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Oaxaca: enraizados en la nubes por
Daniela Cremoux
Fotografía de Hari Camino
La Sierra Norte oaxaqueña, al
sur de México, atesora el bosque nublado mejor conservado de Norteamérica y al
ecosistema más antiguo del mundo, pero también a hombres y mujeres indígenas con
iniciativas que colocan a sus pequeñas comunidades en la discusión internacional sobre
conservación ecológica. Esta es la historia de tres líderes que enraízan el espíritu
colectivo de su pueblo zapoteca en proyectos que están renovando de forma acelerada y
coherente sus sociedades tradicionales dentro de un mundo de satélites, ordenadores e
información genética.
1. Gustavo
Sorteamos los 985 agujeros del asfalto que, exaltando la sinuosidad de
la estrecha carretera, separan el pueblo de Ixtlán de nuestro destino, el bosque nublado.
Vamos rodeados de norteamericanos equipados con lupas, cuadernos y ponchos contra la
lluvia. Al cabo de una hora el autobús se detiene a la orilla del camino. Los miembros
del Jardín Botánico de Nueva York salen para desplegar sus artilugios sobre la escarpada
montaña plagada de helechos y encinas centenarias. Perpetuamente húmeda y densa, la
población de plantas colgantes que lanzan sus brazos en todas direcciones y tienden
puentes aéreos de ingeniería perfecta, recibe a los investigadores que quedan cautivados
por la belleza y verifican su edad antidiluviana.
Estamos en el corazón de una imponente cadena montañosa que llega a
elevar el suelo mexicano hasta 3000 mts., extendiéndose entre la costa del Pacífico y la
del Atlántico: la Sierra Madre del Sur, donde las ramas de los árboles detienen a las
nubes y les arrancan el agua. Mientras nos internamos por las sendas, los biólogos
extranjeros intuyen que estos montes que pisamos pertenecen a otra geografía,
indescifrable para sus grandes lupas. ¿Qué gente vive aquí?, ¿por qué estos bosques
no están talados?, ¿quién los cuida? Aquí prevalece el lenguaje de los
guardianes invisibles, de fuerzas mágicas, de los espacios sagrados.
Gustavo sabe las respuestas, pero del espíritu del que prefiere hablar
es del espíritu comunitario de su pueblo, Ixtlán. Él es el "biólogo", como
mejor se le conoce y es quien lleva a este contingente de extranjeros a recorrer la zona.
El viaje está convocado por la organización indígena de la que fue fundador hace 4
años: Proyectos de Desarrollo Sierra Norte de Oaxaca (PDSNO AC). Con su sonrisa de maíz
blanco, Gustavo responde a las preguntas en un inglés bien masticado hablando acerca de
su gente. Ellos son zapotecos, conforman una de las etnias más numerosas de entre las 16
que pueblan el estado de Oaxaca. Dice que la conservación de estos parajes se debe a sus
sólidas instituciones comunitarias, a un sentido de la vida colectivo perfeccionado a lo
largo de siglos y cuando habla, el entusiasmo se desborda en todos sus gestos, pero no
pierde la vertical perfecta, esa que da el largo proceso de reflexión sobre un mismo
tema.
Sobre su aprecio a esta tierra es contundente: la flora que nos rodea es
"un sistema re-lic-tual," o sea, un bosque congelado en el tiempo hace unos 22
millones de años, por lo que podría ser el ecosistema más antiguo del mundo. Por
supuesto, el gobierno mexicano, instituciones multilaterales como el Banco Mundial, y los
cazadores de información genética, tienen intereses por conservar y controlar la zona
con el conocido argumento de que los indígenas son incapaces de hacerlo.
Nueva versión de David y Goliat
Imágenes de satélite, una tras otra, son proyectadas en la pared de
adobe encalado que resguarda la modesta oficina de la PDSNO. El zumbido de los monitores
compite contra los sonidos de la noche, cigarras, el viento. Gustavo muestra mapas aéreos
de la zona, desenvaina diapositivas como dardos y expone sus argumentos más contundentes:
las gráficas de su territorio desmienten ideas simplistas, como aquella de que a mayor
pobreza de la población corresponde mayor desgaste ecológico del entorno, pues desde el
espacio se observa que los terrenos comunales indígenas permanecen en buen estado
mientras que los privados y los parques nacionales van camino a la deforestación.
Incluso, varias comunidades de cafeticultores y silvicultores calificados como
extremadamente pobres por el gobierno mexicano, han sido reconocidas con premios
internacionales por su labor de conservación.
Históricamente hablando los zapotecos fundaron en estas selvas el
señorío de Xiasia hace ochocientos años, y se integraron al comercio globalizado desde
el siglo XVII con la venta del pigmento de la grana cochinilla, sin que por ello se
alterara el ecosistema. Esto ocurre no sólo por la idea pueril de que los indígenas aman
a la naturaleza, sino porque las comunidades guardan reglas estrictas en cuanto a su uso,
disciplina inherente a una sociedad comunitaria.
Los amplios conocimientos de este biólogo ágil y menudo, adquiridos en
las mejores universidades del país, se han convertido en parte de la estrategia que
tienen hoy las comunidades indígenas para sobrevivir. Como David contra Goliat, las
organizaciones indígenas han utilizado sus pequeños recursos para asestar golpes
precisos y abrirse espacios: contar con personas que accedan a la tecnología de punta,
permite que las Fundaciones internacionales y Asociaciones del tercer sector les conozcan
y apoyen.
La organización PDSNO está integrada por cuatro amigos que regresaron
a su pueblo tras finalizar los estudios universitarios, guiados por un firme sentido de
pertenencia y de responsabilidad. "Aquí decimos que hay que prepararse mucho para
ser el buey de la carreta, pues cada cierto tiempo se eligen a las autoridades del pueblo.
Si te toca es la oportunidad que tienes para servir a tu comunidad". En Ixtlán, como
en el resto del México indígena, lo primero que debe cumplir el ciudadano es el sistema
de cargos, alimento constante de las instituciones comunitarias que dan fuerza y carácter
a su sociedad, en la cual lo que importa es el prestigio que trae consigo el buen servicio
a los otros, más que el dinero acumulado. La asamblea es el órgano político más
importante, donde entre todos se discute durante horas el acontecer y devenir del pueblo.
La asamblea y la PDSNO han cubierto varios frentes. Ecoturismo,
agroforestería, agroecología y un museo comunitario son algunos de los proyectos, ya en
marcha, por medio de los cuales se benefician decenas de comunidades de la Sierra.
"El punto -concluye Gustavo- es que la gente de aquí se tiene que sentir capaz de
hacer las cosas.
Tenemos que terminar con nuestras dependencias psicológicas y nuestra
idea de que somos pobres. La pobreza es un estado mental donde las necesidades rebasan a
las capacidades, nosotros decimos que no tenemos pobreza, sino un acicate para
capacitarnos más y mejor".
2. Lucas
"Soy Lucas Pérez Ruiz, agente municipal de la comunidad de
Trinidad, buenas tardes y bienvenidos sean ustedes", así dice mientras nos conduce
con rapidez al palacio municipal (ayuntamiento) el orgullo de cemento, cristales
polarizados y paredes naranjas de la "Trini". Hemos ido a visitar a los vecinos
de montaña recomendados por el mismo Gustavo, quien reconoció que no se han unido para
trabajar en equipo "pues en la Trini siguen una estrategia diferente". Ya en la
oficina, Lucas y su compañero Reynaldo nos cuentan con la formalidad característica de
los funcionarios de la región su lucha por la explotación forestal: desde 1955 comenzó
un largo calvario en el que las comunidades se enfrentaron a las empresas y a las
decisiones arbitrarias del Estado que pretendía que otros, y no ellos, usufructuaran los
bosques de su perímetro. Lucas suelta sus documentos y respira hondo, luego devuelve la
mirada con gran sonrisa. Hoy en la Trini y otros cuatro pueblos, se ha conseguido el
triunfo con la creación de la UZIACHI (la Unión de Comunidades Forestales Zapotecas y
Chinantecas) de la cual él fue el primer presidente. Nos muestran satisfechos sus logros
condensados en dos diplomas: el Premio Nacional de Ecología 1997 y el Sello Verde
otorgado en 1998 por la institución norteamericana Smart Woods.
Tras salir de la oficina, caminamos sobre una calle empinada para
visitar sus laboratorios. De entre la niebla aparecen y desaparecen mujeres envueltas en
sus rebozos. Perros flacos, pavos sueltos y niños que les persiguen. Las modestas
viviendas de adobe y madera que albergan a las 50 familias de la Trini delimitan el único
camino de arena y piedras. Aquí y allá se alzan obras a medio construir. "Esas son
de los que se van al norte", indica Reynaldo, "van construyendo casas que no
habitan porque andan todavía allá, y luego no vuelven para estrenarlas". A
principios del siglo pasado la población en esta zona era tres veces mayor a la actual,
pero estas comunidades no han crecido desde la década de los cincuenta y hoy las
migraciones a Estados Unidos o a la Ciudad de México dejan tras de sí nuevas
demografías de ancianos y barrios desiertos. "Pero desde allá nos mandan dinero
para el tequio, así construimos nuestro ayuntamiento". El tequio es el
servicio obligatorio al que están comprometidos todos los ciudadanos para el beneficio
colectivo. En algunas localidades se participa con 50 días al año, en los que se
colabora para resanar el altar de la iglesia, aplanar los caminos o crear terrazas de
cultivo. Quienes no están presentes contribuyen con dinero.
En lo alto de la loma, rodeada de sembradíos, hay una cabaña azul
pálido. En el interior trabajan tres chicas de rostros morenos y batas blancas quienes
escrutan cultivos de esporas con microscopios suizos. Estos instrumentos han sido
intercambiados con la empresa NOVARTIS a cambio de 6 mil cepas de hongos locales con
propiedades farmacéuticas, enviadas puntualmente al viejo continente. El peligro de
nuevas formas de explotación se hizo evidente. "No queremos que la patente la tenga
la compañía suiza para que ellos ganen los beneficios al final, igual que nos pasó con
el bosque, pero la realidad es que no teníamos los recursos para explotar estas
montañas. Ahora por lo menos ya contamos con la tecnología necesaria para investigar lo
que hay aquí", dice Lucas un poco resignado.
Han hecho otros intercambios que creen menos peligrosos con
universidades, como la de Berkeley, que les brindan capacitación y maquinaria que en
California es obsoleta. No es raro que los institutos de investigación quieran mantener
algún tipo de presencia en la zona. México es un país sobresaliente en temas de
megadiversidad, más aún que Brasil o Estados Unidos, que le triplican en tamaño.
Particularmente en Oaxaca coexisten gran cantidad de especies vegetales y animales
endémicas y una variedad única en mariposas, helechos y cactáceas, además del
gradiente altitudinal de su Sierra Norte, donde vegetaciones que en otras partes del mundo
se encuentran separadas por miles de kilómetros, aquí se ubican en la misma ladera:
pinos y condiciones de nevada en las crestas de las montañas y selvas tropicales en el
fondo de sus cañadas.
A partir de este trabajo han obtenido una primera posibilidad de generar
recursos además de enriquecer su dieta, cosechando cuatro clases de hongos comestibles.
Hoy, éstos esperan su germinación en habitáculos privados de luz y humedad para que
"cuando estén listos los deshidratemos y así los enviamos hasta Japón, que ahí
les gustan mucho", dice satisfecha la señora Carolina, una de las encargadas. No
deja de ser paradójico que esta zona del continente, antaño la cuna del 40% de las
especies vegetales incorporadas a la alimentación mundial, sea hoy una en las que se
sufre mayor desnutrición en México.
Lucas y Reinaldo tenían reservada su última sorpresa. Partimos monte
arriba a bordo de un escarabajo volkswagen, que como el más intrépido todo-terreno no
vaciló ante el barrizal y las zanjas. A pesar del ruido del motor modelo 87, Lucas
explica la filosofía de la UZIACHI a viva voz: "Aquí todos los comuneros somos
cuidadores del bosque, somos vigilantes de su buen estado, pues queremos que él no nos
vea con ironía de nuestra pobreza, sino que sepa que podemos convivir, que podemos sacar
algo de él y él puede sacar algo de nosotros". El final del sendero culmina con un
pino antiquísimo, que no se intimidaría ante la más grande de las secuollas
californianas. Nos internamos en el bosque cuajado de niebla, cruzado de lianas, helechos
arbóreos y, finalmente, bellísimas orquídeas colocadas en columpios artificiales. Un
orquideario perfecto, nidos aéreos para las preciadas flores que esperan en sus bulbos
una temporada adecuada para ser vendidas. Lucas inspecciona los columpios con cuidado y
quita algunas ramitas secas. "Hemos trabajado mucho, de verdad. Ahora estamos muy
organizados y vamos talando el bosque por zonas, somos muy respetuosos de los lugares
sagrados y casi siempre sacamos menos madera de la que podríamos, porque queremos que la
montaña esté bien cuidada y nos dure mucho. Es nuestro futuro".
Lucas y Reynaldo nos miran complacidos, pero confiesan que necesitan de
mejores contactos internacionales, de más capacitación para su gente y afirman que
están dispuestos a enseñar lo que ya aprendieron, en lo que tienen experiencia, pues la
UZIACHI brinda talleres de silvicultura a otras comunidades indígenas que lo requieren.
La lluvia intermitente cambia de apariencia, una y otra vez, la niebla se torna gotas y un
minuto después en niebla nuevamente. Es tiempo de volver a la Trini pues la humedad nos
ha calado hasta los huesos, un fogón caliente en el centro de la sala y unas tortillas y
café nos esperan en casa de Lucas.
3. Aldo
Este inabarcable horizonte de montañas se conoce también como Sierra
Juárez porque en el pueblo de Guelatao nació Benito Juárez, primer y único indígena
que ha llegado a ser presidente de México, inmortalizado en su muy difundida pero poco
comprendida frase: el respeto al derecho ajeno es la paz. Actualmente sigue siendo la
puerta principal a la zona pero a pesar de su importancia, no siempre llegan los
periódicos. Sin embargo, eso no impide que sea semillero de líderes indígenas, que han
reflexionado extensivamente sobre el destino de la Sierra y el de sus pobladores.
Aldo es ingeniero en electrónica pero probablemente ha dedicado mucho
más tiempo a las actividades sociales y políticas, ya sea como director de la radio
local, como tesorero municipal o como asesor para el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN). Es miembro clave de la asamblea comunal y sabe ubicar a su sociedad en un
contexto global complejo, conocedor de lo que ella necesita.
Llegamos cuando se celebraba una misa mortuoria. Los petardos y las
campanas palidecían frente a los truenos de la tormenta que celebraba su propia fiesta.
La lluvia golpeaba la lluvia. Aldo intentaba protegerse bajo su paraguas al tiempo que
contenía a su inquieta hija de 7 años y ayudaba a su madre a distribuir tamales caseros
(bollos de maíz) y café caliente para los feligreses. El final de la homilía coincidió
con el de la lluvia. En la calle todos conocen a Aldo y le saludan al pasar. Frente a
nosotros una banda de música crea una estela de sonidos, está formada por jóvenes
maestros de sus instrumentos, casi todos de viento. En los pueblos del Estado es
obligatorio que los niños aprendan a tocar al menos un instrumento: no hay celebración
sin música ni pueblo sin banda. Entre tanto alboroto el rostro de Aldo se torna serio y
decide empezar por lo más importante, él siempre va al punto: "Estamos en un
proceso de globalización del que no podemos quedarnos al margen y si no aprendemos
cuáles son nuestros derechos nos van a hacer presa fácil".
Desde hace cuatro años este hombre alto y de coleta negra trabaja para
la UNOSJO (Unión de Organizaciones de la Sierra de Juárez de Oaxaca) y es el responsable
de la Academia Zapoteca de Derechos Indígenas, proyecto financiado por ONG
internacionales como la española SODEPAZ. Se trata de una escuela itinerante que enseña
aspectos legales que son fundamentales en la vida cotidiana de los pueblos: desde cómo
hacer partidas de nacimiento, hasta interpretar la Ley agraria y las distintas formas de
propiedad de la tierra. "La gente que va a la Academia es muy joven pues se están
preparando para servir a su comunidad, y ahora más que nunca tienen que sabérselas de
todas, todas", aclara Aldo.
Con la entrada del neoliberalismo en México fue modificada la tenencia
constitucional de la tierra, para posibilitar la venta de terrenos hasta entonces
destinados para el usufructo exclusivo de campesinos indígenas (ejidos). Así las
compañías interesadas pueden adquirirlos "y por ellas nos ofrecen un dinero que
nunca en nuestra vida veríamos reunido, pero lo que pasa es que al final la gente vende
su tierra, se gasta el dinero y luego no tiene a donde ir. Los indígenas sin tierra somos
nada".
Paralelo al código jurídico nacional, todo pueblo indígena emplea un
sistema de derecho propio, no escrito, que se ha transmitido por generaciones. Este es
colectivo, a diferencia del primero que reconoce básicamente sólo derechos individuales.
Muchos campesinos llegan a pie desde sitios inaccesibles para aprender lo que se enseña
en la Academia. Es un intento desesperado por consolidar y recuperar su cultura que se
transforma y en algunos casos se desintegra a gran velocidad.
La mañana siguiente aparece despejada, Aldo está sentado con nosotros
en la plaza central, bajo sus arcos hay dos filas de butacas que debieron pertenecer a un
cine, desde donde vemos pasar el espectáculo de las nubes que acarician las pendientes.
"En este proyecto de la Academia de Derechos no es muy fácil ver cosas tangibles.
Los niveles del crecimiento de la conciencia no se pueden medir ni con regla, ni como
sacos de café, pero en la medida en que la conciencia crezca la organización se
fortalece y eso es una contribución muy importante". Quizá la más crucial. Sin la
organización social no hay lugar para las comunidades indígenas pues es su instrumento
de desarrollo y la esencia misma de su destino.
Tomamos la carretera en dirección a la ciudad. Al cabo de unos minutos
la vegetación cambia, y al salir de una curva la tierra pedregosa y astillada por cactos
aparece tras las ventanillas. Entramos en el valle y la Sierra ha quedado atrás, con ella
la sensación de haber dejado una isla, de salir de una historia que podría terminarse en
la siguiente parada. Viajando a esta velocidad contemporánea a veces se producen
ilusiones ópticas. Parece que mientras avanzamos por el carril de progreso los indígenas
resultan orillados a recorrer la cuneta. Pero aquí no hay víctimas, al contrario hay
soluciones, raíces milenarias que saben fluir como las nubes y proponen conjugar siempre
un sujeto plural, siempre nosotros.
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Texto, Copyright © 2001 Daniela Cremoux.
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Fotografía, Copyright © 2001 Hari Camino.
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