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La brújula del alma señala el sur: conversación con Miguel Serrano

por Francisco Véjar

Yo soy el que soy. Soy el corazón de la tierra.
Todo el resto es desvarío.

o. v. de L. Milosz

Miguel Serrano es un escritor chileno (1917) con más de una docena de libros publicados cuya trayectoria resulta aun hoy tan atractiva como provocadora. Libros como Elella, El Círculo Hermético o El eterno retorno, publicados en los años 70, dan cuenta no sólo de su particular visión esotérica del mundo, sino también de su íntima amistad con autores tan cercanos para él como lo fueron Herman Hesse o Carl Gustav Jung, con quienes mantuvo una estrecha correspondencia a lo largo de toda su vida.

Siendo embajador de Chile en la India establece una estrechísima amistad con Indira Ghandi y Neru lo que dará como resultado su excelente obra La serpiente del paraíso, publicada el año 1963. Cabe recordar también, quizá, el último encuentro que sostuviera en Rapallo con el gran poeta norteamericano Ezra Pound, quienes al despedirse, después de una larga conversación, Miguel Serrano le dice: "Nos volveremos a encontrar en setecientos años más y volveremos a perder".

No hemos sido los primeros en observar que su país escatima a Miguel Serrano los honores que merece un escritor editado por prestigiosas casas de Inglaterra o de Estados Unidos y traducido incluso al farsi y al japonés. No hace mucho que otra de sus obras, El Círculo Hermético, ha visto la luz en francés (Georg Ed. Ginebra, 1991) y es en las páginas de la revista belga Vouloir donde el ensayista Bruno Dietsch dedica el siguiente comentario a la obra del escritor chileno: "Nemo propheta a acceptus est in patria (Ciudad de los Césares, #39, año 1991). A esto le debemos agregar que recientemente su obra ha sido reeditada en Francia y en Rusia.

FRANCISCO VÉJAR - ¿Qué recuerdos tiene de la generación del 38?

MIGUEL SERRANO - Era una generación secreta y el grupo al que yo pertenecía más. Vivíamos creyendo que el mundo éramos nosotros y nada más. Existían otros grupos con los cuales no teníamos mayores contactos. Nos juntábamos en cafés nocturnos, donde conversábamos. Era la época de los cafés. Las reuniones nuestras eran en el restaurante llamado "Miss Universo" que quedaba en la segunda cuadra de San Diego. Yo vivía siempre por estos barrios, por la calle Lira. Y recuerdo que de noche caminaba hacia esos lugares, a cualquier hora de la noche se podía caminar, en un Santiago maravilloso de casas bajas, donde todo era cielo y donde no existían los asaltos. A las tres de la mañana, a cualquier hora. Ese tiempo era maravilloso, caminaba primero por la calle Lira, por esos rieles que aún existen. Tantas cosas han desaparecido, pero ahí están los rieles, esos rieles por los cuales caminábamos con Héctor Barreto que era el líder de este grupo y esta generación. Algunas veces nos quedábamos conversando hasta que se cerraban los bares y entonces cada uno partía para su casa. Nos sobraba dinero que entonces no nos costaba nada ganar, porque era la mesada que nos daba nuestra familia. Entonces parábamos, en los rieles de la calle Lira y lanzábamos el dinero. Era un gesto generoso para dárselo a los fantasmas y seguíamos caminando, en los rieles, uno en uno y otro en otro hasta que llegaba a mi casa y él se perdía en la noche. Caminando por esas calles, yo llegaba al restaurante "Miss Universo". ¿Quién estaba allí? Julio Molina Miller (autor de La Primavera del Soldado, poesía, 1944), Robinson Gaete, personaje que nadie sabe que existió, Guillermo Atías que luego paso a ser uno de los dirigentes del partido comunista y que murió estando exiliado en París. También Santiago del Campo, el Tigre Ahumada, gente formidable, porque vivíamos la noche hablando de los libros; de los autores europeos, por ejemplo de Panait Istrati, Knut Hamsum, autores de la época y filósofos afines a la cultura griega, porque Barreto vivía en Grecia, en la Grecia antigua. Santiago del Campo, también la conocía. Ese era nuestro grupo que toma contacto con otro grupo, curiosamente gracias a mí, porque un día asistí a un matrimonio familiar, es decir, de una prima, y ahí tuve la oportunidad de conocer a Vicente Huidobro que era primo de mi madre, cuando supo que yo escribía, me invitó a su casa y ahí conocí a Braulio Arenas, Enrique Gómez-Correa, Eduardo Anguita, etc. Conocí gracias a Braulio Arenas al notable poeta Jaime Rayo, que escribió un libro extraordinario, Sombra y sujeto (poesía, 1939) y que se suicidó. Bueno, así nos fuimos conectando unos a otros, hasta cuando llegó el momento en que mataron a Barreto. Era el tiempo de la Guerra Civil Española (1936). Nosotros prescindíamos de la política y considerábamos que preocuparse de la política era una traición a la poesía o a la literatura. A Barreto lo mataron los nazistas en una reyerta callejera, porque Barreto antes se había hecho socialista y recuerdo que Atías, que fue más político que todos, después con los años, le decía, "¿cómo es posible que tú, Jasón, te hayas metido en la lucha contingente?" y él le dijo: "me he hecho socialista porque me dan pena los niños con los pies descalzos bajo la lluvia". Pero, en realidad no tenía nada que ver con la política, porque recuerdo que ese día que lo mataron, llegó a verme a la casa en Lira para invitarme a algún café para conversar y me contó que estaba muy desilusionado de la política y sobre todos de los socialistas. Él estaba escribiendo cuentos de tipo social y escribió algunos estupendos como La noche de Juan y me dijo: "Yo quise que mi libro lo ilustrara un amigo mío, pintor. En el partido me dijeron que no, porque ellos tenían pintores e ilustradores". Entonces les dije: "El que yo les quiero traer, es un tipo extraordinario, porque es capaz de hacer un círculo perfecto con los ojos cerrados y esto sólo Leonardo lo podía hacer". Por estas razones, me quedaban mirando y los socialistas decían, este tipo está loco. Y esa noche él se fue al "Café Volga" que quedaba en Avenida Matta. Eran los tiempos de las reyertas callejeras. Los socialistas en aquel entonces estaban movilizados militarmente. Y en esta reyerta Barreto murió. Entonces los socialistas salieron a la calle. Vicente Huidobro se apareció inmediatamente y nos dijo: "Vengan ustedes a luchar contra el fascismo". Y de esa manera yo entré a la política. La verdad es que nunca he pertenecido a un partido político. Colaboré sí en aquellos años con Blanca Luz Brum que era una poetisa (uruguaya) que estaba en Chile, era de la izquierda y sacaba una revista que se llamaba Sobre la Marcha. También se estaba creando en el mundo el Frente Popular, o sea, algo así como lo que es hoy la "Concertación", una alianza de partidos de toda clase: burgueses, marxistas y hasta liberales para combatir al nazismo. La guerra de España, especialmente. Yo recuerdo que escribí en el Diario El Frente Popular a raíz de que vino un extranjero peruano de nombre Montero -bueno, toda esta gente venía con nombres falsos y yo poco a poco me empecé a dar cuenta de eso; por ejemplo, Montero se llamaba Ravinés que terminó siendo miembro de la CIA, puesto que colaboró con el gobierno militar y con el golpe-. Bueno, allí aparecían ellos como marxistas. Cuando yo me fui lo hice desilusionando y recuerdo que Vicente Huidobro me dijo un día: "Miguel, te invito a ir conmigo a la guerra de España a luchar" y entonces le dije, "para qué voy a ir para allá, voy a estudiar esto primero, voy a leer primero los libros de Marx; El Capital de Marx y otros libros". Y después de estar seis meses encerrado leyendo estas obras, terminé completamente antimarxista, y dije "esto es un absurdo". Entonces no tenía nada que hacer allá y me quedé fuera, ya que me alejé de toda acción política. También conocí en aquellos años el fundo "La Marquesa". Era de Pilo Yáñez (Juan Emar), amigo de Vicente Huidobro donde se reunía mucha gente de izquierda, por ejemplo llegaron durante la guerra de España gente como Osorio y Gallardo, y ahí les daban almuerzos, comidas. Se juntaba gente, sobre todo escritores. Ahí conocí a Alvaro Yáñez que era un personaje chorísimo. Se levantaba en la noche a escribir. Era noctámbulo. A la hora del almuerzo se sentaba en la cabecera de la mesa, no hablaba una palabra, tomaba un matamoscas y si veía una mosca se levantaba a matarla. Ahí llegaba también Eduardo Anguita. Leopoldo Castedo también llegó allí alguna vez y lo cuenta en sus memorias. Anguita tenía mucho sentido del humor; recuerdo que dormíamos en la misma pieza con él, en la noche hablábamos horas de David Herbert Lawrence: El amante de Lady Chatterley. Eran los libros de moda en esos tiempos. Vicente Huidobro y Eduardo Anguita se sentaban en la mesa, por ejemplo y llegaba el huaso que era el capataz del fundo, lo sentaban a la mesa con su sombrero puesto, Vicente Huidobro le decía a Anguita: "¡Qué lindos claveles rojos hay en ese florero!" y Anguita le decía : "Pero cómo Vicente, si son rosas azules", entonces el huaso les decía: "¡Señores, pero cómo es eso, si esas no son rosas, son petunias blancas!". Entonces Anguita le decía a Huidobro : "Lo que pasa es que usted está mal de la vista; tiene que hacerse un análisis". El huaso se paraba furioso y decía: "Estos señores están locos". Y después del almuerzo Vicente hacía remates de árboles. Era muy divertido todo eso.

FV - Usted el año 38 publica la Antología del Verdadero Cuento en Chile donde se antologa por primera vez a Juan Emar y además desarrolla en el prólogo algo muy curioso. Me refiero al impacto que tiene a nivel del inconsciente la cordillera de los Andes en los chilenos.

MS - Ya entonces nosotros nos juntábamos a soñar con los gigantes de la montaña que estaban dentro de la montaña, porque éste había sido un país habitado por gigantes. La montaña es sagrada. Entonces la montaña se veía a todas horas. Era una maravilla. La visión de la montaña de Los Andes que se tiene desde Santiago, no se tiene en ninguna otra parte de Chile. Sólo he visto algo parecido en Austria, aún hoy con el smog, con toda esta cosa horrorosa que hay hoy. Al destruir Santiago, está destruido Chile, porque por algo Pedro de Valdivia eligió esta ciudad como centro misterioso. Esta montaña maravillosa aún hoy, en las tardes. Sé que ahí hay seres que están allí, que salen, que contemplan, que están, que nos miran. Bueno, eso era lo que pensaba nuestro grupo y esa Antología del Verdadero Cuento en Chile se me ocurrió porque nuestra gente escribía cuentos, especialmente Barreto y se me ocurrió hacer una antología e incorporar a Juan Emar porque verdaderamente sus cuentos eran extraordinarios, una cosa única en el mundo. No me perdonó nunca Vicente Huidobro que no le hubiera puesto a él. Esa antología tiene una historia. Yo no tenía un peso para editarla. No me acuerdo cómo salió. Se editó la antología y fue un escándalo público. Alone habló por radio y dijo que era como un equipo de fútbol de 11 escritores.

FV - Hábleme de su experiencia en los Himalayas y de esas supuestas ciudades subterráneas que usted asegura que existen.

MS - Existe la leyenda de que se construyen ciudades dentro de los Himalayas para protegerse de futuras catástrofes. Pero también hay otra interpretación, de que las ciudades subterráneas existían desde antes. La tierra es hueca y tiene distintas entradas, en distintos lugares. En los polos existían entradas. En el Polo Sur y en el Polo Norte y también en algunas montañas y es eso lo que yo buscaba en los Himalayas; las entradas al mundo interior. Ahora, para las entradas a ese mundo interno hay muchas razones, por ejemplo los hielos, los iceberg son de agua dulce, ¿de dónde vienen? Salen del interior de la tierra, es más, curiosamente a medida que uno se va acercando al Polo, la temperatura es más alta y no más baja y hay polen muchas veces en los iceberg. A quien le sucedieron cosas extrañas en relación a eso, fue al Almirante Byrd. Iba por el polo y se encontró en un mundo totalmente diferente. Iba volando y se le aparecían animales prehistóricos y ríos y vegetación tropical. Y entonces comienza a decir cosas y se vuelve y sale, después de haber estado dentro. Al Almirante Byrd parece que lo asesinaron, porque él estaba diciendo cosas que no quieren revelar. Es cuando inicia esa expedición militar hacia las regiones del polo, en la Antártida, (el mar de Weddell, las tierras Reina Mana), donde los alemanes del Tercer Reich hicieron expediciones y encontraron oasis de aguas templadas y además pasillos subterráneos de miles de años. Lo que se dice es que desde 1938, comienzan a aprovisionar esa base Antártica y comienzan a llevar gente. La expedición del Almirante Byrd va en 1946-47, después de la guerra, con aviones, y se cree que porta hasta una bomba atómica que deja caer y explosiona en el aire. Esta explosión sería la responsable de la ventana del ozono. En el diario La Unión de Valparaíso, en el año 1948, se escribe una nota que viene de un corresponsal extranjero y dice que el senado norteamericano ha pedido una reunión especial y secreta a la cual está invitado el almirante Byrd para que dé cuenta, por qué ha perdido tanto material y hombres.

Entonces, volviendo a las ciudades secretas, basta que en alguna parte del mundo se piense o se diga algo que se relacione con una ciudad subterránea, con la desaparición de algo, para que los norteamericanos se aparezcan por estos lados. Acaba de perderse un avión chileno y ya llegó un avión norteamericano que también se echó a perder y no funciona. Y ahora, ¿qué andan haciendo los submarinos rusos en el Polo Norte debajo del agua? También andan en cosas extraordinarias. Entonces aquí hay algo que se oculta y eso es un hecho. Lo que se oculta tiene relación con estas cosas, y es más, es ahí donde los norteamericanos dirigen totalmente la política, en este terreno. Cuando estaba en España, llegó la noticia de que un sargento del ejército chileno repentinamente desaparece en el norte y vuelve con barba larga, etc. Y al otro día en Madrid, amigos míos fueron a preguntar a la Embajada de Chile, al agregado militar y el agregado militar dijo que eso era cierto. "Vengan mañana y les tendremos más datos", les señaló. Al día siguiente volvieron y les dijeron que era todo falso. Ya les habían dado instrucciones. Desinformando, porque ellos mismos saben que la NASA y el Pentágono son los que están dirigiendo toda esta política en distintas partes del mundo. Desinformando porque ellos mismos saben que eso existe. Saben que hay fuerzas que no controlan. Todo eso lleva a que pensemos que hay un mundo que es diferente y todo esto es lo que yo he buscado desde mi juventud; algunas cosas las he encontrado y otras no las encontraré nunca.

FV - Tal vez sea polémico planteárselo, pero en Chile hay escritores que consideran que usted fue quien mejor supo asimilar los postulados del surrealismo. Entre los que lo afirman, se encuentra el poeta Armando Uribe Arce. Usted ha llegado a decir que Hitler está congelado en la Antártida. También podría ser Confucio quien lo estuviera. Esto puede ser un mundo real como surreal. ¿Qué nos diría al respecto?

MS - Lo que le acabo de contar es prácticamente la respuesta. Desde 1938, los alemanes (los hitleristas) estaban abasteciendo la base de la Antártida que hasta el día de hoy nadie toca. Ni los mismos alemanes de hoy. No se atreven a ir. En aquellos tiempos hay una orden del día del Almirante Duenitz a los submarinos alemanes que aparece publicada en El Mercurio y que dice: "Agradezco a los submarinos alemanes el haber encontrado, en un lugar inexpugnable de la tierra, un paraíso terrenal para el Führer (publicado en El Mercurio de Chile, entre 1942-43).

FV - ¿Él estaría ahí congelado?

MS - Hitler no muere. Esto se lo puedo decir con absoluto conocimiento y seguridad. Hitler no murió en Berlín. En el último viaje que hice a Alemania, amigos alemanes me decían "te vamos a mostrar una lista de gente que durante los últimos años de la guerra, y del comienzo también, se decía que había muerto en un accidente automovilístico". "No", me decían, "los estaban sacando y los estaban llevando. Llevando hacia donde tenían ya su mundo y sus mundos subterráneos". Y es eso lo que están buscando en el Polo Norte. Los submarinos y la tecnología alemanes estaban no sólo cincuenta, sino cien años adelantados. Los submarinos eran una cosa increíble. Hay ciento veinte submarinos que desaparecen sin dejar rastro con toda su tripulación al final de la guerra. Hitler sabía eso cuando inicia el ataque a Rusia (cuando falla la misión de Rudolf Hess en Inglaterra). Hitler decide atacar a Rusia, sabiendo que la guerra ya no la ganará, pero lo hace para mantener intacta la concepción teórica del mundo. Entonces ya sabía eso, mientras tanto estaba preparando la operación de Rusia que se llamó "Barba Roja". ¿Por qué "Barba Roja"? Porque Barba Roja, según la leyenda, resucita en una caverna. Resucita para volver a salvar a su pueblo. La verdadera operación "Barba Roja" era hacia las cavernas. Y es más, ya tenían el disco volante. Ellos habían utilizado la tecnología de la implosión. Cosa que hasta el día de hoy no han podido dominar en el resto del mundo donde está todo basado en la explosión, que es el mal, la cuetería. La implosión es hacia dentro, con lo cual neutralizan totalmente la fuerza de gravedad. Ahora, todo eso lo tienen muy avanzado, pudiendo fabricar el Disco Volador y hay documentación. Yo hablé con el Dalai Lama (mi última conversación fue esa en India), me pidió que le mandara documentación y se la mandé. Entonces toda esa documentación yo la había recibido del ejército suizo que a su vez la tenía del ejército alemán actual, en los libros de mis memorias está publicada. Eso se relaciona con el mundo interior y con Hitler. Es decir, Hitler ya no está ni siquiera en la Antártida. Sí, todo esto cabe dentro de la ciencia-ficción, totalmente. Porque si yo le digo a usted que Hitler ya no está viejo sino, al contrario, rejuvenecido. Porque quien viaja a una velocidad superior a la luz se va hacia atrás en el tiempo. Entonces, se mantiene en una edad precisa. A mí los yugoslavos me preguntaban: "¿Usted cree en la resurrección de la carne?". Entonces yo les dije que sí. "Bueno, pero ¿con qué carne resucita, con qué edad resucita un muerto?", me preguntaban los jóvenes poetas yugoslavos. Yo les respondí: "Resucita con la edad precisa. Ni viejo ni nada, en la edad justa". Cuando se está en el máximo de las capacidades, ahí se mantiene. Y la resurrección de la carne corresponde del cristianismo esotérico. Eso es fabuloso.

FV - Por ejemplo, Pound sintió afinidad con las ideas que profesaba Mussolini. Pound veía en el nacionalsocialismo, una salida al problema de su país natal, es decir, acabar con la usura. Ya se sabe lo que le pasó a Pound por sostener esas ideas. Nos interesa saber cómo llegó usted a sentirse afín a Hitler, tomando en cuenta también lo de Pound.

MS - Bueno, primero fue durante la guerra. En la guerra empecé a trabajar con los nacionalsocialistas chilenos ya renovados, pero mantenía la línea antigua que era la que me interesaba porque había empezado a leer sobre el movimiento alemán. Durante la guerra yo apoyaba al político genial que era Hitler. No sabía lo que existía detrás hasta que en medio de la guerra, cuando yo sacaba una revista que se llamaba La nueva edad, una revista de combate, y allí colaboraba un personaje muy interesante que era encargado cultural de la Embajada de Italia, un día él me dice: "No voy a escribir más. Es absurdo. Esta lucha que estamos librando nosotros los italianos en Europa y los alemanes con las armas, es absurda, no conduce a nada. La verdadera guerra es otra, está detrás, es mental". Entonces yo le dije: "¡Qué lesera me estás diciendo!. Si a mí me ataca una persona le pego un balazo". Para abreviarle la historia, fue él quien me dio el empujón final. Me dijo: "Tú tienes un país increíble llamado Chile, aquí pasan las cosas más extraordinarias y aquí hay personajes increíbles y te voy a llevar un día a ver a alguien que es totalmente partidario de nosotros, pero que lucha con otras armas". Entonces, me llevó él a conocer las raíces ocultas del nacionalsocialismo a teavés de una charla con Goodrick Clarke, que escribió un libro sobre el tema que es muy interesante, donde se refiere la sociedad de Tule, a las runas y a todo lo que fue la verdadera raíz socialismo hitlerista. Sí, esto tiene otra dimensión. Hitler era un ser completamente diferente, por eso yo he dicho que es un Avatara.

FV - Usted fue amigo de Hermann Hesse, De Carl Gustav Jung, de Ezra Pound entre otros personajes notables del siglo XX. Cuéntenos acerca de su experiencia con ellos.

MS - En Chile conocimos a Hermann Hesse cuando en el mundo, salvo en Alemania, era un total desconocido. Le leímos poco después del final de la Segunda Gran Guerra, cuando aún no se le había otorgado el Premio Nobel. Con el tiempo, Hesse pasaría a ser utilizado políticamente, por suerte para él después de su muerte, pasando a ser un "boom" literario, promovido a voluntad. Viví la obra mágica de Hermann Hesse al extremo que deseé viajar a Europa para conocerle personalmente. Esta peripecia se halla relatada por mí en El Círculo Hermético y no pretendo repetirla aquí. ¡Tantas cosas! ¡Tantos recuerdos! Con él hablé de todo, hasta de la muerte. Un día le pregunté: "¿Hay algo más allá de la muerte?". Me respondió: "Morir es como irse al Inconsciente Colectivo de Jung, para, de ahí, regresar a la forma, a las formas". Yo debo pensar: ¿Qué nos unió? ¿Acaso una reencarnación pasada? No hay otra forma de explicar este misterio. Nos separaban la edad, las distancias geográficas, la historia; todo y nada.

Con el Profesor Carl Gustav Jung pasó otro tanto, al extremo de que este monumento universal, este gigante, me dio, a mí, un joven escritor, perdido en el mundo, de un país lejano y desconocido, un prólogo para mi libro Las Visitas de la Reina de Saba. Y esta fue la única vez, en toda su larga vida, que este extraordinario genio escribiera un prólogo para una obra puramente literaria, para un poema en prosa, como es mi libro. Y aquí deseo hacerme una reflexión que tiene que ver con nuestra patria, con Chile. Nadie en este país ha sido capaz de valorar este hecho extraordinario, ni regocijarse, ni enorgullecerse. Yo, un chileno, reconocido por el hombre más importante en el mundo del intelecto y del pensamiento del siglo XX y tal vez de muchos siglos más, soy prologado y admirado por este gran ser. Es la envidia, es la cobardía las que impiden que en Chile, mi propia patria, el mundo del oficialismo, del intelecto y de la literatura pueda aceptar y reconocer estos hechos. En cambio, el más importante biógrafo de C.G.Jung, Gerard Wehr, escribe en su obra que "al final de sus días, el Profesor Jung no recibía a nadie, ni a sus discípulos, ni a muchas personas de su familia, excepto a un joven escritor chileno, a quien prologó uno de sus libros y con quien conversó cosas que a nadie revelara antes".

Respecto a mi profunda amistad con Ezra Pound, tuvo también que ver con que pensábamos igual. Por suerte a mí no me pusieron en un asilo para locos como a él y como al otro maravilloso escritor noruego y Premio Nobel, Knut Hamsun. Y Ezra Pound es el más grande poeta del siglo XX y lo será del siglo XXI. Me siento feliz en su compañía, y no necesito de nada ni de nadie más.

El único monumento que en el mundo se ha levantado en honor de Ezra Pound fue impulsado e inaugurado por mí en España, en las cumbres de la ciudad de Medinaceli.

FV - ¿Cómo es su vida actual?

MS - Mi vida oscila entre Santiago y Valparaíso y sigo mirando el Cerro Huelén como mis antepasados, hasta que yo también encuentre las "entradas secretas" al mundo interior, a la "Otra Tierra", de Platón. O hasta que también me lleve un Disco Volador, un Ovni, un Vimana.

 

 

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Última actualización: domingo, 31 de diciembre de 2000

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