguas vivas, por su parte, siguen el vocabulario inglés, y es cosa fácil de entender, dado que esta disciplina, inventada por hombres de habla inglesa, por los mismos es cultivada principalmente. Así pues, según mi opinión, también nosotros, si no queremos errar debilitados por la soberbia, debemos salir de nuestra torre de marfil, para seguir el mundo moderno que huye con celeridad. En virtud de esta ley, pienso que el vocabulario que he creado es bueno y útil. Con todo, una discusión del asunto me ayudará bastante. Si quieres agregar algo, si algo te desplace, si no consientes del todo, ¡envía una epístola electrónica!

Para convertir los vocablos ingleses hice uso de cuatro vocabularios:

  • Vocabulario Polonico-Latino a Lidia Winniczuk, Varsoviae anno 1994.
  • Vocabulario Latino-Polonico a Casimiro Kumaniecki, Varsoviae anno 1993.
  • Vocabulario Ecclesiastico Latino-Polonico a p. Aloysio Jougan, Varsoviae anno 1994.
  • Vocabulario Oxoniensi Latino-Anglico a P.G.W.Glare, Oxonii anno 1994.

Algunos vocablos, por ejemplo, "moderatrum", y otros por el estilo, yo mismo los he creado.

Abreviaturas

abbr. - abreviatura
abstr. - abstracto
adj. - adjetivo
e.g. - por ejemplo
f. - género femenino
indecl. - indeclinable
m. - género masculino
n. - género neutro
pl. - número plural
subst. - substantivo
v. - ver
vt - verbo temporal

 

  1. abort - vt sustinere (processum vel programma)
  2. address - subst. (memoriae) locus,i m.
  3. assembly language - subst. lingua,ae f. machinalis
  4. background - subst. fundus,i m.
  5. binary - adj. binaris,is,e
  6. bit - subst. bitus,i m. (abbr. binaris digitus)
  7. booting-up - subst. initiatio,onis f. systematis
  8. branch - subst. saltus,us m. relativus, conditional branch - saltus condicionalis
  9. bug - subst. mendum,i n.
  10. buggy - adj. mendosus,a,um
  11. bus - subst. magistrale,is n.
  12. byte - subst. octetus,i m. (?)
  13. chip - subst. talus (integratus),i m
  14. command - subst. iussum,i n.
  15. compilation - subst. compilatio,onis m.
  16. compile - vt compilare
  17. compiler - subst. compilatrum,i n. (?)
  18. computer - 1. subst. computatrum,i n 2. adj. computatralis,is,e
  19. connect - vt conectere
  20. connection - subst. conexus,us m.
  21. constant - subst. (valor) constans,ntis m.
  22. coprocessor - subst. coprocessorium,i n. (arithmeticum)
  23. copy - vt copiare
  24. crash - vt cadere, collabi the system crashed - systema cecidit vel systema collapsum est.
  25. cyberspace - subst. cyberspatium,i n.; spatium,i n. cyberneticum
  26. data - subst. data,orum n.
  27. database - subst. datarum ordinatrum,i n.
  28. debugger - subst. emendatrum,i n. (?)
  29. debugging - subst. emendatio,onis f.
  30. delete - vt delere
  31. digital - adj. digitalis,is,e
  32. dimension - subst. tabula,ae f.; matrix,icis f.
  33. directory - subst. (plicarum) index,indicis m.
  34. disk - subst. discus,i m; hard disk - discus durus vel rigidus vel fixus; compact disk - discus compactus
  35. disk drive - subst. statio,onis f. discorum
  36. diskette - subst. disculus,i m
  37. download - vt (ex)trahere (aliquid ex reti)
  38. electronic - adj. electronicus,a,um
  39. e-mail - 1. subst. litterae,arum f. electronicae 2. abstr. cursus,us m. publicus electronicus
  40. erase - vt eradere; v. delete
  41. execute - vt v. run
  42. file - subst. scapus,i m; plica,ae f
  43. folder - subst. cooperculum,i n
  44. font - subst. typus,i m.
  45. format - 1. subst. forma,ae f.; compositio,onis f. 2. vt (discum) (con)formare
  46. hardware - subst. armatura,ae (electronica)
  47. hexadecimal - adj. sedecimalis,is,e
  48. homepage - subst. pagina,ae f. domestica
  49. hypertext - 1. subst. hypertextus,us m. 2. adj. hypertextualis,is,e
  50. input - 1. vt (data) inducere 2. subst. initus,us m., input and output - (datarum) initus exitusque
  51. install - vt installare
  52. instruction - subst. iussum,i n.
  53. integer - adj. & subst. (valor) integer,gri m.; integer,gra,grum
  54. Internet - subst. Internetum,i n; Interrete,is n
  55. interpretate - vt interpretari
  56. interpretation - subst. interpretatio,onis m.
  57. interpreter - subst. interpretatrum,i n. (?)
  58. interrupt - subst. interruptus,us m.
  59. IRC - subst. IRC indecl.
  60. jump - 1. vt salire 2. subst. saltus,us m.
  61. key - subst. clavis,is f
  62. keyboard - subst. claviatura,ae f.
  63. library - subst. libraria,ae f.
  64. link - 1. subst. coniunctio,onis f.; ligamen,inis n. 2. vt consolidare
  65. linker - subst. consolidatrum,i n.
  66. linking - subst. consolidatio,onis f.
  67. list - 1. subst. catena,ae f. 2. list owner - moderator,oris m. gregis 3. v. mailing list
  68. listing - v. program
  69. load - vt legere, e.g. the computer loads a file - plica a computatro legitur.
  70. log-in - vt inire
  71. log-out - vt exire
  72. magnetic - adj. magneticus,a,um
  73. mail - v. e-mail
  74. mailing list - subst. grex,gregis m. (Interneti)
  75. memory - subst. memoria,ae f.
  76. modem - subst. transmodulatrum,i n
  77. monitor - subst. monitorium,i n
  78. mouse - subst. mus,muris m; musculus,i m
  79. multitasking - subst. processio,onis f. multiplex
  80. net - subst. rete,is n
  81. netserver - subst. computatrum moderans; moderatrum,i n (?)
  82. node - subst. nodus,i m., an Internet node - nodus Interneti
  83. number - subst. numerus,i m.
  84. operating system - subst. systema,atis n. internum
  85. parallel - adj. parallelus,a,um
  86. password - subst. signum,i n.
  87. pointer - subst. index,indicis m., stack pointer - struis index.
  88. port - subst. portus,us m.
  89. procedure - subst. procedura,ae f.
  90. process - subst. processus,us m.
  91. processor - subst. processorium,i n.; Central Processing Unit - Processorium Centrale
  92. program - 1. subst. programma,atis n.; program listing - textus,us m. programmatis 2. vt programmare
  93. programmable - adj. programmabilis,is,e
  94. programmer - 1. homo programmator,oris m.; programmatrix,icis f. 2. machina programmatrum,i n.
  95. RAM - subst. memoria,ae f. volatilis, static RAM - memoria statica, dynamic RAM - memoria dynamica
  96. real - adj. realis,is,e, real (floating point) value - numerus (vel valor) realis
  97. register - subst. regestrum,i n.
  98. ROM - subst. memoria,ae f. fixa
  99. routine - subst. v. procedure
  100. run - vt operari, e.g. the program is running - programma operatur; run a program - fac programma operetur
  101. save - vt (con)servare, (data in disco) reponere
  102. screen - subst. scrinium,i n; quadrum,i n
  103. screenmode - subst. modus,i m. (imaginem) exhibendi
  104. serial - adj. serialis,is,e
  105. server - subst. v. netserver
  106. shutdown - vt claudere, the system is shutdown - systema clausum est.
  107. socket - subst. nidus,i m.
  108. software - subst. v. program
  109. sound - subst. sonus,i m., sound generator - sonorum generatrum
  110. spreadsheet - subst. charta,ae f. computativa
  111. stack - subst. strues,is f.
  112. string - subst. series,ei f., character string - litterarum series.
  113. subdirectory - subst. v. folder
  114. subroutine - subst. subprocedura,ae f.; subprogramma,atis n.
  115. system - subst. systema,atis n.
  116. tape - subst. taenia,ae f.
  117. terminal - subst. terminale,is n.
  118. upload - vt mittere (aliquid ad rete)
  119. value - subst. valor,oris m.
  120. variable - subst. (valor) variabilis,is m.; variabile,is n.
  121. vector - subst. index,indicis m., a jump through a vector - saltus per indicem
  122. window - subst. fenestra,ae f.
  123. wire - subst. filum,i n.
  124. word - subst. verbum,i n., long word - verbum longum
  125. wordprocessor - subst. (programma) editorium,i n.
  126. World Wide Web - subst. Tela,ae f. Totius Terrae (TTT)
  127. write - vt 1. to write a program - programma scribere (componere); 2. v. save

 

___________

(i) El latín no está muerto en el Internedo. Vide nota c.

(ii) Facsímile: ahora una palabra, antaño fue una oración latina. Fac simile vale literalmente por haz una cosa semejante.

(iii) No vaya a causar confusión el decir popular: "El dos". Tal mención (singular) se refiere al número que representa al concepto irreductible y plural dos. No es lo mismo el número 2 (singular) que el adjetivo o el concepto dos (plurales). Así, podemos decir en singular: "El dos (esto es: el número dos, no el concepto ni el adjetivo dos)". Y aunque el número, como tal, es singular, su concepto implica una pluralidad. El latín, cuya compleja y rica morfología ofrece mayor precisión que la nuestra, da mejor evidencia de esto, ya que este adjetivo numeral no tiene declinación en singular: duo (nominativo masculino plural) duae (nominativo femenino plural) duo (nominativo neutro plural). De hecho la s de dos, que romanceó del acusativo masculino plural duos, es signo inequívoco de un plural. Y en español tampoco se puede singularizar la palabra dos quitándole la s. ¡No existe nada parecido a un do singular! La concepción y la morfología de dos, como en latín, no toleran singularidad. Una confusión parecida ocurre con los apodos plurales referidos a una persona. Un amigo invoca la atención de otro diciendo: "Ahí viene el Siete vidas". Pero el (un hombre en particular) Siete vidas (sobrenombre plural que se aplica a ese hombre) es un llamado singular, en tanto hace referencia a una sola persona. El apodo, empero, en sí mismo implica una pluralidad: las siete vidas. Así y todo, nadie, del empleo del artículo singular, puede inferir que las siete vidas sean un singular. El artículo sólo hace manifiesto el hecho de que el apodo plural se refiere a un sujeto particular y singular. Por otro lado, este término, cuando no hace referencia al número 2 (cuando no se dice: "El dos"), funciona siempre como un adjetivo: las dos manzanas, los dos lápices, los dos, las dos, etc.

(iv) Es una versión española de Internet. La otra es Interred.

(v) Palabra de Dioses, palabra de hombres.

(vi) Ésta es su dirección electrónica.

(vii) Aprendamos todos de ellos

(viii) Aclaración del traductor.

(ix) N. del T.

(x) He decidido traducir computatral en vez de computacional. Este último adjetivo es incorrecto. Los substantivos terminados en on no derivan en adjetivos terminados en al. Y sólo un número reducidísimo de substantivos, derivados verbales terminado en ion, acepta tal sufijo. De ahí que no se deba decir cruce peatonal ni sistemas computacionales, en virtud de que ambos adjetivos derivan mal de peatón y computación. Prefiérase cruce de peatones y sistemas computatrales o de computación. Nótese lo aberrante y chocante que resulta decir, en vez de antología de la canción, antología cancional. Lo mismo vale para computacional, por bien que sea ya muy aceptado (N. del T.)

 

 

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Última actualización: jueves, 01 de marzo de 2001

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