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Raúl González Tuñón: prestidigitador de poemas y revoluciones

por Rosana Gutiérrez

Un 29 de marzo de 1905 en la casa con dos patios y un níspero de la calle Saavedra, frente al muro de un asilo, nacía Raúl González Tuñón. En el barrio del Once aquella casa ya no existe, tampoco el muro ni el asilo. Hoy sólo puede verse, como una mancha de humedad, una placa ennegrecida por la polución, casi perdida, sobre una pared que ni se sabe a qué predio pertenece, y recuerda aquel día, el del nacimiento del gran poeta, contemplador del mundo.

"Vi la luz en el barrio del once, en el surero
Cerca de allí nació también Julio de Caro
y escribió de la Púa sus memorables versos.
Entonces aún la luna bajaba hasta los patios
¿Era todo mejor? No lo sé. Era distinto" (1)

Tal vez tanto olvido no sea casual, tratándose de alguien cuya voz se dejó escuchar muy lejos de los círculos oficiales. Por convicción y elección propia su conducta fue la del "contra" y por eso, sólo consiguió un espacio en la marginalidad, ésa de la que tanto habló en sus poemas.

Hijo de inmigrantes españoles de origen obrero, el sexto de siete hermanos heredó el compromiso social de su abuelo materno, Manuel Tuñón, un minero asturiano y socialista que fue el primero en llevarlo a una manifestación.



[Foto de archivo de Página 12. En Crítica, escuchando a su colega Carlos de la Púa, que transmitía desde EEUU, por radio, las incidencias de la carrera de Indianápolis, en la cual intervino el campeón argentino Raúl Riganti]

Su otro abuelo, Estanislao González fue un imaginero borracho y aventurero, que jamás salió de España. Se quedó pintando el manto de la virgen que sus vecinos llevaban en las procesiones, recorriendo bares y persiguiendo muchachas. De él, escucharía increíbles anécdotas a lo largo de su infancia y obtendría el perfil lírico y el espíritu andariego.

En el comienzo de su adolescencia comenzó a patear la ciudad. El cine "Select", y a su lado, el bar y billar "El buen Orden", lo vieron descubrir la poesía de Darío, Carriego y Baudelaire. Comenzó a escribir en mesas de lecherías y bancos de la Plaza Garay. Épocas de verse "todas las zarzuelas habidas y por haber" del Teatro San Martín, tiempos en los que conoció a Carlos de la Púa (el poeta de mayor cultura alcohólica de las barras trasnochadas de la Avenida Corrientes) y días en los que decidió abandonar el Colegio Nacional para "condenarse" a autodidacta y poeta.

A los 17 años, Raúl recibió 15 pesos por su poema "A Frank Brown" (el payaso), publicado en la revista Caras y Caretas. Por entonces, ya era un gran conocedor de los bajos fondos porteños, tema esencial de su primer libro El violín del diablo, (1926) donde retrató como nadie ese Buenos Aires de fondas, cafetines y cabarutes de marineros, prostitutas, ladrones y canallas. Libro de 49 poemas que relataban sus andanzas juveniles en el puerto, los suburbios y conventillos, y está dedicado a sus hermanos Enrique y Oscar, ("los más indulgentes espectadores de mis versos"):

"...El dolor mata, amigo, la vida es dura
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa
Si quiere ver la vida color de rosa
Eche veinte centavos en la ranura..." (2)

Este libro, y las influencias de Enrique, su hermano, le permitieron ingresar en el diario Crítica. Su director, Natalio Botana, quien se jactaba de tener en su redacción a los jóvenes poetas de la nueva generación, convocó a Raúl a sus filas. ("....para mí, un buen poema, es la mejor carta de presentación de un periodista...").



[Con sus hermanos Oscar y Enrique, en el patio de la casa paterna en la calle Yapeyú, en 1930 (del archivo familiar). En Santiago de Chile, convalesciente de un infarto, tratado por el Dr. Salvador Allende, quien fuera luego presidente del país (1943). González Tuñón en el viejo Café Tortoni]

El diario Crítica fue una gran escuela de periodismo. Por allí pasaron Nalé Roxlo, Borges, Arlt, Petit de Murat y Nicolás Olivari, entre tantos otros. Tenía Raúl por entonces veinte años y todo el mundo ante sus ojos viajeros y, coqueteando entre los grupos antagónicos de Florida y Boedo, abrazó las primeras vanguardias, participando de la mítica Revista Martín Fierro, junto a Borges, Girondo y Discépolo, entre otros. González Tuñón, hoy suele figurar en las antologías de ambos grupos, por abrazar las premisas del primero, pero sin desoír los dardos afilados que el grupo de Boedo, de la mano de Roberto Arlt, Leónidas Barletta y Alvaro Yunque, lanzaban desde su prosa.

Los hermanos Tuñón fueron un puente entre ambos grupos. Y finalizados los años veinte, cuando la polarización política se hizo evidente, debieron definir su posición. El joven poeta de las tabernas, se convertiría en el primer poeta político-social de la Argentina. Viajero inagotable, los puertos y los caminos fueron su obsesión. Natalio Botana, enseguida comprendió que "este Raúl, el hermano de Enrique, es un pájaro y hay que tratar de tenerlo siempre afuera".

Esta atinada percepción hará que se convierta en corresponsal del diario y allí comenzarán los viajes donde recogerá diferentes vivencias, transformándolas en poesía. La huelga obrera de la Patagonia, en 1921, tiene uno de sus primeros portavoces en Tuñón.

"...la multitud de todos los países que se
          [dirigen al sur de la tierra
en busca del pan y de la muerte,
la multitud de todos los países que se
          [dirigen al sur de la tierra
en busca de la nostalgia y el olvido,
se detiene ahí donde oasis del viento patagónico
          [la tierra estéril
lanza sus perros amarillos." (3)

Producto de estas experiencias como periodista viajando por el interior del país, fue Miércoles de Ceniza, (1928). Aquí, el poeta hizo un reconocimiento geográfico de su propia historia y de la historia de Argentina, en una suerte de revisionismo trasgresor y a contramano del oficialismo. Con este libro, Raúl ganó el premio Municipal. Con los 500 pesos del premio, sacó un pasaje en el buque español "Puerto de Palos", para finalmente "anclar en París". El dinero se acabó pronto, pero nació en consecuencia La Calle del agujero en la media (1930), el gran salto desde los bares de Buenos Aires, hasta una mesa en Montparnasse. Un libro enamorado de París, sus mujeres, sus esquinas, su bohemia y el surrealismo.

"...Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
sólo con el recuerdo de una mujer querida
Está en un puerto. ¿Un Puerto? Yo he conocido
          [un puerto.
Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto." (4)

Luego de pasar por Barcelona regresó a la Argentina autoritaria de la década infame. Botana participó de esta insurrección militar, incubándola desde su diario. Luego esto jugará en su contra y terminará preso, con su diario clausurado y un breve exilio del que regresó en 1932.

Con Crítica reabierto, estalló la guerra en el Chaco Paraguayo entre Paraguay y Bolivia y fue Raúl el enviado al frente para relatar las patéticas imágenes de la tragedia. Allí vió el horror de los cadáveres de "soldaditos que morían abrazados", el olor a "tierra arañada por la desesperación, a árboles quemados, a restos de trajes, de zapatos". Fue el cronista del dolor inmediato.

"...Tenemos un hambre de perro.
Nos enloquece la fiebre roja.
del otro lado, en la trinchera
enemiga, también están
la sed, el hambre, el sueño. Espera
tu sucio pedazo de pan..." (5)

En Buenos Aires, cerca del puerto, en esas tabernas a las que el poeta adolescente les había cantado; obreros, estudiantes y empleados sin trabajo habían levantado Villa Desocupación. Una vez más, González Tuñón fue el designado para contar lo que allí pasaba. Mezclado entre la gente, escribió el gran reportaje de esas vidas, al que llamó La ciudad del hambre. Luego, cuando allí se estaba organizando una marcha de protesta, Raúl estuvo con ellos, mientras la policía arremetía a tiros y sablazos contra la gente que corría "entre sus casas de cartón y arpillera".

Como reacción inmediata, Tuñón fundó la revista Contra y allí publicó su poema "Las brigadas de choque", una especie de arte poética y discurso ideológico que definía su postura contra la burguesía y "los plumíferos guardianes del orden constituido" Poema, que como es usual para quienes se salen del dogma, le ocasionó cárcel y un procesamiento que tendría veredicto recién en 1965: dos años de prisión condicional.

En 1933, Tuñón decidió exiliarse en España. Durante los años siguientes sucederán hechos fundamentales. Conocerá a su primera esposa, musa de uno de los poemas de amor más bellos:"Lluvia" y publicará El otro lado de la estrella, (1934), una historia de trotacaminos, donde se alternarán relatos y "poesía de cuento", como más tarde definiría su autor. Luego, Todos bailan, poemas de Juancito Caminador, (1935), una especie de alter ego del poeta, imaginado a partir de una etiqueta de whisky Johny Walker, donde se veía a un personaje de bastón y galera caminando por el mundo. Poesía romántica de amores furtivos y grandes amores, mezclada con política y retratos de viajes anteriores.

"...Tú venías hacia mí y los otro seres pasaban
No habían despertado al amor, no sabían nada
de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos,
la ternura de nuestra fatiga..." (6)

Una sublevación de mineros en España, en 1935, le mostraría una realidad todavía más violenta a la que había conocido como corresponsal del diario de Botana. Conocerá a Dolores Ibarruri, la Pasionaria y trabará amistad con Neruda, (por esa época Cónsul en Madrid), con Federico García Lorca, Miguel Hernández y Rafael Alberti, entre otros compañeros de letras y de lucha. De la sublevación obrera nació La Rosa Blindada (1936), un libro que reúne todos los elementos fundacionales de la épica de Tuñón, acciones heroicas de los mineros con sus mujeres e hijos; la historia de Aída Lafuente muerta en una cuenca minera de Asturias y poemas donde anticiparía el sangriento prólogo a la Segunda Guerra Mundial: el levantamiento de Franco.

"...Donde el carbón se junta con la sangre
y la ametralladora bailarina
lanza sus abanicos de metralla.
Donde todo termina..." (7)

Raúl regresó a Buenos Aires poco antes del fatídico julio del 36’, con el fin de organizar la Sección Hispanoamericana de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. En Argentina reinaba el autoritarismo, el poeta estaba en la mira del gobierno, y tras publicar "8 Documentos de Hoy", donde reunía parte de su trabajo solidario con la República española, se enteró de la muerte de Federico García Lorca y decidió que su lugar estaba en España. Consiguió que La Nueva España, un periódico republicano editado en Buenos Aires, lo enviara como corresponsal de guerra.

Allí verá que la muerte está en las calles y los campos, compartirá el dolor y los bombardeos con León Felipe, Nicolás Guillén y Antonio Machado y dará cuenta de los terribles sucesos, más tarde, en dos libros Las puertas del fuego y La Muerte en Madrid.

"¡Qué muerte enamorada de su muerte!
¡Qué fusilado corazón tan vivo!
¡Qué luna de ceniza tan ardiente
en dónde se desploma Federico!... (8)

En 1939, acompañó a Neruda a Santiago de Chile. En un viaje que inicialmente era de quince días y resultó de cinco años. Allí fundó el diario El Siglo, escribiendo en él dos columnas diarias donde siguió, con su estilo mordaz e irreverente levantando sus contestatarias banderas. En Chile enfermará su esposa y desde allí seguirá Raúl, paso a paso las noticias de la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana en París, la invasión a la Unión Soviética, la destrucción de Guernica.

Allí pensará más que nunca en sus amigos por el mundo y a ellos les dedicará su libro Canciones del tercer frente (1941), donde se reunían cuatro libros: Himnos y canciones; A nosotros, la poesía; Las calles y las islas y Los caprichos de Juancito caminador.

"...Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente
para que esto cambie de una vez" (9)

En 1943 publicó Himno de pólvora, con poemas y textos en prosa cuyo tema central eran los hechos de la guerra, y la bellísima Elegía en la muerte de Miguel Hernández. Ese mismo año perdió a su compañera y a su hermano, Enrique. A partir de ese momento ellos estarán presentes siempre, buscándolos, rescatándolos a través de sus poemas. Poco después conoció a Irma Falcón, la madre de su primer hija, Aurora Amparo.

Con la irrupción del peronismo, González Tuñón regresó a Buenos Aires y publicó su primer Canto Argentino, libro estructurado en cuatro partes, donde alternaba la historia pasada con la inmediata, una suerte de canto general de las luchas del pueblo argentino.

En el año 1952, Raúl vuelve a casarse, es Nélida Rodríguez Marqués, quien será su compañera hasta el fin de su vida y la madre de su segundo hijo, Adolfo Enrique. Sus poemas retomaron el lirismo de los poemas iniciales, en lo que él mismo definiría más tarde como "realismo romántico" y expresaría claramente en dos libros Hay alguien que te está esperando (1952), donde recordaba a sus queridos que ya no están y Todos los hombres son hermanos, (1954) donde reaparecía el barrio, el tango, el puerto y su vida personal inserta en cada verso.

"...¿Veis, hermanas? Él llega. Pronto, tended la mesa.
No, no se ha ido, no. ¿No es eterna la espuma?
¿Las gaviotas perdidas, el otoño, la bruma?
He aquí, precisamente, a Enrique que regresa." (10)

Un grupo de jóvenes, cercanos a la estética de González Tuñón formaron un grupo literario llamado "El pan duro", que funcionará entre el año 55’ y el 57’. De allí surgirá el primer libro de Juan Gelman: Violín, y otras cuestiones, y José Luis Mangieri creará la editorial La Rosa Blindada donde Raúl publicará algunos de los libros de su última producción.

Desde 1963, el poeta de los caminos, realizará sus últimos viajes y se sucederán nuevos libros: Demanda contra el olvido (1963); Poemas para el atril de una pianola; El rumbo de las isla perdidas; y La veleta y la antena (1969), afianzando elementos dispersos de libros anteriores, mezclados con recuerdos, nostalgias, que aludían a la bohemia, la política y el amor. Ellos, serán una especie de autobiografía poética, una síntesis de la obra de su vida, de la vida de su obra.

"...La nostalgia es la cita azul con el pasado
y una forma del sueño.
Esa corriente oculta y silenciosa
que se opone al olvido con decoro.
Es el domingo triste del recuerdo.
y la suave saudade de lo que un claro día
fue tocante, entrañable.
De lo que hubo hondo y bello
entre tantas cosas...
No sólo es el pasado,
tiene intención de futuro.
Adivina, espera
aquello que mañana no afeará la vida." (11)

La noche del 13 de agosto de 1974, Raúl escribió su último poema, en homenaje a Victor Jara, el cantor asesinado por la dictadura de Pinochet. Al día siguiente, a la hora de la siesta partió para encontrarse con él, con Federico, Antonio y Miguel, con Amparo y Enrique, con el abuelo imaginero y el abuelo socialista, para junto a todos ellos, esta vez caminar el cielo, pintándolo de poemas y de revoluciones.

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Notas:

  1. "El Barrio", de A la sombra de los barrios amados, 1957. Ed. Lautaro - Buenos Aires.
  2. "Eche veinte centavos en la ranura", de El violín del diablo, 1926. Ed. Gleizer - Buenos Aires.
  3. "El cementerio patagónico", de La Rosa Blindada. 1936. Ed. Federación Gráfica Bonaerense - Buenos Aires.
  4. "La calle del agujero en la media", de La calle del agujero en la media, 1930. Ed. Gleizer - Buenos Aires.
  5. "La pequeña brigada", de El otro lado de la estrella. 1934. Ed. Sociedad amigos del libro Rioplatense - Montevideo
  6. "Lluvia", de Todos bailan (poemas de Juancito Caminador) 1935. Ed. Don Quijote - Azul.
  7. "Donde todo termina", de La Rosa Blindada, 1936. Ed. Federación Gráfica Bonaerense - Buenos Aires.
  8. "Muerte del poeta", de La muerte en Madrid, 1939. Ed. Feria - Buenos Aires
  9. "La luna con gatillo", de Canciones del tercer frente (Himnos y canciones), 1941. Ed. Problemas - Buenos Aires.
  10. "Enrique González Tuñón" de Hay alguien que está esperando (el penúltimo viaje de Juancito Caminador), 1952. Ed. Carabelas - Buenos Aires.
  11. "Elogio de la nostalgia", de Poemas para el atril de una pianola., 1965. Ed. Horizonte - Buenos Aires.

Fuentes:

  • El hombre de la Rosa Blindada, Pedro Orgambide. (1998) Ed. Ameghino - Buenos Aires.
  • Conversaciones con Raúl González Tuñón, Horacio Salas (1975) Ed . La Bastilla - Buenos Aires.
  • "Los proyectos de la vanguardia",(1968) Centro editor de América Latina.

 

 

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Última actualización: jueves, 01 de marzo de 2001

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