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Leopoldo Lugones o el lirismo científico

por M. Ángeles Vázquez

(en homenaje a Jesús Benítez)

"...usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible... pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado".

-J.L. Borges.

A pesar de la energía del movimiento que suscita el Modernismo de Rubén Darío, es Leopoldo Lugones el que, con su fuerte personalidad recoge y fecunda con timbre propio, el sentido vital de aquella poética, "...con la pretensión de crear un arte en el que la ética y la estética se encontraran fuertemente unidas..." (1). Lugones desea fascinar y lo hace, exagerando su virtuosismo, reuniendo en un sueño todo el sentido del amor y la muerte a través de unas metáforas revueltas en una tempestad de complicaciones sintácticas. En Los crepúsculos del jardín se anima a trasladar al castellano el verso libre francés, pero en conjunto son metros de maestría clásica los que predominan. Versos magistrales aunque sin incidencia íntima. Sus «delicadezas» subsisten como mera estampa decorativa y a través de su lirismo cerebral, la poesía lugoniana cumple simple y llanamente con las convenciones del programa colorista e impresionista del Modernismo. La búsqueda de artificios le lleva a crear Lunario sentimental, un libro dedicado a la luna que se convierte en una de las mejores historias poéticas del autor y que se analizará en la siguiente entrega de este trabajo.



Respecto a la narrativa, es un hombre hábil, aunque no un gran prosista. Su pericia en el uso de una lengua enriquecida a fuerza de estudio y reflexión no está acompañada siempre de buenas ideas. Trabaja el lenguaje con algo del barroquismo de Quevedo, pero en medio de las pautas creadas por el Modernismo, Lugones crea una expresión brutal, rebuscada, densa, con descripciones forzadas de efectos impresionistas. Su talento no obstante lo rotula en Las fuerzas extrañas (1906) y en Cuentos fatales (1924). Son relatos breves, —algunos admirables como «Yzur» (en el que nos detendremos en este estudio)— fantásticos en algunos casos, donde se aprecia una inspiración con impreciso arrebato oriental, mitos clásicos y hechos pseudocientíficos. Son un enlace entre el relato modernista y el cientifista, revelándonos en todos ellos la avispada invención de Wells y la fantasía de los relatos de Edgar Allan Poe.

Los tópicos y universales temas del amor y la muerte se despliegan sin prejuicio en la obra de Lugones. La muerte aparece casi constantemente, algunas veces en forma de suicidio y el amor se une a la idea de una felicidad casi desprovista de angustia vital, aunque algún reprimido volcán interno, alguna secreta inquietud, puede que le acompañasen desde sus primeros versos o que esa mirada postergada hacia la luna, le llevaran a la muerte voluntaria. La carta que dejó escrita a lápiz en aquel viernes 18 de febrero de 1938, decía: «Pido que me sepulten en la tierra, sin caja y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohíbo que se de mi nombre a ningún sitio público».

Pero Lugones no consigue esta tajante voluntad de olvido, su exuberancia y su ardor dialéctico suponen un adelanto claro a lo que se estaba haciendo en Hispanoamérica, y es a partir de su renovadora obra cuando la mano del universo creativo argentino se abre para absorber toda la poesía en un puño continental. Exageradamente, pero lo hace.

Estudio crítico de "Yzur"

Las fuerzas extrañas (1906) fueron imaginadas y creadas, como ya hemos adelantado, bajo el influjo de Poe, de Wells y menos probable, del contemporáneo de Lugones, Papini. Se compone de doce cuentos «fantásticos» (2) y uno literario, «Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones», textos que han destacado del conjunto de la obra lugoniana. La temática oscila entre la ficción científica (es el caso de «Yzur»), la recreación de ambientes mitológicos («Los caballos de Abdera»), bíblicos (véase «La estatua de sal» o «La lluvia de fuego», obra maestra según el criterio de Borges), el ya tópico tema fantástico del doble («Un fenómeno inexplicable», cuento propio de los gustos modernistas de la época) o el desarrollo de algunos motivos populares. Cabe destacar «Abuela Julieta», uno de los relatos más hermosos de amor, a pesar de que casi todos los textos amorosos lugonianos, niegan la pasión, siendo ésta solo accesible en la repetición de "edificios verbales", con los que dibuja una geografía de la ternura más retórica que estimulante. También se repite este fenómeno en «Yzur».

La insegura etimología del vocablo Yzur y la frialdad lingüística y espiritual del texto, permite hallarnos ante un relato con cierta verosimilitud, puesto que no es dudosa la realidad, pero si su conocimiento: es esta la idea que Lugones trata de trascender al lector.

El texto, narrado en primera persona y caracterizado en un notable investigador, permite a Lugones elegir un modo severo de narrar, a veces, excesivamente cientifista, para rechazar la tentación de usar un estilo decorativo.

La inteligencia de Lugones planteó el problema del lenguaje -en forma de relato- en el mono. El hombre se apropia del mundo de la palabra y este hecho hace suponer al autor que la adquisición de ese don mataría al animal; de la reacción emocional de Yzur al uso de la palabra, existe un abismo infranqueable. Sin embargo, la extraña idea de que el silencio de los simios es voluntario, o lo fue en el pasado, fue ya sugerida por Descartes.

El inicio del cuento es deliberadamente prosaico y algo tedioso, aunque si el lector consigue traspasar las primeras páginas, se irá sumergiendo en un cosmos en el que lo fantástico y lo poético va creciendo a lo largo del texto. A medida que el relato avanza, Lugones transforma el rigor científico del lenguaje, en palabras con un alto contenido semántico, denso y emotivo, llegando incluso a interrelacionar los sentimientos humanos con los sentimientos animales "la humanidad detenida del chimpancé". Sitúa a nuestro protagonista en el centro de su experimento y a partir de aquí desarrolla y compara ambas naturalezas en un complejo esquema sobre el desarrollo del aparato fónico en el animal y en la infancia, dotándole de emociones y sentimientos propios del hombre: la tristeza y la alegría, la tozudez y el tesón, el amor.

Curiosamente nos encontramos esta misma homogeneidad en "Un fenómeno inexplicable", cuya acción se sitúa entre Córdoba y Santa Fe. El narrador, buscando aposento, es enviado a la casa de un ciudadano inglés. A pesar del halo de misterio que se respira en el ambiente, congenian, ya que coinciden en la práctica de la homeopatía. El extranjero relata su historia: descubre un día que tiene un doble y con espanto adivina que éste, su sombra, es un mono que le sigue a todas partes, su otro yo, el ente maldito. Lugones nos asombra con esta peripecia insólita descrita inicialmente con suavidad hasta llevarnos poco a poco a un clímax fortuito y brutal, como en "Yzur". Confluye lo real con el rechazo a la cotidianeidad, el anhelo, en definitiva de cubrir lo ordinario con lo oculto y lo prohibido.

A lo largo del tiempo en el que transcurre la acción del texto (tres años), magnifica la actitud reflexiva y profunda que el primate adquiere. Imaginárselo sentado bajo un árbol en una noche luminosa, mirando las estrellas... o la emoción del cocinero, -testigo mudo de todos los avatares que tiene que sufrir el animal desde su iniciación "al mundo de los humanos"- cuando escucha por vez primera los sonidos que nuestro personaje emite (palabras), nos retrotrae a una ternura poco habitual en la expresión literaria de Lugones. La emotividad la hallamos, aunque intencionadamente alejada del narrador, escueto y preciso, como si la ternura que el lector percibe cuando el animal adquiere capacidad para llorar, no formara parte de su percepción del mundo.

Lugones hijo advierte que la literatura de su padre nunca fue accesible al vulgo, se alejaba, como "prevención espiritual", de todo aquello relacionado con el sentimiento generalizado del ser humano, sentía "invencible repulsión por el montón, por la multitud. Asco físico..." (3). De hecho, este sentimiento es uno de los ingredientes inherentes a la "conciencia" -o su carencia- del investigador: la falta de éxito en su experimento provoca en él una profunda desgana, se establece una relación de amor-odio y desaparece la comunicación verbal y no verbal. Cuando el mono enferma "de inteligencia y de dolor" (4), la excitación continúa fuera de las expectativas de su dueño, trata de curarle desesperadamente, aunque sus propósitos son completamente prosaicos: el egoísmo del ser humano fluye entre la sensación de remordimiento por el maltrato dado al mono y el interés del científico por descubrir el secreto que le hizo hablar.

En ningún momento Lugones plantea una mínima correlación afectiva, a pesar del amor que el chimpancé, sometido a su ejecutor, desprende en su lecho de muerte: "...su mano buscaba la mía en una intimidad de convalecencia. en mi gran soledad, iba adquiriendo rápidamente la importancia de una persona".

En las páginas finales, Lugones recupera la circunstancia de la trama para perpetrar un somero análisis de la desesperanza que atraviesan las "razas inferiores". A través de la filosofía de la ficción, trata de explicar la existencia trágica del ser más anémico: la vida del mono no deja de ser un camino inexorable hacía la destrucción. Lo hace también con rigor lingüístico, sin desprender emociones, leiv motiv lugoniano. Este mutismo intelectual que se engendra en el animal, está producido por la invasión del más poderoso. El retroceso que provoca Yzur es intencionado, como mecanismo de autodefensa contra la agresividad de su dueño. Habría que señalar que esta última página, como la de ciertas narraciones de Henry James, es voluntaria y sabiamente ambigua: no sabremos nunca si corresponde a una gradual locura del mono o del científico.

Como ya hemos apuntado, este texto, como la mayoría de sus relatos fantásticos, se cimienta sobre un hecho pseudocientífico, tratando de establecer una relación entre lo real y lo irreal con más elocuencia que melodía, más intelectual que sensitivo, por lo que no se ajusta a los moldes del Modernismo y aunque concurre en él una prosa exquisitamente cuidada, la rigurosidad para narrar el experimento técnico es lo que únicamente estimula al escritor, tensando el relato en un tiempo y espacio extáticos y limitados a un solo recinto: el laboratorio. Son mínimas las referencias de movilidad que nos ofrece y la alusión al tiempo transcurrido es una sutil observación, carente de importancia.

En este largo peregrinaje del autor por forzar austeridad en el lenguaje y en el estilo, la descripción cabalga a lomos de los atiborrados hombros de la narración, obligándole a una marcha condensada, sosegada, casi agónica. Se le critica su prosa por incómoda. Carmelo Bonet decía de Lugones que su estilo prosista tenía "los inconvenientes de sus virtudes. Es como un licor fuerte que sólo admite sorbos lentos y paladeados. No es para ser leído de un tirón. Su estructura barroca no lo permite. Hay que leerlo despacio, con atención, como quien trepa por tierras farragosas".

Edgar Allan Poe, por tanto, y continuando por el terreno confuso del que antes hablábamos, hubiera proscrito todos sus cuentos fantásticos. Que otros críticos tomen su postura, no queremos ser nosotros "más papistas que el Papa".

 

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Bibliografía I de Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poesía

  • 1893, Los mundos.
  • 1897, Las montañas del oro.
  • 1905, Los crepúsculos del jardín.
  • 1909, Lunario sentimental.
  • 1910, Odas seculares.
  • 1912, El libro fiel.
  • 1917, El libro de los paisajes.
  • 1922, Las horas doradas.
  • 1924, Romancero.
  • 1927, Romances solariegos.
  • 1938, Romances del Río Seco (póstumo).

Narrativa

  • 1905, La guerra gaucha.
  • 1906, Las fuerzas extrañas.
  • 1924, Filosofícula.
  • 1924, Cuentos fatales.
  • 1926, El ángel de la sombra.

Destacan por su abundancia otras obras en las que muestra sus ideas políticas, su interés por la Grecia antigua, por los temas autóctonos y por el fomento de la cultura nacional, y otras abiertamente científicas y con un marcado carácter didáctico, que serán reseñadas en el próximo número de la revista.

Bibliografía sobre el autor

  • 1946, Lugones (hijo), Leopoldo. Mi padre, Buenos Aires: Huemul.
  • 1955, Ara, Guillermo. Leopoldo Lugones, la etapa modernista, Buenos Aires: Industrias Gráficas Aeronáuticas.
  • 1958, Ara, Guillermo. Leopoldo Lugones, Buenos Aires: La Mandrágora, 2ª edic.
  • 1957, Jiménez Pastor, A. Historia de la literatura Argentina, Buenos Aires: Pleamar.
  • 1960, Jitrik, Noé. Leopoldo Lugones, mito nacional, Buenos Aires: Palestra.
  • 1963, Maiorana, María Teresa. "L'imitation de Notre Dame la Lune y el Lunario Sentimental", en Boletín de la Academia Argentina de Letras, núms. 107-108, Buenos Aires, págs. 131-161.
  • 1965, Borges, Jorge Luis. Leopoldo Lugones, Buenos Aires: Editorial Pleamar.
  • 1965, Berg, Mary G. "Para la bibliografía de Lugones", Hispanic Review, 36, págs. 353-357.
  • 1967, Lugones (hijo), Leopoldo. "Estudio preliminar" a Cuentos fatales de Leopoldo Lugones, México: Aguilar.
  • 1968, Irazusta, Julio. Genio y figura de Leopoldo Lugones, Buenos Aires: Eudeba.
  • 1968, Omil, Alba. Leopoldo Lugones, poesía y prosa, Buenos Aires: Nova.
  • 1971, Viñas, David. "Lugones: diagnóstico y programa" en Literatura argentina y realidad política: de Sarmiento a Cortázar, Buenos Aires: Siglo XXI, págs. 237-240.
  • 1971, Corro, Gaspar Pío del. El mundo fantástico de Lugones, Córdoba: Universidad de Córdoba.
  • 1973, Capdevilla, Arturo. Lugones, Buenos Aires: Aguilar Argentina, S.A.
  • 1973, Bietti, Oscar. "Leopoldo Lugones juzgado por sus contemporáneos (1874-1938) en La Prensa, Buenos Aires.
  • 1973, Yúrkievich, Saúl. "Leopoldo Lugones o la pluralidad operativa" en Celebración del Modernismo, Barcelona: Tusquets, págs. 49-74.
  • 1979, Cavallari, Héctor. "El Lunario sentimental de Leopoldo Lugones: notas para una lectura cómplice", en Proceedings of the Pacific Northwest Conference on Foreign Languages, 30:1-2, págs. 145-148.
  • 1982, Foster, David W. Argentine Literature. A Research Guide, New York y Londres: Garland Publishing Inc., 2ª edic. revisada y aumentada.
  • 1983, Borges, Jorge Luis y Bettina Edelberg, "Leopoldo Lugones" en Obras completas en colaboración, 2, Madrid: Alianza Editorial-Emecé, págs. 11-62.
  • 1984, Catelli, Nora. "El amor secreto de Leopoldo Lugones" en La Vanguardia, Barcelona.
  • 1984, Allegra, Giovanni. El reino interior, Madrid: Encuentro.
  • 1984, Riquer, Martín y José M. Valverde. Historia de la literatura universal, Barcelona: Editorial Planeta, vol. VIII.
  • 1988, Benítez, Jesús (edic. de), Lunario sentimental, Madrid: Ediciones Cátedra.

 

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Última actualización: jueves, 01 de marzo de 2001

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